La Pascua, hoy, es una celebración
del regalo del renacimiento espiritual y al mismo tiempo un recordatorio de la
constante renovación de la vida aquí en la tierra.
Vivimos en un mundo maravilloso pero
profundamente herido e hiriente que a veces se muestra indiferente, implacable,
cruel y sin segundas oportunidades. La Pascua nos ofrece la garantía de que se
superarán las muchas dificultades y desafíos que amenazan con abrumarnos.
Jesús les dice a los discípulos asustados: “No tengan miedo”. A
nosotros nos dice: “No tengan miedo”. Sea lo que sea lo que te haga
temer, Jesús, el Cristo resucitado, estará contigo, seguirá adelante y
continuará contigo. Él te ofrece alegría y paz, perdón y esperanza. Sobre todo se
ofrece a él mismo. No necesitas temer. Él ha vencido al mundo.
Como comunidad, estamos involucrados
en varias actividades para llegar a la sociedad con valores evangélicos y esto
ha traído esperanza, restaurado relaciones rotas y transformado muchas vidas
para Cristo en Uganda y más allá.
Los miembros de la comunidad de
Emaús, aparte de las formaciones espirituales, también realizamos algunas otras
actividades para la comunidad y la auto-sustentabilidad con el fin de cubrir
las necesidades esenciales de sus familias:
Hacemos avicultura y actualmente
estamos trabajando en engorde de pollos.
Tenemos un taller para padres para
miembros de la comunidad.
Trabajamos con los casados y
solteros de la comunidad.
Tenemos grupos de familias
Junto a esto tenemos grupos de niños,
religiosos y laicos.
A todos nuestros queridos amigos y compañeros en la Viña de Jesucristo nuestro Señor, les deseamos esperanza, fe, amor y paz en el Señor resucitado.
Equipo de liderazgo comunitario de la comunidad Emaús.
Nosotros, la Comunidad de Emaús, somos una comunidad de fieles laicos. Estamos llamados a ser un oasis de vida evangélica expresada en el amor de Dios y el amor mutuo para que el evangelio de Cristo brille en ellos. En consecuencia, la comunidad de Emaús, a través de su propio estilo de vida, está evangelizando. Llamados por Jesús y tocado por Su gracia, cada miembro de la comunidad aspira a alcanzar crecimiento en madurez humana y espiritual.
Domingo, 8 de marzo 2020
En la visión del Evangelii gaudium (EG), la misión de la Iglesia y todos
los ministerios dentro de ella están dirigidos a construir el Reino de Dios,
esforzándose por crear espacios en nuestro mundo donde todas las personas,
especialmente los empobrecidos y excluidos, puedan experimentar la salvación de
Jesús Resucitado. Los ministerios, por lo tanto, adquieren una importancia
crucial como lugar de encuentro entre la humanidad, la Palabra y el Espíritu en
la historia. (Hno.
Alberto Parise, en la foto)
EL XVIII CAPÍTULO GENERAL
Y LA MINISTERIALIDAD
Hno. Alberto Parise
Hay
momentos en la historia que marcan pasajes de época o transiciones de un
sistema sociocultural a otro, lo cual no tiene precedentes, marcando una
importante discontinuidad. El tiempo en que vivió Comboni fue ciertamente uno
de estos momentos históricos. Era la época de la revolución industrial,
resultado del gran salto que la ciencia y la tecnología estaban dando, también
a nivel económico y político. La Iglesia se encontró a la defensiva, ante el
llamado “modernismo” que percibía como una amenaza. Era una Iglesia
asediada, política y culturalmente; y en su resistencia, corría el riesgo de la
autorreferenciación. Y sin embargo, en ese tiempo tan difícil, conoció un gran
renacimiento: entre las contradicciones y los males sociales que surgieron con
el nuevo sistema económico capitalista industrial, surgió un impulso hacia el
apostolado social, a través del servicio de los laicos y de un gran número de
nuevos institutos religiosos. El movimiento colonial, que respondía a la lógica
e ideología político-económica de los estados nacionales en competencia, por
otra parte, iba acompañado de un gran interés cultural por la exploración, lo
exótico, el espíritu de aventura. Pero también surgió un nuevo movimiento
misionero hacia tierras y pueblos distantes. La Iglesia entró así en una nueva
era, con una fuerte renovación espiritual – como lo atestigua la espiritualidad
del Sagrado Corazón, que caracterizó a esa época – y surgió un nuevo modelo misionero.
El XVIII Capítulo General se celebró en un momento de
inflexión similar para la Iglesia. El discernimiento del Capítulo estuvo en
sintonía con la lectura de este momento de inflexión que el Papa Francisco
había hecho en la Evangelii gaudium (EG): una lectura teológica de la nueva era
que abre, en la práctica pastoral, a un nuevo impulso misionero. Nuevo, en el
sentido de superar el paradigma al que estamos acostumbrados: una misión basada
en el modelo geográfico, en la que los protagonistas son misioneros de
“cuerpo especial”, verdaderos pioneros, cuyo papel es fundar Iglesias
locales. La realidad de la globalización y la devastadora crisis socioambiental
de nuestro tiempo -consecuencia del modelo de desarrollo imperante, que es
insostenible y nos ha acercado al punto de no retorno- exigen un enfoque
renovado de la evangelización. Además, mirando sólo a nuestra realidad
comboniana, nos damos cuenta de que el modelo del pasado ya está obsoleto en la
práctica. Por ejemplo, el patrón de las provincias (del norte) que envían y las
provincias (del sur) que reciben misioneros ya no corresponde a lo que
realmente está sucediendo. Como la idea de que en los países del Sur hay
“evangelización” y en los del Norte hay “animación misionera”.
Se puede ver la urgencia de la animación misionera, por ejemplo, en África y –
como el Capítulo indicó entonces – de la animación misionera en Europa.
La Evangelii gaudium indica entonces un nuevo paradigma
de misión. Ya no es simplemente geográfico, sino existencial. La Iglesia está
llamada a superar su autorreferencialidad y a salir a todas las periferias
humanas, donde se sufre la exclusión y se experimentan todas las
contradicciones debidas a la desigualdad económica, la injusticia social y el
empobrecimiento. Todo esto ya no es un aspecto disfuncional del sistema
económico, sino un requisito sobre el cual este mismo sistema prospera y se
perpetúa. La misión se convierte en el paradigma de toda acción pastoral y la
Iglesia local es el sujeto. Entonces, ¿cuál es el papel de los institutos
misioneros? Es animar a las Iglesias locales para que vivan su mandato de ser
misioneros, Iglesias que salen a las periferias existenciales. Son caminos de
comunión, dentro de realidades marcadas por la diversidad y el pluralismo,
construyendo juntos una perspectiva común que valora las diferencias y las
“supera”, sin anularlas, construyendo la unidad a un nivel superior.
Son caminos caracterizados por la cercanía a los últimos, por el servicio, por
la capacidad de proclamar el Evangelio en la esencialidad del kerigma con la
palabra y con la vida. Francisco relanzó la visión de la Iglesia del Concilio
Vaticano II como “el sacramento, es decir, el signo e instrumento de la
unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. En el nuevo
mundo configurado por la revolución digital y la globalización de los mercados
del capitalismo financiero, la Iglesia está llamada a convocar a un
“pueblo” que vaya más allá de los límites de la pertenencia y camine
hacia el Reino de Dios. Entonces el testimonio cristiano del Resucitado será
generativo y la Iglesia también crecerá: por atracción, no por proselitismo.
Como lo fue para Comboni en la época de la revolución
industrial, para nosotros hoy la era de la revolución digital es una gran
oportunidad misionera. Como es un nuevo paradigma, el desafío es pensar,
estructurar y entrenarnos en consecuencia. El primer paso es reconocer la
gracia del carisma de Comboni, muy actual y adaptado al nuevo paradigma de la
misión. En primer lugar, la idea central de la “regeneración de África con
África”, una imagen sintética que cuenta una historia muy compleja y
articulada: está la idea de la generación de un “pueblo”, capaz de
construir una sociedad alternativa, en sintonía con la acción del Espíritu. La
proclamación del Evangelio ayuda a completar las “semillas del verbo”
ya presentes en las culturas y la espiritualidad del pueblo. Comboni también
subrayó la importancia de que esta obra fuera “católica”, es decir,
universal: lejos de la autorreferencialidad, se consideraba parte integrante de
un movimiento misionero mucho más amplio y mucho más articulado, con una
variedad de dones y carismas. Entendió su papel como el de un animador que se “manifestó
especialmente en sus incansables esfuerzos para concienciar a los pastores de
la Iglesia sobre sus responsabilidades misioneras, a fin de que no pasase en
vano la hora de África” (RV 9). En la visión del EG, la misión de la
Iglesia y todos los ministerios dentro de ella están dirigidos a construir el
Reino de Dios, esforzándose por crear espacios en nuestro mundo donde todas las
personas, especialmente los empobrecidos y excluidos, puedan experimentar la
salvación de Jesús Resucitado.
Los ministerios, por lo tanto, adquieren una importancia
crucial como lugar de encuentro entre la humanidad, la Palabra y el Espíritu en
la historia. Un encuentro regenerativo, como Comboni había entendido bien. Por
esta razón, en su Plan había pensado en toda una serie de pequeñas
universidades teológicas y científicas a lo largo de las costas del continente
africano, para preparar ministros en diversos campos que luego irradiarían
tierra adentro, para hacer crecer comunidades con espíritu evangélico, capaces
de transformación social, como lo atestigua el modelo de Malbes y Gezira.
En el espíritu del Capítulo, la recualificación en líneas
ministeriales de nuestro servicio misionero requiere, como había intuido
Comboni, una nueva “arquitectura” de la misión que sostenga y
promueva:
una
recualificación ministerial de nuestro compromiso, desarrollando una pastoral
específica de forma participativa y comunitaria, según las prioridades
continentales. En el Capítulo, de hecho, se puso de manifiesto que si, por un
lado, estamos presentes en estas “fronteras” de la misión, por otro,
a menudo carecemos de enfoques contextuales de los grupos humanos a los que
acompañamos;
el ministerio de colaboración, a lo largo de los caminos
de la comunión. Todavía estamos sujetos a prácticas y formas de trabajo
demasiado individualistas y fragmentadas;
el replanteamiento de nuestras estructuras, en busca de
una mayor simplicidad, compartir y capacidad de acogida y de estar más cerca de
la gente, más humanos y más felices;
la reorganización de las circunscripciones. El discurso
sobre las agrupaciones no tienen una justificación en la escasez de personal,
sino que sobre todo tienen un valor en relación con el paso de un modelo
geográfico a uno ministerial, que necesita conexión, trabajo en red,
intercambio de recursos y caminos;
la
reorganización de la formación, con el fin de desarrollar las habilidades
necesarias en las diversas áreas pastorales específicas.
En resumen, como atestiguan los Documentos Capitulares,
“Crece la conciencia de un nuevo paradigma de la misión que nos impulsa a
reflexionar y a reorganizar las actividades sobre líneas ministeriales”
(AC 2015, n. 12). Recogiendo la invitación de Francisco (EG 33), el Capítulo
indicó el camino de la conversión pastoral, abandonando el criterio del
“siempre se ha hecho así” y lanzando caminos de acción-reflexión para
repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos de
evangelización (AC 2015, n. 44.2-3).
(Hno. Alberto Parise)
Del 6
de enero al 7 de febrero, la provincia comboniana de Uganda recibió la visita
oficial del Superior general, P. Tesfaye Tadesse, y del Asistente general, P.
Pietro Ciuciulla. Durante la visita, el P. Tesfaye y el P. Pietro también se
reunieron con los Laicos Misioneros Combonianos de Uganda (en la foto).
El Superior Provincial, el Padre Achilles Kiwanuka
Kasozi, en comunicación con las diversas comunidades de la Provincia, hizo
posible que el Padre Tesfaye y el Padre Pedro visitaran todas las comunidades y
se reunieran con todos los cohermanos. Así, casi en todas las comunidades
pudieron tener reuniones personales con cada uno de los cohermanos y reuniones
con todos los miembros de la comunidad juntos, pudiendo compartir una
retroalimentación de sus observaciones sobre la situación de las comunidades.
El Padre General, en sus mensajes a los
cohermanos, subrayó la necesidad de reconciliación para una vida comunitaria adecuada
y, por la misma razón, sugirió a los cohermanos que celebraran reuniones
comunitarias y pastorales regularmente. En particular, enfatizó la vida de
oración, tanto a nivel personal como comunitario, y dijo que una comunidad que
reza unida permanece unida.
La Provincia está muy agradecida por esta visita,
que es un signo de comunión con todo el Instituto y un estímulo para los
cohermanos en los diferentes contextos misioneros de la Provincia.
Sábado 22 de febrero:
Suena la alarma a las 5:15 am. Levantarme,
preparar todo para la salida a las 6:30. De camino, paso por otros compañeros
misioneros. Vamos rumbo a Santa Cruz Chinautla, ya hace un año empezamos esta
aventura y cada tercer sábado de mes, es lo mismo.
Habríamos llegado en 40 minutos a Santa Cruz, por causa del
tráfico de sábado por la mañana en Ciudad de Guatemala, tardamos una hora y
media en llegar.
Cuando llegamos, los peques esperándonos, sus sonrisas
hacen olvidar todo el tiempo de camino.
Siempre es así…. Lo mismo…. Luego, saludar. La oración
para iniciar, rezo del Rosario, pequeña celebración de la Palabra (Padre
Roberto, párroco en Santa Cruz, se había disculpado la tarde anterior, no poder
celebrar la Eucaristía por asuntos importantes que atender). Terminada la
oración, ya son las 10 de la mañana, hora de comer algo, panitos con frijol y
refresco de Jamaica para todos…. Es el menú favorito de los niños.
Alegría, paz, confianza, servicio, siempre es lo
mismo………los niños mayores comen rápido, repiten pan, refresco, hay para
todos gracias a Dios, otros chiquitos no alcanzan terminar su comida, la
guardan para comer después…… Y es lo mismo……
Seguimos con una pequeña catequesis…. enseñanza…. Hablamos a los niños de Dios creador del ser
humano…. todos somos iguales,
inteligentes, libres, y capaces de amar. Con la misma dignidad por ser
persona.
Tema muy profundo, transmitido con cuentos, dibujos, cantos,
juegos. Repartimos ilustración para colorear, y al final, los niños comparten
lo aprendido con sus propias palabras…. Lo mismo….. Casi siempre es lo
mismo……..
Para despedirlos, fila para un caramelo, los acompañamos a su
casa, para acercarnos un poco más a los adultos de la comunidad. Al final,
todos felices. Gozosos, animados, gracias al encuentro con el otro…. ese otro,
(alrededor de 35 niños y niñas), andan entre los dos y los doce años de edad, más o menos.
Inocentes, confiados,
sinceros, espontáneos, y así……. lo mismo……. los mayores cuidan a sus
hermanos pequeños, es lo acostumbrado, pues los padres regularmente están
trabajando en este horario de sábado por la mañana.
Se divierten, aprenden, comparten entre ellos
y con nosotros. Lo mismo……..
Pero diferente……. Diferentes y renovados, porque el Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas, nuevo día, nuevo encuentro, diferente gracias al don de Dios. Diferente fecha, diferente gozo, diferente aire, diferente caricia de sol, de viento. Dios renueva todo…..
Todo es distinto,
todo causa asombro, fue lo mismo…… pero diferente…. lo mismo a ojos
humanos…. diferente a ojos divinos….
Diferente esfuerzo. Diferente cansancio,
diferente alegría, diferente paz, no fue la de hace un año, ni la de hace
uno… dos… o seis meses…. fue lo del sábado 22 de febrero 2020, único y
especial.
La pasión por la misión,
inscrita en el corazón de cada uno, viene
del cielo, hace que lo mismo, sea diferente. Todo lo vivido, mañana
será diferente, renovado por el Espíritu de Dios, aunque parezca lo mismo…. Y
así pasará el tiempo dedicado a esta vocación bendita de Laicos Misioneros
Combonianos.
Siempre será lo mismo…. Pero diferente, gracias al amor de
Dios.
“Santos y capaces, haciendo causa común con los más pobres y
abandonados” (San
Daniel Comboni)
Lily Portillo
Laica Misionera Comboniana, Provincia de Centro América, Guatemala
Espero que este e-mail os encuentre bien. Espero que toda la
familia esté bien.
Gracias a Dios que estoy bien.
Estoy empezando a sentir el fuerte calor que tenemos, casi
siempre 40 grados por aquí. Un calor que no se compara con el calor que siento
cuando visito a las familias, juego con los niños o trabajo con esta gente
maravillosa. Como dijo San Pedro, “qué bueno es estar aquí” (Mt 17,
4).
Aquí continúo involucrado en la Biblioteca. Gracias a Dios y
a la generosidad de algunas personas, fue posible comprar algunos libros más
para la Biblioteca. De esta manera los estudiantes que se presentan pueden
tener acceso a los libros escolares básicos. Dos señoras portuguesas, que
vinieron aquí, trajeron calculadoras y otro material. A menudo intento tener
libros y bolígrafos escolares y ofrecerlos a aquellos que no tienen
posibilidades económicas, pero muestran gran interés. Siempre que piden un
libro específico intentamos comprarlo. Su tiempo no es como el mío y puedo
tener días en solo 2 o 3 me parecen como otros días que me encuentro con 20.
Pero, yo los entiendo. Son jóvenes, con trabajo en el campo, que estudian, con
familia y algunos con 2 o 3 hijos, ya. ¿Cómo pueden tener tiempo para la
Biblioteca? La verdad es que lo consiguen sacar y cuando vienen a estudiar, hay
silencio y eso me hace muy feliz.
Continuo con un grupo fiel en las clases de inglés y de
informática. Les gusta, quieren aprender y yo, no siendo un experto, estoy muy
contento de poder enseñarles.
Tengo un grupo de estudio de Biblia, en inglés, con 4
catequistas. Leemos la Biblia, explico las palabras en inglés, meditamos los
textos, a veces vemos películas religiosas en inglés. Me siento muy feliz con
ellos.
Continúo jugando en la escuela que aún alberga a familias de
refugiados. Compramos una pelota y eso es suficiente para reunir a los jóvenes
y disfrutar de buenos momentos.
Dos veces por semana, al menos, acompañamos a los
catequistas en las aldeas, visitamos a las familias, jugamos con los niños. Son
momentos que llenan nuestros corazones. Estar con la gente es fundamental en
nuestra vocación misionera.
Con los Misioneros Combonianos con los que vivimos, todos
los días tenemos la misa a las 6.30 y todos los sábados una hora de adoración
eucarística. Los jueves vamos a casa de las Hermanas Misioneras Combonianas,
también con ellas, tenemos una hora de adoración eucarística y cenamos juntos.
Los miércoles David y yo tenemos una oración comunitaria.
A pesar de todo este trabajo, es el deseo de los Laicos
Misioneros Combonianos, yo mismo y de David (mi compañero de comunidad)
incluido, de iniciar una nueva presencia misionera entre el pueblo Gumuz. No
somos los primeros LMC de Etiopía, pero somos los primeros en trabajar y vivir
entre los Gumuz.
Por lo tanto, estamos visitando las comunidades, hablando
con la gente, analizando la situación concreta de cada pueblo y de las
familias.
Desafortunadamente el coche que tenemos no nos permite este
trabajo continuo. Las carreteras son terribles y requieren un coche que esté en
unas condiciones razonables. Después de un mes, acabamos de reanudar los juegos
con los niños de los pueblos porque nuestro coche estaba en el mecánico, lo que
ocurre muy a menudo. Además de que estamos continuamente pagando estos gastos.
Será necesario comprar un nuevo coche que nos permita continuar nuestro
trabajo.
Además, tenemos la intención de construir una casa en uno de
los pueblos, cerca de la gente, y vivir con ellos. Junto con la casa comenzaremos
los proyectos. Seguimos trabajando en los proyectos, como la construcción de
una guardería para los niños que pasan el día solos, sin adultos, y una
residencia de Estudiantes, que permite a los estudiantes ir a la escuela,
cuando muchos no pueden ir o deben hacer más de 30 kilómetros al día para ir a
la escuela, son los proyectos que consideramos más viables, teniendo en cuenta
lo que ya hemos analizado y escuchado de los jóvenes y los adultos.
Desafortunadamente, se necesitará dinero para llevar a cabo
estos proyectos. Por eso pido sus oraciones para que podamos cumplir la
voluntad de Dios con este hermoso pueblo. Si saben de alguna ONGs que financie
este tipo de proyectos, por favor háganoslo saber. Toda ayuda, por mínima que
sea, es preciosa para Dios. Y como sé que no estoy solo aquí, ¡estoy seguro de
que estás conmigo!
A veces aparecen adversidades, como el tifus o la fiebre
tifoidea, pero me alegro de haber sido enviado a este lugar donde Dios ya
estaba entre esta gente.
¡Llevo casi un año en este hermoso país! No lo dudo. ¡Es un
país maravilloso! ¡Estoy feliz! ¡Estoy feliz! ¡Vivo feliz! Eso no significa que
no haya sufrimiento. Significa que, a pesar de todos los contratiempos que
aparecen, vale la pena estar aquí, ¡significa que Dios nos fortalece y nos da
las herramientas necesarias para llevar a cabo su voluntad!
Os tengo presentes en mi oración, siento vuestra amistad muy
cerca de mí, continúo aprendiendo que la distancia no rompe los lazos sino que
los fortalece, recordándome diariamente lo importante que es vuestra amistad y vuestro
amor para mí.
Besos y abrazos de este amigo que os quiere tanto,
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