Os dejamos la formación ofrecida por el padre Jorge Alberto Benavides, mccj. En ella comenta la carta del papa Leon XIV para el centenario del Domund que celebramos este año.
LMC América
(Video en español)
Os dejamos la formación ofrecida por el padre Jorge Alberto Benavides, mccj. En ella comenta la carta del papa Leon XIV para el centenario del Domund que celebramos este año.
LMC América
(Video en español)
El pasado 4 de julio, como Laicos Misioneros Combonianos, tuvimos la alegría de regresar nuevamente a la comunidad de Manzanillo, para continuar compartiendo la misión, la fe y la cercanía con nuestros hermanos y hermanas.

Durante la mañana realizamos una jornada médica pediátrica, en la cual pudimos recibir a los más pequeños de la comunidad. Fue un espacio de servicio, escucha y acompañamiento, donde se brindó atención médica, diagnóstico y entrega de medicamentos. Cada niño atendido nos recordó la importancia de una misión que no solo anuncia con palabras, sino también con gestos concretos de amor y cuidado.
Ver llegar a las familias con confianza y esperanza nos llenó el corazón. Como comunidad misionera, comprendemos que servir es también una forma de evangelizar, especialmente cuando el amor de Dios se hace presente en la atención a quienes más lo necesitan.

Por la tarde compartimos una convivencia con los adultos de la comunidad, reflexionando juntos sobre el tema “La Barca de Pedro”. Este momento nos invitó a reconocer que todos estamos llamados a subirnos a esa barca que es la Iglesia, una barca que a veces enfrenta vientos fuertes, cansancio o incertidumbre, pero que sigue avanzando porque Cristo va con nosotros.
En medio de la reflexión, también vivimos un momento muy especial y fraterno: preparamos juntos un pastel imposible. Más que una receta, fue una experiencia de encuentro, trabajo en equipo y alegría compartida. Al final, el pastel se repartió entre las personas de la comunidad, convirtiéndose en un signo sencillo pero profundo de comunión.

Esta visita nos recordó que la misión se construye paso a paso, con presencia constante, con escucha, con servicio y con pequeños detalles que hablan del amor de Dios. Manzanillo sigue siendo para nosotros un lugar de encuentro, aprendizaje y esperanza.
Damos gracias a Dios por permitirnos regresar, por cada niño atendido, por cada familia recibida, por cada sonrisa compartida y por la oportunidad de seguir caminando junto a esta comunidad.
Como decía San Daniel Comboni: “La misión se hace de rodillas.”

Que cada visita, cada servicio y cada gesto fraterno nos ayude a seguir remando juntos en la Barca de Pedro, confiando siempre en que Cristo guía nuestra misión.
LMC Guatemala
Queridos amigos laicos misioneros combonianos y todo el pueblo de Dios.

¡La misión continúa! Llevo tres meses en misión en Piquiá, Açailândia, en el estado de Maranhão, donde trabajo en la Casa Familiar Rural (CFR), que acoge a alumnos de primero, segundo y tercer curso de Bachillerato, en su mayoría hijos de agricultores que, además de la teoría, aprenden en la práctica los trabajos agrícolas, el cultivo de hortalizas, la fruticultura, la piscicultura, la cría de animales y la apicultura.
Considero que es una labor muy importante y necesaria para que nuestros jóvenes sigan viviendo en el campo y puedan sacar de él el sustento para sus familias.
Los fines de semana estoy acompañando la andadura de la parroquia de Santa Luzia, en Piquiá, para empezar pronto a integrarme en las labores pastorales.

Cuento siempre con las oraciones de cada uno de vosotros para tener fuerzas para continuar en este camino.
Un fuerte abrazo a todos.
Tito, laico misionero comboniano.
Tras un período de discernimiento en oración y una pausa temporal en nuestro camino como Laicos Misioneros Combonianos de la Provincia de Norteamérica (NAP), nos llena de gratitud anunciar la renovación de nuestra comunidad. Por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, nos reunimos de nuevo con renovado celo, inspirados por el carisma misionero de san Daniel Comboni y su sueño de llevar el amor de Cristo a los más abandonados y olvidados.
Como Laicos Misioneros Combonianos repartidos por todo Estados Unidos y Canadá, hemos comenzado a reunirnos mensualmente a través de Zoom, lo que nos permite permanecer unidos a pesar de las grandes distancias que nos separan. El primer martes de cada mes, nos reunimos para una Noche de Oración; un momento sagrado para fortalecer nuestra comunión, alimentar nuestra identidad misionera y reavivar el fuego de nuestra vocación.

Estos encuentros nos brindan la oportunidad de compartir cómo el Señor está actuando en nuestras vidas, de reflexionar sobre nuestras experiencias al servicio de las misiones internacionales y de animarnos mutuamente como discípulos misioneros. Por encima de todo, nos reunimos ante el Señor en oración, confiando a su Sagrado Corazón nuestras intenciones personales, las necesidades de la Iglesia y los clamores de nuestro mundo.
Siguiendo el espíritu de san Daniel Comboni, cuyo corazón ardía de amor por la misión, rezamos fervientemente por la paz en todo el mundo, por todos los misioneros que prestan servicio cerca y lejos, por quienes sufren en los márgenes de la sociedad y por un aumento de las vocaciones misioneras. También recordamos a todos aquellos que nos apoyan con sus oraciones y su amistad.
Nuestra Noche de Oración está abierta a cualquiera que desee unirse a nosotros, rezar con nosotros y conocer mejor la vocación de Laico Misionero Comboniano. Se ha convertido en una hermosa oportunidad no solo para profundizar en nuestra fe, sino también para compartir el don de esta vocación misionera con otras personas que quizá estén discerniendo cómo el Señor les invita a servir a su Reino.
Como enseñó san Daniel Comboni: «Salvar África con África», recordándonos que la evangelización se lleva a cabo a través de la participación, el acompañamiento y la confianza en la providencia de Dios. Hoy seguimos viviendo este espíritu misionero como laicos comprometidos a dar a conocer y hacer amar a Cristo allá donde Él nos envíe.

Os invitamos a acompañarnos en la oración y la misión. Que el Espíritu Santo siga guiando a nuestra renovada comunidad, y que el Corazón de Jesús, fuente de todo amor misionero, inspire a las nuevas generaciones de Laicos Misioneros Combonianos a responder generosamente a la llamada de Dios.
«Misión o muerte» era el grito apasionado de Comboni. Que también nosotros vivamos con el corazón totalmente entregado a Cristo y a su misión.

Paz y bendiciones,
Laicos Misioneros Combonianos de la Provincia de Norteamérica