Omaira Martín, colombiana, es Misionera Comboniana con una gran experiencia de misión en Zambia.
En el vídeo Omaira nos habla de su recorrido personal y de lo que ha ido descubriendo en la misión.
Omaira Martín, colombiana, es Misionera Comboniana con una gran experiencia de misión en Zambia.
En el vídeo Omaira nos habla de su recorrido personal y de lo que ha ido descubriendo en la misión.
Una vez al mes celebramos nuestro día de retiro, un momento especial para hacer una pausa, orar y profundizar en lo que ocurre en nuestros corazones y en nuestra misión. Aunque nuestra comunidad LMC de Chelopoy (Kenia) es pequeña y está formada por solo dos personas, es precisamente eso lo que confiere a este momento un carácter tan personal y profundo.
Dividimos el día de retiro en dos partes. En cada una de ellas, reflexionamos sobre un pasaje de la Sagrada Escritura, que se convierte en el punto de partida para la reflexión personal. Intentamos no solo leer la Palabra, sino permitir que realmente toque nuestras vidas: nuestras alegrías, luchas, preguntas y experiencias relacionadas con la misión. Es un momento de silencio, de escucha y de reflexión sincera en lo más profundo de nosotros mismos.
Tras la oración personal llega el momento de compartir lo que estamos viviendo. Y es a menudo entonces cuando descubrimos que, a pesar de las diferentes experiencias o formas de vivir nuestra fe, muchas de nuestras emociones y dificultades son muy similares. Estas conversaciones nos ayudan a comprendernos mejor unos a otros, a percibir cómo obra Dios en la vida de otra persona y a aprender una mayor apertura y apoyo mutuo.
Un día así también nos recuerda que la comunidad no depende del número de personas, sino de la presencia de Dios entre nosotros y de nuestra voluntad de estar juntos en la verdad. Incluso en una comunidad muy pequeña, se puede experimentar la gran fuerza de la unidad, el ánimo mutuo y la paz que nace de la oración compartida y de escucharnos unos a otros.
Estoy agradecida por cada uno de estos días: por el silencio, por las conversaciones y por la oportunidad de hacer una pausa y contemplar nuestra misión desde una nueva perspectiva. Es un tiempo que nos fortalece espiritualmente, nos ayuda a encontrar sentido a la vida cotidiana y nos recuerda que Dios nos guía paso a paso, incluso cuando el camino es exigente.
Iza, LMC en Chelopoy

En el mes en que celebramos la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, oremos para que todos los comunicadores de la Familia Comboniana sepan contar la belleza que habita en el mundo con historias buenas que edifiquen y den esperanza. Oremos.
Ya han pasado cuatro meses desde la inauguración de nuestra comunidad en Chelopoy, Kenia. Este tiempo me ha permitido comprender más profundamente qué es realmente la misión. Cada día aquí me recuerda que no se trata principalmente de actividades o proyectos, sino de encuentro: conocer a otra persona, su historia, sus esperanzas, sus dificultades y su fe.
Mi ministerio diario tiene muchas dimensiones: pastoral, social y educativa. Sin embargo, por encima de todo, se trata de la presencia: simplemente estar cerca de las personas y compartir su vida cotidiana. Es en esta sencillez donde descubro el significado y el valor más profundos.
Los miércoles, jueves y sábados, junto con la hermana Rebeka y Mercy, visitamos a las familias. Nos reunimos para orar, conversar, escuchar y compartir lo que nos depara la vida cotidiana. Estas visitas son extremadamente importantes para mí, ya que me permiten comprender mejor la vida de las personas, sus alegrías y preocupaciones, y su fe —a menudo muy sencilla, pero profundamente auténtica—.
Los domingos tienen un carácter especial. Después de la Santa Misa, junto con la hermana Benedicta, intentamos visitar a los ancianos y a los enfermos en sus hogares. La mayoría de las veces se trata de mujeres solitarias. En esos momentos, veo claramente lo grande que es el valor de la presencia de otra persona.

Una parte importante de mi misión es también la educación de los jóvenes. Los jueves y viernes, imparto clases de informática básica en una escuela de niñas. Para muchas alumnas, este es su primer contacto con la tecnología. Aprendemos a escribir a máquina, a utilizar programas sencillos y a descubrir las oportunidades que ofrece el mundo moderno. En el mundo actual, donde la tecnología desempeña un papel cada vez más importante, incluso los conocimientos básicos de informática pueden abrir las puertas a una mayor formación y a nuevas oportunidades. Esto me da una gran esperanza y la sensación de que este trabajo tiene un impacto real en su futuro.
Por supuesto, la vida misionera no se reduce a encuentros maravillosos, sino que también conlleva desafíos. Uno de ellos es la barrera del idioma. No siempre es fácil expresar lo que llevo en el corazón o comprender plenamente a otra persona. A veces faltan las palabras y surge la incertidumbre. Sin embargo, en esos momentos aprendo que la comunicación es más que el lenguaje: es una sonrisa, un gesto, la presencia y la apertura. A menudo, estos elementos tienden puentes donde las palabras no bastan.

Estos primeros meses me muestran que la misión es, ante todo, relación. Es presencia, escucha y caminar junto a los demás. Es estar con otra persona en su vida cotidiana, tanto en la alegría como en las dificultades. Y aunque cada día trae nuevos retos, también trae muchos momentos hermosos que nacen del encuentro.
Iza
Chelopoy, Kenia