Laicos Misioneros Combonianos

Economía, Tierra de Misión. Encuentro LMC-Europa

Albanese
P. Giulio Albanese durante su intervención en el encuentro.

Como cristianos, como misioneros, no podemos mirar tranquilamente desde nuestra ventana cómo evoluciona el sistema económico global, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y los derechos efectivos de cada vez más poblaciones. Ante la complejidad de este terreno, necesitamos formarnos mínimamente en estas cuestiones.

El misionero comboniano Giulio Albanese, periodista especializado en el ámbito de economía, impulsó la reflexión sobre Economía: Tierra de Misión, en el encuentro del movimiento Laico Comboniano de Europa, que contó el pasado sábado con participantes de Polonia, Alemania, Portugal, Italia y España, además del coordinador LMC de Brasil, Flavio Schmidt. El aniversario del atentado de las Torres Gemelas, que reconfiguró la geopolítica, y el Tiempo de la Creación, en el que las confesiones cristianas nos unimos cada año para orar, celebrar y actuar por la Casa Común, fueron el marco de esta iniciativa.

Albanese partió del proceso histórico reciente que ha configurado el actual panorama del sistema económico global, iniciado en la conferencia de Breton Woods al concluir la Segunda Guerra Mundial. En este camino, la economía financiera ha ido creciendo y distanciándose progresivamente de la economía real. Esta se fundamenta en que el trabajo de la persona crea riqueza, mientras que la financiera se basa en que el propio dinero genera riqueza. La crisis iniciada en 2008 puso de manifiesto las consecuencias de un sistema económico en el que productos financieros especulativos, como los derivados, representan un flujo económico de entre 10 y 15 veces el PIB global. Otro elemento inquietante es que la deuda de los estados, que lastra las economías especialmente de las comunidades del sur, esté financiarizada y por tanto sometida a las incertidumbres del mercado. La deuda de los estados ha llegado a ser un producto financiero que se compra y se vende, lo que genera beneficios a otros inversores.

Como propuesta para combatir la cuestión flagrante de la deuda internacional, desde Italia se lanzó a finales del siglo pasado, en el marco del Jubileo 2000, un documento jurídico, apoyado por la Comisión de DDHH de la ONU, para argumentar que el mecanismo de la deuda internacional es contrario a los DDHH, por lo que sus acuerdos podrían ser denunciados ante la Corte de la Haya.

El ponente compartía desde su experiencia misionera en Etiopía como, mientras la hambruna amenaza a la población, el estado acumula grano en los depósitos para ofrecerlo a los agronegocios globales (que fijan su precio en la Bolsa de Chicago) y pagar así los intereses de su deuda. En otro ejemplo, denunciaba el riesgo que supone que los bienes comunes, como la salud, estén controlados solo por el mercado, lo que genera que mientras en el norte avancemos hacia la tercera dosis de vacuna COVID19, en África solo un 1% de la población tiene colocada la segunda.

La Iglesia ha generado abundante reflexión recogida en las diversas encíclicas sociales, desde Rerum Novarum al final del siglo XIX, y el magisterio del papa Francisco destaca por colocar a la persona pobre y descartada en el centro, no como objeto pastoral, sino como sujeto teológico: Dios se encarna en el pobre. El concepto de desarrollo, vinculado a la tecnología y al beneficio, debe sustituirse por el de progreso, que remite a la persona y su aspecto social. Ante una cuestión compleja, como el sistema económico, no es posible una respuesta mágica sino, como insiste Francisco, participar e iniciar procesos transformadores.

En este contexto, Albanese proponía no demonizar al mercado, sino convivir con él y promover desde dentro economías alternativas, como viene impulsando la iniciativa vaticana de la Economía de Francisco y Clara. No fomentar una mística de la miseria, que solo promueve compartir el sufrimiento de las comunidades sin dar otro paso. La Economía Social es un campo con gran desarrollo, en el que surgen empresas cuyo objetivo no es generar beneficios, sino resolver problemas de las personas. Los microcréditos impulsados por el premio Nobel M. Yunus son una herramienta, así como la Banca Ética (Fiare, Coop 57, Triodos…). Igualmente debemos promover leyes que puedan reconducir las acciones empresariales, pues la desregulación que promueve el liberalismo deja a las comunidades en manos de las empresas sin escrúpulos. La alianza europea de entidades eclesiales CIDSE  trabaja en esta regulación corporativa.

Para las congregaciones religiosas está la tarea de revisar responsablemente en qué iniciativas invierte sus recursos. Actualmente tenemos dos campañas de desinversión en curso. El movimiento Laudato Si‘ promueve desinvertir en empresas que favorecen los combustibles fósiles, mientras que la red Iglesias y Minería, en la que participan los LMC y los Misioneros Combonianos de Brasil, busca la desinversión en compañías de megaminería, que amenzan a las poblaciones y el medio ambiente. Y apostar por una evangelización integral en la que la promoción de la transformación social esté presente. El reciente Mapa de los ministerios sociales combonianos presenta ejemplos de este tipo.

Para el movimiento laico comboniano estaría la tarea de profundizar en cómo nuestros estilos de vida contribuyen a apuntalar el sistema financiero global o a platear alternativas. El LMC de Italia viene trabajando esta vía con un importante componente profético. En España, la plataforma Enlázate por la Justicia, en la que participa la ong comboniana AMANI, ha propuesto reflexionar también en este sentido. También es necesario que sintamos que podemos incidir en las políticas que pueden controlar al sistema económico-financiero, desde nuestros entornos más cercanos de familia y parroquias, hasta los órganos decisores, participando en acciones junto a plataformas organizadas. En este sentido, el año pasado varios LMC participamos en una formación sobre incidencia política impulsada por la plataforma REDES.

El encuentro concluyó con el diálogo de las personas participantes para avanzar en nuestra formación como LMC y estrechar lazos con el resto de la Familia Comboniana en este ámbito.

Puedes ver el vídeo completo del encuentro.

Gonzalo Violero, LMC España

Economía, tierra de misión (conferencia)

P Albanese

En el XX aniversario del atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, el misionero y periodista comboniano P. Giulio Albanese MCCJ aborda el tema de la economía civil en el webinar “Economía, tierra de misión”, promovido por la Coordinadora Europea de los Laicos Misioneros Combonianos. El encuentro, en línea con el proyecto “La Economía de Francisco”, realiza un análisis geopolítico del continente europeo, P. Albanese revela los mecanismos del sistema bancario en la sombra, el llamado “Shadow Banking”, uno de los principales culpables de la brecha cada vez más infranqueable entre el Norte y el Sur del mundo, agravado aún más por la pandemia de Covid-19.

Rogamos disculpen los problemas técnicos propios de una retransmisión en vivo a varios países y diferentes velocidades en la conexión de internet.

ECONOMÍA, TIERRA DE MISIÓN

P Albanese

Una nueva perspectiva sobre Europa y el mundo para los Laicos Misioneros Combonianos

Sábado 11 Septiembre 2021, hora 10.00 – 13.00

https://www.youtube.com/channel/UC-_1UzNojFeGAiUMch1wFJQ

P Albanese

En el XX aniversario del atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, el misionero y periodista comboniano P. Giulio Albanese MCCJ abordará el tema de la economía civil en el webinar “Economía, tierra de misión”, promovido por la Coordinadora Europea de los Misioneros laicos Combonianos. El encuentro, en línea con el proyecto “La Economía de Francisco”, será retransmitido en directo el sábado 11 de septiembre de 2021 de 10.00 a 13.00 horas en el canal de youtube de los Misioneros Combonianos:

https://www.youtube.com/channel/UC-_1UzNojFeGAiUMch1wFJQ

La grabación de la reunión estará disponible posteriormente en el mismo canal.

A partir de un análisis geopolítico del continente europeo, P. Albanese revelará los mecanismos del sistema bancario en la sombra, el llamado “Shadow Banking”, uno de los principales culpables de la brecha cada vez más infranqueable entre el Norte y el Sur del mundo, agravado aún más por la pandemia de Covid-19.

A continuación, el misionero reflexionará sobre el tema de la solidaridad, entendida como la corresponsabilidad de ciudadanos, creyentes y no creyentes, en la lucha contra la exclusión social y en el cuidado de la “res publica”, o “casa común” de la humanidad.

La referencia a las palabras del Papa Francisco es clara, la nuestra no es una época de cambios, sino un cambio de época, o – explica el P. Giulio – una realidad espacio-temporal que necesita redención, es decir, evangelización entendida como “globalización perspicaz”. de Dios “.

De ahí la pregunta crucial: ¿es posible conciliar los negocios con las demandas que plantea el bien común para una sociedad más equitativa, justa y solidaria?

La respuesta es sí y este es el mensaje clave del webinar: apelar a la ciudadanía, y en particular a los Laicos Misioneros combonianos, a cuidar los bienes comunes junto con las administraciones locales, un discurso ya sancionado por la Constitución italiana en el último párrafo del ‘art. 118 que cuestiona el “principio de subsidiariedad”.

Entonces, ¿qué hacer en la práctica, pensando sobre todo en las necesidades de desarrollo y progreso en las periferias del planeta? – pregunta el P. Giulio – Está claro que el mundo misionero debe salir al campo de juego, evangelizando incluso en el ámbito económico. Se necesitan consagrados y laicos que sean capaces de estudiar nuevas estrategias como esperaba el Papa Francisco en la histórica cumbre de jóvenes economistas en 2020 en Asís.

De ahí la propuesta, realmente concreta desde el punto de vista de la economía real, de un modelo innovador que involucre a la sociedad civil, la denominada empresa social.

El objetivo del modelo, concebido por el premio Nobel Muhammad Yunus (1940), economista bengalí y creador del microcrédito moderno, es la creación de empresas con fines sociales para ser concebidas y gestionadas como empresas reales, pero con el imperativo de la ventaja social. en lugar de maximizar los beneficios. ¿Palabra clave? Sostenibilidad y concepto de bienestar compartido, nunca exclusivo.

También el sábado 11 de septiembre de 2021, el encuentro continuará en forma privada por la tarde, de 17 a 19, como un momento de verificación para los Laicos Misioneros combonianos, europeos y no europeos, llamados a reflexionar sobre las enseñanzas del P. Albanese. y sobre las oportunidades reales de concretización del modelo Yunus.

P Albanese

Padre Giulio Albanese MCCJ (Roma, 1959) es miembro de la Congregación de los Misioneros Combonianos y periodista. Dirigió el New People Media Center en Nairobi y fundó la Agencia de Noticias del Servicio Misionero (MISNA) en 1997. Autor de 15 libros publicados por editoriales como Feltrinelli, Einaudi, EMI Editora Misionera Italiana, Messaggero di Padova, colabora con numerosos periódicos, entre ellos L’Osservatore Romano, Avvenire, Vatican Radio, the Giornale Radio Rai, así como colaboraciones anteriores con CNN, BBC, Swiss Italian Radio.

Ha sido profesor de Periodismo Misionero y Periodismo Alternativo en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y ha dirigido las revistas misioneras de las Obras Misionales Pontificias (Popoli e Missione e Il Ponte d’Oro).

En 2003 el presidente Carlo Azeglio Ciampi le otorgó el título de Gran Oficial de la República Italiana por méritos periodísticos en el Sur del mundo. Desde enero de 2018 también es editor jefe de la revista “Amici di Follereau”.

También es miembro del Comité de Intervenciones Caritativas a favor de los países del Tercer Mundo de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) y presentador de retransmisiones y foros sobre temas relacionados con África y el Sur del mundo. Realiza su ministerio pastoral en la parroquia Regina Pacis en Fiuggi.

Los Laicos Misioneros Combonianos (LMC)

Son hombres y mujeres de todas las edades, individuos, parejas y familias, inspirados en el Evangelio de Jesús de Nazaret y el carisma de su discípulo San Daniel Comboni (Limone sul Garda, 1831 – Jartum, 1881).

Viven de su trabajo y proyectan un estilo de vida al servicio de la justicia y la paz y respetando el medio ambiente.

Forman parte de la Familia comboniana junto con los misioneros combonianos, las misioneras combonianas y las misioneras combonianas seculares. Juntos se comprometen a llevar a cabo el plan de Comboni “Regenerar África con África” ​​(1864), algunos a través de períodos de voluntariado y servicio en el Sur del mundo y en los que viven y trabajan todos los días. LMC está presente en Europa (Austria, Alemania, Italia, Polonia, Portugal, España), en África (Benín, Chad, Congo, Egipto, Etiopía, Ghana, Kenia, Mozambique, República Centroafricana, Togo, Uganda) y en las Américas. (Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Estados Unidos).

El corazón de un portugués

Bartek

Es la tercera vez que vengo a Portugal. Pero una peregrinación a Fátima y una escapada a Oporto no se pueden comparar a los tres meses que pasé aprendiendo el idioma, haciendo voluntariado y viviendo con una familia local.

Bartek

Desde el pasado mes de octubre soy Laico Misionero Comboniano. El 12 de septiembre seré enviado oficialmente a una misión de dos años en Mozambique. Una de las etapas más importantes de la preparación es el curso de idiomas. Desde el 20 de mayo, viví en la aldea de Duas Igrejas (el nombre significa literalmente “Dos Iglesias”, aunque allí sólo hay un templo) junto a Gloria y António, un matrimonio que coopera con el movimiento de los Laicos Misioneros Combonianos.

Al principio, comparé la realidad portuguesa con la polaca. Portugal es un país con un nivel de vida similar al de Polonia, donde en el pasado, debido a la pobreza y a la falta de trabajo, también muchas personas decidieron emigrar. Un país en el que mucha gente sigue practicando su fe; tienen una figura del Señor Jesús o de Nuestra Señora de Fátima en sus jardines. Allí se celebran con mucha solemnidad muchas fiestas católicas; entre otros días no laborables están el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo, la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María y la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.

El P. João Pedro Martins Ribeiro, párroco local de las tres parroquias (debido al escaso número de vocaciones, las parroquias se combinan muy a menudo) presenta un panorama más pesimista de la religiosidad en el país. Dice que sólo una pequeña parte de los fieles se confiesa, es consciente de lo que cree y se adhiere a los principios morales. El fútbol es una religión para muchos portugueses. Lo más importante para ellos es comer bien y que su equipo favorito gane el partido. Van a la iglesia en las ocasiones más importantes, durante las vacaciones o en un funeral, cuando muere uno de sus amigos – se queja el Padre João.

La gente en Portugal es muy tranquila y nada conflictiva. He presenciado muchas veces como alguien forzaba el derecho de paso, cortaba la carretera o bloqueaba el paso. Nunca se utiliza en esta ocasión el claxon o las palabrotas. Simplemente se reduce la velocidad o se espera. Alguien puede cometer un error en la carretera, pero también yo puedo olvidarme o no fijarme en algo. ¿Por qué debería reaccionar con nerviosismo ante los errores de los demás? Mejor estar tranquilo y ser comprensivo con todos -dice Augusto, ministro extraordinario de la Sagrada Comunión y conductor que trabaja en la casa de la estancia diaria, donde yo era voluntario. Sólo una vez oí a alguien levantar la voz, no noté a nadie borracho, no encontré ninguna manifestación de malicia o agresión. Los portugueses también son muy serviciales. En repetidas ocasiones me dejaron dejar la mochila en una cafetería o en la taquilla de la estación, me invitaron a una cerveza o a cenar cuando se enteraron de que había llegado para aprender el idioma. Sucedió incluso que llegando tarde a una estación de tren, el conductor oyó mi llamada y me esperó para subir al tren.

También experimenté mucho cuidado y cariño por parte de Gloria y António, que me acogieron durante tres meses en su casa. Me llevaban a las clases y al voluntariado todos los días, cocinaban las comidas, me llevaban de viaje y me compraron un par de libros de estudio del idioma y dos pares de pantalones (después de que yo destruyera los míos por desinfectar con poca habilidad las suelas de los zapatos al entrar en casa). Bromeábamos diciendo que yo era como su cuarto hijo adoptado.

Bartek

Pronto, como un niño que aún tiene mucho que aprender, iré a mi nuevo hogar en Mozambique.

Conoceré una nueva cultura, tendré un nuevo trabajo y estableceré nuevas relaciones. Al igual que en Portugal y antes en Uganda, dejaré allí un trozo de mi corazón y volveré regalado con trozos de corazones de la gente que conoceré allí.

Bartek

Bartek, LMC polaco

Sobre la misión entre los Gumuz

Gumuz situation
Gumuz situation

Cuando, en noviembre de 2020, volví de Portugal, nunca pensé que viviría los momentos que he vivido en estos últimos meses.

Vivo en Guilguel Beles, región de Benishangul-Gumuz, Etiopía, y en la misión trabajamos esencialmente con el pueblo Gumuz (nosotros, los laicos misioneros combonianos vivimos con los religiosos combonianos en la misma misión). No cerramos nuestras puertas a nadie, pero este es uno de los pueblos más olvidados y abandonados de Etiopía y del mundo.

También viven aquí varias personas de otras etnias, como los Amara, Agaw y Chinacha. El suelo es fértil y eso lo convierte en una zona deseable. Y así, muchas veces, los gumuz han perdido tierras que les pertenecían.

Pero incluso así, la gente vivía en paz, sin mayores problemas. En 2019, ya estaba en Etiopía, un pueblo gumuz fue atacado, la gente fue asesinada, las casas quemadas… Nuestra misión fue pionera en la prestación de ayuda a los desplazados.

Cuando vuelvo, en noviembre de 2020, los rebeldes de Gumuz empezaron a atacar algunos no Gumuz. Con gran dolor me enteré de la muerte de muchos inocentes. La vida humana es preciosa.

Sin embargo, también fui testigo de la persecución de los Gumuz. La gente huyó al bosque, las casas fueron quemadas, decenas de jóvenes fueron detenidos sin ninguna justificación.

Recuerdo haber ido con David, LMC, mi colega de misión, a Debre Markos, en la región de los Amara, con dos gumuz porque tenían miedo de que los mataran. Varias veces fuimos a asistir a los detenidos en la comisaría.

Mientras tanto, el gobierno empezó a negociar con los rebeldes de Gumuz y durante casi dos meses conseguimos abrir escuelas, la clínica y la biblioteca.

Sin embargo, las negociaciones fracasaron y los rebeldes de Gumuz mataron a más personas. No siempre es fácil concluir las negociaciones cuando las propuestas exigidas son imposibles de alcanzar.

En respuesta, los rebeldes de Amara y Agaw atacaron aldeas, mataron gente y quemaron casas. Los jóvenes con los que convivía, las mujeres del grupo al que seguía, los niños de la escuela y del jardín de infancia tuvieron que huir al bosque: sin comida, sin ropa, sin nada. Gente que conocía fue asesinada: ¡gente inocente!

A nuestra misión han venido muchas personas a pedir comida, dinero para comprar alimentos, asistencia médica…

Al principio preparábamos comida para todos los necesitados que se acercaban a nosotros [“dadles vosotros de comer” (Mt 14,16)]; luego, con la ayuda de la Diócesis, ofrecimos pasta y cada mañana ofrecimos una comida a más de 200 niños. Los domingos ofrecemos una comida después de la misa.

David se encarga de las comidas todos los días y la Hermana Nives (una Hermana Comboniana) proporciona atención médica a docenas de personas cada día.

Alterno entre ayudar en el trabajo con los niños e ir a Mandura, a la misión de las Hermanas Combonianas (que tuvieron que dejar la misión, debido a esta situación de guerrilla, viviendo por ahora en nuestra misión. Pero durante el día intentan quedarse en la misión donde estaban, Mandura, para acoger a la gente que viene) donde ayudo en las tareas domésticas, como ir a buscar agua para los animales, para la casa (ya que las hermanas no tienen agua en casa), etc. y acojo (yo y las hermanas combonianas Vicenta y Cristiane) a la gente que viene a saludar o pedir ayuda. Muchos de ellos se arriesgan a venir a la misión, después de caminar tres o cuatro horas, para ir a buscar los cereales que han almacenado en la casa de las hermanas o para pedir ayuda.

Ha sido muy duro escuchar tanto sufrimiento: gente que sufre, desnutrición, niños gravemente enfermos, gente que ha perdido a sus familiares, que ha perdido su grano. Cuántas veces me cuesta dormirme pensando en esta realidad.

Gumuz situation

La misión consiste en rostros… y veo tantos rostros que sufren. Cuando rezo en la Iglesia y miro la cruz de Jesús, veo muchos rostros, contemplo esta realidad sufriente y me doy cuenta de que Jesús está en esa cruz por nosotros y que sigue sufriendo diariamente por nosotros. Pero al mismo tiempo siento estas palabras en mi mente: ¡no tengas miedo! ¡Estoy contigo!

No es fácil vivir estos momentos de sufrimiento, pero la experiencia de fe en Jesús, que pasó su vida haciendo el bien, que sufrió, que fue asesinado pero que fue resucitado nos ayuda a ser testigos del Amor de Dios entre las personas.

Gracias a todos los que habéis contribuido a la misión en distintos niveles de oración, amistad, afecto y ayuda. Sin vuestra participación no podríamos ayudar. ¡Muchas gracias de corazón!

No faltan las tribulaciones, pero estad seguros que vuestra oración nos sostiene. La misión es de Dios y en Él debemos poner nuestra confianza.

Abrazo fraterno,

Pedro Nascimento, LMC en Etiopía