Laicos Misioneros Combonianos

Volviendo a la aldea El Manzanillo

LMC Guatemala

Un día más caminando con Jesús

Con el corazón lleno de alegría y esperanza, continuamos nuestra misión en la querida aldea El Manzanillo, viviendo un día más de encuentro, servicio y fe, caminando siempre de la mano de Jesús Resucitado.

Durante la mañana, realizamos el visiteo a las familias de la comunidad, llevando con nosotros el cirio pascual, signo de la presencia viva de Cristo. Con cada visita, entramos a los hogares llevando la Luz de Jesucristo Resucitado, compartiendo palabras de consuelo, fe y esperanza. Fue un momento profundamente significativo, donde pudimos escuchar, orar y acompañar a cada familia, recordándoles que Dios nunca abandona a sus hijos y que la Resurrección es promesa de vida nueva para todos.

Por la tarde, vivimos un espacio de convivencia fraterna junto a la comunidad, desarrollando actividades de manualidades y trabajos artesanales utilizando materiales básicos, fomentando la creatividad y la participación de todos. También disfrutamos de momentos llenos de alegría con los niños, realizando juegos, donde las sonrisas y la inocencia nos recordaron la belleza de servir con amor y sencillez.

Así cerramos un día bendecido, lleno de fraternidad, entrega y misión, donde una vez más pudimos llevar la Buena Nueva a este sector, proclamando con alegría y convicción:

¡Jesucristo ha Resucitado! ¡Ha Resucitado, claro que sí!

Inspirados por el testimonio de San Daniel Comboni, recordamos sus palabras y su espíritu misionero, que nos animan a salir al encuentro de los más necesitados, a llevar el Evangelio con valentía y a confiar siempre en la obra de Dios, incluso en medio de los desafíos. Él nos enseñó que la misión se construye con amor, cercanía y entrega total al servicio de los demás.

Como Laicos Misioneros de Guatemala, queremos reafirmar que toda nuestra comunidad misionera permanece unida, caminando juntos en la fe, sosteniéndonos mutuamente y manteniendo en nuestras oraciones a cada familia, a cada niño y a cada persona que forma parte de esta hermosa misión.

Seguimos adelante, con esperanza renovada y con el corazón dispuesto, sabiendo que cada paso que damos es una semilla de amor sembrada en nombre de Cristo Resucitado.

Dios bendiga a la aldea El Manzanillo y a cada una de sus familias.

LMC Guatemala

Un Viernes Santo desde los ojos de un Laico

LMC Guatemala

Hoy viví un Viernes Santo diferente, un Viernes Santo que no solo contemplé, sino que caminé, cargué y ofrecí.

Tuve la gracia de participar en la procesión del Nazareno de la Cuasi parroquia Santa María del Encinal, compartiendo con la comunidad, con amigos y con dos sacerdotes que son ejemplo de lo que es ser Misioneros y personas entregadas en alma y cuerpo a Jesús y a la Iglesia, sintiendo la fe de cada hermano y hermana que caminaba a mi lado.

Pero también lo viví con mi familia, que fue mi sostén en cada momento.

Mi esposa, con cada mirada llena de amor, me daba fuerzas para seguir adelante; y en cada ocasión que me compartía un sorbo de agua, sentía su cuidado y su compañía, como un gesto sencillo pero lleno de significado.

Mis hijos también caminaron conmigo en este camino de fe.

Tuve la bendición de cargar junto a mi hijo mayor, compartiendo el esfuerzo y el compromiso, y mi hijo pequeño, con cada abrazo, me recordaba algo muy profundo y verdadero:

“No estás solo.”

Llevar a Jesús en hombros fue más que un acto físico; fue una experiencia espiritual profunda.

En cada paso sentí el peso de la cruz, pero también sentí el amor que Él tuvo por nosotros.

El cansancio en mis pies, el dolor en mis brazos y en mi espalda, se fueron convirtiendo poco a poco en una ofrenda silenciosa, una manera sencilla de decirle a Jesús:

“Aquí estoy, Señor, caminando contigo.”

No fue fácil, pero en medio del esfuerzo comprendí que el sacrificio también puede ser oración.

Cada gota de sudor, cada momento de fatiga, cada respiración profunda, se transformó en un acto de amor y gratitud.

Y cuando llegó la hora de las 3 de la tarde, el momento de la adoración a la Cruz, viví algo nuevo para mi vida.

Fue la primera vez que participé en este acto tan sagrado, y fue una experiencia hermosa, llena de silencio, respeto y profunda reflexión.

Al contemplar la Cruz, recordé la pasión y muerte de Jesucristo, y en mi corazón nació un agradecimiento sincero por el sacrificio que hizo por todos nosotros.

Hoy entendí que ser laico no es solo asistir o participar, sino entregarse, servir, acompañar y caminar con Jesús en medio del pueblo.

Ser laico es vivir la fe con los pies cansados, con las manos ocupadas y con el corazón dispuesto.

Este Viernes Santo no solo lo recordé… lo viví.

Lo viví en comunidad, con amigos, con sacerdotes que inspiran, lo viví en familia, lo viví en el servicio, lo viví en el dolor ofrecido y en la gratitud profunda.

Y al final del día, aunque el cuerpo está cansado, el alma está en paz, porque sé que cada paso que di, cada esfuerzo que ofrecí, fue una pequeña muestra de amor para Aquel que dio su vida por nosotros en la Cruz.

Gracias, Señor Jesús, por tu sacrificio, por tu amor infinito y por permitirme caminar contigo en este Viernes Santo, acompañado de mi familia, mi comunidad y nuestros sacerdotes, que fueron reflejo de tu presencia y tu amor en cada momento.

LMC Guatemala

Retiro de los LMC de Guatemala: un encuentro para renovar la misión y el corazón

LMC Guatemala

Del 28 de febrero al 01 de marzo, los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala vivimos un retiro lleno de gracia y encuentro fraterno en Casa Comboni, un espacio que se convirtió en hogar espiritual durante estos días de reflexión, oración y renovación misionera, todo ello bajo la guía espiritual del Padre Damián Bruyel, quien acompañó cada momento con enseñanzas, cercanía y espíritu misionero.

Fue un tiempo especial para detenernos en medio de nuestras actividades cotidianas y volver a lo esencial: escuchar la voz de Dios, fortalecer nuestra vocación misionera y crecer como comunidad.

Uno de los ejes centrales del retiro fue profundizar en la figura de María como Mujer, Madre y Misionera. A través de las reflexiones, descubrimos cómo su “sí” generoso sigue siendo modelo para quienes somos llamados a anunciar el Evangelio. María nos enseña a confiar, a servir con humildad y a caminar incluso cuando no entendemos completamente el plan de Dios.

También meditamos sobre Santa María Reina, reconociéndola como guía amorosa que acompaña nuestra misión y fortalece nuestra fe en los momentos de dificultad.

Otro de los temas que iluminó el retiro fue contemplar a María como estrella de la evangelización, aquella que señala siempre hacia Cristo. Se nos recordó que evangelizar no es solo anunciar con palabras, sino vivir el Evangelio con coherencia, alegría y entrega cotidiana.

Reflexionamos además sobre la misión del profeta, entendiendo que todo misionero está llamado a ser voz de esperanza, justicia y amor en medio del mundo actual. Ser profeta implica escuchar primero a Dios para luego anunciarlo con valentía.

El tema “Pescando con Jesús” nos invitó a renovar nuestra confianza en Él, recordando que la misión no depende únicamente de nuestras fuerzas, sino de dejarnos guiar por su palabra. Así como los discípulos lanzaron las redes confiando en Jesús, nosotros también somos enviados a remar mar adentro.

Más allá de las enseñanzas, el retiro fue un espacio para fortalecer los lazos como comunidad y como familia misionera. Compartimos momentos de alegría, diálogo y fraternidad que renovaron nuestro sentido de pertenencia y compromiso común.

Cada encuentro, cada oración y cada conversación nos recordó que la misión se vive mejor cuando caminamos juntos.

El sábado por la noche vivimos un profundo Vía Crucis, conmemorando la pasión y muerte de Jesucristo, un momento de silencio y contemplación que tocó profundamente nuestros corazones.

Además, tuvimos la oportunidad de recibir el sacramento de la reconciliación. Las confesiones fueron un regalo espiritual que nos permitió presentar nuestras vidas al Señor con humildad, buscando tener el alma limpia y dispuesta para recibir sus gracias, con el deseo sincero de caminar hacia la santidad.

Este retiro no fue un final, sino un nuevo comienzo. Regresamos a nuestras comunidades renovados, fortalecidos y con el corazón dispuesto a seguir anunciando el Evangelio con alegría, confiando en que Dios sigue obrando en cada uno de nosotros.

Como nos recuerda San Daniel Comboni:

“Salvar África con África.”

San Daniel Comboni, ruega por nosotros.

LMC Guatemala

Envío misionero del primer LMC de Costa Rica

Envio Jose David LMC Costa Rica

Evangelio según San Mateo 28:20: “…y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.”

El pasado 25 de enero fue un día muy importante para los LMC de Costa Rica, se realizó la Misa de Envío Misionero, en su Parroquia de Origen, Nuestra Señora la Virgen de las Mercedes, Palmares, Alajuela, presidida por Monseñor Bartolomé Buigues Oller, Obispo de Alajuela, quien impartió su bendición y envío a nuestro hermano José David Rojas Quesada. También le compartió La Palabra de Dios como signo de la tarea encomendada, La Cruz como signo del Envío Misionero y testigo de Dios y la Luz como signo que lleva a Cristo Vivo y Resucitado. Jose David el próximo 12 de febrero estará viajando a su misión Ad Gentes en República Centro Africana específicamente en la misión de Mongoumba, dónde junto a Teresa, Élia y Neema, estarán haciendo comunidad y trabajando en esa misión. Compartimos con ustedes unas palabras que nuestro compañero escribió para esta ocasión:

“Vayan por todo el mundo a proclamar el Evangelio”.

Son palabras que resuenan en mi mente y en mi corazón. El camino no ha sido fácil: ha sido cuesta arriba, empolvado y, en muchas ocasiones, lleno de abismos.

Recuerdo como si fuera hoy cuando tenía 7 años —sí, ya me imagino que muchos estarán haciendo cuentas—, pues hace 37 años exactamente comencé mi servicio siendo monaguillo. Conforme iban pasando los días, los meses y los años, cada vez me enamoraba más de este espíritu de servicio, don que se me ha dado gratis y que gratis seguiré compartiendo.

El profeta Samuel es para mí muy significativo, y hago mías las palabras que él le dijo: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. A pesar de que hubo tiempos de desierto, tiempos en los que olvidé a Dios, mi pecado y mi pequeñez me envolvieron y, como cualquiera de nosotros, me dejé seducir. Sin embargo, Él me sedujo primero y me di a la tarea de volver a mi primer amor. Si antes las pruebas eran duras, en ese momento comenzaron a serlo aún más, pero siempre con Dios por delante y con mamá María.

Aquel primer amor floreció con más fuerza. Y aunque sigo siendo el más grande de los pecadores, aún me falta mucho para poder decir que me he configurado con Cristo. Todos los días lucho por llegar a serlo; seguiré intentándolo y dando mi mayor esfuerzo.

Doy gracias infinitas a Dios por la oportunidad de tener una familia que, aunque no es perfecta, siempre me ha apoyado. Hoy mi madre, que fue mi confidente, amiga y protectora, ya no está físicamente, pero estoy seguro de que desde el cielo me cuida y me sigue jalando las orejas. Te amo, mi manitas de repollo, mi vieja.

Aún tengo la gracia de tener a mi padre, y ruego a Dios que lo cuide, que le conceda mucha salud de alma y cuerpo, y que pueda seguir disfrutando de muchos campeonatos más de la LDA equipo de fútbol de sus amores. A mis tres hermanos, los amo; cuiden de papi como él ha cuidado de nosotros. A mis nueve sobrinos: cuiden de su abuelo, ámenlo como él los ama, y recuerden que este tío los ama muchísimo y que siempre que pueda estaré para ustedes.

Que Dios sea siempre el centro de sus corazones; acérquense a Él. La Eucaristía es la forma más bella, sincera y sencilla de tenerlo. Y cuando vayan a orar, rueguen a Dios por este miembro de la familia que, aunque esté lejos, siempre los lleva en el corazón.

Mi familia por elección, mi Familia Comboniana: en ustedes he encontrado verdaderamente un rumbo. Todo lo aprendido y todo lo vivido han sido experiencias que me han fortalecido y me han hecho un misionero sin miedo a entregar mi vida por la misión. San Daniel Comboni ha sido la inspiración para querer dejarlo todo por un Todo, y entregar sin miedo la vida por los más necesitados y olvidados.

A mis compañeros del grupo de los Laicos Misioneros Combonianos, déjense flechar por el Sagrado Corazón de Jesús. Que San Daniel Comboni los anime. Recuerden aquello que él decía: todo misionero debe tener panza de chancho para comer de todo, rodillas de camello para la oración y espalda de burro para cargar la mochila. Las obras de Dios nacen y crecen al pie de la cruz; bien lo decía Comboni, porque él sabía que la misión no es fácil y que debe vivirse con mucha responsabilidad, pero sobre todo con compromiso.

Son muchísimas las personas que son lugar a dudas ocupan un lugar muy significativo en mi corazón: tíos, tías, primas, primos, amigos, amigas, tantas personas que verdaderamente valoro. Ruego siempre a Dios que los bendiga en abundancia. Quise invitar a más personas, pero el salón de las fiestas cívicas para estos tiempos se nos quedó pequeño.

Infinitas gracias a Dios por el don de la amistad, que estoy seguro se seguirá fortaleciendo desde la oración. Gracias infinitas por cada palabra de aliento y cada colaboración. Dios, en verdad, se ha encargado de poner ángeles a mi alrededor: personas que confían en mi vocación y, más aún, en la misión. Estoy seguro de que durante el tiempo que esté en misión me seguirán apoyando de la misma forma, porque —siendo sincero— lo necesito.

Siento mucha paz en mi corazón. Hemos luchado y vencido muchas situaciones que solo la fuerza y la paz que vienen de lo alto han hecho posibles.

Gracias, gracias y mil veces gracias.

Estaremos solamente a 11.000 kilómetros de distancia, unas 40 horas de viaje, pero muy unidos en la oración. Gracias por compartir como familia, porque todos somos familia: algunos de sangre, pero sin lugar a duda, familia por el tesoro más grande que tenemos, nuestro Padre Celestial.

“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva, haciéndolos mis discípulos”.

Que Dios los bendiga mucho. Que Nuestra Madre Santísima los cubra con su manto bendito, y que San Daniel Comboni interceda para que su amor y celo misionero sean siempre fuente de inspiración.

Y nuevamente, “GRACIAS”.

LMC Costa Rica

Cierre de un año lleno de bendiciones

LMC Guatemala

Durante este año hemos compartido experiencias significativas como comunidad, tanto en nuestras formaciones y convivencias como en las jornadas misioneras, en las cuales buscamos hacer vida lo que hemos aprendido en dichas formaciones así como lo que Dios ha sembrado con nuestra colaboración a través de nuestra oración personal y de nuestra vida Sacramental.

En la Comunidad de León El Manzanillo hemos tenido la oportunidad de llevar la Palabra de Dios a través de los temas que compartimos el primer sábado de cada mes, en nuestras jornadas misioneras, y también a través de los momentos de oración por aquellas personas que enfrentan quebrantos de salud u otras dificultades, esto durante las visitas domiciliarias. Los talleres que hemos impartido han sido además una herramienta valiosa para los miembros de la comunidad, promoviendo un desarrollo integral, lo que nos llena de alegría.

Justo en esta comunidad, el sábado 8 de noviembre abordamos el tema de la conversión, preparándonos espiritualmente para el Adviento e incentivando la participación activa de la comunidad en la Eucaristía dominical.  Ese mismo día, en horas de la tarde, organizamos un taller práctico en el que aprendimos a elaborar unos panecillos conocidos como donas. Esta actividad fue una oportunidad para convivir de manera diferente, creando un ambiente muy agradable y alegre.

Posteriormente, el lunes 8 de diciembre, participamos con gran devoción en una Solemne Eucaristía en honor a la Inmaculada Concepción de María.

Más adelante, el domingo 14 de diciembre, celebramos con entusiasmo el Día del Laico Misionero Comboniano. El día comenzó con la Santa Eucaristía, presidida por el Padre Juan Diego Calderón. Luego compartimos un delicioso desayuno de tamalitos que llenó de energía nuestro cuerpo y nuestro corazón.

El resto del día transcurrió entre risas, pláticas cercanas y diversas actividades que nos ayudaron a fortalecer los lazos comunitarios. Por supuesto, no podía faltar un rico almuerzo, que marcó otro momento especial para compartir y celebrar con gratitud.

Damos gracias a nuestro Buen Padre Dios por todo lo vivido durante este año. Las experiencias que nos concedió no solo nutrieron nuestro crecimiento personal y comunitario, sino que también impactaron positivamente la vida de nuestros hermanos.

Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala