Laicos Misioneros Combonianos

Experiencia Comunitaria en Guatemala

LMC Guatemala

San Daniel Comboni tenía un AMOR INMENSO POR LAS ALMAS DE LOS MAS POBRES Y ABANDONADOS y esto solo se puede vivir desde una EXPERIENCIA DE MISIÓN.

Para los LMC de Guatemala, haber acompañado a Maximina y Mercedes en su proceso de Experiencia Comunitaria, es hoy una escuela de aprendizaje llena de AMOR Y ESPERANZA MISIONERA; por qué, se pueden preguntar muchos; porque cada miembro de la comunidad tiene participación; todos en la oración, en la economía, en el acompañamiento personal, en la formación en tantas actividades que una experiencia misionera necesita y nadie dijo no, estamos en el mismo barco todos subidos en donde DIOS PADRE nos guía bajo la intercesión de SAN DANIEL COMBONI, Nuestra Madre la Virgen María y SANTO DOMINGO DE GUZMAN Patrono de la Comunidad de Xenacoj que abrió las puertas de su casa y de su corazón, para que ellas realizaran esta experiencia durante 6 meses.

En estos 6 meses hubieron puertas tan amplias que con facilidad se pasaban, pero también tan angostas que requerían para ellas y la comunidad estar llenos de oración, sabiduría, comprensión, tolerancia, cansancio y llenos de FE para poderlas pasar.

Gracias Merceditas y Maxi por su disponibilidad y abandonarse a los más pobres y necesitados a quienes estamos seguros llevan en su corazón y fueron para ellos su primera escuela de AMOR FRATERNO y UNIÓN COMUNITARIA.

Miriam Herrador

LMC Guatemala

Carta a la Familia Comboniana

Familia Comboniana Limone

“Trabajemos todos sin otro afán de emulación que el de ganar más almas para Cristo, ayudándonos mutuamente. Compartan un mismo deseo, un mismo fin, un mismo empeño todos los que aman a Jesucristo”

(Escritos 2182)

Queridas/os todas/os:

Nosotros los miembros de los Consejos generales y el Coordinador de lo LMC, nos reunimos desde el 22 al 24 del pasado mes de abril, en la casa natal de San Daniel Comboni en Limone, movidos por el deseo de hacerles partícipes, aunque sea en parte, de lo que vivimos y compartimos, les escribimos esta carta esperando que la comunión que experimentamos llegue también a cada uno de ustedes, allá donde la Providencia los ha puesto, para servir y dar su vida por el anuncio del Señor Jesús, crucificado y resucitado.

Esta ha sido la primera reunión que se pudo realizar de manera presencial, después del largo tiempo de aislamiento causado por la pandemia, con todo lo que ello ha significado, por el alto precio pagado, hasta con la vida, por muchos cohermanos y cohermanas. Una pandemia que ha obligado a posponer la Asamblea General de las MSC y también el Capítulo General de los MCCJ que se celebrará el próximo mes de junio. En este año en el que las SMC están celebrando el 150° aniversario de su fundación y en el mes octubre también tendrán su Capitulo General. Todas estas razones han motivado esta reunión, no menos importante, la sinodalidad a la que nos invita la Iglesia universal, y nuestro ser Familia Comboniana que es, de por sí, expresión de una Iglesia sinodal. Nuestro caminar como Familia Comboniana no es algo opcional, no se limita al encuentro entre responsables, más bien se hace vida en las comunidades, en las misiones concretas donde se vive y se trabaja con objetivos compartidos.

El “encontrarse” para compartir como familia nació discretamente pero ha evolucionado, más que como resultado de una programación, movido por el deseo percibido y la conciencia de pertenecer a una raíz común. Encontrarse siempre es una ocasión para crecer en la conciencia de ser parte de una misma Familia carismática, porque así nos ha pensado San Daniel Comboni, para fortalecer el compromiso de seguir sintiéndonos parte de ella y los frutos, que han crecido con el tiempo, nos confirman que este es el camino correcto.

Nuestro anuncio y testimonio, más allá de los ministerios y servicios que estamos llamados a realizar, es ante todo vivir como hermanos y hermanas, miembros de la misma Familia: sin este testimonio, incluso las actividades más bellas pierden valor. Todos aquellos que han experimentado la colaboración y el trabajo en conjunto como Familia Comboniana, saben que no es fácil y que incluso algunos no entienden este valor de la colaboración, sin embargo, nosotros creemos sinceramente en ella y les invitamos a mantener este horizonte como una meta deseable.

Un encuentro fijado también para evaluar el camino hasta aquí recorrido, tomando como base la carta sobre la colaboración escrita en 2017 y el trabajo sobre ministerialidad en el que participaron un gran número de miembros de la FC, gracias al compromiso y dedicación de la Comisión designada y otros colaboradores capacitados y cualificados. Damos gracias al Señor que nos ha sorprendido con lo que hemos podido conseguir y sobre todo por quienes han participado y disfrutado de este camino.

El Hno. Antonio Soffientini, compartiendo la reflexión sobre este tema, realizada por la provincia italiana del MCCJ, nos invitó a no poner un adjetivo, una “etiqueta” limitante a la ministerialidad, porque la ministerialidad tiene muchas expresiones y no es solo hacia “el exterior, ad extra”, sino también hacia “el interior, ad intra” y esta última a menudo escapa a cualquier mapeo. Todos los servicios que requiere la vida de la FC son ministerialidad: formación, autoridad, administración, coordinación y acompañamiento en cada etapa de la vida de los miembros, desde el inicio del camino hasta la ancianidad.

Un signo que permanece

Los generales y coordinadores de las cuatro expresiones de la Familia Comboniana han querido expresar su unidad y el deseo de ver crecer la semilla, que el reconocimiento del Carisma de San Daniel Comboni ha generado en ellos en estos años y que estos dos días de encuentro han reavivado, confiándolo a un arbolito de olivo plantado todos juntos, en los terrenos de la casa natal de San Daniel Comboni. Así, cerca de otros olivos, muy antiguos, dedicados a varios miembros de la familia de San Daniel Comboni, crecerá uno nuevo dedicado a la Familia Comboniana.

Queda ahora el desafío de continuar el camino y por eso deseamos pasar “el relevo” a los nuevos Consejos Generales del MCCJ y SMC que serán elegidos en los próximos Capítulos Generales, pidiendo a las MSC y al LMC que actúen como “puente” y enlace, para nuestro camino futuro, juntos.

El Buen Pastor, con el Corazón traspasado, nos muestra el camino y, como prometió, camina con nosotros hasta el fin de los tiempos.

El Consejo general de las Hermanas Misioneras Combonianas

El Consejo general de las Misioneras Seculares Combonianas

El Consejo General de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús

EI Coordinador del Comité Central de los Laicos Misioneros Combonianos

 ”Este Instituto se vuelve por ello como un pequeño Cenáculo de Apóstoles para África, un punto luminoso que envía hasta el centro de la Nigricia tantos rayos como solícitos y virtuosos Misioneros salen de su seno. Y estos rayos, que juntos resplandecen y calientan, necesariamente revelan la naturaleza del Centro del que proceden”. (E 2648)

Mensaje de Pascua del Consejo General MCCJ: “El Resucitado que no nos deja solos”

Pascua

“Para millones de personas, esta Pascua sigue siendo de sufrimiento, conflicto, guerra, desplazamiento, hambre, muerte y destrucción. Observar este escenario desde una perspectiva humana nos da una sensación de miedo, de angustia, de pérdida: un callejón sin salida. En cambio, para nosotros, discípulos misioneros, no es el momento de quejarnos, sino de ver, a través de la mirada de nuestra fe, al Resucitado que no nos deja solos” (Consejo General)

Mensaje de Pascua

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía… Entonces oí una voz potente que salía del trono y decía: “¡He aquí la tienda de Dios con los hombres! Habitará con ellos y serán su pueblo y será el Dios con ellos, su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”.
(Apocalipsis 21:1-4)

Queridos hermanos,
Con gran alegría nos dirigimos a vosotros, para compartir la Buena Noticia de que el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra ya están entre nosotros: ¡Ha resucitado! “Esta es la tienda de Dios con los hombres“. ¡Aleluya!

Tiempo de pasión

Hablar de Pascua, Resurrección, Cielo Nuevo, Tierra Nueva en tiempos de pandemia y guerra parece una contradicción. En lugar de ver signos de vida, vemos destrucción y muerte, porque las guerras y las enfermedades son signos de la pasión y la muerte de Jesús que continúan en la vida de su pueblo. Para millones de personas, esta Pascua sigue siendo de sufrimiento, conflicto, guerra, desplazamiento, hambre, muerte y destrucción. Observar este escenario desde una perspectiva humana nos da una sensación de miedo, de angustia, de pérdida: un callejón sin salida. En cambio, para nosotros, discípulos misioneros, no es el momento de quejarnos, sino de ver, a través de la mirada de nuestra fe, al Resucitado que no nos deja solos: “Él habitará con ellos y ellos serán su pueblo y él será Dios con ellos, su Dios”. Y enjugará toda lágrima de sus ojos“. El Resucitado es el Crucificado. En su glorioso cuerpo hay heridas indelebles que se han transformado en destellos de esperanza. Como dice el Papa Francisco: “… la indiferencia, el egoísmo, la división, el olvido no son realmente las palabras que queremos escuchar en este momento. ¡Queremos desterrarlos de todos los tiempos! Parecen prevalecer cuando el miedo y la muerte prevalecen en nosotros, es decir, cuando no dejamos que el Señor Jesús triunfe en nuestros corazones y en nuestras vidas. Que Él, que ya ha vencido a la muerte y nos ha abierto el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce el ocaso” (Mensaje de Pascua Urbi et Orbi – 12 de abril de 2020).

Tiempo de escucha y discernimiento

La luz del cirio pascual que enciende nuestras velas es la luz del Señor resucitado que ilumina nuestras acciones y nuestras obras, el fruto de nuestra escucha. La escucha de los gritos de millones de seres humanos que aún viven en situaciones de muerte; la escucha de los Hermanos que caminan con nosotros tras las huellas de la misión; la escucha de la Palabra y de la voz del Espíritu Santo que nos ayuda, a través del compartir y de la oración, a discernir los signos de los tiempos que vivimos como sociedad, como Instituto y como Iglesia. Es en la intimidad con el Señor Resucitado donde hacemos nuestro ser de discípulos misioneros combonianos llamados a vivir la alegría del Evangelio en el mundo de hoy. Somos una misión y a través de nuestro testimonio, de nuestro ministerio, proclamamos el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, porque “el antiguo cielo y la antigua tierra habían desaparecido y el mar ya no existía… las primeras cosas han pasado“. Resuena la voz de la esperanza: ¡Cristo ha resucitado! Es la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “esquiva” el sufrimiento y la muerte, sino que los atraviesa, abriendo un camino en medio del abismo, transformando el mal en bien: la marca exclusiva del poder de Dios.

Tiempo de celebrar

“…y no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor“. La certeza de que el Señor resucitado está vivo entre nosotros nos llena de alegría, reconfirma nuestra misión en la construcción del Reino que es vida en plenitud para todos, especialmente para los más pobres y abandonados. Por eso debemos celebrarlo. Celebrar las pequeñas y grandes victorias que se producen a diario en los gestos de solidaridad, intercambio, reconciliación, fraternidad, justicia y paz en nuestras comunidades religiosas y parroquiales. Celebrar la victoria de que la muerte es superada por la ternura del amor a través del servicio de las personas que son el ángel de la guarda de la puerta de al lado, en medio de las guerras, pandemias, conflictos, violencia, etc. Celebremos el XIX Capítulo General en este contexto de Pascua como un Kairós pascual, un Kairós del Espíritu: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: ‘He aquí que hago nuevas todas las cosas‘”. (Apocalipsis 21:5).

¡Feliz Pascua para todos!
El Consejo General
Roma, 17 de abril de 2022

“El Vía Crucis en los escritos de San Daniel Comboni”.

Via Crucis

La cruz es ” una locura ” para los que no la entienden… decía San Pablo (1 Cor 1,18). Aquí publicamos un Vía Crucis con 14 frases de San Daniel Comboni sobre el camino de Jesús hacia la cruz. Comboni comprendió profundamente el “escándalo” que suponía ver a Jesús en la cruz: lo consideraba como un medio necesario para la evangelización y como una realidad que sus misioneros debían abrazar para continuar la obra salvadora de Dios en el mundo. Lo que dice Comboni es muy fuerte y hasta escandaloso en nuestros días, pero en sus palabras podemos encontrar luz y sabiduría para nuestra vida misionera. [comboni.org].

Via-Crucis01ES
Via-Crucis02ES
Via-Crucis03ES
Via-Crucis04ES
Via-Crucis05ES
Via-Crucis06ES
Via-Crucis07ES
Via-Crucis08ES
Via-Crucis09ES
Via-Crucis10ES
Via-Crucis11ES
Via-Crucis12ES
Via-Crucis13ES
Via-Crucis14ES
previous arrow
next arrow

Padre Pedro Pablo Hernández

Una familia que sueña

Familia Comboniana España
Familia Comboniana España

El pasado fin de semana hemos celebrado el VII Encuentro de la Familia Comboniana en España. Hemos experimentado la alegría del reencuentro y hemos comprobado que el sueño misionero de seguir nuestra vocación como familia (religiosas, religiosos, laicos y seculares combonianas) se renueva.

La casa de los Misioneros Combonianos en Madrid acogió a este grupo de 30 personas pertenecientes a las distintas comunidades de SMC, MCCJ y LMC en España. Las Seculares Combonianos no pudieron estar presentes en esta ocasión. Contamos con la participación especial del P. Pietro Ciuciulla, del Consejo General MCCJ, además de los responsables de las 3 ramas presentes y Alberto de la Portilla, Coordinador del Comité Central LMC.

El eje del encuentro fue acompañar, desde la reflexión y oración, el 150 aniversario de la fundación de nuestras hermanas misioneras combonianas. Prado Fernández condujo la presentación de la historia de las primeras hermanas combonianas que acompañaron a San Daniel en sus primeros viajes, marcada por la Cruz como víctimas de la Mahdia, la revuelta que arrasó las primeras obras combonianas en Sudán y marcó desde el inicio la vocación de las SMC.

Desde su primera intuición, Comboni nos soñó familia, pues su primer viaje contaba con laicos misioneros y con estas mujeres valientes y adelantadas como compañeras de misión. En el transcurso de su historia, el testimonio de las hermanas consolida el impulso liberador de la mujer en todas las latitudes. Releer aquellos primeros sufrimientos nos lanza a los retos del momento presente. Y renovamos la conciencia de que hoy el carisma comboniano se actualiza a través de la Familia Comboniana. En ello insistió P. Pietro al comentar el inspirador documento de los Consejos Generales de la Familia Comboniana de 2017: «El carisma crece y se renueva cuando se comparte con otros que lo recrean en la peculiaridad de cada estilo de vida cristiana«.

En este espíritu, se presentó el Mapa de la Ministerialidad de la Familia Comboniana, que recoge más de 200 presencias misioneras en el mundo, con tremenda vitalidad en los más diversos contextos, educativos, sanitarios, sociales, pastorales, de incidencia transformadora… La misión se entiende hoy desde la ministerialidad, desde el servicio al pueblo en esos diversos ámbitos. Esa misión integral de la Iglesia debe integrar en proceso el servicio, el acompañamiento, la reflexión, la sensibilización y la transformación social.

Tomado de P. Álvarez SJ

En la parte final del encuentro, los responsables de las 3 ramas presentes compartieron la actualidad de sus organizaciones, con diversos retos e ilusiones. Este 2022 coincide por primera vez el Capítulo General de SMC y MCCJ. Es un momento de especial densidad, para mantenerse fieles a la vocación que se realiza de formas nuevas, con medios nuevos. Un momento en el que renovamos la intuición de seguir soñando juntos cómo desarrollar la misión comboniana en el mundo.

Gonzalo Violero, LMC España