Laicos Misioneros Combonianos

Los Misioneros Combonianos refuerzan sus competencias en comunicación digital, multimedia e inteligencia artificial

LMC Togo

Del 20 al 23 de octubre de 2026, los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús (MCCJ), en colaboración con CREC International, organizaron en Lomé (República de Togo) un taller de formación de cuatro días dedicado a la comunicación digital, los medios multimedia y el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA).

Esta formación reunió a 25 participantes, entre los que se encontraban miembros de los MCCJ, una hermana misionera comboniana, un Laico Misionero Comboniano, así como laicos encargados de la comunicación en las parroquias combonianas, en el Centro de Animación Misionera de Cacavéli, en Lomé. El objetivo era reforzar sus competencias prácticas en comunicación digital para promover mejor las actividades misioneras y hacer que la evangelización sea más dinámica y accesible.

El taller fue inaugurado oficialmente el martes 20 de octubre por el padre Fidèle KATCHAN, superior provincial de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús de la Provincia de Togo-Ghana-Benín, con unas palabras de bienvenida dirigidas a los participantes y a los formadores.

La formación corrió a cargo de tres expertos: el padre Fabrizio Colombo (Italia), presidente de CREC International y especialista en producción radiofónica, musical y mediática; el señor Charles Ayetan (Togo), periodista; y el señor Jacob Brahim Konfé (Burkina Faso), especialista en diseño UI/UX y motion design.

Combinando teoría y práctica, el programa se centró en las técnicas de redacción periodística, la realización de entrevistas, la elaboración de reportajes, la producción y el montaje de vídeos con un smartphone, así como la creación de podcasts.

Los participantes también descubrieron las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial para generar imágenes, vídeos, música y voces, al tiempo que exploraban estrategias de creación de contenidos adaptados a las redes sociales. Se prestó especial atención al uso ético y responsable de estas tecnologías, en particular al respeto de la privacidad, los derechos de autor y la fiabilidad de la información.

La última jornada permitió a los participantes poner en práctica las competencias adquiridas mediante el diseño, la grabación y el montaje de un programa audiovisual.

El taller concluyó el viernes 23 de octubre con una ceremonia de clausura en la que intervinieron los formadores y el Superior Provincial, seguida de la entrega de los certificados de participación, una foto de grupo y un cóctel fraternal.

Más allá de la adquisición de competencias técnicas, esta formación ha puesto de relieve la importancia de la colaboración y la innovación en la comunicación misionera. Asimismo, ha mostrado cómo las tecnologías digitales y la inteligencia artificial pueden convertirse en valiosos instrumentos al servicio del anuncio del Evangelio y permitir llegar a un público más amplio, especialmente a los jóvenes.

Esta iniciativa pone de manifiesto la voluntad de los Misioneros Combonianos de hacer suyas las nuevas tecnologías de la comunicación sin dejar de ser fieles a su misión de evangelización y servicio a la humanidad.

Ernest Segno Botri

LMC– Togo

Primera asamblea provincial de los Laicos Misioneros Combonianos de la provincia de Togo-Ghana-Benín

LMC TGB

Del 9 al 11 de octubre de 2026, los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) de la provincia de Togo-Ghana-Benín se reunieron en el Centro de Espiritualidad León XIII de las Hermanas Canosianas, en Lomé, para celebrar su primera asamblea provincial.

El encuentro reunió a miembros de los LMC de Togo, Ghana y Benín en torno a la oración, la convivencia, la formación, el discernimiento y la misión. Supuso una oportunidad para hacer balance de la vida y las actividades de los grupos nacionales y establecer orientaciones comunes de cara al futuro.

Uno de los momentos más destacados de la Asamblea fue la ponencia de la Hna. Elizabeth Corte Imperial (SMC) sobre «Los laicos en el Plan de Comboni». Basándose en el Plan de San Daniel Comboni para la Regeneración de África, recordó que los africanos están llamados a ser protagonistas de su propia historia, evangelización y liberación. Así, la Asamblea invitó a los miembros LMC a reflexionar más profundamente sobre la pregunta: «¿Cuál es nuestro papel hoy en el Plan de San Daniel Comboni?». La famosa consigna de Comboni, «Salvar a África a través de África», sigue siendo una fuente de inspiración para la misión en la actualidad.

Uno de los momentos más significativos fue la celebración del compromiso definitivo de cinco nuevos miembros LMC: Lucien Aboe, de Benín, y Ernest Botri, Jean Akitibi, Benjamin Adjogble y Jean Baptiste Gbêssi Gnimassoun, de Togo. La ceremonia de compromiso tuvo lugar durante una misa celebrada el 10 de octubre de 2026, con motivo de la solemnidad de San Daniel Comboni. Con este compromiso, han elegido vivir el carisma comboniano y dedicarse al servicio de los más pobres y abandonados, allá donde la misión les llame.

Los participantes también reflexionaron sobre el proceso de formación de los LMC, la experiencia pastoral, la misión ad gentes, el aprendizaje de idiomas, la administración, la gestión de proyectos y la recaudación de fondos. Estos debates pusieron de relieve la necesidad de preparar a los miembros LMC para que puedan responder a los retos misioneros actuales con competencia, fe y disponibilidad.

La Asamblea estableció una nueva Coordinación Provincial:

  • Coordinador: Justin Nougnui (Ghana)
  • Secretario: Ernest Segno Botri (Togo)
  • Tesorero: Lucien Aboe (Benín)
  • Consejero: Christian Wotormenyo (Ghana)

También se actualizaron las coordinaciones nacionales de Togo, Ghana y Benín.

La Asamblea decidió que la próxima Asamblea Provincial se celebraría en Benín en 2028. Asimismo, hizo hincapié en la necesidad de reforzar la autonomía financiera de los grupos nacionales, facilitar la interpretación del francés al inglés durante las reuniones y preparar la participación de la provincia en la Quinta Asamblea Africana en 2027.

El encuentro concluyó el 11 de octubre con la misa dominical en la parroquia de María, Madre del Redentor, en Adidogomé, seguida de una comida fraterna.

Esta primera Asamblea Provincial fue un momento significativo de comunión, discernimiento, renovación y compromiso.

Ernest Segno Botri

Laico Misionero Comboniano – Togo

Continuamos la misión

Mozambique

Hola a todos vosotros, amigos, familiares y benefactores:

Llevamos casi dos meses de vuelta, tras una breve escala en Italia, y la misión nos ha absorbido con las actividades habituales y también con un acontecimiento extraordinario: la celebración de los 80 años de presencia de los Misioneros Combonianos aquí en Mozambique. Hemos dedicado muchas energías a hacer realidad este día y poder compartirlo con tanta gente.

Seguimos aportando nuestro granito de arena y vuestra solidaridad en los distintos ámbitos pastorales y sociales, siempre intentando captar las sugerencias del Espíritu para caminar entre el pueblo macúa con sentido y amor.

Mientras tanto, os enviamos un abrazo y, en cuanto podamos, os enviaremos información más detallada. Que tengáis un buen comienzo del mes misionero y gracias por seguir recordándonos en vuestras oraciones. Con estima y gratitud, un abrazo inmenso

Ilaria y Federica desde Mozambique

Obispos combonianos: «Es del corazón de donde nace la misión»

Obispos combonianos

Dieciséis de los 23 obispos combonianos al servicio de las Iglesias locales en África y América Latina se reunieron en Roma, del 16 al 21 de septiembre, para un encuentro de formación y compartir, dejando también un mensaje a la Familia Comboniana en este tiempo de reconfiguración.

MENSAJE DE LOS OBISPOS COMBONIANOS A LA FAMILIA COMBONIANA

«Al ver a las multitudes, sintió compasión de ellas» Mt 9,36

Queridos hermanos y hermanas,
nosotros, los obispos combonianos, nos reunimos en la Casa General de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús para un momento de formación permanente y diálogo. Con esta carta queremos, ante todo, expresar nuestra profunda gratitud por esta oportunidad de encuentro y por la acogida en la Casa General. Estar aquí, en la casa que custodia la memoria y el camino del Instituto, nos permite compartir no solo un momento institucional, sino sobre todo una fraternidad comboniana que nace de la misma llamada misionera.

Queremos dar gracias por el don de la vocación misionera en nuestros Institutos, por el servicio que tantos hermanos y hermanas ofrecen a la Iglesia en los diferentes continentes y, sobre todo, por el testimonio de tantos misioneros y misioneras que, a menudo en silencio y en situaciones difíciles, continúan viviendo con fidelidad el carisma de Comboni, participando en la misión de Cristo allí donde la Iglesia está llamada a hacerse presencia, escucha, reconciliación y esperanza.

Quisiéramos compartir con vosotros una palabra que nos parece particularmente importante para este momento de nuestros Institutos y de la misión: el corazón. El papa Francisco, en Dilexit nos, nos invitó a volver al corazón. No como refugio intimista, sino como el lugar en el que la persona recupera su unidad, reconoce lo que verdaderamente importa y se abre al encuentro con Dios y con los demás. El papa León, con Dilexi te, ha profundizado este tema hablando de la necesidad del amor hacia los pobres. El mundo necesita hoy, como siempre, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar (DT 120). El amor a los pobres es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios (DT 103).

Es del corazón de donde nace la misión. Y quizá precisamente aquí se encuentra uno de los desafíos más profundos que hoy tenemos ante nosotros: renovar la misión significa, ante todo, dejarnos renovar el corazón. En un tiempo de cambios epocales, también nuestros Institutos están atravesando profundas transformaciones y sienten la necesidad de repensar las estructuras y las modalidades de acción. La misión nos pide decisiones valientes. Pero toda reorganización adquiere su verdadero significado cuando nace de la escucha de la llamada de Dios y permanece orientada al bien de la misión, sin perder nunca de vista el bien de cada persona.

Por eso no debemos preguntarnos simplemente: ¿cómo podemos seguir haciendo lo que siempre hemos hecho con menos personas y menos recursos? La pregunta más profunda es: ¿qué está pidiendo hoy el Espíritu Santo al carisma comboniano? ¿Qué nueva forma de misión? ¿Qué comprensión renovada de nuestro modo de ser Iglesia? ¿Qué estructuras están realmente al servicio del Evangelio y cuáles, en cambio, corren el riesgo de convertirse en fines en sí mismas? La reorganización de nuestros Institutos es, pues, un camino necesario que debemos afrontar sin miedo y que también puede convertirse en una gracia: la oportunidad de volver a lo esencial y permitir que el carisma recibido de Comboni encuentre nuevas formas, adecuadas a las realidades en las que hoy estamos llamados a vivir. Deseamos que este camino se realice en un estilo de sinodalidad, mediante una relación renovada entre las Iglesias locales y los Institutos de vida consagrada, entre presbíteros y laicos, mujeres y hombres, mayores y jóvenes.

La misión es participación en la misión de Cristo. Y una Iglesia misionera es una Iglesia que no vive para sí misma, sino para los demás. Por eso necesitamos una comprensión renovada de nuestro modo de ser Iglesia. No podemos anunciar la reconciliación si nuestras comunidades no se convierten en lugares de reconciliación. No podemos hablar de paz si no aprendemos a custodiar la paz en nuestras relaciones. No podemos anunciar la fraternidad a un mundo dividido si nosotros mismos no nos convertimos en hermanos capaces de escucharnos, perdonarnos y sostenernos mutuamente.

Por eso quisiéramos también renovar juntos un llamamiento a la paz, al desarme y a la reconciliación. Vivimos en un mundo marcado por guerras, violencia, rearme, polarizaciones y miedo. En muchos de los lugares donde están presentes los misioneros, las poblaciones llevan en el cuerpo y en la memoria las heridas de los conflictos. Como Iglesia no podemos resignarnos a la lógica de la violencia. Y nosotros, los misioneros, estamos llamados a ser artesanos de paz. El desarme no se refiere únicamente a las decisiones políticas e internacionales: también interpela a la conversión del corazón y favorece una disposición no violenta y pacífica en las relaciones. Significa desarmar las manos, pero también las palabras, los juicios, los miedos y las desconfianzas. Una misión reconciliada puede convertirse en semilla de reconciliación.

Durante nuestro encuentro encontramos otra palabra que nos parece decisiva: el cuidado. El cuidado de nosotros mismos, del hermano, de las comunidades eclesiales a las que somos enviados, junto con el cuidado de nuestra casa común. El cuidado no es debilidad ni repliegue sobre nosotros mismos, sino atención amorosa a la vida. Somos conscientes de que el cuidado es parte esencial del ministerio del obispo; por eso pedimos al Señor la sabiduría y la delicadeza necesarias para ser padres acogedores y compañeros de camino de nuestras comunidades. La Iglesia también necesita misioneros que sepan cuidar su vida espiritual, su humanidad, su formación, la profundización de la espiritualidad comboniana, su salud, sus relaciones y su vocación. Un misionero que no se cuida a sí mismo corre el riesgo, con el tiempo, de perder la capacidad de cuidar a los demás. Necesitamos construir comunidades en las que cada uno pueda sentirse acogido, escuchado y acompañado. Necesitamos aprender nuevamente que el hermano no es un obstáculo para la misión: es parte de la misión misma. Y necesitamos cuidar la creación, porque en la belleza de la tierra podemos todavía reconocer algo de la belleza del amor de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, mirando el mundo con el corazón de Cristo, ya no vemos solamente problemas que resolver, sino personas a quienes amar, comunidades a las que acompañar en la fe, heridas que vendar y belleza que custodiar. Los tiempos que vivimos no son fáciles, pero si nuestro corazón permanece encendido por el amor de Cristo, entonces, aun en nuestra pobreza, seremos esperanza para el mundo. Pidamos, pues, al Señor que renueve en nosotros el corazón misionero de Comboni. Un corazón capaz de ver, de escuchar, de hacer causa común con quienes sufren y con quienes se alegran, compartiendo sus heridas y sus esperanzas.

Os aseguramos nuestra oración y os pedimos que también recéis por nosotros, para que juntos podamos servir al Pueblo de Dios con humildad y valentía.

Los obispos combonianos