Laicos Misioneros Combonianos

Retiro de cuaresma en Uganda

Retiro cuaresma Uganda
Retiro cuaresma Uganda

Les enviamos nuestros sinceros saludos desde Uganda. Tuvimos nuestro retiro de Cuaresma el pasado sábado 2 de marzo de 2019 dirigido por el Padre Comboniano Anthony Kibira, Viceprovincial Superior de Uganda. Asistimos todas diferentes comunidades religiosas de: Comunidad MCCJ, Hermanas Misioneras Combonianas, Hermanas Internacionales del Sagrado Corazón, Hermanas Misioneras de María Madre de la Iglesia, Hermanas Evangelizadoras de María, Comunidad de Mujeres Focolares y los Laicos Misioneros Combonianos como anfitriones. Fue un momento muy colorido donde sentarnos como comunidad apostólica de la parroquia de Mbuya para prepararnos para el período de Cuaresma 2019.

El P. Anthony eligió como tema del retiro: “Crecer en el amor”. No solo durante este período de Cuaresma sino a lo largo de nuestras vidas y acciones. Dijo que crecer en el amor no es un viaje fácil, pero permitir que el amor de Dios crezca en nosotros es la mejor manera. Dijo que esto nos obliga a permitir que el amor sea sembrado y crezca en nosotros.

En su charla, él nos mostró obstáculos que no permiten que el amor de Dios crezca en nosotros, manifestado de muchas maneras;

La falta de apertura hacia Dios y entre nosotros. Enfatizó que a menos que aprendamos a estar abiertos a Dios en nuestros errores cometidos con él y con otras personas, será muy difícil que el amor crezca en nosotros. Esta falta de franqueza también puede asociarse con pecados de los que no nos arrepentimos, que no confesamos deliberadamente.

Los prejuicios que practicamos a sabiendas o sin saberlo en nuestras comunidades con las cosas que usamos a diario; mi silla, mi taza,… es decir, personalizo todo y yo soy el único que lo usa, mis padres me dijeron que no sería nada en la vida, es ver tu propia imagen directamente a la vista de lo que la gente dice de ti… esto es puramente Orgullo. Enfatizó que para que el amor de Dios crezca en nosotros, debemos ser muy humildes para evitar el orgullo al aceptarnos como seres humanos atados al pecado y cometer errores, no como Dios.

También señaló que el temor al cambio es otro obstáculo que afecta al amor de Dios para crecer en nosotros. Muchas personas asocian la novedad a la incertidumbre en la vida, mirándola con ojos humanos, ya que nos situamos en nuestras zonas de confort. Cambio esto interfiere con nuestras zonas de confort y nos resistimos por todos los medios. Nos aconsejó que no resistiéramos a ningún cambio en nuestras vidas y dijo que el Amor no obliga a crecer en nadie.

También identificó como otro obstáculo para amar el dejarnos llevar por las modas del día que se mueven según el entusiasmo de cada día ya que el mundo siempre favorece la superficialidad, que no es la raíz de nuestra espiritualidad. Necesitamos tomarnos un tiempo y analizar nuestra vida con respecto a las cosas materiales que pueden estar afectando nuestro crecimiento espiritual.

También señaló que cuando estamos llenos de muchos intereses, que nos hacen estar demasiado ocupados, no permitimos que la semilla del Amor crezca en nosotros. Hizo hincapié en que necesitamos algo de espacio para crecer mejor, dejar que algunos intereses en nuestra vida desaparezcan y dejar que nuestro corazón se abra para permitir que el amor crezca en nuestro corazón/vida. Permitir que la imagen correcta de Dios esté en nuestra vida y no ver a Dios como un comandante que viene a juzgarnos. También dijo que esto es causado por el pecado que distorsiona la buena imagen de Dios y que debemos regresar a Dios con corazón arrepentido. Nos pidió que siempre nos preguntáramos; ¿Quién es Dios en mi vida? Dijo que permitamos que Dios haga su voluntad en nosotros. Señaló algunos frutos del amor de Dios en una persona;

  • Disponibilidad para dar la vida al sacrificarse, para vivir por los demás.
  • Disponibilidad para llevar la carga de uno al Señor en todo momento siempre que las cargas lleven nuestra vida al pie de la cruz.

Dijo que Jesús no solo murió por nuestros pecados y, por lo tanto, debemos participar en el proceso de nuestra salvación, que siempre tiene un costo, que no es gratis. El P. Anthony dijo que debemos llevar nuestra cruz diaria con amor, lo que nos permitirá estar infectados con el espíritu del amor incondicional por todos.

También señaló algunos de nuestros obstáculos pasados ​​como todo lo que nos causó un gran dolor en el pasado para amar a Dios y unos a otros, es decir, nuestras heridas pasadas. Dijo que algunos apóstoles siguieron a Jesús hasta el momento en que fue arrestado, pero huyeron después de ser torturado, dejando a nuestro Señor Jesús solo en compañía de su Madre María y algunos de los apóstoles. ¿Nuestras heridas pasadas nos han hecho abandonar la voluntad de Dios para que se haga en nosotros, haciendo que Jesús sienta nuevos dolores? Nos desafió a descender a todas nuestras heridas del pasado, a abordar las heridas, para curar las heridas con el Amor de Dios. El P. Anthony dijo que estas heridas siempre están ocultas y son nuestros grandes tesoros del amor de Dios si se abordan bien.

Cómo superar estos obstáculos al amor de Dios;

  • Camine con el Señor todo el tiempo y tenga a alguien a quien mostrar sus heridas en privado, con el espíritu de fraternidad, en nuestras diferentes comunidades y lugares de trabajo. Dijo que Jesús no sanaba a la gente en público sino en privado.
  • Dijo que necesitamos crear estos 40 días de Cuaresma para ser como Jesús; Orar, ayunar y dar limosna a todos. Esto debería hacernos salir de los 40 días de la Cuaresma con mayor madurez de espíritu y emociones.
  • Dijo que debemos ser conscientes de no aplazar las cosas durante este período de Cuaresma para no posponer el ayuno, sino correr la carrera con nuestro Maestro Jesús para combatir nuestras tentaciones.
  • Dijo que necesitamos usar estos 40 días de Cuaresma para identificar nuestra debilidades, que son nuestras áreas de crecimiento, como lo señaló San Pablo en 2 Cor. 12: 1-10. Dijo que no permitamos que nuestra debilidad sea un obstáculo para el amor de Dios, sino que permita que Dios entre en nuestros corazones. Esto puede ser posible si podemos hablar audazmente de nuestras debilidades con nuestros Directores Espirituales, nuestros amigos más cercanos y otras personas, sin importar lo que sea. Este es el primer proceso de curación de nuestras heridas pasadas. Debemos rendir todas estas debilidades a Jesús al pie de la cruz, permitiendo que Dios obre en nuestras debilidades.

En sus comentarios finales habló sobre la homilía de un Obispo durante la ordenación de algunos sacerdotes, que actualmente circula en las redes sociales, con 3 preguntas muy importantes que se nos aplican como Laicos Misioneros Combonianos, así como a otras comunidades religiosas y Cristianos Laicos. El Obispo hizo las siguientes preguntas que, en nuestro caso, debemos responder profundamente en nuestros corazones, poniéndonos en el lugar de esos sacerdotes;

  • ¿Son lo suficientemente débiles como para convertirse en sacerdotes? Solo un Sacerdote débil puede hacer que una persona débil salga de su debilidad. Esto requiere espíritu de humildad.
  • ¿Están lo suficientemente quebrados como para convertirse en sacerdotes? Solo un Sacerdote roto que puede ayudar a un cristiano quebrantado a superar su quebrantamiento y permitir que el amor de Dios crezca en su corazón. No se necesita orgullo en la vida de uno.
  • ¿Están lo suficientemente asustados como para ser sacerdotes? Solo un Sacerdote que teme al pecado puede permitir que los cristianos vivan la vida que predica y predicar lo que vive, las acciones hablan más que las palabras.

Con esto, permítanos desearles a todos un fructífero período de Cuaresma mientras evaluamos nuestra vida en el último año, para permitir que Dios corrija nuestros errores, para que su amor crezca en nuestra vida en todo lo que hacemos. San Daniel Comboni dice que las obras de salvación nacen bajo al pie del Calvario (Cruz).

Laicos Misioneros Combonianos Uganda

Jesús en la montaña

transfiguración
Transfiguracion

Un comentario a Lc 9, 28-35(II Domingo de Cuaresma, 17 de marzo del 2018)

Conviene que recordemos brevemente este texto, que reproducen los tres sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas-  en su contexto. El Maestro, a quien Pedro acaba de reconocer como “el Hijo del Dios”, comienza “a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y que tenía que sufrir mucho”.

“Ocho días después”, dice el evangelista, es decir, una semana después, Jesús tomó a sus tres discípulos más íntimos y los llevó al monte a solas. Allí Jesús se transfigura y los discípulos tienen una experiencia muy especial. En este relato yo resalto los siguientes elementos:

-El monte. Implica alejamiento de la rutina diaria con lo que se rompeel ritmo de lo acostumbrado, de lo aceptado como norma de vida por todos; el contacto con la naturaleza, no manipulada por el hombre, un espacio físico que el ser humano no controla y que, por tanto, le ayuda a encontrarse con lo que está más allá de sí mismo o de la sociedad; un lugar donde es posible percibir cosas nuevas sobre uno mismo, la realidad que nos rodea, el misterio divino…

-Rostro y vestidos brillantes. Con ello el evangelista parece querer decirnos que los discípulos vieron a Jesús desde otra perspectiva. Los discípulos tienen una experiencia de Jesús que va más allá de su apariencia física de hijo de María, vecino de Nazaret y predicador ambulante. Es una experiencia que han tenido después muchos santos, empezando por San Pablo. Es la experiencia pascualque ayudó a los discípulos a poner en su lugar la cruz y el duro trabajo del Reino.

-La Ley y los profetas. Moisés y Elías conversan con el Maestro. Nuevo y Viejo Testamento se dan la mano, dentro de un plan general de revelación y salvación. Para entender a Jesús es importante dialogar con la Ley y los profetas del A.T. Para entender a estos es importante volver la mirada a Jesús.

-El Gozo del encuentro. “Qué bien se está aquí”. Una y otra vez los discípulos de Jesús, de entonces y de ahora, experimentan que la compañía de Jesús les calienta el corazón, les hace sentirse bien. Les pasó a los discípulos de Emaús, a Pablo que fue “llevado al quinto cielo”, a Simone Weil, a Paul Claudel y a tantos santos. El encuentro con el Señor, también ahora, produce una sensación de plenitud, de que uno ha encontrado lo que más busca en la vida.

-La revelación del Padre. “Este es mi hijo amado. Escuchadlo”. Los discípulos comprendieronque en su amigo Jesús Dios se revelaba en su grandiosa misericordia. Y que, desde ahora, su palabra sería la que señalara el rumbo de su vida, lo que estaba bien y mal, las razones de vivir… Todos buscamos “a tientas” el rostro de Dios. Algunos lo buscan siguiendo las enseñanzas de Buda, o de antiguos escritos, o de nuevas teorías (New Age), o del placer material, del orgullo de sus propios éxitos… Los discípulos tuvieron la sensación de que Jesús es el rostro del Padre. Nosotros somos herederos de esta experiencia y pedimos al Espíritu que la renueve en nosotros.

-El temor ante la grandeza de esta experiencia. Los que tienen una experiencia del misterio divino no se vuelven orgullosos, sino temerosos, como Pedro ante la pesca milagrosa: “Aléjate de mí que soy pecador”. Es como quien descubre un gran amor; le da alegría, pero teme no ser digno o no estar a la altura.

-El ánimo de Jesús. “No teman. Levántense”. Vamos a bajar del monte. Volvamos a la vida ordinaria. Sigamos trabajando como siempre, gastando nuestras energías en las mil y una peripeciasde la vida, con éxitos y fracasos, con alegrías y penas, pero con el corazón caliente, animado, consolado, fortalecido para acoger la misión que el Padre nos encomienda y realizarla sin temor.

P. Antonio VillarinoBogotá

¿Qué cuenta de verdad en mi vida? (Las tentaciones de Jesús)

tentaciones
Tentaciones en el desierto

Un comentario a Lc 4, 1-13 (I Domingo de cuaresma, 10 de marzo de 2019)

Estamos ya en Cuaresma, este período de cuarenta días que los católicos dedicamos a preparar la Pascua, recordando los “cuarenta días” que Jesús pasó en el desierto, después de dejarse bautizar por Juan en el Jordán y antes de dar comienzo a su intensa labor evangelizadora.

Es un tiempo que vuelva cada año como una invitación a hacernos las preguntas esenciales de la vida, esas preguntas que la rutina y las preocupaciones diarias pueden ocultar o dejar en un segundo plano y que ahora deberíamos traer al primer plano: ¿Para qué vivo yo? ¿Cuáles son los valores más importante de mi manera de vivir? ¿Debería cambiar en algo?. Es un tiempo para reflexionar, orar y tomar las decisiones.

Para iniciar este camino de reflexión, oración y cambio, la Liturgia nos presenta el capítulo cuarto de San Lucas, donde podemos leer lo referente a un momento importantísimo en la vida de Jesús. Jesús en el desierto, a donde va movido por el Espíritu, debe afrontar, movido por el espíritu del mal, sus propias dudas y tentaciones.

Como dijo Benedicto XVI, “reflexionar sobre las tentaciones a las que es sometido Jesús en el desierto es una invitación a cada uno de nosotros para responder a una pregunta fundamental: ¿Qué cuenta de verdad en mi vida?”

Y el mismo Benedicto XVI explica así las tres tentaciones:

“En la primera tentación el diablo propone a Jesús que cambie una piedra en pan para satisfacer el hambre. Jesús debate que el hombre vive también de pan, pero no solo de pan: sin una respuesta al hambre de verdad, al hambre de Dios, el hombre no se puede salvar.

En la segunda tentación, el diablo propone a Jesús el camino del poder: le conduce a lo alto y le ofrece el dominio del mundo; pero no es este el camino de Dios: Jesús tiene bien claro que no es el poder mundano el que salva al mundo, sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor.

En la tercera tentación, el diablo propone a Jesús que se arroje del alero del templo de Jerusalén y que haga que le salve Dios mismo; pero la respuesta es que Dios no es un objeto al que imponer nuestras condiciones.

¿Cuál es el núcleo de las tres tentaciones que sufre Jesús? Es la propuesta de instrumentalizar a Dios, de utilizarle para los propios intereses, para la propia gloria y el propio éxito. Y, por tanto, en sustancia, de ponerse uno mismo en el lugar de Dios suprimiéndole de la propia existencia y haciéndole parecer superfluo”

¿Cuáles son nuestras tentaciones? ¿El asegurarnos los bienes materiales, a costa de lo que sea? ¿El poder, el dominar a los otros, el creernos los más importantes? ¿La manipulación de las cosas más sagradas para nuestra vanidad y orgullo? Frente a estas tentaciones es el momento de reafirmar nuestra decisión de vivir, no como falsos dioses, sino como hijos del único Dios. Buena cuaresma, buen tiempo de cambio y de reorientación de la propia vida.

P. Antonio Villarino

Bogotá

De lo que rebosa el corazón habla la boca

ciegos

Un comentario a Lc 6, 39-45 (VIII Domingo ordinario, 3 de marzo del 2019)

Ciegos

Seguimos leyendo hoy, último domingo ordinario antes de empezar la Cuaresma, el sermón de la llanura con el que Lucas nos transmite la propuesta central de Jesús. En los versículos de hoy se nos recuerdan  algunos dichos de Jesús, que se centran en tres parábolas concatenadas entre sí:

  1. La ceguera del falso guía. Si tú estás ciego, es decir, si careces de sabiduría, si no sabes conducir tu propia vida, ¿cómo puedes pretender guiar a otros? Cierto que Jesús sabe bien que todos somos un poco ciegos y todos nos ayudamos unos a otros a encontrar el camino de la vida, a pesar de nuestras carencias. Pero lo que Jesús nos dice es que no seamos hipócritas, que no intentemos aparecer como más santos de lo que somos, que aceptemos  nuestra propia debilidad y caminemos juntos en ayuda mutua; que busquemos ser discípulos antes de pretender ser maestros.
  2. La astilla y la viga: Siguiendo con el símil del ojo, Jesús da un paso más y se pregunta qué me impide ver y dice que a veces el impedimento que hay en mí puede ser mayor (una viga) que el del prójimo (una astilla). El dicho es un llamado claro a ser conscientes de nuestros propios fallos antes de insistir en los de los demás. Si soy consciente de mis propios pecados o defectos, seguramente seré más comprensivo con los de los demás.
  3. El árbol y los frutos: Avanzando en la reflexión, Jesús pone otra comparación muy elocuente: El árbol se conoce por sus frutos. La aplicación es también muy evidente: al ser humano se le conoce por las obras que hace, porque, dice Jesús, “de lo que rebosa el corazón habla la boca”.

Los tres dichos, encadenados entre sí, nos invitan a cultivar nuestro corazón, es decir, nuestra identidad más profunda, nuestra identidad de hijos amados por el Padre y de hermanos que respetan profundamente a los demás hijos de Dios. Si cultivamos eso en nuestro interior, seguramente nuestras palabras y acciones serán como frutos buenos para nosotros mismos y para los demás. Serán frutos de respeto, alegría, benevolencia, perdón, fraternidad, ayuda, comprensión…  Pero si en el interior cultivamos desconfianza, desprecio, odio, falta de fe… las palabras y las obras que salgan de nosotros serán malas para nosotros mismos y para los demás.

P. Antonio Villarino

Bogotá