Laicos Misioneros Combonianos

El sermón de la llanura

Sermon

SermonComentario a Lc 6, 17. 20-26 (VI Domingo ordinario, 17 de febrero del 2019)

Jesús cambia de plan

La primera parte del evangelio de Lucas termina con una frase lapidaria, pero altamente reveladora del enfrentamiento que se estableció entre Jesús y el sistema establecido en Jerusalén. Después de contar como Jesús cura en sábado a un hombre que tenía una mano paralizada, Lucas concluye: “Pero ellos, llenos de rabia, discutían qué podrían hacer con Jesús” (Lc 6, 11). La propuesta renovadora de Jesús evidentemente no es acogida por los líderes del pueblo.

Lucas nos cuenta entonces que, ante esta crisis, “Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios”. Es decir, en los momentos de crisis, Jesús se vuelve a las fuentes de su vida y de su espiritualidad, allí donde encuentra la luz y la fuerza para su caminar humano.

De aquella experiencia de oración, en la que sin duda se encontró consigo mismo, con el amor del Padre (entendido y experimentado desde la concreta y dura realidad del momento), Jesús parece salir transformado, con nuevas luces sobre lo que hay que hacer, y decidido a empezar un nuevo camino, una nueva etapa.

“Al hacerse de día reunió a sus discípulos, eligió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles” (Lc 6, 13). Es decir, si el viejo proyecto de Israel no vale para acoger el reino, se inicia un nuevo proyecto, cuyas columnas serán estos doce hombres, escogidos a la luz de la oración.

Las orientaciones de Jesús a los nuevos discípulos

Después de la elección de los doce, Lucas coloca el “sermón de la llanura”, de alguna manera un paralelo de lo que se conoce como el “sermón de la montaña” en Mateo.

“Bajando después con ellos –dice Lucas- se detuvo en un llano donde estaban muchos de sus discípulos…Entonces Jesús, mirando a sus discípulos, se puso a decir” (Lc 6, 17 y 20). Por mi parte quisiera destacar hoy dos matices:

a) La gente que seguía a Jesús

Personas “de toda Judea y Sidón, que habían venido para escucharlo y para que los curara de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus inmundos quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6, 17-19).

Si leemos este texto desde la realidad de hoy, no encontramos muchas diferencias. Las multitudes que iban a escuchar a Jesús se parecen bastante a las que hoy buscan sanación, comprensión, consuelo, fortaleza para sobrellevar las luchas de la vida. A estas personas se dirige Jesús.

b) Cuatro grandes mensajes

Lo que dice Jesús se divide en cuatro grandes mensajes: Bienaventuranzas y amenazas, Amor a los enemigos, contra las hipocresías, buenos y malos frutos y los dos cimientos.

La lectura litúrgica de hoy se detiene en el primero de estos mensajes: Las bienaventuranzas. El conjunto de este Mensaje central es claro. Jesús pone entre los preferidos de Dios a los pobres, humillados, sufrientes y se revela contra los que construyen su riqueza o su autoestima sobre el dolor de los demás.

Según el cardenal Martini, “las bienaventuranzas son la proclamación del modo de ser de los hombres evangélicos, discípulos auténticos de Jesús, hombres y  mujeres afortunados y felices” (Las bienaventuranzas, San Pablo, Bogotá, 1997, pág. 14).

A sus discípulos y seguidores, que eran personas sencillas frecuentemente aplastadas por los poderosos y por las luchas de la vida, Jesús les dice: “ánimo, no se desanimen, ustedes están en el camino correcto, Dios está con ustedes”.

Al leer hoy este texto, desde nuestra realidad, también nosotros podemos escuchar el eco de las palabras de Jesús como una invitación a no rendirnos y a confiar, si somos pobres y necesitados; si nos consideramos ricos y poderosos, las palabras de Jesús nos pueden sonar como una advertencia: “tengan cuidado que por ahí no van bien”. En los dos casos, las palabras de Jesús son orientadoras y salvadoras. Acojámoslas con fe y como discípulos dóciles.

P. Antonio Villarino, Bogotá

Noticias de la misión de República Centroafricana – Diario Astrolabio

LMC RCA

LMC RCADesde la Misión de Mongoumba (República Centroafricana) la LMC María Augusta escribe para el Diario de su parroquia – El Astrolabio.
Querido Padre Orlando
¿Cómo está? Espero que haya comenzado muy bien el nuevo año y que así sea hasta el final. Un buen 2019 para todos sus parroquianos y su familia.
He tenido malaria la semana pasada, pero, gracias a Dios, ya estoy recuperada. Los demás miembros de la comunidad están bien.
El padre Samuel partió hoy para pasar sus vacaciones. Pedimos al Señor que las pase bien y que pueda volver lleno de fuerza y ​​coraje para continuar la misión que le es confiada.
Durante los días 17 y 18 de diciembre tuvimos la visita del Cardenal. ¡Toda la gente de la parroquia quedó muy contenta! A la llegada se congregó una multitud… vinieron muchas personas de confesiones cristianas diferentes. La iglesia estuvo repleta de gente, para la Eucaristía, y fuera de ella había casi otras tantas personas. ¡Se prolongó por 5 horas! Él habló muy bien sobre el problema del likundu* (la brujería) y otros problemas.

Ana y Cristina estaban en Bangui y Simone en Italia, yo estuve con los sacerdotes para recibirlo. ¡Gracias a Dios corrió todo muy bien! Espero que las personas pongan en práctica lo que escucharon. Visitó las diez parroquias de la diócesis. La nuestra fue la penúltima. Terminó su visita pastoral en la catedral S. Jeanne d ‘Arc, en Mbaiki. Sé que acabó cansado, pero muy contento con la participación que hubo.
Cuando vinimos aquí a Bangui, la última vez, encontramos en el supermercado un policía de Janeiro da Cima (localidad portuguesa). Él dijo que ya había oído que estaba aquí una misionera de Janeiro da Baixo (localidad vecina). ¡Fue muy bueno! Nos habló que había militares al rededor del aeropuerto y ayer fuimos allí a hacerles una visita. ¡Nos recibieron muy bien y con gran alegría! Nos dieron medicamentos y nos invitaron a almorzar. Si Dios quiere iremos mañana.
Los resultados de nuestros alumnos no son alentadores, esperamos que mejoren en este trimestre.
Sé que ha visto y escuchado muchas noticias, nada agradables, sobre este nuestro pobre país. Gracias a Dios aquí estamos en paz, pero ¡sufrimos por nuestros hermanos que están siendo masacrados!
Todavía no sabemos cuándo volveremos a Mongoumba…
Continuamos unidos por la oración.
Un gran abrazo misionero de todos nosotros, para usted y todos aquellos que leen el Astrolabio.
La LMC Maria Augusta en el Astrolabio
AÑO V – Nº 139 – 3 de febrero de 2019
Paróquias de Cabril, Dornelas do Zêzere, Fajão, Janeiro de Baixo, Machio, Pampilhosa da Serra, Portela do Fôjo, Unhais-o-Velho e Vidual

* El problema del likundu tiene que ver con aquellos que son falsamente acusados ​​de brujería y brutalmente asesinados.

Remar mar adentro

barca

barca(Un comentario a Lc 5, 1-11, Quinto Domingo Ordinario, 10 de febrero de 2019)

Después del Sermón programático de Jesús en Nazaret, Lucas nos cuenta, en su quinto capítulo,  una historia llena de sentido que me atrevo a resumir en algunas breves consideraciones:

1) El escenario, el lago de Genesaret: Jesús, en este caso, no está en la sinagoga ni en ningún espacio religioso. Sabemos que Jesús también predicó en la sinagoga y aprovechó las lecturas bíblicas durante el culto oficial. Pero la mayor parte de la acción y la enseñanza transmitida en los evangelios trascurre en la calle, en los caminos, en los mercados, en los lugares de trabajo y de convivencia pública.

La religión, como cualquier realidad humana, necesita espacios y tiempos “sagrados”, reservados. Pero no queda reducida a ellos. Porque la verdadera religión tiene que ver con el sentido profundo de la vida misma: el trabajo y la amistad, la enfermedad y las inquietudes, los gozos y las angustias de la existencia humana. ¿Vivimos nuestra fe en diálogo con la cultura y los problemas de nuestro tiempo o preferimos vivir como en un gueto?

2) La muchedumbre que se agolpaba a su alrededor. Las multitudes buscaban a Jesús, hambrientas de verdad y salud, de  misericordia y cercanía afectiva. Pienso que estas multitudes siguen existiendo hoy, hambrientas de verdad sobre la vida, de consuelo en momentos de enfermedad y angustia; de luz para saber cómo relacionarse con los demás, cómo vivir el matrimonio; cómo salir adelante en medio de las tensiones; cómo superar enfermedades, para cuya cura no tienen dinero…

3) Enseñaba desde la barca. Al ver a la multitud de desheredados, de gente confusa y ansiosa, de personas con hambre de ser iluminadas, Jesús se sienta a compartir lo que sabe. Y, en otra parte, se nos dice que “enseñaba con autoridad”.

En nuestros tiempos abundan los maestros en los medios de comunicación, en los lugares de trabajo… en todas partes. El problema es: ¿dicen la verdad? Hay mucha inconsciencia, ingenuidad, arrogancia y quizá hasta mala fe.

Podemos preguntarnos: ¿A quién escuchamos nosotros? ¿A quién tomamos como maestros? Podemos preguntarnos también si nosotros nos sentimos con autoridad para enseñar o si repetimos fórmulas aprendidas de memoria, pero no interiorizadas, por lo que no tienen ningún poder de convocatoria o de iluminación; fórmulas muertas que no han sido confrontadas con la vida desde la experiencia del poder de Dios.

4) Rema mar adentro. A un cierto momento Jesús invita a los discípulos a ir mar adentro. Sin duda, la expresión evangélica pretende decir algo más que la simple experiencia de un pescador. Si se nos cuenta aquí, tiene algún significado más profundo, relacionado con el seguimiento de Jesús y con la experiencia de la primera Iglesia.

Desde su enseñanza, Jesús invita a los discípulos a adentrarse en el profundo sentido de una vida vivida desde la confianza en Dios, una vida basada en el sermón de la montaña, hecha de confianza, sencillez, honestidad, misericordia, perdón, donación total de sí mismo…

El que haya pretendido vivir así sabe que le entran mucha dudas, que muchas veces tiene la sensación de ridículo y de fracaso; de que muchas veces uno piensa que no es así, que hay que ser “realistas” y vivir basados en el dinero, el poder, el placer, es decir, los instintos básicos. ¿Por qué aventurarse más allá?

Como Pedro, la Iglesia tiene experiencia de que no es fácil pescar (vivir plenamente) en el proceloso mar de la vida; muchos fracasan y vuelven a la tierra firme de los instintos básicos. Pero Pedro una vez más, motivado por la palabra de Jesús, se anima a hacer un nuevo intento. Esta aventura de remar mar adentro sólo es posible si la palabra de Jesús nos calienta el corazón una y otra vez.

5) Pescaron gran cantidad de peces. La palabra de Jesús no es vana. De hecho, se produce el milagro. En la historia de la Iglesia se ha producido una inmensa  cantidad de milagros de amor: desde San Pablo hasta la Madre Teresa de Calcuta, desde Francisco de Asís hasta Francisco Javier, desde Teresa de Ávila hasta Edith Stein. En nuestra propia vidas e produce con frecuencia el milagro del bien hecho.

6) Soy un hombre pecador. El éxito apostólico, si es auténtico, lejos de producir arrogancia y orgullo tonto, produce una experiencia de indignidad, de ser pecador, de que uno lleva un tesoro en vasija de barro. A veces la gente se acerca a nosotros, como si fuéramos algo, como si nuestra oración valiera más… Y nosotros sabemos lo pecadores que somos. Muchas veces nos dan ganas de dejar la misión, porque hasta nos da una cierta sensación de hipocresía, de aparecer como si fuéramos nosotros, cuando es la palabra de Jesús. El apóstol lleva consigo su propia realidad de pecado. A veces quisiera que el Señor le liberara de ello, pero, como a San Pablo, se le dice: “te basta mi gracia”. Si eres discípulo misionero, no quieras ser especial, tú sigues siendo un pecador, como todos los demás.

7) No temas, serás pescador de hombres. La vocación se produce en el intersticio de esta doble conciencia: de la fuerza de la palabra de Jesús, por una parte, y de la conciencia de pecado, por otra. En esa realidad se produce el llamamiento: A pesar de ser pecador, no temas; yo te llamo para que remes mar adentro en el Reino y seas pescador de hombres. ¡Ánimo, no te detengas ni siquiera ante tu propio pecado! ¡Rema mar adentro! Hay mucho que vivir, mucho que hacer.

P. Antonio Villarino, Bogotá

El Evangelio es imparable

Jesus

JesusComentario a Lc 4,21-30 (IV Domingo ordinario, 3 de febrero del 2018)

Este domingo continuamos la lectura del evangelio de Lucas exactamente donde lo habíamos dejado el domingo pasado. Recordemos. Jesús había anunciado su programa: anunciar un año jubilar, un tiempo de gracia, en el que todos podríamos comenzar una nueva vida, dejar atrás los pecados y los errores del pasado para empezar de nuevo.

La reacción de sus vecinos fue muy parecida a la que tenemos nosotros en muchas ocasiones: por un lado se admiraban de las palabras de Jesús y se alegraban ante la esperanza de un nuevo comienzo. Pero, por otro, se dejaron llevar por el escepticismo, la desesperanza y hasta por la cerrazón, hasta el punto de querer eliminar a Jesús, como si fuera algo escandaloso.

Con el párrafo que leemos hoy sobre el rechazo de Jesús por sus vecinos el evangelista nos anuncia que la vida de Jesús despertaba admiración y esperanza, pero también oposición y enemistad.

Y eso es lo que espera al discípulo de Jesús y a su comunidad. Nos engañamos si pensamos que cuando evangelizamos y hacemos el bien, vamos a encontrar siempre aplauso y alabanza. Uno desearía que el bien fuera siempre aceptado y difundido por todos. Pero no siempre es así. Existe en el mundo un espíritu de desconfianza, envida y escepticismo que no deja que la semilla del bien se afiance y dé todo su fruto. No podemos ser ingenuos: el bien se enfrenta al mal, la esperanza a la desconfianza, la luz a la tiniebla, la vida a la muerte.

Jesús enfrentó esa oposición y nosotros no seremos menos que el Maestro. Si emprendemos el camino del bien, encontraremos resistencia interior y exterior.

Pero, como Jesús, estamos seguros de vencer el mal con el bien, el odio con el amor. “El, abriéndose paso, se marchó”, dice Lucas en una clara alusión al triunfo de la resurrección (Jesús, escapando de la tumba, se puso en pie y volvió al Padre). La comunidad-familia de Jesús, guiada por el Espíritu del Resucitado, se levanta también continuamente, superando las amenazas exteriores y sus propias caídas para continuar la misión (el anuncio del tiempo de gracia) hasta el día de hoy y seguirá adelante a pesar de la oposición exterior y del pecado de los mismos misioneros. A pesar de la oposición y del pecado, el Evangelio es imparable.

P. Antonio Villarino, Bogotá