Laicos Misioneros Combonianos

Vuelvo a subir a la montaña otra vez

Atardecer
Atardecer

Os escribo contemplando el paisaje. El sol es apenas visible, pero aún puedo ver la silueta del volcán iluminado por la luna. Hoy volvía subir a la montaña, uno de esos lugares donde bajo todas las defensas y, puedo imaginarme al otro lado de la puesta de sol el rostro de aquellos, no que dejé atrás, sino de todos los que me dejaron y dejan volar continuamente, incluso con miedo, pero que confían en este gran plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Para mí. Fijo en el horizonte, Dios y yo. Solo yo y Dios. Me permite acercarme, me abraza a través de la maravilla que puedo observar. Me espera en silencio en la cima de esta pequeña montaña, cada vez que creo que no seré capaz, cada vez que la realidad es cruel, cada vez que todo parece oscuro, que todo se vuelve demasiado pesado para cargarlo… En estos momentos, subo a la montaña, dejo caer las piedras más pesadas que llevo en mi mochila, para poder avanzar. Subo en busca de silencio, en busca de esperanza, en busca de mí misma. En busca de Dios.

El sol ya ha dejado la pequeña montaña, solo quedo yo y todos los pensamientos, quedo yo y el clamor de todos los que vienen así, buscando refugio, buscando amor, buscando a Dios. Durante esos momentos inmensos también soy parte de la naturaleza que me rodea.

Atardecer

Subir a la montaña me permite salir de mí misma, observar tranquilamente la naturaleza que me rodea, sentir todo lo que traigo dentro, sentir que el amor también está hecho de las caídas, también se construye con las piedras del camino. Me permite ver la luz. Me dejo abrir los ojos, ya no veo la oscuridad que tría en la subida, veo las pequeñas luces que brillan entre esta gente, siento esta presencia divina con todos nosotros en estas pequeñas luces, en esos corazones de los que buscan, con la esperanza de los que creen, en la perseverancia de aquellos que no bajan los brazos ante el dolor, en las rodillas de los que rezan, en el coraje de los que corren el riesgo de ir más lejos, y luego veo las luces que permanecen encendidas en mí.

Y, ya bajando la pequeña montaña, siento que Dios vuelve a enviarme. Me invita una vez más a encontrarme con los pobres y necesitados, con todos los que me abren sus puertas todos los días, y con todos los que todavía esperan mi llegada. Aligera mi carga y me hace sentir la alegría de ser misión de la única manera posible, el amor.

Servir

Que todos seamos capaces de subir a la montaña tantas veces como sea necesario durante este viaje que es la vida. Que todos podamos vaciar la mochila que nos acompaña en todo momento. No tengamos miedo de hablar de todo lo que sucede dentro de nosotros cuando estamos solos con Dios.

Con amor y gratitud,

Neuza Francisco, LMC

“Dios me invita a descubrir mi vocación misionera”

Monica Mexico

Soy Mónica Cervantes Suarez, tengo 18 años, nací en la ciudad de Sahuayo Michoacán. Estoy por iniciar la universidad en la licenciatura de medicina integral. Quiero compartir con ustedes mi experiencia en este camino misionero. A partir de no ser admitida en la carrera que deseaba comencé a buscar algo que llenará ese hueco que sentía ya que era muy alejada de las cosas de Dios, aún cuando mis papás asisten a los movimientos familiares dentro de la Iglesia, yo mantenía mi distancia en todo eso.

Confieso que, si tenía la inquietud de misionar un tanto por la curiosidad de conocer culturas y tradiciones diferentes, más que nada por aventura, recorrer nuevos lugares, etc. Tuve la oportunidad de participar en un congreso nacional misionero de niños y adolescentes, cuyo lema era “CON JOSELITO EN EL CORAZÓN MISIONEROS DE VOCACIÓN”. Ni yo misma entendía lo que estaba haciendo en ese lugar, al principio me sentía rara, pero todo en mí cambio al tomar conciencia que debía descubrir mi misión en la vida.

Después de esta experiencia, tomé la decisión de contactarme con Beatriz LMC, que dio el tema de la Vocación Misionera y su testimonio de vida, en el Congreso; para solicitar participar del campo misión y dándome una respuesta positiva comencé con la formación para participar en el Campo Misión de Semana Santa, con mucho entusiasmo esperaba el día de partir, pero cuando llego el momento sentí miedo y a la vez alegría porque había llegado lo que por tantos años había esperado.

Llegamos a la parroquia de Metlatonoc, en la comunidad de Vicente Guerrero, que fue donde me toco estar esta semana. Pasamos diferentes retos para llegar al lugar, un viaje largo, subidas intensas donde tuvimos que bajar del carro y caminar hasta llegar a la comunidad. Ya estando en la comunidad tuve la oportunidad de descubrir que sientes más alegría al dar que recibir, además, el misionero también aprende de las personas de la comunidad, que nos acogieron con alegría y entusiasmo abiertos a trabajar en equipo, siempre estuvimos trabajando con las muchachas, formamos tres equipos para dividir los temas y las celebraciones litúrgicas ya que por falta de sacerdotes no tuvimos eucaristía pero si organizamos la celebración de la palabra, en donde fui elegida para dirigir la “Vigilia Pascual”; sentía una gran responsabilidad y el querer que todo salga bien me hacía tener nervios pero al terminar me llego la Paz y la alegría de a haber vivido tan bonita experiencia, sin duda el Señor supo seducirme y atraparme para que siguiera sirviendo. A mi regreso pude ver la vida de forma diferente buscando siempre el lado positivo de las cosas. Seguí participando en las actividades misioneras y las reuniones que me han ayudado a ir descubriendo mi vocación.

Acabo de vivir otro Congreso Nacional Juvenil Misionero en el mes de julio en Villahermosa, Tabasco. México. Cuyo lema me invita a salir de mi misma “JOVENES DE CRISTO A LAS PERIFERIAS DEL MUNDO”, ahí pude compartir experiencias con personas de mi edad, que al igual que yo tienen inquietudes por descubrir su camino a la vida de servicio a la vida de misión.

Ahora espero con ansias el retiro de información que se realizará en el seminario Comboniano de San Francisco del Rincón, Gto. México. Para iniciar el proceso de formación como Laica Misionera Comboniana, ya que me siento identificada con el carisma misionero de San Daniel Comboni.

Mónica Cervantes Suarez

El color del amor

LMC Peru
Peru

Quizás nuestra idea de la misión y el mundo sea todavía un poco color de rosa, de hecho, para mí, la misión es un arco iris de colores, emociones, momentos y aprendizaje. La misión es más que el vasto cielo azul que abrazo todos los días al principio y al final de mi día, es más que el marrón de la arena del desierto que cubre el suelo. Es más que el verde del paisaje de algunos árboles que luchan por mantenerse verdes, y el gris de los días de niebla que cubren los volcanes. La misión es una inmensidad de colores. Es del color de las caras lo que me hace sonreír y es el color de las historias que escucho durante horas y horas todos los días y me recuerdan la materia simple y humilde de la que estamos hechos, es del color de todos los corazones lo que llegan y me enséñame que es posible amar más. Es del color de las sonrisas, los abrazos, las lágrimas es del color del paisaje natural y humano. La misión diaria de seguir con ellos es tan vasta, tiene tantos colores.

Peru

Entre los muchachos que me llaman en la calle y en el jardín de infancia, y con quienes comparto la alegría de ser niña una y otra vez, entregándome a ello sin miedo. A los ancianos que bailan libremente cuando vienen a conocernos, y permítanme decirles que para muchos, somos su única familia. Historias reales de superación y lucha. A las familias cuando nos reunimos para compartir el todo, que es suma individual de las partes porque es en este medio entre unos y otros que nos encontramos y nos entregamos sin premisas ni condiciones, solo porque sí. Es en las visitas diarias que encuentro un verdadero significado para mi caminar y veo los colores de mi mundo aquí y ahora. Aquí, en esta pequeña villa, es donde cada día se vive la verdadera experiencia de ser yo, en la esencia de los colores que tengo dentro y de todos aquellos que me permito ver en el mundo.

Os confieso que a menudo me permito ser moldeada por ellos, moldeada por su experiencia de vida y de Dios, que me permito observar horas y horas lo que son y lo mucho que me enseñan, que me permito salir de mi para aprender de ellos. Siempre tuve la certeza dentro de mí de que no me llamaban para nada más que para amar. Amar a esta gente, esta cultura y sus costumbres. Amar, en sus múltiples perspectivas, en la caída, en el error, en el ascenso y con la esperanza de ser la mejor versión de mí misma todos los días. Y aunque haya pasado más de un año sigo aprendiendo de ellos todos los días, aprendemos juntos. Y así, cada día descubro otro color dentro y fuera de mí, en este intercambio de vidas, historias y rostros, descubro cada día el color del amor.

Peru

P.D. El amor no tiene un solo color, ¡el amor siempre será del color que quieras!

Con amor y gratitud,

Neuza francisco, LMC

La diversidad es verdaderamente hermosa

LMC Kinshasa
LMC Kinshasa

Queridos amigos,

Han pasado dos meses desde que estoy en tierras africanas. Mi primera parada fue en la República Democrática del Congo. Lo primero que me sorprendió cuando aterricé en Kinshasa fue la temperatura, era muy, muy alta. Ya había estado en Kenia dos veces, así que supuse que no me sorprendería mucho la realidad africana, ¡y ciertamente no por el clima!

En el aeropuerto me esperaban dos personas: el padre Celestin, responsable del movimiento de LMC en la RDC y Tiffany – Coordinadora del grupo LMC. Me llevaron a la casa provincial de MCCJ, donde me recibieron muy calurosamente toda la comunidad de padres Combonianos y los LMC.

Durante estos dos meses que pasé en Kinshasa, me centré principalmente en aprender francés, pero también en experimentar la vida comunitaria, en un gran grupo internacional. Me mostró que la diversidad es verdaderamente hermosa. Tantas culturas diferentes, diferentes idiomas, hábitos, realmente pueden funcionar y dar alegría a las personas que viven juntas. Podemos encontrar algo que nos conecte: en primer lugar, Dios, otra persona, la felicidad de estar juntos, la misión común y el cuidado de la obra de Dios. Por supuesto, la vida con otras personas no es fácil, pero la conciencia de que compartimos el mismo objetivo ayuda mucho.

Como mencioné antes, el tiempo que pasé en Kinshasa fue principalmente para aprender francés, una experiencia bastante difícil para mí, pero realmente me enseñó muchas cosas.

Al principio, traté de mezclar el francés con el inglés, pero la mayoría de las veces todavía utilizaba el inglés simple en lugar del francés. Cuanto más tarde, más difícil, más y más gente me pedía hablar francés, ¡y la verdad es que funcionó muy bien! Por supuesto a veces me estresaba o frustraba, pero sabía que era por mi propio bien y estoy agradecida por ese tiempo. Todos los días intentaba hablar cada vez más en francés, a veces me sentía avergonzada por mis errores de ortografía o gramática, pero fue una motivación adicional para mejorar mis habilidades lingüísticas.

Ahora sé por qué es tan importante hablar, incluso con errores, porque así alguien puede corregirlos. Necesitamos que otras personas nos ayuden a vencer la barrera de hablar (incluso con los errores). Por eso la comunidad es tan importante.

En nuestro espíritu comboniano es fundamental apreciar a las personas que nos rodean, su presencia y apoyo, su motivación. Solos, no tenemos tanta fuerza como tenemos juntos. Tal vez usted puede encontrar esta visión demasiado ideal, tan perfecta que no puede ser verdad, pero esa es mi experiencia tanto de Cracovia como de Kinshasa.

Esta vez me mostró cuán adecuadas son las palabras: “Dios no llama a las personas capacitadas, sino capacita a los que llama”.

LMC Kinshasa

Cuando tenía algo de tiempo libre los sábados, junto con Enochi (LMC de Kinshasa) servía a la gente en la calle. Era un programa llamado “comida desde el corazón”. Estaba preparada por una familia para las personas que vivían en la calle. Kinshasa es una ciudad muy grande, y la gente venía de diferentes partes, solo para tener una comida caliente. Durante un par de horas, servíamos alrededor de 250-300 platos. Me di cuenta de lo bendecida que era por tener algo para comer, acceso a agua potable, un lugar para dormir y ropa que vestir. Hay tantas personas en el mundo que no pueden pagárselo. Tengo en mente la imagen de los jóvenes que “se bañaban” y lavaban su ropa en el pequeño foso cerca de la casa provincial. Lo recordaré por el resto de mi vida.

El tiempo en Kinshasa también me permitió experimentar la felicidad de las personas aquí, a pesar de las dificultades que necesitan atravesar. Ver su energía y compromiso.

LMC RCA

Ahora, desde hace más de 3 semanas, estoy en Bangui, capital de la República Centroafricana. Me quedaré aquí también durante dos meses para aprender sango – idioma local. Conocí a mi comunidad: Christina y Simone, viviré y trabajaré con ellos en Mongoumba. El viernes 28 de junio celebramos juntos el Día del Sagrado Corazón de Jesús. Fue tiempo de adorar, cenar y hablar juntos.

Quería pedirles a todos que oren por mí, por las personas que conozco aquí, por todo lo que voy a hacer aquí, mi misión y mi vida. También rezaré por ustedes.

Monika

Monica Jamer, LMC

Un viaje (in)esperado – Noticias de la misión en Etiopía

Viaje

En misión, entre Kenia y Etiopía, nuestra LMC Carolina Fiúza escribe para la Revista Digital de la Diócesis de Leiria – Fátima (RED). Compartimos con vosotros el artículo.

Les escribo ya finalizando mi semana de estancia en Nairobi, Kenia. Un viaje turístico que deseaba. Por razones de fuerza mayor tuve que salir del país (Etiopía): el visado que traemos como misioneros y que nos permite la entrada en el país es un visado de negocios que sólo tiene validez por un mes. Para estancias más prolongadas (como la mía, de dos años), al llegar a Etiopía tenemos que conseguir en ese mes de validez del visado de negocios otro visado – el de residencia. En mi caso, ese mes no fue suficiente para conseguir el visado de residencia. El visado de negocios expiró y, para no estar de manera ilegal en el país, tuve que dar un salto hasta Kenia durante una semana, para volver a entrar y proseguir el proceso de obtención del visado de residencia de nuevo. Burocracias que se traducen en una exigente y difícil entrada en este país. Tal vez se pueda decir que, de manera general, Etiopía tiene una historia marcada por regímenes e imperialismos exigentes, de gran control. ¡Y es esta historia que marca a un pueblo! No bastará decir que vivieron bajo el régimen de Emperadores hasta 1974 y que es de los únicos países africanos que nunca fue colonizado… ¡Etiopía tiene historia, una gran historia!

Sentimientos de tristeza y frustración se asomaron el día en que supe que tendría que venir. Principalmente porque ya había comenzado las clases de amárico hacía ya 2 semanas. Me perdería una semana de clases en la escuela, que es puerta de entrada a esta cultura, donde nos ponen los sonidos de las palabras en amárico que van resonando en la cabeza, haciendo una melodía de la que me estoy enamorando. ¡No es una lengua fácil! Confieso sentir una paradoja entre el entusiasmo de ser como una niña aprendiendo por imitación las palabras (como se dicen los colores, los alimentos, los animales, etc.), pero también algo de recelo. Me temo que será tarea complicada aprender rápidamente esta lengua.

¡No bastaba ya con aprender amárico, que es una lengua tan complicada, y ahora tengo que ir a Kenia, perder clases, retrasar más el aprendizaje de la lengua! ¡Así no sé cuándo podré seguir para lo que he venido – la misión! – pensaba.

Tenemos la tentación de pensar que la misión es hacer, suceder, programar todo lo que tiene que ver con cosas prácticas.

Pero, desengañémonos. Y que me desengañe yo misma si pienso que la misión propiamente dicha comenzará el día en que viaje para permanecer en la zona de los Gumuz e inicie con mis compañeros un proyecto. Nos olvidamos que no son las grandes cosas, aquellas que observamos y palpamos, las que traerán más vida. No pocas veces, es en el silencio donde más hacemos.

Podría decirles que es fácil concebir en mi interior esta paradoja de tiempos de espera. Este tiempo de aprendizaje de la lengua me hace sentir la falta de poner cosas en práctica. Pero, recuerdo con cariño las palabras de mi amiga LMC Cristina Sousa (y que hoy se encuentra en República Centroafricana) cuando decía, con un juego de palabras, que partía en misión para pastar. A pastar, parafraseando en nuestro portugués con la broma de que quien pasta no hace nada. Pero también Para estar (P’astar). Y es reflexionando estas palabras sabias que me digo sobre la misión, ¡Carolina, ya ha comenzado! Tal como os digo a todos vosotros… para ustedes, la misión ya ha comenzado, desde el momento en que son y están en el mundo como criaturas de Dios.

Primero te sorprende, después se entra. Ya dice el dicho. Después de aceptar que el Señor quería que conociese un nuevo y maravilloso país como Kenia, puedo ahora decir que valió la pena venir y que fue para mí una permanencia necesaria. Nairobi puede asemejarse a una ciudad europea (¿o norteamericana?) – verde y organizada, aunque con mucho tráfico, coches, personas, pero nada comparable con el aire pesado que se respira en Addis Abeba. Además de estudiar amárico a través de audios que mis compañeros de comunidad me enviaban cuando tenían internet, aproveché para conocer el centro de Nairobi con dos Quenianos, miembros del coro de la misa del Parlamento, en la que participé por invitación del P. Comboniano Giuseppe Caramazza. Es una ciudad de negocios también, bastando para ello vislumbrar el gran (dísimo) Kenyatta International Convention Centre, un edificio de 28 pisos, que es escenario de celebración de numerosas conferencias, seminarios, exposiciones y cumbres internacionales.

Misa

A propósito de misas, por las tierras rojas su preparación es ya la premonición de una gran fiesta. Muchos y muy temprano llegan a componer aquello que será el verdadero festival. Me decía uno de los miembros del coro: cuando vas para un festival, para un concierto, te preparas previamente, ¿no? Pues entonces, tenemos que hacer lo mismo (e incluso mejor) para la Eucaristía, pues ¡no hay mayor fiesta que esta! Y esto es ley por aquí. Una Eucaristía donde nadie simplemente “viene”, sino que participa: desde niños a mayores. Todos tienen algo para contribuir a este banquete, con la voz, la danza, las palmas, etc.

Una realidad transversal, no sólo en Kenia, sino también en Etiopía. Eucaristías donde no se mira el reloj. No son de aquellas que duran 50 minutos, o una hora, en el que tantas veces vemos a los que conversan con el reloj, mirándolo en la esperanza (quién sabe) de que la Fiesta ya está terminando. ¡No! Aquí, paradójicamente, la Eucaristía demora un intervalo de 1h30-2h. El ritmo es de danzas y canciones alegres, un ritmo definido, que despierta las almas… cuando me doy cuenta, también mi cuerpo se balancea, se despierta. Y, de repente, cuando estamos llenos de este banquete que nos anima a la vida, la fiesta dentro de la casa del Señor acaba y los invitados permanecen en su atrio conversando. ¡Miro el reloj y el tiempo parece que voló!

Y así es. ¡El tiempo aquí ha volado! Así como vuela este gran abrazo que os envío, muy lleno de mi buena nostalgia.

Con amor, Carolina de Jesús Fiúza (LMC)

En REDE – Revista Digital Diócesis de Leiria – Fátima, nº 26, 27 de junio de 2019 (disponible en https://leiria-fatima.pt/noticias/uma-viagem-inesperada/ )