Laicos Misioneros Combonianos

Misa de envío de Emma Chiolini.

Emma Brazil
Emma Brazil

El trece de junio a las 8.30 pm en la iglesia de S. Lorenzo, en Bolonia, se celebró mi misa de envío presidida por el Obispo Zuppi, la Diócesis de Bolonia me envía a una misión como fidei donum.
Esta mi segunda salida, Ad Gentes, nace en el centro misionero diocesano, del cual soy miembro del equipo, que decidió establecer una colaboración con la diócesis de Salvador de Bahía, abriendo nuevos caminos de participación y cooperación entre las dos diócesis.
Esto me hace muy feliz porque nos permitiría abrir una ventana a la realidad latinoamericana, específicamente a Brasil, en el centro misionero, actualmente comprometido solo en Tanzania, con la diócesis de Mapanda.
También es una salida “inusual” dentro de los LMC, porque en este caso no es un proyecto de los Padres Combonianos o de los laicos, sino el resultado de una colaboración externa y quizás pueda abrir pistas para el futuro.
Continuaré manteniéndome dentro de la familia comboniana como LMC, manteniéndome en contacto con la coordinación, los diversos grupos LMC y con el comité central que aprobó mi elección, citando que “la misión es de Dios y no de los hombres”…

Emma Brazil

Haré vida comunitaria en la Comunidad de Trindade, que da acogida a la gente de la calle y me dedicaré a dar la acogida y escuchar a las personas que llegan, así como a los talleres y servicios, incluido un periódico sobre situaciones de calle que ofrece la Comunidad.
Será una experiencia completamente nueva, concreta y fuerte, dura y auténtica, como dormir en el suelo, compartir los problemas relacionados con la calle, los temas ligados a la marginalidad, la dependencia y la resurrección, pero como Comboni dice audacia y tenacidad en el camino y agrego: con los pies firmes en el suelo y con los ojos siempre mirando al cielo.
“Deseo que te pongas un vestido que nunca siga de moda.
Te deseo fuertes esperanzas para tus pies.
Pantalones hechos de compromiso, camisas que tengan dos colores: El de la libertad y la corresponsabilidad.
Y trae un bonito sombrero, uno de conocimiento y espíritu crítico.
Siempre debemos vestirnos de todo esto “. (Don luigi ciotti)

Emma Brazil


Emma Chiolini, lmc

Visita a Italia

LMC
LMC

Hola de nuevo a todos.

Entre el encuentro de fin de semana de los Consejos Generales de la Familia Comboniana y el siguiente fin de semana donde nos reunimos como Comité Central en Venegono (al norte de Milán) tuve unos días para moverme por Italia.

Pedí a Marco que preguntase a los grupos del norte si alguno me podría recibir y así pasar un rato juntos.

La respuesta fue muy positiva y pudimos organizar una buena semana visitando a varios de los grupos LMC del norte de Italia.

La dinámica para todos fue similar. Por la mañana viajaba de una ciudad a otra y en la tarde compartíamos un momento de oración, cena y charla ente todos. Siempre en un ambiente de familia muy agradable.

Agradezco a todos el esfuerzo que supone reunirse una noche entre semana con los trabajos, niños y demás. Así como también a cada uno de los MCCJ que encontré y que acogieron en sus casas como familia y aquello que acompañan a nuestros grupos y los que se acercaron a conversar sobre nuestra realidad LMC en su ciudad y a nivel internacional.

LMC

El primer grupo que visité fue el de Padua. Un grupo con muchos años a sus espaldas. Me estuvieron contando cómo se iniciaron en el grupo, las actividades que realizaban y las que venían organizando por muchos años (muchas iniciativas que posteriormente se han ido extendiendo por otros lados).

Algunos ya nos conocíamos por haber coincidido en algún encuentro internacional. Se mostraron muy interesados por conocer cómo se organizaban otros grupos y el tipo de actividades y encuentros que se hacían. Aprovechamos también para conversar un poco sobre la pasada asamblea de Roma.

Veo que hay un interés cada vez mayor por la colaboración entre todos, por salir de lo que cada uno hace localmente y colaborar con los otros, aprender de las experiencias de los demás, compartir inquietudes y demás. Así que les animé a leer las conclusiones, que sé que parecen muchas pero que si nos tomamos un rato veremos las riquezas de las mismas y las múltiples ideas que dan para actividades concretas de cada una de nuestras comunidades y para cumplir la tarea común que entre todos nos marcamos.

LMC

Al día siguiente seguí para Verona. Me recibieron en la estación y me llevaron a casa de los Combonianos a saludar al P Tachela y después a casa de las hermanas combonianas a visitar a la hermana Esperanza que acompaña también al grupo.

Posteriormente tuvimos una mesa maravillosa de comida compartida, reencuentros con aquellos que coincidimos en el 2012 en nuestro encuentro europeo de Verona y otros.

Conversamos un poco de España e Italia, de bonitos lugares y tras la cena comenzamos a conversar. Conocer lo que el grupo va haciendo, los retos que afronta y demás.

Dedicamos igualmente un buen tiempo a conversar sobre la realidad de otros grupos. A conversar sobre los retos que nuestra pasada asamblea nos trae, a reconocer que muchas veces nos quedamos centrados en lo que nuestro grupo LMC local, nuestra comunidad realiza. Es normal que sea nuestro referente vital, aquellos con los que compartimos lo cotidiano, rezamos y trabajamos juntos pero tener presentes lo que hacen otras comunidades LMC nos trae ideas nuevas, nos ayuda a crecer. También encontré el reto de leer todo lo que compartimos, pero a la vez el interés por querer conocer el contenido que nos aporta y que estamos demandando…

Al día siguiente pude dar un pequeño paseo por la ciudad de Comboni en bicicleta para recordar los lugres más importantes y de nuevo tomar el tren, esta vez camino de Milán.

LMC

De nuevo esperándome en la estación y a una nueva reunión de grupo. No sin antes dar un rápido paseo por las partes más importantes y hasta visitar el museo del Risorgimento.

Tiempo para cenar, reencontrarnos algunos y conocer caras nuevas y conversar. Siempre un tiempo para saber el camino que se realiza y tiempo para preguntas. Volvió a salir entre otros el reto de la formación. Una formación que nos ayude a crecer en nuestra vocación, la importancia de la oración y el crecimiento en nuestra espiritualidad que nos sostenga y fundamente en nuestra acción misionera y también el reto de abrir los grupos para que nuevas personas se unan. La importancia de conocer bien nuestra identidad para presentarla y ayudar a discernir nuestra vocación y sus consecuencias.

También surge el momento de pedir pistas para seguir avanzando y mi respuesta es siempre la misma, es fácil, leed los acuerdos tomados en Roma. Nuestras famosas 96 conclusiones que tanto nos tienen que decir. Tanto en el hacer como sobre todo en el Ser. Fruto de todos estos años de trabajo y del aporte de tantos países de los tres continentes donde estamos presentes.

A la mañana siguiente de nuevo al tren camino a Venegono. Y desde la estación visitar, reencontrarnos y conversar de tantas cosas importantes.

El día pasa volando y al final podemos compartir la cena y un buen rato de conversación, esta vez algo más informal y en pequeños grupos pero siempre interesante.

LMC

La inquietud por las nuevas vocaciones y la llegada de personas nuevas a los grupos. La dificultad de la brecha generacional o cómo hacer atractivo los grupos a los jóvenes cuando somos familias con niños pequeños y ritmos muy diferentes.

Siempre hay que seguir pensando y mantenerse vivo, creer en lo que hacemos y pedir ayuda a otros. No estamos en un escaparate para que nos vean, estamos en la calle, con la gente, y necesitamos nuevas manos que se unan para hacer, para cuidar, acariciar, acompañar a quien necesita. Necesitamos nuevas cabezas que aporten ideas y soluciones a las dificultades del día a día. Necesitamos nuevos corazones que den esperanza en los momentos difíciles.

Tenemos una vocación maravillosa, un don de Dios que debemos compartir con los demás. Esa es parte de nuestra responsabilidad.

Toda Italia se prepara para su asamblea nacional en agosto. Para un importante momento de reencuentro personal pero sobre todo para seguir soñando juntos, para hacer realidad el sueño común que lanzamos en Roma, para desde donde estamos ponernos al servicio, para abrir nuestros grupos a nuevas personas que sientan esta vocación misionera y ofrecer un lugar donde crecer, formarse, alimentarse espiritualmente, prepararse para partir, hacer realidad el sueño misionero de Comboni allá donde nos encontremos, con la mirada en los “más pobres y abandonados” que decía Comboni.

Gracias por hacerme estar en familia.

Alberto de la Portilla (Coordinador Comité Central LMC)

Regreso de Emma Chiolini a Brasil

EMMA Brasil
Emma Brasil

Mi elección se forja a través de un viaje personal que tiene sus pasos en las diversas experiencias de voluntariado realizadas en Tanzania y Etiopía y con el grupo de Laicos Misioneros Combonianos, del cual hago parte.

Este viaje en el tiempo me ha llevado a madurar la idea de hacer una elección misionera a largo plazo, por la que en diciembre de 2013 me fui a Brasil, específicamente a Minas Gerais, y permanecí allí hasta diciembre de 2016, ¡tres años! Tres años que literalmente cambiaron mi vida, porque la misión te cambia, si te permites cambiar,… lo que ves, lo que tocas, lo que sientes, lo que vives te transforma y te lleva a descubrir a un Dios que camina a través de tu pasos, un Dios que tiene los rostros de las personas y las historias que conoces, un Dios de extraordinaria belleza en la defensa de la Vida y por la Vida y un compromiso de servicio y de compartir que es tan concreto y tan fuerte que te enamoras de Él. ¡Yo me enamoré!

Viví tres años en un barrio pobre y con problemas de violencia, en la periferia de un mundo existencial y estructural, pero lleno de humanidad y fuerza. Además de las diversas actividades pastorales relacionadas con la parroquia, llevadas a cabo por los Padres Combonianos, entré a formar parte de la pastoral penitenciaria en la diócesis de Belo Horizonte. Nunca había entrado en una prisión, mi primera vez fue en Brasil, donde la realidad de las prisiones es una de las peores del mundo, cargada de violencia y delincuencia, abuso y violación de los derechos humanos. Nuestra tarea era acompañar a los prisioneros tanto desde el punto de vista espiritual como humano y muchas veces de denuncia, encontrando situaciones que no respetaban la dignidad de las personas. Casi toda la población carcelaria brasileña proviene de situaciones de vida donde el tejido familiar y social es frágil y vulnerable. Provienen de favelas (chabolas) o barrios extremadamente difíciles. Los detenidos y sus familias que conocí tenían heridas profundas de violencia, carencias y pobreza. Esta pastoral me ha enseñado muchísimo y, en particular, que nadie es irrecuperable, solo el Amor cura, solo aquellos que son acogidos y amados pueden renacer, porque nadie escapa del Amor, ¡estoy convencida! La misión para mí fue, ante todo, colaborar, caminar con otros y compartir problemas y esperanzas. No es hacer grandes cosas, es sobre todo ¡Estar ahí, estar ahí con el corazón, con la cabeza y con las manos!
Corazón para amar, cabeza para comprender y entender sin prejuicios, manos para poder acompañar y construir juntos.

Hoy mi elección misionera me lleva a partir por segunda vez, siempre por tres años y siempre a Brasil, en una nueva experiencia, en una nueva ciudad, Salvador de Bahía, donde iré a vivir en una comunidad que acoge a moradores de rúa (personas de la calle). El año pasado, con el centro misionero de Bolonia, fuimos a visitar esta comunidad y nació el proyecto para vivir y compartir con ellos, poniéndome al servicio de aquellos que se ocupan de la reintegración de la gente de la calle, quienes deciden recuperar su propia vida y empezar de nuevo. Estoy lista para partir nuevamente, para experimentar la alegría del encuentro y el descubrimiento, pero sobre todo la alegría de compartir y caminar juntos.

Emma Chiolini, LMC

Ser misión en Etiopía – primeros momentos

CLM Ethiopia
CLM Ethiopia

Atrás quedan Qillenso, Adola y Daaye y mi mirada durante el viaje en este verde que contrasta con todo lo que había visto hasta ahora desde que llegué a este nuevo lugar donde Dios nos espera a cada uno, al menos en el abrazo de una oración que, puede viajar desde muy lejos (espero que desde sus corazones). Aprovecho la duración de este viaje para intentar compartir (ni que sea un grano) de las maravillas de este pueblo que tan bien me ha recibido.

Estamos en una semana inusual. Aprovechamos que las clases de Amárico sólo comenzarán el 3 de junio (próxima semana) para ir a conocer las diversas misiones de los MCCJ y también de los LMC (en Awassa) en la zona sur de Etiopía.

Adis Abeba, es una ciudad donde reina la contaminación, el ruido, el frenesí de los muchos coches y personas que deambulan sin regla por las calles. Podría verse como casi cualquier ciudad europea si no fuese por el desorden que aquí gobierna. Viajar en coche es siempre una aventura, pues la carretera aquí también pertenece a los animales y a las personas (¡después de todo, los coches llegaron después!). De entre las varias y abarrotadas calles que aquí existen, de las que me cuesta más (hasta ahora) atravesar es la indescriptible México Square, punto de referencia para la llegada a casa. Indescriptible por no haber palabras para entender el dolor que me da cuando veo aquellos cuerpos extendidos en medio del suelo, cuerpos delgados, sin apenas vida, unos que no ven, otros que no tienen pies para andar… Junto a estos cuerpos podemos encontrar muchas veces el semblante de un niño, cuya mirada perdida no pasa desapercibida. Imagino historias en mi cabeza que, probablemente, son las suyas. Son madres desnutridas y sus hijos. ¡Cómo duele mirar y duele aún más no saber qué hacer!

CLM Ethiopia

El viaje de esta semana por el sur de Etiopía nos permitió también tener una visión muy diferente y colorida de este gran e inmenso país. A medida que viajamos de Adís Abeba a Awassa, Qillenso, Adola y Daaye, el paisaje va cambiando sus formas y figuras. Si en Adis y Awassa hay un manto de casas hasta donde la vista alcanza, en Qillenso, Adola y Daaye la tierra se viste de rojo y del verde de la vegetación acabada de nacer por el inicio de las lluvias. Por el camino se siembran casas, éstas con una configuración más rudimentaria y que son auténticas obras de arte. El coche pasa y los que nos ven pasar también nos miran. Los observo también a través del cristal de la furgoneta. ¡Qué mirada tan hermosa! ¡Sonríen siempre al vernos a pasar!

Estoy feliz por la misión que Dios nos entregó a los tres y para la que pedimos vuestras oraciones. La misión nunca será nuestra. También es vuestra. Y por encima de todo, es de Dios. Probablemente, y conscientes de esto, sabemos que los frutos maduros de este trabajo sólo (y Dios quiera) serán visibles dentro de unos años.

CLM Ethiopia

¡Estoy bien! Sintiendo todo. Las personas, sus miradas, sus palabras que muchas veces no entiendo, pero procuro responder con una sonrisa, o una mirada de ternura, o usar las pocas palabras que ya sé decir en amárico. Ha sido un tiempo para observar, oír, intentar entender. Es una ventaja también que yo no tenga un nivel de inglés fluido que me permita hablar mucho (y mucho menos amárico). Saco partido de eso y acabo por escuchar más, observar más. ¡Es tiempo de eso!

Nuestro pasar por la calle es siempre motivo de miradas. La gente nos mira, como si fuésemos algo extraño. ¡Para los niños es una fiesta! Nos miran y esbozan sonrisas atrevidas:

– ¡Farengi! Farengi! ¡O China! China!

A falta de saber qué hacer muchas veces, las miramos y sonreímos. Extendemos el brazo e intercambiamos un apretón de manos. ¡Están todos contentos de tocarnos… es recíproco!

Uno de estos días, en Awassa, visitamos a las hermanas de la Madre Teresa, y lo esperado sucedió: la misma reacción de los niños que se quieren agarrar a nosotros… Corren en nuestra dirección para tocar la mano. Y no sólo la mano. Los brazos, la cara. Y se van acercando, deleitándose con nuestro calor. Corren en busca del amor. Y tratamos de dárselo. En la dificultad de no saber mucho amárico, digo lo mismo de siempre. No puedo limitarme a las mismas palabras de siempre, pensaba. Intento recordar otras cosas que pueda decir, y allá me sale:

CLM Ethiopia

– Mndn new? (¿qué es esto?) – pregunto apuntando a mi camiseta.

– Makina (coche) – responden varias, cada una a su tiempo.

Repito la misma pregunta para otras cosas, incluyendo la cruz que traigo al pecho.

Y así me van respondiendo. ¡Es una fiesta para ellas! Y para mí. No saben cuánto me enseñan. Confío que son los mejores profesores que podré tener. Se quedan contentos con este poco. Así como quien está con sed, como yo.

Siento todo, incluso la nostalgia. ¡Gran nostalgia! Esto también me habita, ¡por supuesto (no sería sino portuguesa… de aquellas muy nostálgicas)! Como alguien me dijo, la nostalgia es el amor que queda. Por eso, quiero siempre que esta nostalgia sea parte de mí.

Han sido días bonitos, cargados de novedad. También con la comunidad, con David y Pedro. En nuestras diferencias, veo tres piezas de un puzzle que se unen y que encajan. Está siendo hermoso como nos damos cuenta de lo que estamos llamados a hacer aquí. Sentimos el peso de la responsabilidad de estar empezando a sembrar este grano que queremos que otros vengan a regar, segar, cosechar. ¡La mies aquí es grande! Pero sentimos una gran fuerza de querer dar pasos. Que el Espíritu Santo nos ilumine a dar los pasos correctos, en los tiempos y lugares correctos.

Rezad por nosotros, por la misión y sobre todo por este pueblo que nos acoge y que busca y lucha por la vida, día a día.

Con mucho amor,

LMC Carolina Fiúza

Misa de envío de la LMC Carolina Fiúza

Carolina
Carolina

Mis queridos amigos y amigas,

Mi corazón está plena y muy agradecido por tantas bendiciones y por el amor recibido el 12 de mayo, donde en mi parroquia – Santa Eufemia – se celebró mi envío. Fue una ceremonia muy bonita… y no sólo la ceremonia, sino todo el día en general y la animación misionera, fueron momentos de compartir mucho y de gran fraternidad.

Mi AGRADECIMIENTO A TODOS por estar unidos en oración. Me siento afortunada… por teneros a vosotros como familia y por tantos amigos que me aman y me dan fuerza. ¡GRACIAS!
 
Para quien no pudo estar presente en la Eucaristía, comparto las palabras que dirigí a todos.

Animacion Misionera

Mi querido Padre del Cielo,

Esta es una oración de tu hija muy amada, Carolina de Jesús Fiúza, que hoy, con la fuerza de esta comunidad, es enviada por dos años a amar al pueblo de Etiopía.

Desde hace tiempo oigo tu invitación resonando dentro de mí y que me dice:

“Navega mar adentro y lanza las redes para pescar. No tengas miedo: vienes conmigo, serás pescadora de hombres. ¡Ven, sígueme!”

A Ti te agradezco esta invitación y con mucha alegría que, como María, digo SÍ, ¡Hágase en mí según tu palabra!

A Ti mi mayor AGRADECIMIENTO pues este Sí es fruto de una relación entre los dos. A Ti te repito muchas GRACIAS por no desistir conmigo y porque confías en mí. A Ti también te agradezco por todas estas personas que están aquí de las más diversas formas, física o espiritualmente. A Ti te agradezco estas mil vidas que, muchas veces, sin saberlo, son también mil vidas para la misión, tal como pedía San Daniel Comboni: las mil vidas para la misión. Te agradezco el coraje y la fuerza que dan a mi Sí y la confianza que en mí depositan.

A todas estas personas y a Ti os agradezco y prometo: prometo errar, fallar. ¡Es la condición humana! Sin embargo, prometo intentar mejorar siempre, prometo aprender, escuchar, callar, aceptar, entender, compartir lo que soy, recibir lo que son… y, sobre todo, AMAR. Prometo entregarme totalmente al pueblo etíope y hacer lo que pueda, con lo que tengo, donde esté.

Me miro y me veo pequeña. Pero con mis limitaciones, con lo que traigo en mi mochila, me quiero entregar a Ti y partir hacia los más pobres y necesitados, inspirada por San Daniel Comboni. Confío en Ti. Confío en que Tú no eliges a los capacitados, sino que capacitas a los escogidos. Así, confío que me darás las capacidades para amar a este maravilloso pueblo de Etiopía, donde Tú ya estás desde siempre.

Tal vez muchos no entiendan por qué elijo partir en misión. Comprendo y acepto la incomprensión de muchos. Y agradezco el apoyo que, aun así y de forma incondicional, me dan. Tal como mi querido padre dice, “¡el bien puede hacerse en muchos lados!”. Y no es mentira…, sin embargo, Tú mi Padre del cielo, Tú que eres un solo Cuerpo, pero con muchos miembros y cada miembro con su función, Tú nos llamas a todos a ser misioneros, de formas muy distintas. Hoy y a mí, sé que me llamas a partir, me llamas así a ser grano de trigo que muere en la tierra para que nazca fruto. Y esto es un misterio. Tal como el misterio de tu Hijo muy amado que murió en la cruz. Al igual que Él, también doy mi Sí, dispuesta a hacer nacer y crecer la misión a los pies de la Cruz. ¿Conseguiremos alguna vez entender este misterio de la muerte de Jesús en la Cruz, mi Padre? Tal vez no. De la misma manera, tal vez no sea entendible mi Sí para muchos. Es un misterio, también. También para mí la misión que me entregas en las manos es un misterio. Pero, aun así, digo Sí. Digo Sí confiadamente porque sé que nunca, pero nunca me abandonarás.

Dios mío, Tú sabes la GRATITUD que guardo dentro a tantas personas. Sin oportunidad de mencionar todas, ¡agradezco en especial a mi familia, que me da sentido, que me dio genes de misionera!

Te agradezco en particular la vida de mis padres, Edite y Manuel Fiúza, que me educaron de la mejor manera que sabían. Sin ellos, mi vida, valores, dones… todo lo que soy, de ninguna manera sería posible. Te agradezco sus vidas y el fruto de tu creación que soy yo hoy, este don que soy y que quiero poner a rendir. Te agradezco porque les da la capacidad de amarme y apoyarme incondicionalmente, aunque a menudo no entienden mis decisiones. Te pido que los guardes, que mires siempre por ellos y que siempre les des la fuerza para luchar por la Vida, tal como me enseñaron a hacerlo.

Te agradezco la vida de mi novio, Hélder Neves, que desde siempre me ha apoyado y me ha dado la fuerza en los momentos de mayor duda. Te agradezco el amor que nos une y que sólo puede venir de ti. Y sé que este Sí no es sólo mío, sino de ambos. También él acepta la invitación de vivir en misión conmigo. ¡Y esta misión la aceptamos con mucha confianza! Te pido que cuides siempre de él, acogiéndolo en tus brazos. Y que lo que Tú uniste, el amor que nos une a los dos, jamás osemos separar o dañar. ¡Danos la confianza y el coraje de mantenernos siempre uno!

Te agradezco por la vida de todos los parroquianos de mi “tierra, que hermosa de tierra”, esta hermosa Santa Eufemia. Esta tierra que me vio crecer y que me acompañó en la vida y la fe cristianas. Entre catequistas, grupos de coro, sacerdotes que aquí ya conocí (y ya son tres), y tantas personas que hoy miro y de las cuales llevo lo mejor… te agradezco la vida de cada uno. Un agradecimiento especial al Padre Nuno Gil, cuya jovialidad y fuerza para llegar a todos no me dejan indiferente. Te pido que le sigas dando ánimo para continuar conduciendo y construyendo tu Reino aquí en la Tierra.

Y, por fin, y sabiendo que tendría que agradecer a muchas otras personas, Te agradezco por toda la Familia Comboniana. Te agradezco por ser luz en este camino en que busco a diario descubrirte y enamorarme más y más por Ti. Te agradezco por el ejemplo que cada uno es para mí de vida inspirada en San Daniel Comboni y por posibilitar que entienda cada vez más y mejor mi vocación misionera. Les agradezco verdaderamente porque en mí confían la misión en Etiopía, y Te pido que consiga siempre ser lo mejor de mí como LMC.

Dios mío, tú sabes lo que traigo dentro, más que nadie. Tú sabes cuánto duele dejar el amor que tengo aquí. Pero tú también sabes cuán feliz estoy pues, allí donde voy también me espera el amor. Porque voy al encuentro el amor, siguiendo los pasos de quien me invita.

Bien sabes, que éste nunca será un Adiós, sino siempre un hasta pronto.

Hasta pronto mi comunidad. Nunca tengan miedo de dar su Sí, pues Dios, como Padre misericordioso, nunca os abandonará. Os dejo un recuerdo: una cruz típicamente Etíope (que incluso os fue enviada por una hermana misionera Comboniana de Etiopía), para que recuerden que todos formamos parte de una misma cruz, la Cruz de Cristo. Rezad por mí y por el pueblo y misión en Etiopía. Confiar en que nosotros también rezamos por vosotros.

Carolina Fiúza, LMC