Laicos Misioneros Combonianos

Un retiro para renovar el corazón y fortalecer nuestra misión

Como Laicos Misioneros Combonianos del Perú, elevamos nuestro corazón a Dios y le damos gracias por el hermoso regalo de vivir nuestro retiro anual 4, 5 y 6 de septiembre en la ciudad de Trujillo, en un ambiente de encuentro, oración, fraternidad y profunda reflexión, acompañados por el MCCJ, P. David Nyinga Dunga. Este retiro nos permitió detenernos de nuestras actividades cotidianas para volver al corazón, escuchar la voz de Dios y renovar el sentido de nuestra vocación misionera. Fue también un espacio para compartir nuestras experiencias, inquietudes y esperanzas, fortaleciendo nuestros lazos como hermanos y reconociendo que no caminamos solos, sino como una familia llamada a servir.

A la luz de la encíclica Dilexit te, hemos podido mirar la realidad de la pobreza con nuevos ojos. Comprendimos que la pobreza no se limita a la falta de recursos económicos o materiales. También existen pobrezas espirituales, culturales y sociales que muchas veces permanecen ocultas y que pueden estar presentes incluso en nuestras propias comunidades eclesiales.

Esta reflexión nos ha invitado a detenernos, mirar con mayor sensibilidad y preguntarnos: ¿somos capaces de reconocer al hermano que sufre?, ¿somos capaces de acercarnos a él y caminar a su lado? Porque cuando aprendemos a mirar con los ojos del corazón, descubrimos que detrás de cada rostro hay una historia, una necesidad y, sobre todo, la presencia de Jesús.

Durante estos días hemos renovado también la certeza de que el rostro del pobre es el rostro de Cristo. Estamos llamados a encontrar a Dios en lo sencillo y cotidiano: en nuestra familia, en el trabajo, en la pastoral, en nuestras comunidades y en cada persona con la que compartimos el camino.

Pero este encuentro también nos ha llevado a mirar hacia nuestro interior y reconocer nuestras propias pobrezas y fragilidades. No podemos acercarnos a los demás desde una posición de superioridad o distancia. Somos hermanos que necesitamos de Dios y de los demás. Por eso, nuestra misión nace de la humildad, de la empatía, de la solidaridad y del deseo sincero de caminar juntos.

Cristo mismo nació, vivió y murió pobre. Se hizo cercano a los pequeños, a los excluidos y a quienes sufrían. Vino pobre para los pobres y nos mostró que el verdadero amor no se queda solamente en palabras, sino que se transforma en servicio, entrega y cercanía.

San Daniel Comboni comprendió profundamente este llamado. Entregó su vida por los pueblos más pobres y olvidados, convencido de que la misión debía ser una expresión concreta del amor de Dios. Como Laicos Misioneros Combonianos, queremos seguir sus huellas y hacer nuestro este carisma, poniendo nuestra vida al servicio de la evangelización y de nuestros hermanos, especialmente de quienes más necesitan nuestra presencia y solidaridad.

Al finalizar este retiro, llevamos en el corazón gratitud por lo vivido, alegría por el encuentro, esperanza para continuar caminando y el deseo de renovar nuestro compromiso misionero. Nos vamos de Trujillo con una mirada renovada hacia nuestra misión, dispuestos a reconocer cada día a Jesús en nuestros hermanos, especialmente en quienes sufren, se sienten solos o viven distintas formas de pobreza, y en aquellos que esperan de nosotros una palabra de esperanza, cercanía y una mano amiga.

Que el Señor nos conceda la gracia de no ser indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos. Que nos dé un corazón sencillo, compasivo y dispuesto a servir. Y que, siguiendo el ejemplo de San Daniel Comboni, podamos hacer vida nuestro carisma y proclamar con nuestras acciones que la misión comienza cuando somos capaces de amar, servir y caminar junto al otro.

¡Gracias, Señor, por este retiro, por nuestros hermanos y por el regalo de la vocación misionera! Que sigamos caminando juntos, con fe, esperanza y corazón comboniano.

LMC-PERU

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