Laicos Misioneros Combonianos

EMAUS Covenant Community

families
families

¡Feliz Pascua amigos!

La Pascua, hoy, es una celebración del regalo del renacimiento espiritual y al mismo tiempo un recordatorio de la constante renovación de la vida aquí en la tierra.

Vivimos en un mundo maravilloso pero profundamente herido e hiriente que a veces se muestra indiferente, implacable, cruel y sin segundas oportunidades. La Pascua nos ofrece la garantía de que se superarán las muchas dificultades y desafíos que amenazan con abrumarnos.
Jesús les dice a los discípulos asustados: “No tengan miedo”. A nosotros nos dice: “No tengan miedo”. Sea lo que sea lo que te haga temer, Jesús, el Cristo resucitado, estará contigo, seguirá adelante y continuará contigo. Él te ofrece alegría y paz, perdón y esperanza. Sobre todo se ofrece a él mismo. No necesitas temer. Él ha vencido al mundo.

niños

Como comunidad, estamos involucrados en varias actividades para llegar a la sociedad con valores evangélicos y esto ha traído esperanza, restaurado relaciones rotas y transformado muchas vidas para Cristo en Uganda y más allá.

Los miembros de la comunidad de Emaús, aparte de las formaciones espirituales, también realizamos algunas otras actividades para la comunidad y la auto-sustentabilidad con el fin de cubrir las necesidades esenciales de sus familias:

pollos

Hacemos avicultura y actualmente estamos trabajando en engorde de pollos.

Tenemos un taller para padres para miembros de la comunidad.

Trabajamos con los casados ​​y solteros de la comunidad.

families

Tenemos grupos de familias

Junto a esto tenemos grupos de niños, religiosos y laicos.

niños

A todos nuestros queridos amigos y compañeros en la Viña de Jesucristo nuestro Señor, les deseamos esperanza, fe, amor y paz en el Señor resucitado.

Equipo de liderazgo comunitario de la comunidad Emaús.

Nosotros, la Comunidad de Emaús, somos una comunidad de fieles laicos. Estamos llamados a ser un oasis de vida evangélica expresada en el amor de Dios y el amor mutuo para que el evangelio de Cristo brille en ellos. En consecuencia, la comunidad de Emaús, a través de su propio estilo de vida, está evangelizando. Llamados por Jesús y tocado por Su gracia, cada miembro de la comunidad aspira a alcanzar crecimiento en madurez humana y espiritual.

comunidad

Richard. LMC Uganda

La piedra removida

Pascua
Pascua

Un comentario a Jn 20, 1-9 (Pascua de Resurrección, 12 de abril de 2020)

Estamos en el último capítulo de Juan -si tenemos en cuenta que el 21 es considerado un añadido. Aquí el evangelista nos transmite la experiencia de los primeros discípulos que pasaron de la decepción al compromiso, de la desunión a la comunión, del viejo Israel a la nueva comunidad de creyentes. Lo hace usando, como siempre, expresiones de gran resonancia simbólica, entre las que me permito resaltar algunas:

1.- “El primer día de la semana”

Terminada la creación (“todo está cumplido”, dice Jesús en la cruz), comienza el nuevo ciclo de la historia, el de la nueva creación. Jesús vino para hacerlo todo nuevo, superando la experiencias negativas. Él es el testigo de que Dios es siempre nuevo, de que es posible comenzar en nuestra vida un camino nuevo. Claro que, para que se produzca una nueva creación, es necesario saber morir a la vieja creación; hay que saber afrontar la muerte de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, de nuestro orgullo. Tenemos que dejar de ponernos a nosotros mismos en el centro de todo: “Si el grano de trigo no muere, se queda solo; pero si muere, da fruto en abundancia”.

2.- “Por la mañana temprano, todavía en tinieblas”

La Magdalena va al sepulcro buscando a Jesús, no en la vida, sino en la muerte, sin darse cuenta de que el día ya clarea. María cree que la muerte ha triunfado; por eso su fe está todavía en la penumbra. Ya clarea, ya hay nueva esperanza, pero no se ha abierto camino en el corazón y en la conciencia de aquella mujer que nos representa a todos.

Cuántas veces nosotros vivimos en el claroscuro, sin saber reconocer los nuevos signos de esperanza que Dios nos regala en nuestra historia personal o comunitaria.

3.- El sudario, los lienzos, la losa y el sepulcro

Se trata de cuatro objetos que, de por sí, nos hablan de un muerto y así lo entiende la Magdalena y los discípulos. El texto, sin embargo, nos habla de que la losa está removida, el sudario apartado, los lienzos ordenados y el sepulcro vacío. Ni la losa retiene al muerto, ni el sudario o los lienzos lo mantienen atado. La muerte ha perdido a su presa, aunque la Magdalena no acabe de verlo. A este respecto comenta Anselm Grün:

“La primera señal de la Resurrección es la piedra que ha sido retirada del sepulcro. La piedra que preserva del sepulcro es el símbolo de las muchas piedras que están sobre nosotros. Yace precisamente una piedra sobre nosotros allí donde algo quiere brotar en nuestra vida y nos estorba en la vida. E impide que nuestras nociones de la vida, que en cada momento emergen, lleguen a ser realidad. Nos bloquea, nos impide levantarnos, salir de nosotros, dirigirnos a los demás… Cuando una piedra yace sobre nuestra tumba, nos pudrimos y nos descomponemos dentro…”(p.98)

4.- Los discípulos recuperan la unidad

Los dos discípulos corren separados, como nos pasa cuando perdemos la fe y la esperanza.  Cuando las cosas no van bien, la gente se divide y se dispersa. El desánimo se acumula y reina el “sálvese quien pueda”. Pero después recuperan la unidad, una vez más atraídos por el recuerdo y la búsqueda de Jesús.

El discípulo amado (el que había estado con Jesús en la cruz) cede la primacía al que lo había traicionado). El discípulo fiel ayudará al compañero, pero sin recriminaciones, simplemente corriendo más que él. Buen ejemplo para nosotros: a los compañeros no se les recrimina ni se les pretende forzar a la fidelidad; simplemente hay que correr más y, al mismo tiempo, saber esperar.

La experiencia de los discípulos nos recuerda que Jesús vive, que su presencia se hace notar entre nosotros de muchas maneras y que, abiertos a esta presencia, también nosotros podemos salir de nuestros sepulcros, recuperar la esperanza, vivir el amor y triunfar sobre la muerte, la oscuridad y el caos. La muerte no tiene la última palabra. La vida, sí.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Mensaje de Pascua

Jesús
Jesús

Pascua 2020

¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? (Mc16:3)

Tenemos que tratar con un auténtico caballero, Dios,

que mantiene su palabra y la cumplirá para siempre (Escritos 2624)

Queridos hermanos,

el Señor resucitado que vence a la muerte, ilumina nuestras vidas y llena nuestros corazones de alegría.

Este año 2020 vivimos la Cuaresma en un clima pandémico por el coronavirus que se está extendiendo cada vez más en casi todos los países del mundo. Celebraremos la Pascua de Resurrección en este clima pandémico.

Nosotros mismos, así como muchos cristianos de muchos países del mundo, no podremos reunirnos como comunidad para celebrar el misterio central de nuestra fe. Las redes sociales nos están ayudando a todos a unirnos, al menos virtualmente, para seguir “viviendo” la vida de la comunidad. Cada vez más, nos animamos a utilizar estos medios para estar cerca unos de otros y del pueblo de Dios mientras celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte.

En este clima de incertidumbre y sufrimiento nos sentimos un poco como María de Màgdala, María de Santiago y Salomé que van a la tumba temprano en la mañana preguntándose: ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? (Mc 16:3). Porque nadie es capaz de hacer rodar la piedra que nos encierra en nuestros sepulcros, en nuestros miedos y resistencias. Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande (Mc 16:4). Ahora, el sello de la muerte se ha roto desde dentro.

En esta época de pandemia, nosotros también estamos llamados a “mirar” y reconocer la presencia del Resucitado entre nosotros. Dios camina con nosotros y sufre con nosotros y en Cristo Jesús, nos invita a caminar con él en el camino que, pasando por la cruz, nos lleva al amanecer de un nuevo día. La última palabra de Dios para la humanidad es la vida, la vida que nos dio en Cristo Jesús, que tomó sobre sí nuestra muerte y la conquistó saliendo victorioso de la tumba.

Como nuestro Padre y Fundador, San Daniel Comboni, estamos seguros de que Dios no retira su favor a la humanidad en su conjunto y es fiel para siempre. Él envió a su hijo para darnos “vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10).

Esta Pascua vivida en una atmósfera de pandemia refuerza nuestra fe en el Dios de la vida, en la certeza de que nadie puede separarnos nunca de este amor eterno. “¿Quién nos separará entonces del amor de Cristo? ¿Tal vez la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Pero en todas estas cosas somos más que victoriosos en virtud de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8,35-39).

Feliz Pascua de Resurrección y una buena fiesta de la vida para cada uno de ustedes y sus comunidades cristianas.

El Consejo General MCCJ