Laicos Misioneros Combonianos

La importancia de estar preparados

Luz
luz

(Un comentario a Mt 25, 1-12; XXXII Domingo ordinario, 8 de noviembre del 2020)

Estamos llegando al final del año litúrgico (que terminará con la fiesta de Cristo Rey) y también estamos casi concluyendo la lectura del evangelio de Mateo. Leemos parte del capítulo 25, que es el anterior a los tres últimos capítulos dedicados a la Pasión y resurrección de Jesús.

El tema de hoy es el de la vigilancia y la necesidad de estar preparados, para acoger al “esposo”, es decir, a Dios que se puede presentar en cada momento de nuestra vida. De hecho, podemos decir que todas las etapas de nuestra vida son tiempos en los que Dios se nos presenta como “esposo” que nos ama y quiere llevarnos a la plenitud del amor.

Él se nos presenta en la infancia, como a un niño, probablemente en forma de ternura e ilusión inocente; se nos ofrece en la juventud, como un amigo fuerte que nos invita a tener grandes ideales y aportar nuestra energía y nuestros sueños a la construcción de un reino de justicia, de verdad y de amor; se nos hace compañero en la edad adulta, mostrándonos su presencia hecha de amor maduro, de perseverancia en el bien y en el amor que resiste a todas las tentaciones y desilusiones; se nos muestra en el horizonte de nuestra edad anciana, para renovar nuestra esperanza en una plenitud sin fin. Él viene siempre a nosotros de mil formas y maneras. Lo que puede pasar es que nosotros –como las jóvenes insensatas- estemos dormidos, no estemos atentos, no captemos las señales de su presencia y el Señor pase a nuestro lado sin que entremos con él al “banquete” de un amor definitivo.

Por eso Jesús, en el evangelio de hoy, antes de afrontar la crisis definitiva que le llevará a la cruz, nos avisa: “Vigilen porque no saben el día ni la hora”. Mejor dicho, cada día y cada hora es un momento en el que Dios se nos presenta para que lo acojamos y de acogida en acogida, de peldaño en peldaño, vayamos subiendo con él hasta gozar a su lado del banquete de la vida definitiva.

Preguntémonos: ¿Vivo adormecido o despierto?  ¿Qué señales de su presencia me hace Dios en este momento de mi vida? ¿Siento que la luz de la Palabra me ilumina en mi caminar por la vida (Familia, trabajo, comunidad) o me parece que se me apagó la lámpara? ¿Qué puede amenazar la luz de mi lámpara? ¿Dónde puedo comprar “aceite” suficiente?

La parábola, por otra parte, nos invita a ser perseverantes en la espera. A veces parece que el “esposo” (Dios con su amor, con su respuesta a nuestra oración y esperanza) tarda en llegar; puede parecer que Dios se duerme, como Jesús en la barca, y que nuestra esperanza es una vana ilusión, que los increyentes tienen razón y que es mejor dormirnos nosotros también en la desesperanza.

Jesús nos dice: no se cansen de esperar, sigan atentos y firmes en la esperanza.

¿Qué esperanzas tengo para el próximo año?

P. Antonio Villarino

Bogotá

El papel ministerial del hermano

Joel Cruz
Joel Cruz

ENCARNACIÓN DE LA PALABRA, FRATERNIDAD Y PROMOCIÓN HUMANA

A continuación, presentamos la experiencia del Hno. Joel Cruz Reyes en Ecuador. En la que destacan rasgos del ministerio del Hermano desde una nueva perspectiva de promoción humana que tiene como fundamento La Palabra.

1. Encuentro con la misión

En 1997 llegué a Ecuador destinado al Centro Cultural Afroecuatoriano en la ciudad de Guayaquil. En ese entonces, el acompañamiento de los afrodescendientes giraba alrededor de la religiosidad, lo litúrgico-sacramental y la formación sociopolítica, con la finalidad de visibilizarlos social y eclesialmente. Para eso se buscaba el apoyo de laicos expertos en sicología, antropología, sociología, política…

Por el comportamiento, las actitudes y las motivaciones que percibí en los afros que acudían al Centro, me di cuenta que la dependencia que tenían del misionero, era crónica. Se habían acostumbrado a considerarse material, espiritual y moralmente indigentes. Ciertamente, este comportamiento era el reflejo de las sombras de su historia que los alcanzaba en el presente, pero también era consecuencia de la visión paternalista que había predominado en su acompañamiento. Esto no les permitía crecer en humanidad y en espíritu; los estancaba en el lugar del “objeto”, no los dejaba avanzar hacia el lugar del “sujeto” eclesial y social.

2. Entender e iniciar procesos

Poco a poco, fui entendiendo que esos procesos, aunque eran muy buenos, fueron desconectados de la fe y de La Palabra, como si la “regeneración del ser humano afro” fuera solamente un problema “humano-social”. Me di cuenta que los procesos no llegaban a la contemplación del afrodescendiente como hijo de Dios, imagen y semejanza de Él, esculpido por una historia, circunstancias sociales y eclesiales adversas, cierto, pero al final de cuentas el ser humano pensado, querido por Dios y con una misión específica en la Iglesia, en la sociedad, en el mundo.

Los resultados eran lógicos porque, por un lado, el acompañamiento piramidal heredado por la tradición pastoral predominante en la Iglesia, los hacía “objeto-dependiente” de la acción del “sujeto” que era el misionero. Por otro, la intervención de laicos especialistas sin una visión religiosa, de fe y desconectados de la Palabra de Dios, no podían ofrecer más que una manera de ver al afrodescendiente y su historia, como “un problema” personal y social. No se veían como “seres humanos” sino como “problema social” y “objeto” de abusos, maltratos y exclusiones. Estaban convencidos de que eran solo “víctimas” y no seres humanos con una responsabilidad eclesial y social.

3. Presencia que comparte la vida

Cuando comencé a caminar con ellos, me di cuenta que la presencia del Hermano que, por naturaleza vocacional, está desvestido de lo sagrado, poco a poco va “redondeando” la pirámide relacional en las estructuras culturales, sociales y eclesiales, hasta consolidar la circularidad de la fraternidad ministerial querida por Jesús. Que el Hermano, precisamente, porque es religioso, es capaz de contemplar la humanidad de las personas que acompaña y poner en movimiento esa humanidad (pro-moción humana) en la Iglesia y en la sociedad.

Entendí que el Hermano es un puente entre ciencia y fe, entre Evangelio y sociedad, entre Iglesia y mundo, entre vida religiosa y secular, entre el ministerio sacerdotal y laical. Sin su presencia, con frecuencia, los procesos se vuelven “extremistas”: se van al “extremo litúrgico-sacramental” o al “extremo político-social”. Y el Hermano, tiene un pie en cada extremo. Por eso, es capaz de equilibrar los procesos de evangelización y hacer que el ser humano no vea su historia como tragedia humana sin Dios, sino como historia sagrada y de salvación, donde Dios no solo está presente sino que se hace carne y asume las causas de ese ser humano como suyas.

4. Los milagros de la fraternidad

El Señor me dio la oportunidad de ver los milagros de la fraternidad que brota de la conciencia de saberse todos hermanos, hijos de un mismo Padre. Con la misma dignidad y responsabilidad misionera de Cristo y, por eso, entenderse como el Cuerpo Negro de Cristo en esa sociedad discriminatoria y excluyente que también ensombrecía a la Iglesia en ese contexto. Me dio la oportunidad de experimentar el poder liberador que tiene ese “hacerse uno más entre ellos”, del no tener miedo a “rebajarse”, así como Jesús (Filip 2, Emaús) y buscar junto con ellos los caminos, las respuestas, las soluciones…

Ese estar entre los afrodescendientes como “compañero de camino” y no como guía o maestro, hizo que la gente comenzara a saborear y gustar la comunión y participación, a entender el valor y el poder del “cenáculo de apóstoles” soñado por San Daniel Comboni. Así nació la Hermandad de Misioneros Afroecuatorianos, el Camino Bíblico Afro, procesos de etnoeducación y recreación cultural en un contexto urbano, organizaciones y asociaciones afros con fines culturales y sociopolíticos, la pastoral juvenil afro…

El camino fraterno con los afros me permitió contemplar cómo “el objeto” se fue transformando en “sujeto” social y eclesial. Y todo comenzó cuando se descubrieron como seres humanos, hijos de Dios, misioneros del Padre. Y esta conciencia se siembra conviviendo con ellos, discutiendo con ellos, así como Jesús con sus discípulos: en el camino, en la casa, en la fiesta, en sus lugares… conversando, respondiendo a inquietudes, explicando, compartiendo sin prisas, sin lugares fijos… con frecuencia, lejos del templo.

El haber experimentado el poder regenerador de la fraternidad en el ser humano, me hizo pensar e imaginar al Hermano Misionero Comboniano como “partero” de ministerios laicales que van más allá de las estructuras del templo y de las cuestiones religiosas. De una ministerialidad que toca las cuestiones humanas y sociales; como acompañante de esos ministerios que nacen con proyección secular para infundirles el Espíritu y puedan ser la fuerza transformadora de Dios en la sociedad.

El camino con la gente, me hizo reconocerme como un Hermano religioso, es decir, un “experto” en establecer la conexión profunda entre el mundo y Dios, entre la carne y el espíritu, entre lo humano y lo divino. Un experto en ayudar al ser humano a comprender a Dios como ciudadano que actúa en esa sociedad en la que se encuentra a través de ese ser humano que se reconoce como su presencia.

5. Cuestionamientos y mirada hacia el futuro

¿Pero cómo garantizar que la fraternidad promotora de la humanidad de la gente se fortalezca y no termine diluida en la tradición evangelizadora que mira más lo litúrgico-sacramental? ¿Cómo hacer que el ministerio de encarnación de la Palabra en ministerios que tocan las cuestiones humanas y sociales pueda ser más visible y significativo en el Instituto, la Iglesia y la sociedad? Estas interrogantes encontraron respuesta en la propuesta planteada por San Daniel Comboni de establecer Centros de formación donde el africano no cambia y el misionero no muere.

Esta estrategia me pareció la más adecuada para la realidad numérica y dispersa del Hermano en el Insituto y, así poder pensar una figura física que acompañe el ministerio del Hermano, lo identifique, lo defina y lo haga más comprensible. Por eso, así como el sacerdote es acompañado por la figura de la parroquia, obra que explica y hace comprensible su ministerio, así comencé a imaginar una obra que pudiera detonar toda la fuerza ministerial de la fraternidad en el Instituto. Así nació la idea de las Obras Combonianas de Promoción Humana (OCPHs) y, el Centro Cultural Afroecuatoriano de Guayaquil, se convirtió en la primera de estas obras.

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA:

  1. ¿Qué es lo que me llama más la atención de esta experiencia religiosa? ¿Por qué?
  2. ¿Qué suscita esta experiencia en mí? ¿Por qué razón?
  3. ¿Qué nos dice a nosotros como comunidad?
  4. ¿Qué parte o partes de esta experiencia pueden iluminar el trabajo parroquial o los proyectos misioneros en nuestras comunidades/misiones?

PARA PROFUNDIZAR

Orientaciones del Papa Francisco y Benedicto XVI sobre la fraternidad

Reflexiones tomadas del documento “Apuntes para una espiritualidad misionera de la fraternidad” del Hno. Alberto Degán.

En ese tercer milenio el papa nos propone una misión fascinadora: combatir la “globalización de la indiferencia” construyendo la “globalización de la fraternidad”.  Naturalmente, es un llamado para todos los cristianos, pero en nosotros los Hermanos este llamado suscita sin duda un sentido de alegría y de responsabilidad particular.

  • Los primeros dos mensajes para la Jornada Mundial de la paz del papa Francisco (los mensajes de 2014 y 2015) son enteramente dedicados al tema de la fraternidad. “La fraternidad es el fundamento y el camino para la paz”, nos dice Francisco. De hecho, la paz y la justicia no son sólo una cuestión ‘técnica’ de hacer cambios estructurales para disminuir las escandalosas desigualdades que caracterizan el mundo de hoy, ni se trata únicamente de una cuestión política. La paz y la justicia son, ante todo, un desafío espiritual: sólo si nos sentimos hermanos, hijos del mismo Padre, los hombres estarán dispuestos a hacer los cambios y los ‘sacrificios’ necesarios para dar vida a una sociedad justa y fraterna. Como dijo Francisco en el mensaje Urbi et orbi para la Navidad de 2018, “sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos” (Salmo 84, 11-12).
  • El papa Benedicto propuso la fraternidad como principio económico: “El desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad”, afirma en su encíclica “Caritas in veritate” n. 34. Y añade: “El gran desafío que tenemos… es mostrar… que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria” (CV 36). Benedicto XVI propone que la lógica de la fraternidad re-configure nuestro sistema económico.
  • Más recientemente, el papa Francisco ha dedicado todo el mensaje para la Jornada Mundial de la paz de 2014 al tema de la fraternidad: “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Los títulos de las distintas partes de este documento son: “Todos ustedes son hermanos, (Mt 23,8)”, “La fraternidad, premisa para vencer la pobreza”, “El redescubrimiento de la fraternidad en la economía”, “La fraternidad extingue la guerra”, “La fraternidad genera paz social”, “La fraternidad ayuda a proteger y a cultivar la naturaleza”. Sólo dando una rápida mirada a estos títulos, llegamos a entender que para Francisco la fraternidad – lejos de ser un concepto aleatorio y ‘romántico’ –  es un principio de fe muy concreto con ineludibles implicaciones sociales, políticas y económicas. Según el papa no se puede construir la justicia social si antes no cultivamos en nuestros corazones un profundo sentimiento de fraternidad.
  • La primera parte de este Documento se titula “¿Dónde está tu hermano?” (Gen 4,9). En la Biblia, ésta es la segunda pregunta que Dios dirige al hombre, y eso significa que para Dios es una cuestión fundamental. El ser humano, así como fue concebido por nuestro Creador, realiza su humanidad cuando sale de su egoísmo y se preocupa por la condición de vida de sus hermanos, cuando entra en una lógica de comunión y de fraternidad que le hace percibir que su vida tiene sentido sólo si será vivida en una actitud de solidaridad con sus congéneres. En otras palabras, para Dios ser humanos significa ser y sentirnos hermanos.
  • Jesús se presenta a nosotros como el “primogénito en medio de muchos hermanos” (Rm 8,29): la fraternidad es el camino trazado por Dios para la realización de nuestra humanidad. Como dice un proverbio africano, “yo soy un ser humano porque tú eres un ser humano”, o sea: ‘Yo me siento bien y puedo realizar mi humanidad cuando veo que también mis hermanos están bien y la pueden realizar’. Pero en nuestra sociedad prevalece la lógica contraria, la del antiguo adagio latín “Mors tua vita mea”, que significa: “Tu muerte es mi vida”, “Sólo si te mato y me adueño de tus bienes yo puedo vivir feliz”.

Así, no hay que sorprenderse si Helmut Maucher – presidente de la multinacional Nestlé en los años ’80 y ’90 – llegó a decir que él necesitaba de ejecutivos con “instinto asesino”. De esta manera, como afirma el economista Hinkelammert, “la lucha por asesinar al otro es vista como fuente de prosperidad y de vida”. Así, el evangelizador propone el modelo y la espiritualidad del hombre-hermano contra el modelo y la ‘espiritualidad’ del hombre-killer.

Para combatir la injusticia y la pobreza, entonces, hace falta una “revolución espiritual”, una espiritualidad de la fraternidad que nos haga entender que la derrota y la muerte de mi hermano será también, tarde o temprano, mi derrota y mi muerte. Como dijo Martín Luther King, “o lograremos vivir como hermanos o moriremos todos como necios”.

  • En la Evangelii Gaudium (n.186) Francisco afirma que nuestro amor por “los más abandonados de la sociedad” deriva “de nuestra fe en Cristo siempre cercano a los pobres”. Sin duda, frente a tantos enormes desafíos, a menudo nos sentimos pequeños e impotentes: no tenemos respuestas inmediatas sobre el QUÉ HACER. Pero Jesús nos da una indicación muy clara sobre el DÓNDE ESTAR: hoy, como ayer, Jesús “siempre cercano a los pobres” nos llama a estar CERCA DE LOS POBRES, CERCA DE LOS ÚLTIMOS.

Nuestro Capítulo General de 2015 ha acogido esta invitación del papa, y por eso ha indicado como primer criterio para recalificar nuestros compromisos el criterio de la “cercanía a los pobres” (AC15 n.44.5). Se trata de un criterio que para nosotros los Hermanos combonianos tiene un valor especial, porque nuestro Fundador nos veía como aquellos que estamos más cerca de la gente, porque pasamos más tiempo con ella: “En África central los hermanos artesanos bien preparados contribuyen a nuestro apostolado en mayor medida que los sacerdotes a la conversión, porque los alumnos negros y los neófitos (la mayor parte de los cuales… han de permanecer un espacio de tiempo bastante largo con los ‘maestros’ y ‘expertos’, quienes con la palabra y el ejemplo son verdaderos apóstoles para sus alumnos) están con los hermanos, y los observan y escuchan más de lo que pueden observar y escuchar a los sacerdotes” (E5831).

Nota: Mirar también la última encíclica del Papa Francisco “Fratelli Tutti” sobre la fraternidad y la amistad social (03 de octubre del 2020).

ORACIÓN PERSONAL

“Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad.” Jn 1,14

Reflexiones a partir de los encuentros continentales de Hermanos en América:

  • En medio de una mentalidad y tradición eclesial que aprisiona la Palabra de Dios en los templos, en los discursos teóricos y que difícilmente se atreve a ir más allá de las estructuras eclesiales y tocar las cuestiones humanas y sociales, se inserta la figura ministerial del Hermano Misionero Comboniano.
  • Su vocación de “hacer carne La Palabra”, en el contexto donde vive y convive, y de conformar al ser humano como hijo de Dios y hermano de todos, lo conduce a abrir caminos e iniciativas que no se limitan a las estructuras y tradiciones eclesiales, porque la “encarnación misionera de la Palabra” la vive en sintonía con los tiempos y los lugares donde se encuentra.
  • El espíritu fraterno de Dios lo conduce a la inserción en la vida y cotidianidad de la gente, por eso, es capaz de descubrir y rescatar la riqueza y experiencia de individuos y grupos humanos que acompaña misioneramente, con la finalidad de enriquecer a la Iglesia, a la sociedad y promover  lo verdaderamente humano de los pueblos por donde pasa, como obra y revelación de Dios que debe ser conocida, reconocida, valorada, asumida y propuesta por la Iglesia al mundo.
  • La convivencia fraterna con la gente, desde la conciencia y espíritu misionero, lo convierte en el “radar” que capta los signos, las señales, los ruidos, los desafíos… que la realidad humana y social plantean en el hoy y aquí. Por eso, su palabra y aportación es determinante en el dinamismo, creatividad y actualización de la misión comboniana.
  • Su rostro evangélico-social fraterno lo convierte en “puente” entre la sociedad y la Iglesia, entre lo secular y lo religioso, entre el laicado y el clero. Precisamente por eso, se convierte en el rostro social del compromiso misionero de la Iglesia. Esta dimensión vocacional lo inserta en el núcleo de la sensibilidad humana que busca solidaridad, justicia, paz, compromiso transformador de la sociedad. Su vocación lo convierte en una presencia que fortalece la conciencia y el espíritu del ser humano a vivir el Reino como justicia, paz, gozo (Rm 14, 17ss)…
  • El papel del Hermano como consagrado y ministro de Cristo, entonces, es la edificación y el crecimiento humano y cristiano de las personas y comunidades, desde la perspectiva del Evangelio, por eso, su acción no excluye el ministerio de la Palabra. Su presencia evangelizadora entre la gente, enfatiza la dimensión de la fraternidad en todos sus aspectos: desarrollo integral de las personas, la promoción de la justicia, la paz, los Derechos Humanos… es decir su ministerio toca directamente las cuestiones sociales, antropológicas y culturales desde la óptica del Reino de Dios.

COMPARTIR EN COMUNIDAD Y LINEAS DE ACCIÓN

  1. En un ambiente de oración y de escucha mutua, compartamos en comunidad los frutos de la oración personal.
  2. Reflexionemos juntos:
    1. ¿Qué te hace pensar lo que hemos compartido y orado sobre el ministerio del Hermano?
    1. ¿A qué sientes que nos invita el Espíritu, de manera personal, comunitaria, provincial y como Instituto?
    1. ¿Cómo podemos responder de manera concreta a las invitaciones del Espíritu?
    1. Nuestro compromiso es: ____________________________

“El ministerio de los Hermanos, discípulos del Cristo fraterno, presta atención a la dimensión de la fraternidad en todos sus aspectos, incluyendo el desarrollo integral de las personas, la promoción de la justicia, la paz y los Derechos Humanos. Por lo tanto, es un ministerio abierto predominantemente a la dimensión social, antropológica y cultural del Reino de Dios, orientado a la transformación social, al testimonio y al anuncio de la fraternidad y a la animación de la comunidad cristiana”.

SUGERENCIAS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA:

En el momento del PADRE NUESTRO, guardar un momento prolongado de silencio para pensar en la fraternidad que nace de Dios.

¡Ánimo, humildes del mundo!” (El sermón del monte)

bienaventuranzas
bienaventuranzas

Un comentario a Mt 5, 1-12 (Todos los Santos, 1 de noviembre de 2020)

Leemos, en este día de Todos los Santos, el texto conocido como “las bienaventuranzas” en el evangelio de Mateo. Se dice que el padre de la India moderna, Mohatma Ghandi, mostró una gran admiración por este texto de extraordinaria belleza, aunque los cristianos no siempre lo entendemos bien.  También se dice que este texto es como la carta magna del Evangelio, de ese modo de vida, que llamamos santidad. En este breve comentario tampoco yo no voy a entrar en esa dimensión de santidad, sino en su dimensión de “buena noticia” para los pobres:

  1. La gente a la que se dirige Jesús.

Ante de reproducir estas palabras que conocemos como “las bienaventuranzas”, Mateo nos describe el tipo de gente que seguía a Jesús por los pueblos y caminos de Galilea: “Le trajeron todos los que se sentían mal, aquejados de enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos…”.

A Jesús acudían multitudes de personas que se sentían pobres y abandonadas, llenas de problemas, necesitadas de sanación, consuelo y esperanza. ¿Piensan que eso sucedía solo en tiempos de Jesús? Yo sigo viendo a miles y miles de personas que acuden hoy a los santuarios o a muchos otros lugares en busca de sostén físico y espiritual. ¿Nos contamos también nosotros entre los miembros de esas multitudes necesitadas de sanación, ánimo y consuelo? Yo creo que sí. Cuando nos quitamos una cierta máscara de orgullo, en el fondo de nosotros mismos muchas veces nos sentimos pobres y desanimados.

  • Un mensaje de parte de Dios

“Al ver a la gente –sigue Mateo– Jesús subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles”.

Como sabemos “subir al monte” significa “ponerse en contacto con Dios” y “sentarse” significa “ocupar la cátedra”, enseñar con autoridad, la autoridad que viene de una sabiduría adquirida en la relación con Dios (oración), una sabiduría que va más allá de la rutina y de los eslóganes al uso, una sabiduría que ve las cosas con más profundidad y verdad, una sabiduría nueva que ilumina en profundidad nuestra vida.

Participar en la Eucaristía dominical, leer y meditar la Palabra, escuchar al Espíritu que nos habla en nuestro propio corazón o  a través de alguna persona nos ayuda a ir más allá de una sabiduría “rastrera”, empequeñecida, de bajos vuelos. Con Jesús vemos las cosas mejor, con una mirada más amplia y más profunda.

  • El mensaje es: “ánimo, adelante, no se desanimen”

Como sabemos, el evangelio de Mateo escribió en griego, aunque refiriéndose frecuentemente a expresiones probablemente dichas en arameo o leídas en el hebreo de la Biblia. Ahora nosotros lo leemos en nuestra propia lengua, pero cuando se traduce de una lengua a  otra no siempre es fácil dar la idea exacta del original. En este caso, algunas biblias usan la expresión “bienaventurados”; otras prefieren la palabra “dichosos”; algunas escriben “felices”. A mí, personalmente, me gusta la que usa Richard, un biblista que trabajó en Centroamérica hace algunos años. Él traduce: “Arriba, adelante”.  Es decir, “ánimo, no tengan miedo, levántense, pónganse en pie, renueven su esperanza”.

De hecho, muchas veces Jesús se dirige a los enfermos o a los pecadores con expresiones similares: “levántate”, “ánimo, tu fe te ha salvado”, “nadie te ha condenado… vete y no peques más”. Y ese es el mensaje para los que alguna vez, a pesar de actuar honesta y sinceramente, se sienten disminuidos, humillados, perseguidos, cansados y con ganas de “arrojar la toalla”. Jesús les dice: ánimo, no se cansen, confíen en Dios, el bien va a triunfar sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la humildad sobre el orgullo, la honestidad sobre la corrupción. No se desanimen, sigan confiando, que el Reino de Dios está en ustedes.

Si escuchamos este mensaje, nuestra vida adquiere unos tonos de confianza y esperanza, que nos hace dichosos, bienaventurados, afortunados. Seguir a Jesús es verdaderamente una gran fortuna. Que nadie nos robe esta alegría, que nadie apague en nosotros esta esperanza.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Campaña sobre los efectos nocivos de la actividad minera en la salud y el medio ambiente

Piquia
Piquia

Hoy, 29 de octubre, la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), junto con Justiça nos Trilhos (Justicia en las vías), lanzó una campaña para alertar a los ciudadanos del mundo que consumen inconscientemente los productos de las empresas mineras y siderúrgicas que durante más de tres décadas han venido deteriorando la salud y contaminando el medio ambiente de la comunidad de Piquiá de Baixo, en la Amazonia brasileña.

La campaña marca el 30º aniversario del Grupo Ferroeste en el municipio de Açailândia e invita a todos a apoyar la lucha por los derechos de esta comunidad, a la que las empresas y el Estado han cerrado los ojos durante tanto tiempo.

Para saber más: https://bit.ly/3kFKur8