Laicos Misioneros Combonianos

Primeros días de Marisa en Mozambique

Marisa MozambiqueJueves, 10 de agosto de 2017
Son las 5:00 de la mañana y la agitación dentro del avión sugiere que el aterrizaje en Mozambique está llegando. Algunos todavía duermen. Está siendo un vuelo tranquilo, con tiempo para todo: descanso, ver películas, impaciencia, ganas de estirar las piernas,… “¡Todo esto está sucediendo!”. El señor que viaja en la ventana, a mi izquierda, abre la “cortina”. ¡Wow! Está amaneciendo, que bendición: el primero, primerísimo milagro del que soy testigo en esta tierra es el amanecer. Magnífico. No consigo ver sino un cuadro pincelado con colores cálidos. Es imposible quedar estéril ante tanta belleza, estos colores me llenan de alegría y me calientan. Me entran ganas de aterrizar ahora mismo.
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¡Estoy en Mozambique! Llegué a Maputo. Hace calor y los olores se notan aún más con la temperatura. Los colores contrastan entre sí, el azul de la bahía parece unirse al cielo. La gente es sonriente y curiosa. Hay alma nueva aquí. La vida ocurre a un ritmo bastante singular.
A mi espera en el aeropuerto estaba el Padre Pablo, Misionero Comboniano. Me aguarda con una revista “Audacia”, sonríe tan pronto como me percaté del “código de localización / identificación” – “menos es más” y “para buen entendedor pocas palabras bastan”.
Me llevó a la Casa Provincial. Por el camino me mostró alguna que otra cosa. Pasé la mañana en aquella Comunidad de Maputo.
Después del almuerzo me dirigí al aeropuerto. Si Dios quiere, al final de la tarde estaré en Nampula con Kasia.
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Estaría más o menos a mitad del viaje de Maputo a Nampula cuando Samuel, de 6 años, comenzó a recorrer el avión de un lado a otro repetidamente. El cojín con el que jugaba cayó cerca de mi lugar. Lo cogí y estiré el brazo para devolvérselo.
– ¿English? Abanó la cabeza hacia la izquierda. ¿Portugués? Abanó la cabeza hacia la derecha.
– Portugués, moví la cabeza concordando. Reímos e hicimos “más cinco!”.
Jugamos y conversamos un poco sobre todo y sobre nada.
En un momento dado me contó:
– Voy a encontrar a mi familia, a mis hermanos. ¿Y tú?
– Yo también – respondí sin pensar.
Reparé después de la respuesta que le había dado: “yo también”… Dios quiera y me ayude para que así sea.

Aterricé en Nampula al final de la tarde. Estaba ya oscuro. Todavía estaba esperando las maletas cuando Kasia entró en la “sala”… ¡Qué bueno sentirme acogida y recibida con ese entusiasmo que la hizo “invadir” ese espacio para venir a mi encuentro!
De allí fuimos a casa de las Hermanas. Cenamos, hablamos, descansamos. Al ir al cuarto me di cuenta “realmente” de la novedad que estaba ocurriendo: red mosquitera en la cama. No hay duda, “¡esto está sucediendo!”.
Me tumbé feliz y agradecida a Dios por todas las gracias que he me ha dado hasta ahora, particularmente, a lo largo del día de hoy. El resto, que sea como Él quiera.
Viernes, 11 de agosto de 2017
Esta tarde, yo y Kasia, retomamos camino, ahora a Carapira, donde está nuestra misión, nuestra casa. Por el camino me deleité con el paisaje. Mi primera o ‘mayor’ impresión de África, de Mozambique, es el espacio – un espacio donde se pierde la vista, donde todos los caminos son largos, en los que hay un silencio del propio paisaje que se hace sentir dentro de nosotros. Un paisaje sin fin que nos demanda paciencia y tiempo para la contemplación. Creo que es imposible no quedarse extasiado con esta poesía que habita el mundo y que es una inmensidad, el horizonte de Dios.
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Por la noche, después de la cena, recibimos en nuestra casa una pareja de laicos locales, los profesores Martinho y Margarita, las Hermanas Combonianas (Hermanas Clarinda, Eleonora, Maria José y Teresinha), el Hermano Luigi y el Padre Firmino. Fue un momento hermoso y alegre de convivencia que probó, una vez más, el sentido de hospitalidad, sobre todo, que aquí se vive.
Marisa MozambiqueMiércoles 16 de agosto de 2017
Me desperté esta noche pensando que la hora de levantarme estaría cerca. La falta de luz, dentro y fuera de la habitación, me decían que no. Tomé la linterna, apunté al reloj junto a la cama y los punteros me confirmaron que era noche, y bien de noche. Tenía al menos unas tres horas hasta las primeras señales del día. No pude dormir. Me senté en la cama, me incliné en la pared y descansé en la quietud tan singular que aquí se encuentra en horas como aquellas. “¡Qué paz!”, pensaba, mientras recordaba aquella hermosa expresión que tanto sentido me hizo de San Juan de la Cruz – “la noche es el tiempo de la casa sosegada”.

Jueves, 17 de agosto de 2017
Esta mañana paseé por primera vez por barrio, visitando la comunidad. En el camino de regreso mi corazón estaba lleno de alegría. Jugué con los niños. Aquellos que me hablaban en macúa, no conseguí entender lo que me decían. Así como tampoco me comprendían a mí. Pero reímos y jugamos, y con esta alegría de ser niños conseguimos asegurar afectivamente alguna comunicación no verbal. Con los niños, hasta ahora, por lo menos, ha funcionado…
Al pasar por la entrada de la escuela, conversando con Sergio estaba una señora. Nos saludamos:
– ¡Salama! Ihàli?
– ¡Salama! Khinyuwo?
Y no dio para más. Si no contara con la ayuda de Sergio, no habría entendido lo que ella me intentaba comunicar. Por un lado, me sentí agradecida: por la señora que, aun comprendiendo que necesitaba traducción sistemática, no desistió en hablar conmigo y preguntarme cómo estaba la familia y la salud; por la persona que me acompañó y tradujo pacientemente la conversación. Por otro lado, me sentía avergonzada por no entender lo que me estaba diciendo (no sólo allí, en aquel momento, pero durante toda la mañana, y en otros momentos singulares durante la semana, como por ejemplo, en la eucaristía del Domingo que se celebró en lengua Macúa).
“Depender de traducciones exige paciencia y humildad… arrodíllate Marisa, hazte pequeña y agradece”, me consolé.
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Regresé a casa. Estaba arreglando unas cosas cuando oigo una voz joven:
– Hoti? (¿Con permiso?)
– Hotìni (por favor), respondí.
Abrí la puerta y una joven me esperaba con una sonrisa. ¡Cáspita! Estoy sola en casa… si me viene a pedir ayuda para lo que sea, no sé cómo voy a responderle porque todavía no conozco nada… “, pensaba mientras salía…
– Soy Ancha, ¿oíste hablar de mí? He venido a presentarme y darte la bienvenida…
Allí hablamos durante un rato. “Tiempo”… las personas aquí conversan y “pasan” tiempo unos con otros – desinteresadamente. Este preliminar fue una lección más. Aprende, Marisa.
Al despedirse me dijo cualquier cosa en macúa. No comprendí ni conseguí devolverle una respuesta. “Tengo que aprender cualquier cosa de macúa… es lo mínimo que siento que puedo hacer, por ahora, como reconocimiento a tanta hospitalidad del pueblo…”, me dije a mí misma al entrar en casa.
Aun así… a pesar de la incomodidad que podemos sentir cuando no sabemos algo, no saber «nada» también conlleva algo de salud interior y creatividad.

Marisa MozambiqueMarisa Almeida, LMC en Mozambique

Mensaje del Papa Francisco para la jornada Mundial de las Misiones 2017

PapaFrancisco

La misión en el corazón de la fe cristiana

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida

1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo

3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).

4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio

6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

7. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión

8. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias

9. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización

10. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Vaticano, 4 de junio de 2017
Solemnidad de Pentecostés

Francisco

La acogida de los nuevos paradigmas y desafíos de la misión

Paradigma-missione

Paradigma-missioneRetomando la visión del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco ha elegido el paradigma de la “Iglesia en salida” en el programa misionero de nuestro tiempo. Esta recuperación es importante en el contexto del mundo de hoy, que está en fuerte discontinuidad con el pasado. “No vivimos en una época de cambio sino en un cambio de época”: con estas palabras el Papa nos recordaba que los viejos patrones con los cuales interpretamos el mundo y la misión ya no son eficaces para enfrentar los desafíos de hoy. La nueva realidad global requiere de una “misión global”, considerada en toda su complejidad y con suposiciones, estilo e instrumentos renovados respetan la tradición del pasado (EG, 33).

El esquema clásico que veía las iglesias del Norte enviar misioneros al hemisferio Sur está superado por los cambios en décadas, con la globalización y movilidad humana que han alcanzado niveles nunca antes vistos. También las circunscripciones combonianas reflejan este cambio en la composición del personal, enviando misioneros a otras provincias, en el hecho de la animación misionera que es un empeño presente en todas partes y ya no es un campo de servicio exclusivo de las provincias del norte del mundo.

El criterio geográfico de la misión ya no es el principal punto de referencia. Permanece la idea de frontera pero ésta ahora califica las periferias humanas y existenciales. Es un gran desafío para los institutos misioneros, cuya mayoría de miembros ha unido probablemente al Instituto mediante la identificación de la misión con un área geográfico particular. Hay un vínculo emocional con la geografía y la historia; la noción de “misión global” genera cierta incomodidad, temor a verse “bloqueados” en el hemisferio norte o en su provincia de origen por la idea de que “la misión está en todas partes”, o también “en Europa”. De hecho, esta preocupación comprensible y justificada –refleja aún el patrón geográfico, que es aquel que se decía superado. ¿Cómo pensar, entonces, en una alternativa, más sensible a la realidad de hoy?

El Papa Francisco nos invita a partir desde las fronteras, las “periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG. 20). Estos no son simplemente un dato geográfico, sino el resultado de un sistema financiero que genera la exclusión, la cultura de usar y tirar que produce el empobrecimiento y la violencia. Llevar la luz del Evangelio a estos suburbios implica la primera inserción, es decir:

  • una presencia arraigada en el territorio;
  • un compromiso en la vida cotidiana de las personas;
  • una solidaridad con sus sufrimientos y necesidades;
  • un acompañamiento a esta humanidad a lo largo de todos sus procesos, por cuánto tiempo y dificultades presenten.

Ahí radica la clave de este enfoque ministerial: este acompañamiento no es genérico, no es una Pastoral ordinaria llevada a las periferias. En el Capítulo General de 2015 ha surgido que estamos presentes en algunos barrios muy significativos por nuestro carisma, como entre los afrodescendientes y los pueblos indígenas en América Latina, o entre los nómadas y habitantes de suburbios de África. Pero a menudo no hay una atención pastoral específica que tenga en cuenta las peculiaridades del contexto, situaciones, cultura local, la singularidad de las personas. Una pastoral que, en la complejidad del mundo actual, requiere la articulación de diferentes ministerios y la evangelización como comunidad. Comunidades apostólicas que no sólo trabajan en conjunto identificando y compartiendo sus dones, sino que atestiguan el Reino viviendo la fraternidad y comunión en la diversidad.

Todos estos elementos no son “nuevos”; tomados en sí mismos ya pueden estar presentes en las diferentes experiencias del Instituto y ya se han expresado en varios Capítulos. Pero estamos llamados a asumirlos en una nueva perspectiva o paradigma, un punto de vista acerca de la misión que reorganice todos los aspectos fundamentales. La imagen de la “Iglesia en salida” es un icono que indica una idea de misión y metodología pastoral (tomar la iniciativa, comprometerse, acompañar, fructificar, celebrar, EG 24). Es paradigmática, porque también requiere que otras dimensiones fundamentales, como la formación y la organización del Instituto a diversos niveles, sean coherentes y dirigidas hacia esta misión.

En este punto, ¿cómo podemos acoger en práctica este paradigma y qué retos debemos afrontar? El capítulo nos sugiere que partamos de la misión, a partir de la identificación de las prioridades continentales, compartidas por otras circunscripciones y vividas en una mayor colaboración, a nivel interprovincial o continental. En el contexto de estas prioridades, estamos llamados a desarrollar pastorales específicas como la recualificación de nuestra presencia y servicio misionero. Manteniendo este punto central, tenemos un punto de referencia para repensar la formación y reorganización del Instituto.

  1. Desarrollar las pastorales específicas

Desarrollar una pastoral específica es una tarea eclesial, no puede realizarse en solitario. Exige diálogo, participación, colaboración, diversidad de conocimientos y experiencias. Sobre todo, necesitamos un método que mejorará todas las contribuciones, aceptar experiencias y perspectivas diferentes y crear comunión en la diversidad. Una atención pastoral específica se da cuando, a pesar de la variedad de opiniones, perspectivas teológicas, sensibilidad y ministerios, todos pueden reconocerse sin tener que anular la propia identidad. Es un punto de fundamental importancia, especialmente en una Instituto que está creciendo en el internacionalidad y que comienza a experimentar el desafío de la interculturalidad.

Todo esto es posible a partir del compartir la base de las experiencias más transformadoras en relación a la pastoral específica tomada en consideración, con un enfoque de “indagación apreciativa” (Appreciative Inquiry). La reflexión común sobre estas experiencias regeneradoras hace surgir nuevas intuiciones  y comprensiones de lo que hace un ministerio fructífero en ese contexto.

Para entender mejor por qué de la efectividad y para profundizar las dinámicas, estas experiencias se confrontan entonces con un análisis socio-cultural de los contextos de la pastoral específica, para captar en el panorama general, las dinámicas y las tendencias.

Asimismo, una reflexión teológica y ministerial específica sobre esa realidad nos ayuda a enfocar mejor nuestros ministerios y a identificar los instrumentos operativos más adecuados.

El siguiente paso es el discernimiento participado de ciertos principios que puedan guiarnos en ese particular contexto de pastoral específico. Precisamente porque estas directrices no dan soluciones prefabricadas, pero dejan espacio para adaptarse a situaciones específicas y para la creatividad. Sobre esta base se podrá construir un camino de comunión para experimentar, descubrir, aprender, compartir, intercambiar experiencias y personal, documentando hallazgos y resultados, y así sucesivamente en posteriores ciclos de acción-reflexión (Action Learning).

  1. La reorganización

Para desarrollar con éxito y apoyar pastorales específicas es necesario llegar gradualmente a una reorganización de nuestra presencia y manera de operar. Hasta ahora nuestra presencia misionera se ha basado principalmente en criterios geográficos: los hermanos se asignan a una provincia y luego, dependiendo de las necesidades, se asignan a una comunidad. Esta estructura refleja la suposición de que – más allá de algunos servicios especiales – generalmente el trabajo misionero consista en fundar o llevar a la maduración las comunidades cristianas o parroquias. Pero esta no es la única forma posible de pensar la organización del trabajo misionero.

Por ejemplo, los jesuitas desde hace varias décadas han empezado a pensar en su servicio misionero en respuesta a las necesidades humanas de refugiados (JRS), personas afectadas por el SIDA (AJAN) y las situaciones de injusticia (centros de fe-Justicia.-. Faith-justice). El personal viene adecuadamente capacitado y asignado a estos servicios.

En los últimos años, también el Instituto Comboniano emprendió una reflexión sobre el enfoque ministerial, mirando en particular a ciertos grupos de personas que sufren exclusión y ministerios en áreas prioritarias (CA ’03 n. 43 y 50; CA ’09 n. 62-63; CA ’15 n. 45). Obviamente la característica geográfica es inevitable, ya que incluso estos grupos humanos son colocados en sitios espaciales, la inserción en la iglesia local exige también una presencia parroquial, pero el criterio guía es el ministerio específico hacia estos pueblos que requiere:

  1. Equipos pastorales. Se componen de varios ministros, con competencias específicas y una gran variedad de habilidades personales, que colaboran como un equipo. Dada la complejidad del mundo actual, es apropiado reunir habilidades de diferente género, como por ejemplo aquellas de ciencias humanas y sociales.La diversidad de habilidades ayuda en la colaboración; la diversidad de nacionalidades y culturas dentro del equipo, vivida en la fraternidad, son un signo profético en un mundo cada vez más dividido y en conflicto. Esta comunión/solidaridad es lo que distingue a un equipo de pastoral, que no sólo es un equipo de trabajo compacto y eficaz, sino una fraternidad de discípulos y misioneros.Evidentemente, las comunidades de tamaño mediano tendrán mayor probabilidad de ser significativas, pudiendo reunir habilidades complementarias y transversales (como el de GPIC), cubrirán  mejor las ausencias por razones de vacaciones o salud, desarrollarán una reflexión más rica y compartirán recursos y conocimientos con otras comunidades comprometidas con el mismo cuidado pastoral específico. Esto requiere una reducción en el número de comunidades, pero facilita la red, desde el nivel local hasta el interprovincial.
  2. Creación de redes. El equipo pastoral no funciona aisladamente, sino que ante todo se inserta y colabora con la iglesia local. Va aún más lejos mediante la cooperación con diversos componentes de la sociedad civil para la transformación social inspirada en los valores del Reino. También hay otros niveles de colaboración que la experiencia nos señala como críticos: por ejemplo el establecimiento de una red con otras comunidades y equipos ministeriales, tanto a nivel regional como a escala internacional. Sin este apoyo y estímulo continuo a la apertura y crecimiento, al intercambio y compartir de recursos, un equipo local pronto se quedará sin oxígeno. Especialmente en materia de investigación, experimentación, aprendizaje continuo y la reflexión sobre las buenas prácticas y la innovación. El mundo continúa moviéndose, mientras que el equipo está en peligro de detenerse y fosilizarse, o de reaccionar a las situaciones en lugar de responder creativamente.
  3. Estructuras de apoyo. Los diversos equipos comprometidos con una pastoral específica a nivel local necesitan estructuras de conexión y de apoyo. Este sería también el mejor contexto para ofrecer cursos de formación permanente, investigación y experiencias para acompañar mejor a las personas en su camino de inclusión y transformación. La colaboración con instituciones académicas y de investigación, por ejemplo, pueden ser un recurso útil, así como secretariados específicos y procesos de investigación y de acción participativa.También tenemos que repensar las estructuras en las que vivimos o que administramos en nuestro ministerio. Estas, en efecto, pueden poner cierta distancia entre el pueblo y los misioneros, o incluso simplemente absorben tanto para la administración que nos hacen perder el contacto directo con la gente o la disponibilidad de caminar junto a ellos. Debe señalarse también que el Fondo Común Total es una oportunidad que nos puede ayudar a hacer una programación participativa y responsabilizada en el contexto de una atención pastoral específica a nivel provincial. La dimensión económica, de hecho, se refiere a las opciones hechas del estilo de vida, medios, cooperación y programación de un sector pastoral, con las cuales interactúan proyectos comunitarios. Por último, la reducción de compromisos y la recualificación de las presencias, y servicios misioneros requeridos por el último Capítulo General se convertirá en una realidad si tenemos las herramientas y el método para alcanzarlos a través de caminos de comunión, incluyentes y participativos. En este modo se juega la efectividad de un liderazgo que no es sólo administrativo, sino que nos lleve hacia una nueva primavera.

3. Objetivo de la formación

Formación de base, incluso, debería revisarse para desarrollar habilidades ministeriales, especialmente en relación con el currículo de los escolásticos. Los programas teológicos, que típicamente ofrecen una preparación académica teológica, no necesariamente preparan para las actitudes y habilidades útiles para el enfoque ministerial, ni nos brindan apoyo, metodologías y herramientas prácticas que beneficiarían a una pastoral específica. Ni que decir tiene que un currículo será más útil cuanto más se aproxime a las opciones ministeriales específicas del Instituto. Se podría pensar, por tanto, en la posibilidad de caracterizar la formación en los escolasticados con las directrices coherentes con las prioridades ministeriales del continente donde se encuentran. Aunque si posteriormente un hermano fuera a trabajar en otros contextos, las habilidades ministeriales recibidas, serán en parte transferibles y le servirán de base para aprender otros nuevos.

En conclusión, la recepción del nuevo paradigma de misión no significa desechar el pasado para introducir cosas totalmente nuevas. Más bien, es enfocar e integrar los diferentes aspectos de la vida y del servicio misionero (pastorales específicas, personas, reorganización, economía) alrededor de la visión de misión indicada por Capítulo y a los procesos participativos de mejoramiento de nuestras presencias y servicio misionero.
Hno. Alberto Parise mccj

Preguntas

  1. Para desarrollar la pastoral específica se requiere una lectura minuciosa de la realidad. ¿Es práctica común (en las comunidades, circunscripciones, regiones y continentes) una interpretación de la realidad (por ejemplo, a través de la adopción del círculo hermenéutico) para identificar necesidades pastorales y adoptar modalidades de presencia e intervención que den respuesta a estas necesidades?
  2. ¿Qué pasos se han dado en la circunscripción para replantearse los objetivos, la estructura, el estilo y los métodos de evangelización según una perspectiva ministerial?
  3. Determinados ministerios (relacionados con, por ejemplo, los afro-descendientes y los pueblos indígenas en América Latina, los pueblos nómadas (pastoralistas) en África y los habitantes de suburbios, refugiados etc.) requieren, además de los equipos pastorales, un trabajo en redes y estructuras de apoyo que tienen perspectivas pastorales continentales. ¿Hasta qué punto nuestra planificación pastoral consigue superar los límites geográficos de la circunscripción y adoptar un enfoque continental? ¿Qué estructuras continentales deben fortalecerse para fomentar un criterio continental para las necesidades pastorales comunes?

Escuela de Verano en Etiopía

CLM Ethiopia¿Cuál es la mejor manera de pasar las vacaciones? Esta pregunta no estaba en la cabeza de los niños que viven en el barrio de la clínica en la que trabajo. Vienen principalmente de familias pobres y grandes y sus padres no pueden permitirse ninguna actividad de vacaciones para ellos. El tiempo pasa mientras se aburren. Nosotros decidimos sacarlos de este verano ocioso.

Usando su tiempo, que tienen en abundancia, y con los medios económicos recibidos del grupo de los Laicos Misioneros Combonianos de Polonia, tratamos de prepararles algo divertido y útil al mismo tiempo. Organizamos una escuela de verano. 80 niños y niñas de entre 12 a 18 años participaron en ella. Los niños se dividieron en tres grupos: los niños mayores y las niñas por separado y los estudiantes más jóvenes – juntos. Cada grupo asistió a un programa de una semana.

Empezamos cada día con la oración del ” Padre Nuestro”. Durante las clases se les enseñó sobre alimentos nutritivos, higiene, protección del medio ambiente, método de planificación familiar y primeros auxilios. Se les enseñó acerca de los problemas que enfrentan los adolescentes es decir: adicciones, SIDA, enfermedades de transmisión sexual, abortos, mutilación genital femenina y matrimonios prematuros forzados.

CLM EthiopiaCon el fin de aprovechar mejor el aprendizaje de las lecciones muchas se llevaron a cabo como actividades al aire libre: ejercicios prácticos o juegos. Después de las clases sobre comida nutritiva los niños fueron a hacer un poco de jardinería, donde aprendieron cómo hacer plantones y plantar verduras. Al final de la lección de higiene se distribuyeron cepillos de dientes y dentífricos y todos los niños se cepillaron los dientes. Durante el taller de primeros auxilios, cuando se mostraban películas cortas de “qué hacer”, seguían los ejercicios prácticos, donde los jóvenes estudiantes desempeñaban el papel de personas desmayadas, quemadas y ahogadas, así como de sus salvadores. Durante uno de los juegos aprendieron a comportarse adecuadamente frente a diferentes situaciones – por ejemplo al ver a una persona blanca cómo era mejor saludarla en lugar de llamar “Tu, Tu ,Tu”. Lo que aprendieron durante toda la semana lo pintaron durante la última lección.

CLM EthiopiaUna de las clases concernía a la creación del mundo. Se mostraron imágenes que demuestran la belleza del mundo creado por Dios, como los maravillosos paisajes de Etiopía, una hermosa puesta de sol en el lago Awassa (el lado donde viven). Justo después de eso se presentaron fotos de la basura esparcida en su vecindario. Después de este breve taller fuimos todos motivados a recoger la basura del complejo de la clínica.

Durante el receso escolar cada estudiante recibió un paquete de galletas. Cada niño recibía un almuerzo diario nutritivo: injera (comida típica) con verduras diferentes, lo que podría ser considerado como un buen ejemplo de comida nutritiva que aprendieron durante estas clases. La escuela terminó con una ceremonia oficial de graduación, donde se distribuyeron los certificados de asistencia. Cada estudiante recibió como regalo un conjunto escolar compuesto de libros de ejercicios, un bolígrafo, un lápiz y un afilador, lo que para muchas familias fue una reducción significativa de los gastos del hogar. Además, doce de los estudiantes más activos recibieron un conjunto de matemáticas extra (compás, regla, escuadra y cartabón).

A todos les gustó mucho la escuela. Los maestros estaban contentos de que los estudiantes estuvieran tan interesados ​​en todos los temas. Los niños ya están esperando otra escuela de verano el próximo año.

CLM EthiopiaTobiasz Lemański, LMC Etiopía

Encuentro de “evaluación” y convivencia – 11ª unidad formativa LMC

LMC PortugalEn los pasados ​​días 7, 8 y 9 de julio tuvo lugar en la casa de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús – MCCJ – de Viseu la 11ª unidad Formativa LMC.

El sábado, día 8, pudimos realizar la “evaluación” por parte de los candidatos, o mejor dicho… una conversación entre cada uno de los formandos y el equipo coordinador sobre los pasos que se van trazando en este camino de descubrimiento de la vida LMC.

La formación de dos años que se propone a los candidatos que aceptan la invitación de conocer lo que es ser LMC no se limita a estos dos años. Es una formación que lleva a la vida. Es la vida misma. Un camino de avances y retrocesos pero que, de tanto en tanto merece una atención y una “evaluación”, de cada uno para con uno mismo o en comunidad, en el compartir sobre “puntos de situación – en qué punto estoy en el camino como LMC”. Al final del día abrazamos la maravillosa llegada de las LMC’s Neuza y Paula, recién llegadas de la comunidad de Granada. Compartieron con nosotros su experiencia en la comunidad Lisanga, que vivieron con los LMC españoles Aitana y David. También compartieron un proyecto – el proyecto que llevarán adelante durante los dos años que estarán en Arequipa en misión. Este proyecto tendrá como telón de fondo la pastoral social y donde se trabajarán situaciones de violencia familiar, aproximación de la población al nuevo centro de salud, así como la formación de líderes (aprovechando los que ya se encuentran trabajando en la parroquia).

El domingo pudimos recibir a nuestra familia y amigos y juntos celebrar la familia que tenemos. Paula y Neuza una vez más hablaron de su experiencia en la comunidad Lisanga, esta vez no sólo para los LMCs sino también para los restantes familiares y amigos. Se siguió con la Eucaristía, el almuerzo compartido y una tarde animada de música, juegos y danza.

Agradecemos a todos la presencia (física y / o en oración). Fue un día muy bueno en el que se hizo presente la unión que San Daniel Comboni propuso a todos los pueblos. Es un orgullo pertenecer a una familia así. Estamos juntos en y para la vida.

Con amor, Carolina Fiúza