Laicos Misioneros Combonianos

Abrazo fraterno, alegría y disponibilidad al servicio

LMC Guatemala

Durante los meses de abril y mayo de 2026, nuestra comunidad vivió momentos de formación, reflexión y servicio misionero que fortalecieron nuestra fe y compromiso con el prójimo.

El sábado 19 de abril de 2026, en Casa Comboni, se realizó una jornada de formación enfocada en la madurez humana, cristiana y misionera. Se trabajaron temas de autoestima, autovaloración y discernimiento vocacional, reflexionando sobre el llamado de Dios y la importancia de perseverar en el camino misionero. También se fortaleció la formación comunitaria compartiendo enseñanzas inspiradas en el Padre Damián y Carlo Acutis, además de preparar material formativo para los LMC en San Luis Petén.

Posteriormente, el sábado 02 de mayo de 2026, en la Comunidad De León, El Manzanillo, San Lucas Sacatepéquez, vivimos una hermosa jornada misionera bajo el tema “Espíritu Santo, Alma de la Misión”. Entre oración, limpieza, visiteo, convivencia y talleres, compartimos momentos llenos de alegría, servicio y amor al prójimo, descubriendo a Cristo en cada persona visitada.

En el marco de la celebración del Día de la Madre, agradecimos especialmente a todas las madres por su amor y entrega, y de manera muy especial a nuestra Madre María, primera misionera y primer sagrario, ejemplo de fe, humildad y obediencia.

Que estas experiencias nos animen a no rendirnos, a continuar caminando con esperanza y a seguir sirviendo con alegría a quienes más lo necesitan.

“Las obras de Dios nacen y crecen al pie de la Cruz.” — San Daniel Comboni

LMC Guatemala

«El encuentro con Dios y con el prójimo»

LMC Kenia

Una vez al mes celebramos nuestro día de retiro, un momento especial para hacer una pausa, orar y profundizar en lo que ocurre en nuestros corazones y en nuestra misión. Aunque nuestra comunidad LMC de Chelopoy (Kenia) es pequeña y está formada por solo dos personas, es precisamente eso lo que confiere a este momento un carácter tan personal y profundo.

Dividimos el día de retiro en dos partes. En cada una de ellas, reflexionamos sobre un pasaje de la Sagrada Escritura, que se convierte en el punto de partida para la reflexión personal. Intentamos no solo leer la Palabra, sino permitir que realmente toque nuestras vidas: nuestras alegrías, luchas, preguntas y experiencias relacionadas con la misión. Es un momento de silencio, de escucha y de reflexión sincera en lo más profundo de nosotros mismos.

Tras la oración personal llega el momento de compartir lo que estamos viviendo. Y es a menudo entonces cuando descubrimos que, a pesar de las diferentes experiencias o formas de vivir nuestra fe, muchas de nuestras emociones y dificultades son muy similares. Estas conversaciones nos ayudan a comprendernos mejor unos a otros, a percibir cómo obra Dios en la vida de otra persona y a aprender una mayor apertura y apoyo mutuo.

Un día así también nos recuerda que la comunidad no depende del número de personas, sino de la presencia de Dios entre nosotros y de nuestra voluntad de estar juntos en la verdad. Incluso en una comunidad muy pequeña, se puede experimentar la gran fuerza de la unidad, el ánimo mutuo y la paz que nace de la oración compartida y de escucharnos unos a otros.

Estoy agradecida por cada uno de estos días: por el silencio, por las conversaciones y por la oportunidad de hacer una pausa y contemplar nuestra misión desde una nueva perspectiva. Es un tiempo que nos fortalece espiritualmente, nos ayuda a encontrar sentido a la vida cotidiana y nos recuerda que Dios nos guía paso a paso, incluso cuando el camino es exigente.

Iza, LMC en Chelopoy

Uno en Cristo, unidos en la misión

LMC Mexico

El retiro espiritual para los LMC es muy importante, nos ayuda a reconocer lo que Dios nos pide a cada persona, nos reconstruye cuando es necesario corregir algo en nuestra vida y nos prepara cuando es necesario tomar decisiones. Nuestro asesor el P. Filomeno Ceja MCCJ fue quien nos dio la introducción y el cierre del retiro. Nos acompaño por medio de los diálogos personales, sus consejos siempre son muy acertados y nos ayudan a la toma de decisiones tanto de forma personal como de grupo.

Mariana se conectó virtualmente desde la misión de Metlatónoc Guerrero para saludarnos, seguimos invitando personas que se puedan unir al proyecto misionero. Está muy contenta, siempre nos alegra verla tan feliz y cada vez más integrada en el servicio que realiza, siguiendo el plan de trabajo con la parroquia.

 El retiro mensual de medio día que realizamos los LMC en México es muy importante, nos prepara y nos ayuda a vivir mejor nuestro retiro anual de tres días, tener el tiempo para estar en la fuente y encontrar la gracia de Dios para nuestra persona, esta ocasión nuestro tema central fue el mensaje del Papa León XIV para el DOMUND 2026, “Uno en Cristo, Unidos en la Misión” el P. Héctor Manuel Peña MCCJ fue el predicador, tuvimos momentos de oración, tema, reflexión personal, lectio divina, compartir, adoración al Santísimo, la eucaristía, mismos que nos ayudaron a tener un encuentro personal con Dios.

Conseguimos estar 8 personas, Daniel, Alejandra (viuda), Cesar, Ana y Florencio (matrimonio), Hortensia, Adriana y Beatriz. Ha sido muy interesante ver como cada uno vamos caminando, los desafíos a vencer y la meta por alcanzar. Lamentamos que algunos compañeros por cuestiones de trabajo y estudio no pudieron estar, los tuvimos presente en la oración que siempre nos une.

Florencio y Ana en la misa Dominical de la comunidad de San Francisco del Rincón, Gto realizaron su promesa por un año para seguir el camino LMC, se han comprometido en seguir haciendo animación misionera de forma mensual y apoyar en la formación; Daniel se llevo tarea personal y seguir su crecimiento en el grupo, a Alejandra se le acompañara para que resuelva su situación personal, Cesar decidió dejar el grupo; Adriana, Hortensia y Beatriz seguirán en el equipo de coordinación.

Dios nos sigue confrontando desde nuestra realidad laical, regresar a lo cotidiano y hacer vida nuestro compromiso misionero no es fácil, pero sabemos que “Todo se puede en aquel que nos fortalece”, convencidos de seguir avanzando juntos en nuestro compromiso misionero para la Evangelización.

LMC México

Enfrentando las contradicciones en el territorio de misión

LMC Brasil

El Jueves Santo, dedicamos la mañana a un momento de oración en la finca de una familia de la comunidad de Ipê. Rezamos juntos y meditamos sobre el texto escrito por Valdeci acerca de la CF 2026.

Después dimos un paseo observando las evidentes contradicciones que nos rodeaban.

Ipê Amarelo es un barrio surgido de la organización de familias sin hogar que pagaban alquiler. Es una realidad de conquista de una vivienda en la década de los 90, en la que, con mucha lucha y resistencia, salieron de las lonas para instalarse en sus casas. Pero también tiene como límite un gran muro que marca la desigualdad social, ya que detrás de los muros, vigilados por guardias de seguridad, se encuentra uno de los complejos residenciales más lujosos de la región. La visita a las familias fue un momento para escuchar sus historias, conocer sus alegrías y retos, y saborear la hospitalidad característica de la comunidad.

Por la noche participamos en el lavatorio de pies en la comunidad de Nuestra Señora de Aparecida, un momento muy bonito que nos recordó que «somos la Iglesia del pan compartido, del abrazo y de la paz».

LMC Brasil

La misión que nace de la encarnación

LMC Brasil
LMC Brasil

La Campaña de la Fraternidad de 2026 nos invita a contemplar una de las afirmaciones más profundas de la fe cristiana: «Él vino a morar entre nosotros» (Jn 1,14). El prólogo del Evangelio de Juan revela el corazón del misterio de la encarnación. Dios no permaneció alejado de la realidad humana. El Verbo se hizo carne, asumió nuestra condición, entró en la historia y eligió habitar en medio de la humanidad. No vino como un visitante pasajero, sino como alguien que decidió compartir la vida, los dolores y las esperanzas de su pueblo.

La encarnación es, por tanto, el gran gesto de cercanía de Dios. En Jesús, Dios se acerca a la humanidad herida, especialmente a quienes viven al margen: los pobres, los excluidos, los olvidados de la sociedad. Cristo nace en una realidad sencilla, crece entre los pequeños, camina con los que sufren y anuncia un Reino donde los últimos ocupan el centro. Esta lógica del Evangelio rompe con la mentalidad del poder y la indiferencia, y revela a un Dios que elige la cercanía, la compasión y el servicio.

Esta perspectiva ilumina profundamente la espiritualidad misionera comboniana. Inspirados por San Daniel Comboni, los misioneros y misioneras están llamados a hacer el mismo movimiento de Jesús: salir al encuentro, vivir en medio y caminar junto a los más pobres. Comboni comprendió que la misión no se lleva a cabo desde una posición de superioridad o distancia, sino desde el compartir concreto de la vida con quienes más lo necesitan. Su sueño misionero era claro: salvar a África con la propia África, valorizando a los pueblos, sus culturas y su dignidad.

Dentro de esta lógica, los laicos misioneros combonianos desempeñan un papel esencial. Ellos dan testimonio de que la misión no es exclusiva de los religiosos o los sacerdotes, sino que es una vocación de todo el pueblo de Dios. El laico misionero es aquel que, insertado en la vida cotidiana —en el trabajo, en la familia, en la comunidad— se convierte en presencia viva del Evangelio. Asume la misión como estilo de vida, llevando la presencia de Cristo a los lugares donde a menudo la Iglesia institucional no logra llegar.

La encarnación nos enseña que Dios no transforma el mundo a distancia. Él se compromete con la realidad humana. Del mismo modo, los laicos misioneros combonianos están llamados a habitar las periferias existenciales, a acercarse a los dolores de la humanidad y a construir signos concretos de esperanza. Estar junto a los pobres no es solo una actitud de solidaridad social, sino una dimensión profunda de la fe cristiana. En los rostros de los pobres y vulnerables encontramos al mismo Cristo, que sigue interpelándonos.

En este sentido, el tema de la Campaña de la Fraternidad de 2026, «Vino a morar entre nosotros», se convierte también en una invitación para cada cristiano: permitir que Cristo siga habitando en el mundo a través de nuestras actitudes. Cuando nos acercamos a quienes sufren, cuando compartimos la vida con los olvidados, cuando luchamos para que todos tengan dignidad, estamos prolongando la presencia de Dios en medio de la humanidad.

Porque, donde se defiende la vida, donde se restaura la dignidad y donde se acoge a los pobres, allí Dios sigue habitando entre nosotros.

Valdeci Antônio Ferreira – LMC Brasil