Laicos Misioneros Combonianos

Aguilectores en Sahuayo 2017: viviendo los valores en familia con Humo Negro

AguilectoresEn días pasados se llevó a cabo el encuentro anual de Aguilectores, en una ambiente de alegría compartieron momentos de oración, juegos, dinámicas, alimentos y temas de interés actual, que los llevo a tomar conciencia desde pequeños de su realidad.

Se inauguró con un momento de animación entre cantos y bailes propios de la alegría de los niños, ayudándoles a integrarse en equipos de los colores misioneros para dar inicio al concurso de los dibujos, cuyo tema fue los valores en la familia, que se les pidió llevar, ello los motivó a unirse más para conseguir puntos y ser el equipo ganador, su premio sería publicarlos en nuestras revista.

En su análisis de la realidad, no pudo faltar el tema del internet y las redes sociales, así como los teléfonos móviles que han sido adictivos para la mayoría convirtiéndolos en esclavos, por lo que concordaron en seleccionar tres reglas para usarlos adecuadamente, reconociendo que son  útiles hoy en día para nuestra vida; son las siguientes: 1) hacer un horario para poder utilizarlos, 2) obedecer a la primera a nuestros papas/encargados, 3) utilizar el internet en compañía de un adulto.

Como tema principal de nuestro día fue el de “VIVIR LOS VALORES EN FAMILIA CON HUMO NEGRO” la maestra Rosita con sus hijos fueron explicando algunos de los valores que son de gran importancia para una sana convivencia familiar, como son: Pertenencia, fe, perdón, honestidad, curiosidad, respeto, flexibilidad, comunicación y generosidad. Donde todos los niños participaron muy amenamente dando aportaciones de su propia vivencia familiar, revelándonos lo importante que es para ellos el pertenecer a una familia natural.

Al medio día se celebró la Eucaristía para niños, al finalizar continuamos con una marcha por las calles aledañas al parque, entre el rezo del rosario se intercalaba cantos y porras. Concluyendo el evento con una comida fraterna entre los niños y colaboradores haciendo vida la alegría del evangelio.

Ante la prospera respuesta de los asistentes, se ha iniciado un nuevo proyecto de formación misionera infantil, todos los sábados de 09:00 am a 12:00 pm cuya sede es el Parque Mártires de Uganda.

¡Te esperamos!

Carlos Manuel Castillo Villanueva.

Animación Misionera en El Salvador

LMC Centro AmericaLa comunidad de LMC Provincia de Centro América, deberíamos estar presentes en Guatemala, El Salvador y Costa Rica, pues en estos tres países hay presencia Comboniana.

Actualmente estamos solo en  Guatemala.  En el Encuentro Americano de México  2016,  los guatemaltecos  nos comprometimos a trabajar para tener presencia en El Salvador y en Costa Rica, y ser realmente Provincia de Centro América, el pasado diciembre de 2016, hicimos nuestra primer experiencia de animación misionera en El Salvador.

Invitados por  el MCCJ, Padre  Máximo Huamán;  el 10 y 11 de diciembre pasado,  Hno. Humberto Rua,  Mireya Soto,  Miriam Herrador, y Lily Portillo, viajamos de Guatemala hacia El Salvador,  (fueron casi 7 horas de viaje en autobús).     Él muy generosamente había reunido a un grupo de personas interesadas en conocer esta parte de la familia comboniana.  Hubo respuestas muy positivas, varias personas se interesaron.  Y este año 2017, van a iniciar su formación comboniana, con el apoyo de P. Máximo y el nuestro.

Definitivamente, estamos seguros que Dios desea que el carisma y la identidad misionera desde la espiritualidad de San Daniel Comboni, llegue a más personas.  Nosotros, por Su gracia, somos  sencillos instrumentos suyos.

¡¡¡Bendito sea Dios!!!

No contentarse con lo mínimo

Comentario a Mt 5, 17-37 (6º Domingo ordinario, 12 de febrero de 2017)

Seguimos leyendo el capítulo 5º de Mateo, en el que se nos va explicando el perfil del discípulo de Jesús. Esta vez se nos habla de la relación del discípulo con la Ley, dando un principio general y tres ejemplos concretos. Veamos:

1) Un llamado a “ser mejores”
El principio general se podría enunciar de esta manera: “No se contenten con lo mínimo; al contrario, busquen siempre lo mejor”. Jesús dice: “Si no son mejores que los maestros de la Ley y los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos”. A veces se oye decir: Yo no soy tan malo, no mato, no robo, procuro no hacer daño a nadie… Eso está bien, pero no basta para ser discípulo de Jesús. El Maestro de Galilea quiere que aspiremos a un más alto grado de vida moral. No se trata de contentarnos con no hacer el mal, sino de aspirar a hacer el mayor bien posible, incluso, a “ser perfectos como mi Padre celestial es perfecto”. Y no olvidemos que la perfección consiste en el amor. Jesús no quiere que vivamos “a la defensiva”, procurando hacer el menos mal posible, sino “a la ofensiva”, tratando de ser “lo mejor posible”.

2) Tres ejemplos
Para explicar el principio anterior, Jesús pone cinco ejemplos, de los que hoy leemos tres:

-No se trata sólo de “no matar”, sino de vivir con los demás relaciones de respeto profundo, sin lo cual hasta los actos de culto quedan falsificados. Hoy diríamos: no se trata de evitar la guerra o los conflictos, sino de tomar a los otros en serio, reconocerles sus derechos y construir un mundo mejor para todos.

-No se trata de no cometer adulterio, sino de establecer entre varón y mujer unas relaciones nuevas de dignidad, respeto y fidelidad, que superen la “cosificación” del otro o de la otra; relaciones que van más allá de las apariencias y tienen su raíz en el corazón, es decir, en lo profundo de la persona. Las relaciones varón-mujer están pasando por un período de grandes cambios y todos tenemos que esforzarnos por encontrar un nuevo equilibrio social. En esa tarea me parece que las palabras de Jesús son muy iluminadoras.

-No se trata de no jurar en falso, sino de ser sinceros y honestos en nuestra comunicación con los demás. “Que su palabra sea sí, cuando es sí, y n, cuando es no”. No se trata de no mentir, sino de ser siempre veraces y auténticos. Una sociedad (o una familia) montada sobre la mentira pronto se convierte en un “infierno”; sin embargo, donde reina la verdad, se establecen relaciones constructivas en la familia, en el lugar de trabajo, en la sociedad en general.

¡Cuánta sabiduría hay en estas palabras de Jesús! ¡Qué orgullosos podemos estar de nuestro “Maestro de Galilea”! ¡Qué suerte ser discípulos de un tal Maestro!

Ánimo, dejémonos iluminar por sus palabras sabias.

P. Antonio Villarino
Bogotá

Sal y luz

Comentario a Mt 5, 13-16 (5º Domingo ordinario, 5 de febrero de 2017)

Seguimos leyendo el “sermón del monte” que nos transmite Mateo en el capítulo 5º de su evangelio.
Jesús compara al discípulo con la sal, cuyas funciones (según el Antiguo Testamento) son: dar sabor, conservar, purificar, consagrar. De la misma manera, el discípulo, cuando es auténtico, ayuda a dar gusto a la vida; a conservar los valores de la familia o de la sociedad en que vive; a purificar el mal que existe, combatiendo, por ejemplo, la corrupción; y ayuda a consagrar el mundo a Dios, como la sal consagraba las ofrendas ofrecidas a Dios en el antiguo templo. Pero, ¡ojo!, la sal puede corromperse y perder su sabor y su utilidad.

¿Cuándo perdemos el sabor?
El P. Ermes Ronchi, que ha predicado los ejercicios espirituales al Papa y a la Curia romana, se preguntaba cuándo perdemos el sabor de la sal y nos volvemos inútiles. Les resumo su respuesta. Perdemos el sabor:

1. Cuando atraigo la atención sobre mí mismo y no sobre Dios, como hacían los discípulos cuando discutían sobre quien sería el más importante (Mc 9,33).

2. Cuando no sé querer bien a las personas y no transmito amor, siendo como un bronce que resuena o sal insípida (1Cor 13, 1).

3. Cuando no comunico esperanza ni libertad. “El mal está a tu puerta –dice Dios a Caín- pero tú puedes dominarlo” (Gn 4,7).

4. Cuando no crezco en humanidad. “No de como habla de Dios, sino de como habla de las cosas de la vida, sé si una persona ha estado con Dios” (Simone Weil).

5. Cuando me parezco demasiado en mi manera de actuar al “mundo”. “Entre ustedes no sea así”, dice Jesús.

¿Cómo ser luz?

El mismo predicador recuerda que Jesús no dice “deben ser luz”, sino “ustedes son luz”, “resplandezca su luz en las buenas obras”; y afirma: “Cuando sigues como única regla de vida el amor, entonces eres luz y sal para quien te encuentra… Allí donde hay caridad y amor abunda la sal que da buen sabor a la vida”.
Para ser luz, dice el P. Ronchi, hay tres vías:

Primera: Compartir el pan. “Isaías sugiere una primera vía para que la lámpara ilumine la casa y la sal no pierda su sabor: comparte el pan, acoge en tu casa al extranjero, viste al desnudo, no apartes los ojos de tu gente, entonces tu luz surgirá como la aurora, tu herida sanará” (Cfr Is 57, 7-8).

Segunda: “saber” a Cristo. “La segunda vía la indica San Pablo: “Nunca me he preciado de conocer otra cosa sino a Jesucristo y a éste crucificado” (1Cor 2,2). “Saber” es mucho más que conocer, es tener el sabor de Cristo. Y esto sucede cuando su Palabra y su amor pasan a formar parte de mí mismo y empiezo a sentir, pensar, actuar como él.

Tercera: La comunidad. Jesús no dice “tú” eres luz, sino “ustedes” son luz. “Nuestra luz –dice el P. Ronchi- vive de comunión, de encuentro, de saber compartir”.

Si vivimos esos valores, sin duda, seremos luz que se difunde en todos los que nos rodean y sal que da sabor a la vida, nuestra y de los demás.

Todo esto lo vivimos, no como cosa adquirida, sino como discípulos que aprendemos cada día, leyendo la Palabra, orando y reflejando en nuestra vida el amor que Jesús no regala continuamente.

P. Antonio Villarino
Bogotá

¡Ánimo, humildes del mundo!” (El sermón del monte)

Un comentario a Mt 5, 1-12 (4º Domingo ordinario, 29 de enero del 20179

Leemos hoy el texto conocido como “las bienaventuranzas” en el evangelio de Mateo. Se dice que el padre de la India moderna, Mohatma Ghandi, mostró una gran admiración por este texto de extraordinaria belleza, aunque los cristianos no siempre lo entendemos bien. En este breve comentario tampoco yo puedo dar muchas explicaciones, pero voy a intentar dar algunas claves que quizá ayuden a algunos:

1) La gente a la que se dirige Jesús.
Ante de reproducir estas palabras que conocemos como “las bienaventuranzas”, Mateo nos describe el tipo de gente que seguía a Jesús por los pueblos y caminos de Galilea: “Le trajeron todos los que se sentían mal, aquejados de enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos…”.
A Jesús acudían multitudes de personas que se sentían pobres y abandonadas, llenas de problemas, necesitadas de sanación, consuelo y esperanza. ¿Piensan que eso sucedía solo en tiempos de Jesús? Yo sigo viendo a miles y miles de personas que acuden hoy a los santuarios o a muchos otros lugares en busca de sostén físico y espiritual. ¿Nos contamos también nosotros entre los miembros de esas multitudes necesitadas de sanación, ánimo y consuelo? Yo creo que sí. Cuando nos quitamos una cierta máscara de orgullo, en el fondo de nosotros mismos muchas veces nos sentimos pobres y desanimados.

2) Un mensaje de parte de Dios
“Al ver a la gente –sigue Mateo– Jesús subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles”.
Como sabemos “subir al monte” significa “ponerse en contacto con Dios” y “sentarse” significa “ocupar la cátedra”, enseñar con autoridad, la autoridad que viene de una sabiduría adquirida en la relación con Dios (oración), una sabiduría que va más allá de la rutina y de los eslóganes al uso, una sabiduría que ve las cosas con más profundidad y verdad, una sabiduría nueva que ilumina en profundidad nuestra vida.

Participar en la Eucaristía dominical, leer y meditar la Palabra, escuchar al Espíritu que nos habla en nuestro propio corazón o a través de alguna persona nos ayuda a ir más allá de una sabiduría “rastrera”, empequeñecida, de bajos vuelos. Con Jesús vemos las cosas mejor, con una mirada más amplia y más profunda.

1.- El mensaje es: “ánimo, adelante, no se desanimen”
Como sabemos, el evangelio de Mateo escribió en griego, aunque refiriéndose frecuentemente a expresiones probablemente dichas en arameo o leídas en el hebreo de la Biblia. Ahora nosotros lo leemos en nuestra propia lengua, pero cuando se traduce de una lengua a otra no siempre es fácil dar la idea exacta del original. En este caso, algunas biblias usan la expresión “bienaventurados”; otras prefieren la palabra “dichosos”; algunas escriben “felices”. A mí, personalmente, me gusta la que usa Richard, un biblista que trabajó en Centroamérica hace algunos años. Él traduce: “Arriba, adelante”. Es decir, “ánimo, no tengan miedo, levántense, pónganse en pie, renueven su esperanza”.

De hecho, muchas veces Jesús se dirige a los enfermos o a los pecadores con expresiones similares: “levántate”, “ánimo, tu fe te ha salvado”, “nadie te ha condenado… vete y no peques más”. Y ese es el mensaje para los que alguna vez, a pesar de actuar honesta y sinceramente, se sienten disminuidos, humillados, perseguidos, cansados y con ganas de “arrojar la toalla”. Jesús les dice: ánimo, no se cansen, confíen en Dios, el bien va a triunfar sobre el mal, la verdad sobre la mentira, la humildad sobre el orgullo, la honestidad sobre la corrupción. No se desanimen, sigan confiando, que el Reino de Dios está en ustedes.

Si escuchamos este mensaje, nuestra vida adquiere unos tonos de confianza y esperanza, que nos hace dichosos, bienaventurados, afortunados. Seguir a Jesús es verdaderamente una gran fortuna. Que nadie nos robe esta alegría, que nadie apague en nosotros esta esperanza.

P. Antonio Villarino
Bogotá