Laicos Misioneros Combonianos

VI Asamblea Internacional de Laicos Misioneros Combonianos en Roma

Asamblea LMC

Asamblea LMCDel 11 al 17 de diciembre se está celebrando en la Casa General de los  Misioneros Combonianos en Roma, la VI Asamblea Internacional de Laicos Misioneros Combonianos (LMC), un evento que tiene lugar cada seis años. En total, son 51 participantes. Además de los representantes de los LMC y de los combonianos que los acompañan en sus respectivos países, venidos de 20 países de África, Europa y América, participan también la hermana Ida Colombo, del consejo general de las Misioneras Combonianas y Maria Pia Dal Zovo, del consejo central de las Seculares Misioneras Combonianas.

La Asamblea se inició con las palabras de bienvenida pronunciadas por el Alberto de la Portilla, coordinador del Comité Central de los LMC, y el P. Pietro Ciuciulla, en nombre del Consejo General de los misioneros Combonianos.

La mañana del primer día, 11 de diciembre, se dedicó a la oración, la reflexión y el compartir, guiados por los Gonzalo Violero García y María Carmen Polanco Delgado, ambos LMC de España. Por la tarde, los participantes estuvieron reunidos por continentes.

Asamblea LMCEl segundo día cada continente presentó el informe de las actividades realizadas durante los últimos seis años y presentaron sus principales desafíos en relación al futuro. En la misma línea, se siguió la presentación del informe del Comité Central y el informe económico de 2012 a 2018.

Por la tarde, se inició la reflexión del primer tema de la Asamblea, que está relacionado con la organización de los LMC (composición, estructura, comunidades internacionales y economía).

Hoy y en los próximos días, se debatirán otros tres grandes temas: formación y espiritualidad, la misión de los laicos y los documentos fundamentales de los LMC. Se dará tiempo para hablar de un modo especial sobre las comunidades internacionales para compartir las experiencias de la vida de los LMC en los diversos contextos continentales e informar sobre la actual relación de los LMC con la Familia Comboniana.

En los momentos de oración y en la Eucaristía también están presentes todas y todos los LMC y, en especial, los que se encuentran trabajando en contextos difíciles como, por ejemplo, en la República Centroafricana.

Que la luz del Espíritu Santo sea el faro que ilumine a los participantes en esta Asamblea y a los LMC en general, para que sean capaces de dar continuidad a la obra y al carisma iniciados por San Daniel Comboni.

Asamblea LMC

Erguidos, sobrios y vigilantes

adviento

Un comentario a Lc 21, 25-28.34-36 (I Domingo de adviento, 2 de diciembre del 2018)

advientoIniciamos el nuevo año litúrgico (I domingo de adviento), cuyas lecturas parecen enlazarse directamente con las lecturas de la última semana del año anterior. La primera parte del texto de Lucas que leemos hoy (versos 25 a 28) habla con lenguaje apocalíptico del “final de la historia” y de un tiempo en el que parece que “todo se derrumba”. “La angustia –dice Lucas- se apoderará de los pueblos, asustados por el estruendo del mar y de sus olas”.

No hay que olvidar que en la Biblia frecuentemente el mar es el lugar de una violencia incontrolada y una maldad que a veces parece amenazar a la humanidad, como en el caso del Diluvio o del Mar  Rojo que impedía la liberación el pueblo elegido. El mar es imagen de un tiempo de desazón, desorden y confusión que produce temor e inquietud.

En los museos capitolinos de Roma hay una sala dedicada a la “era de la angustia”, en referencia a los siglos de transición de la cultura romana antigua a la era de la cristiandad. Era un tiempo en el que un mundo viejo desaparecía y el nuevo no acababa de afirmarse. Algo así vivieron las primeras comunidades cristianas en el siglo Primero, con la destrucción del Templo, de Jerusalén y del Sistema judío al que pertenecían.

Hoy no usamos ese lenguaje, pero sí hablamos de una época de crisis, en la que parece que ya no vivimos los valores de la Tradición, en la que abunda la confusión y una cierta violencia que nos hace perder la confianza en nosotros mismos y en Dios.

Ante tal situación, la conclusión del evangelista es: cuando suceda todo esto, no se asusten, levántense, alcen la cabeza, manténganse vigilantes y orantes. Quien está con Dios no tiene por qué temer ante las convulsiones dela historia. Como dice San Pablo, ¿quién nos separará del amor de Dios?

Vivir el adviento es renovar esta actitud de esperanza y de orante vigilancia. No se trata de ponernos nerviosos ante los males de nuestro tiempo, sino de mantenernos erguidos, sobrios y vigilantes para ver las nuevas oportunidades que se nos ofrecen.

¡Buen Adviento! ¡Buena preparación de la Navidad!

Antonio Villarino. Bogotá

 

 

 

Nuestra llegada a Brasil

Familia LMC a Brasil

Familia LMC a Brasil¡Nuestro corazón hinchado de amor, se llena hasta desbordar de felicidad!

El jueves 22 salimos de Guatemala, muy entusiasmados, con mucha alegría y esperanza,  Nos despedimos con nostalgia de nuestra familia y amigos y emprendimos el viaje tan esperado de venida a Brasil, un tanto cansado por el largo trayecto, pero los niños felices de subirse al avión.  También con sentimientos encontrados más con una dicha de poder venir.

Al llegar nos recibió Lourdes, con mucha alegría y nosotros nos sentimos muy felices de verla, asombrados por el panorama e inquietos por llegar a casa. Subimos a un bus y luego los MCCJ nos recogieron en la central de buses para traernos a casa, toda una odisea, ¡3 vehículos para tantos! Al llegar nos sentimos como en casa.  Yo meditaba que pudo haber sido mucho lo que dejamos en Guatemala, pero aquí estábamos recibiendo el doble de todo.  Sencillamente el Señor no se queda con nada.

Descansamos unos días del viaje y nos preparamos para la misa del domingo, Hermosa celebración que llenó nuestros corazones de un gozo que no se puede describir, ese día, día de Cristo Rey del Universo, nos recordó nuestras pequeñas experiencias de misión en San Luis Peten, donde el Señor nos conquistó de una manera profunda y donde logramos descubrir nuestro deseo de ser Laicos Misioneros Combonianos, ya que las veces que fuimos, culminábamos nuestro tiempo de misión con el domingo de Cristo Rey; ¡qué alegría saber que El Señor todo lo piensa para conquistar los corazones!  Es ahí en la intimidad donde nace el fuego del amor y hace brotar una fuerza que no se puede callar, es el purísimo amor que penetra hasta los huesos y te hace salir de donde estás.  En esa hermosa eucaristía nos recibieron muy bien, los niños hicieron un baile que representaba a Brasil, nos sentimos bienvenidos por toda la comunidad en donde la providencia y generosidad de las personas no se quedaron atrás.

Al terminar la eucaristía regresamos a la casa para el almuerzo, Lourdes tenía un banquete preparado, compartimos con Alejo, Tere y su familia con quienes compartimos muchos anhelos y deseos de ser misioneros desde nuestra realidad, ser familia. También compartimos con Neuza una vecina del barrio, reímos y nos empezamos a conocer, ¡que cercana se siente la gente! Es muy impresionante la apertura de los brasileños y más en este pequeño rincón de Brasil.

Ya estamos aquí desde hace una semana y la verdad la hemos sentido muy corta, entre largos viajes para cambiar el dinero, conocer el barrio y hacer compras de casi 3 horas, ha sido toda una experiencia. Mucha gente se acerca a hablarnos porque los niños llaman mucho la atención y también nuestro pobre portugués, que va mejorando con los días. Lourdes ha sido nuestra fuerza y alegría, nos lleva de aquí a allá, enseñándonos, explicándonos y mostrándonos todo, resolviendo nuestras dudas y amando a nuestros hijos ¡ya es oficialmente la abuela brasileña: Vovó! Sin realmente conocerla nos ha abierto las puertas de su casa y de su corazón, es reconfortante saber que los LMC somos todos uno, uno en Cristo, uno en el amor.

Familia LMC a BrasilCon muchas ansias tuvimos nuestra primera formación con Alejo, ¡dichosos los ojos y oídos que escuchan la palabra del Señor!, fue un oasis en medio del barullo, una pausa que reconfortó el alma, cantamos cantos misioneros- ¡y como vibra el alma cuando cantas el llamado que Dios te ha hecho! – y escudriñamos la palabra, Gen 12,1-4 Sal de tu tierra, deja a tu padre, a tu madre, a tu familia, tu país y anda a la tierra que yo te mostraré…  yo haré de ti una fuente de bendición… Otra vez el Señor se hace presente en lo pequeño, en lo grande, en lo sencillo, en lo personal. Esta lectura- que fue el tema principal de un retiro impartido por el MCCJ P. Victor Hugo Castillo- nos recordó el instante que definió nuestro discernimiento hace casi 3 años, cuando decidimos dejar todo y ser LMC, ese momento en que nos dispusimos como familia a la misión y hoy, en este día que iniciamos, el Señor nos vuelve a decir: “te conozco, te amo y estas aquí porque es mi voluntad”

¡Cuán grande es el amor de Dios! No tenemos medida, nuestra mente es tan pequeña que solo podemos dejarnos amar.

Hoy tenemos el corazón hinchado de amor y queremos compartir con todos esos detalles que Él ha tenido con nosotros.  No se puede negar a Dios y ¿cómo podemos ser tan ciegos ante sus expresiones dulces de amor?, solo viviéndolo se puede conocer y solo entregándose se puede sentir.

Nuestra esperanza esta puesta en Él, y porque nos sentimos muy amados estamos aquí. Esperamos que nuestra vida pueda ser ánimo y esperanza para la desolación, purificación para nuestras almas y luz para tantos que no conocen el verdadero amor.

Oren por nosotros, para que seamos instrumentos útiles de Dios.

Saludos desde Ipê Amarelo, Brasil

Ana Cris de Camey

Erguidos, sobrios y vigilantes

Adviento

Un comentario a Lc 21, 25-28.34-36 (I Domingo de adviento, 2 de diciembre del 2018)

AdvientoIniciamos el nuevo año litúrgico (I domingo de adviento), cuyas lecturas parecen enlazarse directamente con las lecturas de la última semana del año anterior. La primera parte del texto de Lucas que leemos hoy (versos 25 a 28) habla con lenguaje apocalíptico del “final de la historia” y de un tiempo en el que parece que “todo se derrumba”. “La angustia –dice Lucas- se apoderará de los pueblos, asustados por el estruendo del mar y de sus olas”.

No hay que olvidar que en la Biblia frecuentemente el mar es el lugar de una violencia incontrolada y una maldad que a veces parece amenazar a la humanidad, como en el caso del Diluvio o del Mar  Rojo que impedía la liberación el pueblo elegido. El mar es imagen de un tiempo de desazón, desorden y confusión que produce temor e inquietud.

En los museos capitolinos de Roma hay una sala dedicada a la “era de la angustia”, en referencia a los siglos de transición de la cultura romana antigua a la era de la cristiandad. Era un tiempo en el que un mundo viejo desaparecía y el nuevo no acababa de afirmarse. Algo así vivieron las primeras comunidades cristianas en el siglo Primero, con la destrucción del Templo, de Jerusalén y del Sistema judío al que pertenecían.

Hoy no usamos ese lenguaje, pero sí hablamos de una época de crisis, en la que parece que ya no vivimos los valores de la Tradición, en la que abunda la confusión y una cierta violencia que nos hace perder la confianza en nosotros mismos y en Dios.

Ante tal situación, la conclusión del evangelista es: cuando suceda todo esto, no se asusten, levántense, alcen la cabeza, manténganse vigilantes y orantes. Quien está con Dios no tiene por qué temer ante las convulsiones dela historia. Como dice San Pablo, ¿quién nos separará del amor de Dios?

Vivir el adviento es renovar esta actitud de esperanza y de orante vigilancia. No se trata de ponernos nerviosos ante los males de nuestro tiempo, sino de mantenernos erguidos, sobrios y vigilantes para ver las nuevas oportunidades que se nos ofrecen.

¡Buen Adviento! ¡Buena preparación de la Navidad!

Antonio Villarino. Bogotá

 

 

 

Llegada de la familia LMC de Guatemala al Brasil

LMC Brasil

LMC BrasilOsados por la fe y por la misión

Con mucha alegría la comunidad Nuestra Señora Aparecida, en el pueblo de Ipê Amarelo, en Contagem, Estado de Minas Gerais, recibe a la familia que atravesó kilómetros y kilómetros para llegar a Brasil y juntos con el pueblo brasileño proclamar el evangelio y dar testimonio de que Jesucristo vive y reina.
La curiosidad es muy grande, quedaron admirados tanto por el coraje de quien los recibe y sobre todo de ellos que llegan con los cuatro hijos.
¡Muchas preguntas por ambas partes! ¡Qué hermoso!, ¿cómo descubrieron Ipê Amarelo?, ¿entienden portugués?, ¿cuántos días se quedarán? El carisma comboniano y la sonrisa de los niños y de los padres van dando respuestas sin que nadie necesite traducir, el corazón y los miran hablan, la fe, el coraje, el amor traducen parte de este misterio misionero. Ya en el aeropuerto, todos cansados, ¡ya les brillaba la mirada! Hicimos un largo camino en autobús hasta Contagem, donde nos esperaban los padres de Combonianos y un señor joven de la comunidad.

LMC BrasilTres coches, que osadía, jugábamos por el camino que era un carrusel, sólo nos faltaba bocinar como locos por la carretera hasta llegar a la casa de misión. El rostro cargado con la expresión del cansancio, pero con la sonrisa que esbozaba la alegría de la llegada.
¡Llevan dos días sólo en tierras brasileñas y parece que desde hace años están por aquí!
El valor de arriesgar les envuelve y aquí están. Ya en esta semana iniciaremos las clases inculturación, portugués y todo lo que la misión pide, descubriendo poco a poco las costumbres del pueblo minero.
Sean bienvenidos y juntos seguiremos los pasos de Jesús misionero en tierras de Minas.
Que San Daniel Comboni sea un fuerte intercesor.
Amén

LMC Brasil
Lourdes, LMC Brasil