Formación

Encuentro de Navidad: de la familia de Nazaret a la Familia LMC

LMC PortugalEn los pasados ​​días 16 y 17 de diciembre tuvo lugar, en Viseu, en casa de los Misioneros Combonianos el encuentro de Navidad de los LMC. El tema fue “De la familia de Nazaret a la familia LMC”. Participaron varios Laicos Misioneros Combonianos, así como los formandos. Un encuentro que quedó marcado por la alegría y el clima de ser familia: familia comboniana; y familia LMC. Una familia unida alrededor del mismo ideal -que es Cristo- y del mismo carisma comboniano.
Durante la mañana del sábado la LMC Sandra Fagundes hizo una presentación sobre San Daniel Comboni y el movimiento. A continuación, hicimos un juego en el que tuvimos la oportunidad de ir descubriendo más sobre la Familia Comboniana, sobre el sentido de la Navidad, sobre la Navidad en misión,… a medida que íbamos reflexionando y rezando sobre los diversos puntos de reflexión. Una experiencia de diálogo, de compartir, que nos ha enriquecido y nos ha hecho presentes en la oración varias realidades distantes a nuestros ojos y toda la familia comboniana.
La tarde nos trajo otra sorpresa: tuvimos la oportunidad de, en varios grupos, estar y conversar con los Misioneros Combonianos más ancianos que viven en la casa de Viseu sobre la Navidad en la misión, sobre su rico testimonio de vida; con las Hermanas Misioneras Combonianas, en su casa sobre lo que las marcó más en los varias Navidades vividas en misión; y en casa de la familia de la LMC Marisa Almeida, conversando, conviviendo, estando unidos a una familia que es también parte de la familia LMC, pues con ella comparte y vive la dedicación y el cariño por la misión. Una tarde de unión, de hacer encuentro y compartir unos con otros y con otros miembros de la familia comboniana. Una tarde en que fuimos interpelados y desafiados por muchos testimonios de vidas llenas, totalmente entregadas a la misión.

LMC PortugalDespués de la oración de la tarde y la cena, tuvimos un momento de convivencia en el que, una vez más, se compartieron muchas alegrías, sonrisas, bromas y música (donde el padre Feliz nos deleitó con su acordeón). ¡Hemos tenido incluso intercambio de regalos! Una vez más, un momento de unión, durante esta convivencia alegre y genuina, de la familia LMC y con la familia comboniana.

El domingo, la LMC Susana Vilas Boas presentó el tema “de la familia de Nazaret a la familia LMC”, con un momento de reflexión y compartir al final. De la mañana, me queda la idea de camino: la familia LMC hace una caminata, como decía Comboni, con los ojos fijos en Cristo – sólo así esta caminata tiene sentido, para seguir el ejemplo de la familia de Nazaret: la unión de María y José, su servicio humilde a Jesús, su voluntad de cumplir la voluntad de Dios y la entrega total a su voluntad deben ser ejemplo para la familia LMC, para que pueda cumplir el sueño que Dios tiene para ella, hacer un camino de continuo crecimiento siempre con el propósito de servir a la misión al estilo de San Daniel Comboni.

Terminamos el encuentro de Navidad con la Eucaristía, presidida por el padre Francisco Medeiros y con la alegría de tener a los padres y familiares de la LMC Neuza Francisco presentes en el almuerzo de familia.
Sería precisamente esa la palabra que escogía para resumir el encuentro de Navidad de los LMC: familia. En la oración, en el compartir, en la convivencia, en la escucha, este encuentro ha despertado en cada uno de nosotros una noción de pertenencia a algo mayor que nosotros mismos, una familia espiritual que nos acoge y nos desafía a ser más, a hacer y vivir la misión a la manera de Comboni, con los ojos fijos en Cristo, apasionados por Él y por las personas.
LMC Portugal
Filipe Oliveira

Sequedad espiritual

espiritualidadAgradezco sinceramente a nuestros colegas que consistentemente nos traen palabras de aliento para iluminarnos espiritualmente a través de sus propias experiencias misioneras de las cuales estamos aprendiendo mucho de lo que comparten con nosotros aquí en nuestro blog.

Humildemente me gustaría compartir mi propia experiencia en espiritualidad, en mi viaje tratando de encontrar dónde está nuestro Señor, aunque no lo he encontrado cara a cara, pero sé con fe que él está conmigo y todos nosotros haciendo el trabajo que hacemos. Sin Dios no habríamos llegado donde estamos por la intercesión de nuestro amado fundador, San Daniel Comboni, cuyos pasos tratamos de seguir, lo cual es como moverse entre un arbusto lleno de espinas.

Comparto con vosotros notas de algunos retiros y talleres a los que asistí y rezo humildemente para que quienes lo lean puedan encontrar algo que compartir con las personas con las que trabajamos y servimos en nuestra vida misionera.

Podrá ser beneficioso a nivel particular o ayudar o facilitar algunas conversaciones con los feligreses o los jóvenes con quienes trabajamos y con quienes estamos. Esta no es un texto perfecto, pero puede ayudar a pensar más para descubrir la voluntad de Dios en ti y en mí.

Se dice que la sequedad espiritual es un estado de angustia, desesperanza, insatisfacción o desanimo en nuestra vida y deberes espirituales.

Esto puede ocurrirle a cualquiera. Descubrimos que al participar activamente en la vida de oración, descubrimos que de alguna manera nos resistimos a ir a orar por la mañana o decirlo personalmente, al leer libros espirituales, las oraciones de la comunidad se convierten en una carga muy grande. Y no encontramos ninguna razón para lo que enfrentamos. Y no encontramos ninguna razón que pueda explicar nuestro estado. San Pablo lo llama espinas en su carne y no importa cuánto tiempo llevemos en este camino que es nuestra vocación misionera, estos momentos seguramente vendrán, como el día y noche, ya que dicen que no importa cuán larga o corta sea una noche, el día seguro que vendrá.

Veamos algunas causas, aunque no exclusivas, de sequedad espiritual

  1. El pecado que rechazamos admitir o descubrir, esto puede ser consciente o inconscientemente en nuestra vida. Si no tenemos suficiente tiempo para meditar en nuestra vida y servicios, será muy difícil descubrir los pecados que cometimos pero que no nos vienen a la mente en el momento de la confesión. Un gran pensador dijo que una vida sin reflexión diaria no vale la pena vivirla. Mateo 13:12 nos dice en tales momentos que siempre debemos aspirar a más de lo que necesitamos de Dios para que Dios nos bendiga incluso más con sus dones de gracia. Mientras más meditemos en nuestra vida y tratemos de descubrir nuestros errores, y entreguemos todo para hacer la voluntad de Dios, más nos mostrará las áreas de nuestras vidas en las que necesitamos ser liberados.
  2. Sobrealimentación y exceso de esfuerzo para algunas personas. Esto ocurre especialmente durante retiros de grupos o individuales, campamentos bíblicos donde aprendemos sobre la Biblia y aprendemos cómo vivirla en nuestras vidas, festividades eclesiásticas como la Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecostés en las cuales siempre nos preparamos para obtener lo mejor en todo lo que queremos. Después de esos momentos especiales, nuestros Padres Espirituales siempre nos alientan a prepararnos para esta sequedad espiritual que puede hacer que nos alejemos de nuestro enfoque principal en Jesús y nuestra amada Madre María.
  3. Cuando hemos sido bendecidos con la palabra de Dios por lo que leemos o puede ser cuando encontramos que nuestras peticiones de oración han sido respondidas. Estamos en un momento muy bueno de nuestra vida con la familia y el resto de la gente que nos rodea. En nuestras parroquias, donde hacemos nuestro trabajo misionero, tenemos una vida laboral excelente, sin desafíos y otros asociados o en el equipo de trabajo con los que trabajamos. Si no rezamos constantemente por la guía de Dios y le pedimos que nos deje prepararnos para lo peor en nuestra vida espiritual, podemos encontrarnos fácilmente cayendo en un estado de vacio y desesperación.
  4. Si tomamos una cantidad ilimitada de comida espiritual, por ejemplo, personas que pertenecen a más de 3 grupos de estudios bíblicos semanales, el grupo de oración puede sufrir. Personalmente, con nuestras asignaciones misioneras, donde somos dos o incluso uno, puede ser muy difícil tener un constante alimento espiritual y podemos ponernos a nosotros mismos en una época de mucho alimento espiritual una después nos puede llevar un tiempo muy largo para tener un alimento similar y así podemos ser objeto fácil de sequedad espiritual.
  5. La excesiva y desequilibrada alimentación espiritual puede dañar nuestra vida espiritual y nuestra sequedad espiritual, por lo que se nos aconseja que tomemos lo que corresponda, pero buscamos constantemente obtener más, ya que dicen que necesitamos estar sedientos de más y más en nuestra vida para descubrir al Señor.
  6. Ignorar nuestro cuerpo, así como la alegría, afecta el corazón y la carne. Debemos ser conscientes de nuestra salud. Estar trabajando como servicio o para un ingreso para la familia es necesario, pero necesitamos saber cuándo estamos cansados ​​y cuándo podemos hacer más. Llega a ser un desafío cuando tenemos que cumplir con plazos en lo que hacemos y nos puede llevar a un trabajo extenuante, privando así a nuestro cuerpo de descanso, un cuerpo cansado no puede concentrarse en la oración. Es por eso que Jesús en su misión, cuando hacía obras importantes, realizaba milagros, les decía a sus apóstoles que buscaran un lugar para descansar, entraba solo en un estado de oración y contemplación cuando se preparaba para una tarea difícil. Creo firmemente que si le damos descanso a nuestros cuerpos y damos un tiempo para disfrutar de la naturaleza que Dios nos ha dado para ayudarnos como flores, árboles, agua, animales y el resto para que vivamos mejor, nuestro viaje espiritual será más fácil. El Salmo 84: 2 nos descubre cómo tener sed de la Palabra de Dios y estar en su presencia y en su templo. Nunca podremos tener este anhelo cuando nuestro cuerpo y nuestra mente estén muy cansados.
  7. Una mente enferma puede ser la causa de un cuerpo enfermo. Somos personas diferentes que crecimos con diferentes orígenes familiares y, por lo tanto, cuando llegamos a vivir juntos en comunidad, los conflictos inevitablemente surgen. Si decidimos no prestar atención a los puntos de vista divergentes y pretendemos tolerarlos y vivir con ellos, esto afectará nuestra mente, que nunca encontrará fácil concentrarse en las oraciones. Uno de los escritores espirituales dijo que Jesús nos aconseja aprender a vivir con Judas en nuestra vida porque sabía que Judas Iscariote iba a traicionarlo, pero lo toleró y vivió con él durante tres años. Podemos decir que no somos Jesús, el divino, para tolerar a los Judas, pero San Daniel Comboni también tuvo algo semejante cuando se le presentaron algunas acusaciones; como que no rezaba, que no usaba el dinero para los fines que se suponía que era, y así sucesivamente. Parece que él personalmente no encontraba demasiada paz mental con los clérigos con los que estaba, y no es de extrañar por qué murió rodeado de algunos laicos, que estaban al lado de su cama en ese momento. Por ello creo que los conflictos son buenos, pero si no podemos resolverlos amistosamente como seguidores de Jesús, esto afectará la vida de oración y, por lo tanto, hará inevitable la sequedad espiritual en nuestra vida. Jesús saca esto muy bien en la enseñanza sobre el divorcio, Mateo 19: 1-9. Siempre habrá personas que nos contradigan en nuestro trabajo y en lo que enseñamos, pero recordar cómo él las manejó, es la solución para vivir con personas que siempre están creando controversia en nuestro trabajo misionero, en nuestras comunidades o donde trabajamos.
  8. Pérdida de equilibrio. Nuestra conversión para seguir a Jesucristo no nos exime de observar el orden de la creación del que somos parte. Tenemos amigos que necesitamos conocer, tenemos que atender nuestros deseos corporales naturales de intimidad con un espíritu de castidad en la vida religiosa o matrimonial y tenemos que reconocer que somos débiles y no siempre hacemos bien las cosas, y debemos rendirle estos sentimientos a Jesús para trabajarlos. Tenemos nuestras familias que necesitan nuestra compañía. Necesitamos tener momentos de recreación, como San Francisco de Sales puso en su libro Tratado sobre el amor de Dios y la Vida devota, que lo que nuestro cuerpo demanda, tenemos que hacerlo, incluso si eso significa ir a bailar, de fiesta, pero tiene que hacerse de manera que si Jesús viene a ti allí mismo, pueda juzgarte correctamente. El Rey Salomón nos dice que aprendamos a regular nuestro cuerpo de acuerdo con la razón.

La falta de equilibrio entre el trabajo y el descanso a largo plazo conduce a la sequedad espiritual como se explica en Génesis 2: 2-3, donde Dios descansó después de trabajar. Dios, en su naturaleza divina hizo esto, nosotros mortales que somos víctimas del pecado todas las veces de nuestra vida en este mundo de pecado. Muchos pecados que cometemos creo que suceden así, cuando estamos cansados ​​y exhaustos por todo lo que hacemos y estamos tan irritados que solo decimos cualquier cosa que se nos ocurre, sin reflexionar, sobre lo que vamos a decir o lo que acabamos de decir, tendemos a pasar nuestros juicios emocionalmente (irracionalmente) en lugar de racionalmente, algo de lo que podemos arrepentirnos más adelante.

Lecciones para aprender de la sequedad espiritual

Por tanto, la sequedad espiritual no debe tomarse como una calamidad. En Juan 11: 4 Jesús dijo que la muerte de Lázaro era para mostrar la gloria de Dios. Personalmente he pasado por momentos difíciles de desafíos en mi vida, pero más tarde le agradecería a Dios que hubiera sido así, me han acercado tanto a él. Por tanto:

  • A través de la sequedad espiritual, podemos crecer en nuestro camino espiritual, tendemos a descansar todo en Dios y decir con nuestra amada Madre María: Señor, deja que se haga tu voluntad y no la mía, si ha venido de ti, hazme lo suficientemente fuerte como para pasar por esto, pero no me lo quites. San Agustín dijo “el que te creó sin ti no te salvará sin ti”, por lo que debemos estar plenamente presentes para superar nuestra sequedad espiritual con la oración y el ayuno.
  • Las personas que están muy cerca de Dios experimentan lo mismo que nuestro Señor Jesús cuando lloró en el jardín de Getsemaní antes de entregarse para ser torturado y asesinado. Sus palabras, Padre, haz que pase de mí, pero hágase según tu voluntad… Cuando fue azotado, dijo hermosamente, mi corazón está listo o Dios, mi corazón está listo… Y estas son las palabras donde podemos aprender en nuestros momentos más desafiantes en nuestra vida, Moisés y Elia también experimentaron sequedad espiritual y cuando leemos acerca de ellos, encontramos que fueron humildes para dejar que la voluntad de Dios se hiciera presente en sus vidas a través de los momentos difíciles que estaban pasando, siempre podemos preguntarnos con qué frecuencia permitimos que la voluntad de Dios se cumpla en nuestras vidas, en lugar de defender nuestro orgullo para explicar por qué la otra persona está equivocada y yo soy el único correcto. Jesús no defendió su realeza celestial cuando Pilato le preguntó… ¿eres tú el rey? Dijo que fue él quien lo dijo… ¿por qué entonces nos es tan difícil aceptar que estamos equivocados y encontrar todas las razones posibles para defender nuestras acciones? La respuesta podría obtenerse simplemente del libro de Herbert Cardinal Vaughan, Humility of Heart, que es nuestro orgullo de que somos mejores que los otros nuestro egocentrismo en todas nuestras acciones. Santo Tomás dijo que la humildad adquirida es, en cierto sentido, el mayor bien. De Job 4: 2 aprendemos que Dios nos envía algunos momentos de sequedad para demostrar nuestro valor como sus fieles seguidores. Salmos 22:15 nos dice que el camino seguido por el mal siempre es amplio, sin desafíos y es sencillo en comparación con el camino que conduce a la felicidad eterna que está lleno de espinas y agujeros sobre los que caminar. Jesús dijo que quien quiera ser su discípulo debe tomar su cruz y seguirlo. Para mí, esta no es la cruz de madera o metálica que llevamos al cuello, sino los desafíos que enfrentamos en nuestra vida cotidiana mientras nos enfocamos en él pero nos mantenemos en contacto con la realidad en la que vivimos.
  • Después de cada montaña, hay un valle y este es el viaje a la eternidad y es como ver un tren o un camión completamente cargado subir una montaña con mucho humo y a una velocidad muy lenta y el conductor mantiene su velocidad porque sabe que llegar a un descanso donde todo estará bien y cuando llegue a otra montaña se prepara para eso. Este debería ser nuestro viaje, en nuestro trabajo, siempre para estar preparados para las montañas y las cruces de nuestra vida.
  • No se desesperen cuando llegue la sequedad espiritual, sus bendiciones están cerca, solo si persisten y no abandonan su enfoque en el Señor Jesús y viven en un espíritu de humildad sabiendo que todo es de Dios para hacer que lo conozcan mejor. Daniel y sus amigos prefirieron ser quemados en el corazón del fuego, no le pidieron a Dios que los salvase de las llamas, sino que dijeron que se hiciese la voluntad de Dios. Al final triunfaron en esto con Dios enviando a su Ángel para salvarlos.

¿Cómo superar la sequedad espiritual?

  • Trata de vivir una vida llena de perdón y tolerancia sin importar lo difícil que parezca ser y lo inocente que seas en todos los desafíos que estás atravesando. Nuestro Señor Jesús dijo… Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo… las mismas palabras que Santa María Goretti le dijo a su asesino, que Dios podría perdonarlo, pero que debería convertirse y aprender a hacer el bien… una verdadera intervención divina perdonar como seres humanos. Podemos decir que te perdono pero no lo olvidaré. Por tanto, el perdón requiere tiempo y esfuerzo mediante la oración. Etty Huillesum dijo “dentro de mí hay una primavera muy profunda y esta primavera es Dios. A veces la logro ver pero más a menudo está cubierta de piedras y arena, en ese momento Dios está enterrado, debe ser desenterrado nuevamente “y esto se hace solo cuando oramos y aprendemos a perdonar.
  • Confesión y seguridad renovada de perdón, esto viene con la necesidad de tener acompañante Espiritual que pueda guiarnos en todos estos desafíos que atravesamos y siempre nos toma de la mano en un viaje lleno de espinas y agujeros. Quienquiera que tengamos como nuestro acompañante espiritual es también un ser humano destinado a equivocarse, y cuando somos testigos de esto, no le inhabilita en su papel de ser nuestro acompañante espiritual a quien siempre podemos correr en caso de que estemos en un caos de sequedad espiritual.
  • Haga un examen diario de conciencia y descubra sus imperfecciones. Confiesa a Jesús los pecados que cometes cada día, elimina tu amor propio y conviértete en un niño pequeño como dice Jesús. Se humilde en tu relación con Dios y tu prójimo. Siempre pregúntate qué hiciste hoy, cómo lo hiciste, qué has omitido hacer. Siempre insiste en el acompañamiento espiritual. Los grandes escritores espirituales nos dieron dos cosas: dos cosas de las que nunca debemos quejarnos, ropa o comida, dos oraciones que deberíamos repetir con frecuencia, Dios mío, no me dejes ser curioso ni comunicativo y dos acciones para las cuales debemos estar siempre listos para tener Sagrada Comunión todo el tiempo y morir. Hagamos un esfuerzo para leer el excelente libro escrito por San Alfonso María de Liguori Preparación para la Muerte o cualquier otro autor y nos enseña cómo vivir una vida realmente comprometida para ir al cielo, ya que podemos morir en cualquier momento en cualquier lugar. Cuando llega la muerte, ¿estaremos preparados o no?, ¿cómo nos encontrará a ti y a mí?
  • Necesitamos vivir una vida de responsabilidad y disciplina en la vida privada y pública en todo momento y en todos los lugares a los que vayamos. Siempre debemos preguntarnos qué es lo que Jesús quiere que hagamos. Los escritores espirituales nos dicen que vivamos cada día como viene, tomando decisiones que deben hacerse todos los días, no de por vida, porque podemos controlar lo que hacemos en la actualidad, no en el futuro, lo que no estamos seguros de si debemos alcanzarlo o si ayer se fue lo dejamos a merced de Dios. Por tanto, todos los días necesitamos vivir mejor, ya que dicen que se logra la perfección en el presente, cuando estás haciendo todo lo que puedes.
  • Dependemos demasiado de sermones de segunda mano; aprender de los demás es muy bueno, pero no suficiente para nuestro crecimiento espiritual constante. Necesitamos extraer información de primera mano sobre la comida espiritual a través de estudios personales, leer libros espirituales, asistir a retiros personales y grupales, hacer de cada encuentro un momento de oración y aprender a apreciar a Jesús por todas las maravillas que hace en nosotros.
  • Todas las cruces y adversidades solo servirán para fortalecer el espíritu de los miembros que son fieles a esta santa tarea y decididos a poner la misión en el camino de la prosperidad segura, porque las obras de Dios siempre han estado al pie del Calvario y deben pasar, ​​como Jesucristo pasó, por el proceso de la pasión y la muerte para alcanzar la Resurrección. (Mensaje de San Daniel Comboni MDC 238) y Habiendo sido hechos partícipes de la pasión de Jesucristo, tenemos un mayor deseo que nunca de sacrificar nuestra vida por Cristo y por su misión (mensaje de San Daniel Comboni MDC 69). Con estas hermosas palabras de nuestro fundador, aprendamos a descubrir a Jesús en toda la sequedad espiritual que siempre obtendremos y preparémonos para cumplir nuestra parte en el sacrificio por el reino de Dios por el cual nos esforzamos en hacer nuestra parte.

Los asuntos de espiritualidad nunca se termina de tratar y nunca se entienden fácilmente, pero espero que con estas pocas pistas, nos pueda llevar a leer más y buscar más en diferentes fuentes sobre cómo podemos hacer todo esto en nuestra vida. Con nuestro trabajo, a veces no tenemos suficiente tiempo para orar, pero aprender a orar en el lugar donde trabajamos, comunicarnos con Dios en nuestro trabajo puede ayudarnos a orar.

Los desacuerdos están siempre presentes y cuando llegan, dejémonos que nos conduzcan a orar más, a través de la intercesión de nuestra Amada Madre María, San Daniel Comboni y nuestros santos patronos.

Con estas pocas palabras, mantengamos la vela encendida en nuestras palabras y hechos mientras le pedimos a Dios que esté con nosotros todo el tiempo de nuestras vidas. Y, pidiéndole al Señor que nos haga vivir una vida misionera laical comprometida con amor y dedicación al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, luchar por algo que valga la pena y vivir como familia comboniana para alcanzar a todos, en palabras y acciones, mientras vivimos en paz y armonía. San Julián de Norwich dijo que el mayor honor que le podemos dar a Dios Todopoderoso es vivir con gusto gracias al conocimiento de su Amor. El Amor es el significado de nuestro Señor y tenemos que hacer todo por amor, Dios nos creó, Dios nos guarda y por lo tanto debemos recurrir a él todo el tiempo de nuestra vida.

A Dios sea la gloria.

Ezati Eric

Laico Misionero Comboniano. Uganda

 

Comunidad de formación en Portugal: experiencia e ilusión

LMC Cristina y TereLos dones de cada una pueden enriquecer a la otra
Este tiempo que pasamos en comunidad, lo vivimos como un período de preparación para la misión.
La ruptura con la rutina diaria, el trabajo, el compartir con los amigos, la familia, las prioridades que nos marcan desde la sociedad de consumo, etc. Todo cambia para llegar a una sociedad de subsistencia. Haciéndonos repensar lo que de hecho son prioridades y/o necesidades de verdad.
Estando siempre enfocadas, en la misión y con ojos fijos en Jesús, nuestra planificación comunitaria comienza cuando nos damos cuenta de la riqueza que tenemos, la experiencia de una y la ilusión de la otra, que nos permite superar los retos a los que nos enfrentamos.
Miedo, desanimo en el aprendizaje de la lengua, inseguridad de no responder a las expectativas y necesidades de la misión, dificultad de adaptación y todos otros pensamientos que muchas veces nos asoman, rápidamente se superan con momentos de respeto mutuo, de oración y de compartir.
Con nuestro intento de entendernos las carcajadas se hacen presentes, pintando de muchos colores nuestros corazones, de amor y alegría.

Tere Monzon y Cristina Soussa. Comunidad de formación internacional en Portugal

Testimonio – Fe y Misión en Carapira por Inés Gonçalinho

LMC PortugalBien, ¿cómo comenzar este testimonio? Las palabras no llegan para describir el torbellino de emociones que sentí, y la nostalgia que ya acumula mi corazón. He tardado días o incluso semanas para conseguir escribir el testimonio, tal vez por miedo o incluso por nostalgia. Cada día que paso lejos de aquella tierra siento dolor, pero por encima de todo una gran nostalgia. Es algo que se apodera de mí sin pedirme permiso, que determina mi estado de ánimo, llegando incluso a dictar los sueños que tengo al acostarme. No puedo describir lo que he vivido, lo que he compartido, lo que amé, lo que crecí, lo que di, pero por encima de todo lo que recibí. Amé y amo a esa gente como si fuera mía. Sinceramente, ¿cómo no amar? Fui adoptada y acariciada por todos lo que se cruzaron en mi camino, aunque no hablaba la misma lengua no fue ningún impedimento para muestras de amor constantes. En una de las idas al barrio cerca de la casa de la misión, me crucé con una mamá que de inmediato me invitó a “mata-bichar” (desayunar) con ellos. Cuando me di cuenta, estaba rodeada de gente que me miraba atentamente, pero con un cariño infinito para enseñarme sus costumbres. Me derretía el corazón la hospitalidad y el amor que sentía diariamente, y la forma en que nos mirábamos y abrazábamos era apasionante. Estaba en casa.
Me siento y pienso cómo me sentí cuando pisé aquella tierra por primera vez, y me es imposible contener las lágrimas. La excitación de empezar, de conocer, de estar, de ayudar, era tanta que enseguida el lunes (dos días después de nuestra llegada), me presenté al servicio en el ITIC. La noche anterior apenas dormí por miedo. Me preocupaba si sería capaz de tratar con los niños que aparecieran en la enfermería a pedir mi ayuda, si todo lo que aprendí en la universidad realmente serviría para algo, si podría adaptarme a los medios que tenía. Había muchos “si’s”, muchas inseguridades, pero de una cosa tenía certeza, daría lo mejor de mí desde que despertase hasta que me fuese a la cama.

Organicé papeles, reorganicé las vitrinas de los medicamentos, pero sobre todo traté a los alumnos en sus más variadas formas. Me entregué sin miedos, me quedaba horas después del tiempo establecido en aquel cubículo de 4 paredes, pero me llenaba tanto el corazón. Me quedaba maravillada cuando los alumnos me buscaban sólo para “saludarme” para “alegrar mi día”, como decían.

LMC PortugalLa forma en que me vinculé a aquellos chicos fue indescriptible, parecía que con una simple mirada habíamos hecho un juramento de cuidarnos mutuamente. Vivía intensamente las enfermedades o las preocupaciones de cada uno de ellos, y trataba de cada uno como si fuese único, con todo el amor que era capaz de albergar mi pecho. Muchas veces, cuando algunos de ellos estaban enfermos y se quedaban dormidos en la enfermería, me costaba tanto volver a casa. No podía pensar en nada más, si no en pensar estrategias para que mejorase rápidamente. Muchas veces, pasaba las tardes al lado de ellos, jugando juegos en el suelo frío de la Enfermería, controlando la fiebre cada 30 minutos, o simplemente a verlos dormir.

Había días más fáciles que otros, pero todos ellos eran un desafío constante. Todos los días Él me ayudaba a superarme, y a darme cuenta de que nuestras barreras están sólo en nuestra cabeza. Me arrodillé ante Dios varias veces desorientada, y Él me habló al corazón mostrándome que de su mano superaba todas las dificultades.

Una de las miles situaciones que viví, fue cuando miré por primera vez al rostro de aquellas niñas que estaba acompañando en el estudio. Cada mirada penetraba en mi corazón de una forma tan intensa que jamás olvidaré. Intentaban aprender solas, sin libros de apoyo o alguien que les explicase. Eran movidas por una fuerza interior indescriptible de querer ser más, de alcanzar un futuro mejor. Cada una, cargaba en sus ojos historias y vivencias que jamás olvidaré, pero siempre con una alegría y un amor contagioso.

Tuve la oportunidad de ayudar en el puesto de salud de la comunidad, y allí entendí que pertenezco a este pueblo. Anduve demasiado tiempo evitando la confrontación con el estado de salud de la comunidad Macúa y el sufrimiento que sentiría. Pero al final, me remangué las mangas y fui. Simplemente fui. Recorrí todas las especialidades, desde los enfermos con VIH, las mamás internadas con patologías aún por descubrir, la maternidad, las consultas de pediatría, llegando hasta los tuberculosos. Sabía que estaba poniendo mi salud en riesgo, pero de una cosa tenía certeza, Él me cuidaba, y por eso no iba a hacer de ese temor un impedimento para no ayudar a esas personas.

Filas interminables llenaban el atrio del centro, los gritos de niños se escuchaban por los pasillos, y la esperanza de que llegara su vez era común a todos. A veces, la lengua era una barrera para explicar la toma de la medicación y las precauciones que tendrían que tener, pero hacía un esfuerzo para que el mensaje llegase. Agradezco a Dios por haberme dado fuerzas todos los días para conseguir ayudar a aquellos que la necesitaban, y que la impotencia no se apoderara de mí.

Cada día que pasaba, los lazos se fortalecían y mi miedo a regresar a casa era constante. Sabía que mi lugar estaba allí, les pertenecía. La familia que Dios escogió durante mi misión. Y cada día que pasaba los amaba más, por eso, fue imposible despedirme sin prometer mi regreso. Agradezco de corazón, la forma en que me recibieron de brazos abiertos y todo el amor que me dieron.

Lo mejor de esta misión no fue sólo las personas que conocí, las sonrisas que vi, o las lágrimas que derramé, sino la forma en que Dios invadió mi corazón diariamente sin darme cuenta. La necesidad de conversar con Él diariamente, era intrínseca en mi rutina diaria, y la bonita manera como Él me respondía era indescriptible. Estoy segura de que sin Él, no podría soportar mis debilidades ni eludir mis inquietudes. ¡Cómo fue hermoso esta descubierta con el Señor!

¡Gracias Carapira, simplemente gracias!

LMC Portugal

Inés Gonçalinho, Fe y Misión

Aprender a amar…

LMC Portugal¡Fue un sueño… que se hizo realidad! Todo surgió desde la primera vez que escuché el testimonio de un sacerdote misionero y por el que me maravillé por la gran intensidad del amor vivido y compartido. Era adolescente y desde allí nació en mí una enorme voluntad de querer amar así.

El tiempo fue pasando y casi vi el sueño huir entre mis rutinas, responsabilidades y trabajo… Pero Dios sabe lo que hace y no podía dejar un sueño tan rico morir en vano. Él me supo llevar por el camino correcto, conduciéndome por el camino de Fe y Misión que me ayudó a acercarme a Él, a conocerme en lo más profundo y a darme cuenta de que era llamada a hacer algo más. Y con millones de miedos y anhelos Él quiso que yo fuese aún más lejos y viviera este mes, donde pude aprender y saborear un poco de la vida misionera.

Después de toda la preparación, recaudación de fondos y despedidas, sólo descubrí que era real cuando me vi en Nampula. Así que salí del avión, saqué la máquina para tomar fotos del lugar y me lo impidió un guarda de seguridad del aeropuerto. Entonces sí, descubrí que aquel no era el mundo en que crecí, la realidad a la que siempre había estado acostumbrada.

En el camino recorrido hasta Carapira, más certezas tenía que estar viviendo otra vida, en un mundo completamente diferente. La carretera asfaltada, sin pintar y con rectas infinitas, me fue permitido ver la verdadera realidad de vivir en Mozambique. De la ventana fui viendo los puestos junto a la carretera, pequeños mercados donde se vendía de todo un poco, vi también muchas mujeres cargando sus hijos a la espalda y otras que cargaban baldes de agua u otras cargas en sus cabezas. La tierra roja, los árboles típicos y la llanura infinita con algunas montañas a lo lejos identificaban el paisaje. En algunos lugares se veían casas de paja y pequeños puestos que identificaban las poblaciones.

Llegamos a Carapira donde tuvimos una cálida acogida que me recordó la existencia de un mundo parecido a lo que estaba acostumbrado a vivir. Las instalaciones eran bastante agradables a semejanza de lo que había idealizado anteriormente.

Los primeros días me permitieron conocer el lugar donde pasaríamos la mayor parte del tiempo, las casas de las diferentes ramas de la familia Comboniana y el trabajo que cada uno realizaba. Se distribuyeron las tareas para toda la comunidad Fe y Misión, sobre todo relacionadas con el trabajo del Instituto Técnico Industrial de Carapira (ITIC) y en el apoyo al estudio de las niñas del hogar de las Hermanas Combonianas.

El trabajo que nos habían asignado lo realizamos a lo largo del mes y adaptándonos al ritmo que allí se vivía. El tiempo era muy relativo, la prisa no existía, habiendo siempre la posibilidad de una conversación extra siempre que caminábamos hacia algún lado.

Todos los días participábamos en las laudes y vísperas, realizadas en la iglesia junto con la comunidad Comboniana. Al principio, no fue fácil despertarme temprano para las laudes, pero a medida que iba entrando en el ritmo era extraño si algún día faltaba a una de las oraciones. Era un momento de pararse para estar junto a él y ahí recordar todas las razones que me llevaron a estar allí.

LMC PortugalAdemás de las tareas asignadas inicialmente, tuve la oportunidad de visitar una comunidad fuera de Carapira, con la hermana Eleonora, donde por primera vez me sentí “inculturada” al almorzar junto a la comunidad, tuve también la oportunidad de rezar el rosario en Macúa en un barrio de Carapira y de acompañar a la hermana María José en la visita a los enfermos. Todos estos momentos me permitieron conocer un poco más sobre las costumbres y la vida del pueblo Macúa. Ellos estaban muy contentos siempre que nos oían hablar en su lengua, por pequeña que fuera la expresión.

Las maravillas se fueron sucediendo a lo largo de los días. Y en cada uno de ellos había un toque especial, que me hacía disfrutar de estar allí y donde nada más importaba. A pesar de las nostalgias por Portugal, la voluntad de quedarme allí aumentaba cada día que pasaba.

Poco a poco iba aprendiendo más y más, lo mejor de todo surgió con las niñas del hogar. Desde el primer día en que las conocí quedé prendada por sus sonrisas, canciones y alegría contagiosa. ¡Mi corazón se llenaba, siempre que estaba con ellas! Ellas me cautivaron con su sencillez y, a pesar de tener la tarea de enseñarles y ayudar con los estudios, sentí que aprendí yo mucho más. Compartíamos la pequeña merienda que tenían y aún me daban un poco del de ellas. Me enseñaban palabras en Macúa y se divertían mucho siempre que yo las intentaba pronunciar.

Cuando ya sentía el corazón a reventar con tanto amor y pensaba que ya no era posible más, he aquí que aparece una pequeñita que quería hablar conmigo a solas. Confieso que me invadieron mil y un pensamientos y algunos temores, junto con mucha curiosidad. ¿Qué me quería decir? Entonces surge la oportunidad y la pregunta fue muy simple, dicha de una forma tan dulce: “¿quieres ser mi amiga?” Me quedé sin reacción y sin palabras. No contaba con tan pequeña pregunta que cargaba tanto sentimiento. La abracé y le dije con todo mi amor que ya éramos amigas sin tener que pedirlo. Pero ese corazoncito aún me quiso sorprender más. A pesar de haber intentado no aceptarlo, vino con un regalo para mí. Sí, nosotros que tenemos tanto y ellos que tienen tan poco. ¿Cómo es posible? Un pequeño cuaderno con un texto escrito por ella. A lo largo del mes, las pequeñas actitudes de esta niña me conmovieron de una manera muy especial, revolviendo también mi mundo y mi forma de pensar sobre el amor. ¡Al fin y al cabo es tan sencillo!

Todo esto me hizo ver la vida con mucho más simplicidad, dejando de dar valor a muchas cosas que tenía y reflexionar sobre ese amor que poco hablaba y mucho transmitía. Fue así que Dios me llevó al desierto y me habló al corazón…

Mónica Silva (Fe y Misión)

“Sus ojos se detuvieron en mi pequeñez…”

LMC PortugalHa llegado el momento de compartir lo que me habita en el corazón después de un mes de experiencia misionera en Carapira. Tengo alguna dificultad en organizar las ideas y empezar, pues son muchas las emociones que me vienen al corazón… intentaré escribir un poco sobre cómo crecí en esta experiencia.

Primero, os hablaré de lo que era el día a día. Cada día teníamos momentos de oración. Comenzábamos y terminábamos el día en oración, con la comunidad apostólica y nuestra comunidad.

Al inicio se señalaron varios trabajos en los que necesitaban nuestra colaboración y fuimos construyendo nuestra rutina en torno a estos trabajos, en el Instituto Técnico e Industrial de Carapira y en el internado que tienen las hermanas. Acompañábamos a los misioneros y misioneras en las visitas que hacían a personas y comunidades. Participamos en las celebraciones que se vivieron por aquellos días de los 70 años de la presencia Comboniana en Mozambique, los 150 años de la fundación del instituto de los MCCJ y los 25 años del asesinato del hermano Alfredo Fiorini.

Teníamos las tareas y momentos propios de la vida comunitaria, de nuestra “comunidad Fe y Misión”.

Dos cosas llenaban mi corazón: la primera era un sentimiento de pequeñez; la segunda era una gran serenidad, pero una serenidad alegre. Me sentía pequeño y ligero, alegre, en paz.

Me sentí pequeño porque fui viendo lo mejor y lo peor que hay en mí. Aprendí más sobre mí, me conocí mejor. Fui percibiendo mis límites y mis dones con más nitidez. Fui descubriendo límites que no conocía y cualidades que no pensaba tener. Y al crecer me sentía pequeño. Porque fui percibiendo que los trabajos que íbamos haciendo, aunque importantes y hechos con toda la dedicación que podíamos dar, no cambian el mundo como queremos. Porque la diferencia está en pequeños gestos de amistad, de amor, que crecen y dan fruto. Me sentía pequeño, sobre todo, porque fue mucho más lo que recibí de lo que di: de la comunidad apostólica que nos acogió generosamente; de la comunidad de Carapira; de las comunidades que visitábamos; de las personas que nos encontrábamos; de los niños y jóvenes con quienes pasábamos más tiempo, en el Instituto (la escuela industrial) y en el hogar de las Hermanas; y de las personas con quienes hice comunidad, los demás miembros del Grupo Fe y Misión.

LMC PortugalMe sentía, al mismo tiempo, en paz, porque tenía el corazón lleno. Lleno de amor, de alegría. Lleno de Dios. A cada día que pasaba, percibía mejor que estaba allí porque Dios me quiso hablar allí. Y le sentía muy cerca, en momentos concretos, en la oración, en los trabajos, en las personas que me iban tocando el corazón. Y me di cuenta de que Él me iba guiando, me ayudaba a conocerme mejor. Esto me ayudó a ser más sensible, más genuino. Más yo. El que Dios ya conocía y yo aún no – mi verdadero yo…

Miro este camino. Como estaba al principio y como estoy a la llegada. Como he cambiado: como Dios se detuvo en mi pequeñez, y cómo cogió en esa pequeñez y fue construyendo algo hermoso.

Como fui tocado por Él. Me siento feliz por mirar y por saber que viví intensamente. Por saber que viví aquel tiempo apasionado por Cristo y por las personas. Quiero continuar así, con el corazón lleno, agradecido por todas las maravillas que Dios hizo y por todo lo que recibí de las personas que por mí pasaron, los muchos testimonios de fe y amor que me fueron tocando y me hicieron crecer.

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Filipe Oliveira (Fe y Misión)