Laicos Misioneros Combonianos

Ir contra corriente

Déjalo todo
Déjalo todo

Un comentario a Lc 9, 51-62 (XIII Domingo ordinario, 30 de junio de 2019)

El evangelio de Lucas llega a un punto culminante de su narración sobre la vida de Jesús. Este, después de predicar por aldeas, campos y ciudades de Galilea, decide dirigirse a Jerusalén, el centro de la religión judía, donde está el Templo controlado por sacerdotes, fariseos y saduceos. Jesús va allá para proponer un cambio radical, que supere la hipocresía, la manipulación religiosa y el lucro indebido, creyendo verdaderamente en Dios como Padre misericordioso, que mira con amor a los pobres y pecadores. Cuando decide ir allá, Jesús intuye que cumplir la misión que se le ha encomendado no será fácil; le exigirá decisión, perseverancia, capacidad de sufrimiento y confianza.

En ese camino, cuesta arriba, como quien entra en “territorio adverso”, Jesús encuentra personas que se le oponen y algunos que le quieren seguir. Jesús no les engaña con palabras bonitas pero falsas; les avisa que, para seguirle, cuesta arriba, hasta Jerusalén, hay que ir contra corriente. En esta página que leemos hoy encontramos cuatro tipos de falsos candidatos a discípulos. Veamos:

1.- Los fanáticos violentos. El evangelista los nombra. Son Santiago y Juan. Ellos representan a algunos miembros de las primeras comunidades que piensan que a los malos hay que eliminarlos, hacer “bajar fuego del cielo” contra ellos. Lucas dice simplemente que Jesús “se volvió hacia ellos y los reprendió”. En la comunidad de los verdaderos discípulos no cabe el fanatismo ni las posiciones violentas. Recuerden la parábola del trigo y la cizaña: no se puede arrancar la cizaña sin dañar el trigo, hay que esperar al tiempo de la cosecha para separarlos. Algunos quisieran un mundo perfecto, una Iglesia totalmente santa, una comunidad sin mancha… Eso es una ensoñación. Jesús invita a sembrar el bien, pero sin esa impaciencia que puede destruir el bien junto con el mal.

2.- Los acomodados. Hay algunos que quieren seguir a Jesús, que tienen buenos sentimientos, pero cuando hay que hacer algún sacrificio, se echan atrás. Como dice el proverbio, “el que algo quiere, algo le cuesta”. Seguir a Jesús implica a veces sacrificar algo de tiempo, renunciar a alguna comodidad, perder algo de dinero… Si prefieres seguir sentado en tu sofá, sin molestarte mucho, entonces no puedes ser discípulo.

3.- Los apegados a las tradiciones. En el evangelio se dice que uno quería seguirle, pero quería primero “enterrar a su padre”.  Jesús le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Evidentemente Jesús no está contra la piedad para con el propio padre; al contrario, en otro lugar, critica a quienes descuidan a sus padres con la excusa de servir al templo. Lo que Jesús dice es que, para seguirle, hay que ser libre de ataduras indebidas. Alguno, por ejemplo, no va a Misa porque a esa hora tiene el partido del fútbol o quiere ir al gimnasio, o va de bares con sus amigos… Oye, “deja a los muertos que entierren a sus muertos”. Sé libre para seguir a Jesús.

4.- Los inconstantes y nostálgicos.  Estos son los que, como la mujer de Lot, miran al pasado más que al presente y al futuro. “Empuñan el arado”, es decir, se animan a trabajar por el Reino, pero se cansan, echan de menos “las cebollas de Egipto”, como los judíos en el desierto.  Jesús dice que estos “no sirven para el Reino de Dios”. Se requiere constancia, perseverancia, capacidad de mirar al futuro más que al pasado.

Hoy podemos preguntarnos si nosotros caemos en alguna de estas categorías o si estamos dispuestos a seguir a Jesús, sin condiciones, incluso cuando eso implica algún sacrificio, cuando nos exige liberarnos de alguna atadura indebida o cuando implica caminar cuesta arriba y contra corriente. ¿Quién se apunta? Si dices sí, ya somos dos. Vamos a ello con confianza y generosidad.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Visita a Italia

LMC
LMC

Hola de nuevo a todos.

Entre el encuentro de fin de semana de los Consejos Generales de la Familia Comboniana y el siguiente fin de semana donde nos reunimos como Comité Central en Venegono (al norte de Milán) tuve unos días para moverme por Italia.

Pedí a Marco que preguntase a los grupos del norte si alguno me podría recibir y así pasar un rato juntos.

La respuesta fue muy positiva y pudimos organizar una buena semana visitando a varios de los grupos LMC del norte de Italia.

La dinámica para todos fue similar. Por la mañana viajaba de una ciudad a otra y en la tarde compartíamos un momento de oración, cena y charla ente todos. Siempre en un ambiente de familia muy agradable.

Agradezco a todos el esfuerzo que supone reunirse una noche entre semana con los trabajos, niños y demás. Así como también a cada uno de los MCCJ que encontré y que acogieron en sus casas como familia y aquello que acompañan a nuestros grupos y los que se acercaron a conversar sobre nuestra realidad LMC en su ciudad y a nivel internacional.

LMC

El primer grupo que visité fue el de Padua. Un grupo con muchos años a sus espaldas. Me estuvieron contando cómo se iniciaron en el grupo, las actividades que realizaban y las que venían organizando por muchos años (muchas iniciativas que posteriormente se han ido extendiendo por otros lados).

Algunos ya nos conocíamos por haber coincidido en algún encuentro internacional. Se mostraron muy interesados por conocer cómo se organizaban otros grupos y el tipo de actividades y encuentros que se hacían. Aprovechamos también para conversar un poco sobre la pasada asamblea de Roma.

Veo que hay un interés cada vez mayor por la colaboración entre todos, por salir de lo que cada uno hace localmente y colaborar con los otros, aprender de las experiencias de los demás, compartir inquietudes y demás. Así que les animé a leer las conclusiones, que sé que parecen muchas pero que si nos tomamos un rato veremos las riquezas de las mismas y las múltiples ideas que dan para actividades concretas de cada una de nuestras comunidades y para cumplir la tarea común que entre todos nos marcamos.

LMC

Al día siguiente seguí para Verona. Me recibieron en la estación y me llevaron a casa de los Combonianos a saludar al P Tachela y después a casa de las hermanas combonianas a visitar a la hermana Esperanza que acompaña también al grupo.

Posteriormente tuvimos una mesa maravillosa de comida compartida, reencuentros con aquellos que coincidimos en el 2012 en nuestro encuentro europeo de Verona y otros.

Conversamos un poco de España e Italia, de bonitos lugares y tras la cena comenzamos a conversar. Conocer lo que el grupo va haciendo, los retos que afronta y demás.

Dedicamos igualmente un buen tiempo a conversar sobre la realidad de otros grupos. A conversar sobre los retos que nuestra pasada asamblea nos trae, a reconocer que muchas veces nos quedamos centrados en lo que nuestro grupo LMC local, nuestra comunidad realiza. Es normal que sea nuestro referente vital, aquellos con los que compartimos lo cotidiano, rezamos y trabajamos juntos pero tener presentes lo que hacen otras comunidades LMC nos trae ideas nuevas, nos ayuda a crecer. También encontré el reto de leer todo lo que compartimos, pero a la vez el interés por querer conocer el contenido que nos aporta y que estamos demandando…

Al día siguiente pude dar un pequeño paseo por la ciudad de Comboni en bicicleta para recordar los lugres más importantes y de nuevo tomar el tren, esta vez camino de Milán.

LMC

De nuevo esperándome en la estación y a una nueva reunión de grupo. No sin antes dar un rápido paseo por las partes más importantes y hasta visitar el museo del Risorgimento.

Tiempo para cenar, reencontrarnos algunos y conocer caras nuevas y conversar. Siempre un tiempo para saber el camino que se realiza y tiempo para preguntas. Volvió a salir entre otros el reto de la formación. Una formación que nos ayude a crecer en nuestra vocación, la importancia de la oración y el crecimiento en nuestra espiritualidad que nos sostenga y fundamente en nuestra acción misionera y también el reto de abrir los grupos para que nuevas personas se unan. La importancia de conocer bien nuestra identidad para presentarla y ayudar a discernir nuestra vocación y sus consecuencias.

También surge el momento de pedir pistas para seguir avanzando y mi respuesta es siempre la misma, es fácil, leed los acuerdos tomados en Roma. Nuestras famosas 96 conclusiones que tanto nos tienen que decir. Tanto en el hacer como sobre todo en el Ser. Fruto de todos estos años de trabajo y del aporte de tantos países de los tres continentes donde estamos presentes.

A la mañana siguiente de nuevo al tren camino a Venegono. Y desde la estación visitar, reencontrarnos y conversar de tantas cosas importantes.

El día pasa volando y al final podemos compartir la cena y un buen rato de conversación, esta vez algo más informal y en pequeños grupos pero siempre interesante.

LMC

La inquietud por las nuevas vocaciones y la llegada de personas nuevas a los grupos. La dificultad de la brecha generacional o cómo hacer atractivo los grupos a los jóvenes cuando somos familias con niños pequeños y ritmos muy diferentes.

Siempre hay que seguir pensando y mantenerse vivo, creer en lo que hacemos y pedir ayuda a otros. No estamos en un escaparate para que nos vean, estamos en la calle, con la gente, y necesitamos nuevas manos que se unan para hacer, para cuidar, acariciar, acompañar a quien necesita. Necesitamos nuevas cabezas que aporten ideas y soluciones a las dificultades del día a día. Necesitamos nuevos corazones que den esperanza en los momentos difíciles.

Tenemos una vocación maravillosa, un don de Dios que debemos compartir con los demás. Esa es parte de nuestra responsabilidad.

Toda Italia se prepara para su asamblea nacional en agosto. Para un importante momento de reencuentro personal pero sobre todo para seguir soñando juntos, para hacer realidad el sueño común que lanzamos en Roma, para desde donde estamos ponernos al servicio, para abrir nuestros grupos a nuevas personas que sientan esta vocación misionera y ofrecer un lugar donde crecer, formarse, alimentarse espiritualmente, prepararse para partir, hacer realidad el sueño misionero de Comboni allá donde nos encontremos, con la mirada en los “más pobres y abandonados” que decía Comboni.

Gracias por hacerme estar en familia.

Alberto de la Portilla (Coordinador Comité Central LMC)

Encuentro Consejos Generales de la Familia Comboniana 2019.

Familia Comboniana
Familia Comboniana

Un año más nos hemos encontrado como Consejos Generales de la Familia Comboniana. Esta vez en Carraia, en casa de las misioneras seculares.

Antes de empezar la reunión en nuestro camino de ida paramos unas horas en Pisa para visitar sus monumentos más emblemáticos, entre ellos la famosa Torre inclinada. Fue un primer momento de encuentro y diversión juntos.

Como viene siendo habitual hemos tenido una buena relación y buen ambiente entre los participantes. Aunque solo nos consigamos ver una vez al año se nota un buen clima de confianza entre todos. La acogida recibida fue muy buena y nos sentimos muy a gusto. También en la comunidad MCCJ de Lucca donde nos alojamos los varones.

Durante el fin de semana trabajamos diferentes aspectos. La primera mañana reflexionamos sobre el tema “¿Qué interacción existe entre la Misión KM 0, entendida como la misión de los laicos en su propio territorio y desde su situación de vida, la Misión Ad Gentes y Misión Inter Gentes?” Para ello nos ayudó una reflexión por parte de Luca Moscatelli (teólogo laico de la diócesis de Milán).

Familia Comboniana

Luego pasamos la tarde reflexionando sobre la “Evolución y perspectivas de la animación misionera en la Familia Comboniana”. Pudimos compartir nuestra visión sobre la animación misionera, los retos que se plantean a nivel eclesial y a nosotros como familia misionera. También aprovechamos para hablar sobre el próximo mes misionero especial de octubre, donde animamos a toda la Familia Comboniana a hacer un esfuerzo para este importante evento para la Misión y la Iglesia en todas partes.

Después de la cena, tuvimos la suerte de asistir una representación teatral sobre la vida de Madeleine Delbrel. Una vida apasionante, implicada en el día a día de sus vecinos y compañeros, caminando con la gente y dese ahí con el Señor.

El domingo, pasamos la mañana poniéndonos al día sobre lo que estamos llevando adelante desde las diferentes ramas de la familia Comboniana. Nosotros, como LMC, explicamos lo que fue la asamblea internacional que celebramos en Roma, en diciembre pasado, las conclusiones acordadas y el desafío que supone llevarlas a delante.

Los demás nos explicaron cómo están desarrollando el proceso de revisión trabajando en la evaluación de su Regla de Vida y de las constituciones las seculares.

Después de evaluar la reunión de una manera muy positiva, planeamos la agenda para el próximo año. Nos encontraremos el primer fin de semana de junio.

Queda por delante un año para seguir caminando juntos como Familia allá donde nos encontremos.

Familia Comboniana

Un saludo,

Alberto de la Portilla (Coordinador Comité Central LMC).

El maestro interior

Vidriera
Ventana

Un comentario a Jn 16, 12-15 (Solemnidad de la Santísima Trinidad, 16 de junio de 2019)

Después de la fiesta de Pentecostés, la Liturgia católica comienza lo que se llama “tiempo ordinario”, pero con un tema de meditación nada “ordinario”, ya que se contempla el misterio de la Santísima Trinidad, una realidad insondable, a la que solamente podemos acercarnos “a tientas” y  “como en un espejo”, por usar una expresión de San Pablo.

Como guía para la contemplación de este misterio, se nos ofrece un breve pasaje del evangelio de Juan en el que se nombra a Jesús-Hijo, al Espíritu y al Padre. Es decir, se menciona a las tres personas divinas.

Como siempre, esta lectura evangélica puede leerse enfatizando uno u otro aspecto, según el momento que vive cada uno o la comunidad a la que pertenecemos, ya que la Palabra de Dios es viva y eficaz, precisamente porque en ella nos habla Jesús, que, por medio de su Espíritu, nos comunica el amor del Padre.

Por mi parte, quisiera detenerme en la promesa que Jesús nos hace de conducirnos hacia la verdad plena:

“Tendría que deciros muchas más cosas, pero no podréis entenderlas ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que podáis entender la verdad completa. El no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído, y os anunciará las cosas venideras. El me glorificará, porque todo lo que os dé a conocer, lo recibirá de mí. Todo lo que tiene el Padre es mío también; por eso os he dicho que todo lo que el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí” (Jn 16, 12-15).

La historia humana no se ha acabado con la vida de Jesús en Palestina. La creación continúa “creándose”, el amor del Padre sigue actualizándose con cada ser humano y con cada generación; y la enseñanza de Jesús sigue germinando como una semilla cuya vitalidad sigue fuerte por la acción del Espíritu, que lo comparte todo con el Padre y con el Hijo.

En el Libro de los Hechos de los Apóstoles podemos comprobar como los discípulos, que habían vivido pocos años antes con Jesús, no tenían todos los problemas resueltos de antemano, sino que debían discernir continuamente qué hacer y cómo hacerlo. Cuando las viudas griegas se quejaron por falta de atención, los discípulos “inventaron” los diáconos o servidores de los pobres. Cuando los gentiles empezaron a querer entrar en masa en la Iglesia, que era judía, tuvieron que discernir y decidir, “ellos y el Espíritu Santo”, qué hacer.

Así el Espíritu les iba conduciendo -en libertad, responsabilidad y creatividad- a la “verdad plena”, que no es una verdad monolítica, aprendida de una vez para siempre, sino la verdad del amor de Dios que va respondiendo a cada situación y circunstancia.

Desde entonces son muchos los creyentes que hacen experiencia de esta presencia del Espíritu. Hace unos días una religiosa de 90 años me contaba el origen de su vocación. Pocos meses antes de casarse, en el momento de la comunión, experimentó una presencia del Espíritu tal que tuvo claro que su vocación no era la vida casada sino la vida religiosa, que ese era el camino que el Padre le preparaba para ser feliz, para amar y ser amada… Siguió esa inspiración y encontró la plenitud de su vida.

Estoy seguro que el Espíritu nos habla a todos y a todas en este momento de nuestra vida. Lo hace a través de la Palabra, de una celebración, de un encuentro. Pero sobre todo lo hace desde el santuario de nuestra conciencia personal, donde nos habla el “maestro interior”, si  sabemos guardar silencio, evitar los ruidos y abrirnos a esta presencia. Ojalá todos nosotros sepamos buscar esos espacios de interioridad, en los que escuchar la suave brisa del Espíritu, que nos conduce a la verdad plena.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Ser misión en Etiopía – primeros momentos

CLM Ethiopia
CLM Ethiopia

Atrás quedan Qillenso, Adola y Daaye y mi mirada durante el viaje en este verde que contrasta con todo lo que había visto hasta ahora desde que llegué a este nuevo lugar donde Dios nos espera a cada uno, al menos en el abrazo de una oración que, puede viajar desde muy lejos (espero que desde sus corazones). Aprovecho la duración de este viaje para intentar compartir (ni que sea un grano) de las maravillas de este pueblo que tan bien me ha recibido.

Estamos en una semana inusual. Aprovechamos que las clases de Amárico sólo comenzarán el 3 de junio (próxima semana) para ir a conocer las diversas misiones de los MCCJ y también de los LMC (en Awassa) en la zona sur de Etiopía.

Adis Abeba, es una ciudad donde reina la contaminación, el ruido, el frenesí de los muchos coches y personas que deambulan sin regla por las calles. Podría verse como casi cualquier ciudad europea si no fuese por el desorden que aquí gobierna. Viajar en coche es siempre una aventura, pues la carretera aquí también pertenece a los animales y a las personas (¡después de todo, los coches llegaron después!). De entre las varias y abarrotadas calles que aquí existen, de las que me cuesta más (hasta ahora) atravesar es la indescriptible México Square, punto de referencia para la llegada a casa. Indescriptible por no haber palabras para entender el dolor que me da cuando veo aquellos cuerpos extendidos en medio del suelo, cuerpos delgados, sin apenas vida, unos que no ven, otros que no tienen pies para andar… Junto a estos cuerpos podemos encontrar muchas veces el semblante de un niño, cuya mirada perdida no pasa desapercibida. Imagino historias en mi cabeza que, probablemente, son las suyas. Son madres desnutridas y sus hijos. ¡Cómo duele mirar y duele aún más no saber qué hacer!

CLM Ethiopia

El viaje de esta semana por el sur de Etiopía nos permitió también tener una visión muy diferente y colorida de este gran e inmenso país. A medida que viajamos de Adís Abeba a Awassa, Qillenso, Adola y Daaye, el paisaje va cambiando sus formas y figuras. Si en Adis y Awassa hay un manto de casas hasta donde la vista alcanza, en Qillenso, Adola y Daaye la tierra se viste de rojo y del verde de la vegetación acabada de nacer por el inicio de las lluvias. Por el camino se siembran casas, éstas con una configuración más rudimentaria y que son auténticas obras de arte. El coche pasa y los que nos ven pasar también nos miran. Los observo también a través del cristal de la furgoneta. ¡Qué mirada tan hermosa! ¡Sonríen siempre al vernos a pasar!

Estoy feliz por la misión que Dios nos entregó a los tres y para la que pedimos vuestras oraciones. La misión nunca será nuestra. También es vuestra. Y por encima de todo, es de Dios. Probablemente, y conscientes de esto, sabemos que los frutos maduros de este trabajo sólo (y Dios quiera) serán visibles dentro de unos años.

CLM Ethiopia

¡Estoy bien! Sintiendo todo. Las personas, sus miradas, sus palabras que muchas veces no entiendo, pero procuro responder con una sonrisa, o una mirada de ternura, o usar las pocas palabras que ya sé decir en amárico. Ha sido un tiempo para observar, oír, intentar entender. Es una ventaja también que yo no tenga un nivel de inglés fluido que me permita hablar mucho (y mucho menos amárico). Saco partido de eso y acabo por escuchar más, observar más. ¡Es tiempo de eso!

Nuestro pasar por la calle es siempre motivo de miradas. La gente nos mira, como si fuésemos algo extraño. ¡Para los niños es una fiesta! Nos miran y esbozan sonrisas atrevidas:

– ¡Farengi! Farengi! ¡O China! China!

A falta de saber qué hacer muchas veces, las miramos y sonreímos. Extendemos el brazo e intercambiamos un apretón de manos. ¡Están todos contentos de tocarnos… es recíproco!

Uno de estos días, en Awassa, visitamos a las hermanas de la Madre Teresa, y lo esperado sucedió: la misma reacción de los niños que se quieren agarrar a nosotros… Corren en nuestra dirección para tocar la mano. Y no sólo la mano. Los brazos, la cara. Y se van acercando, deleitándose con nuestro calor. Corren en busca del amor. Y tratamos de dárselo. En la dificultad de no saber mucho amárico, digo lo mismo de siempre. No puedo limitarme a las mismas palabras de siempre, pensaba. Intento recordar otras cosas que pueda decir, y allá me sale:

CLM Ethiopia

– Mndn new? (¿qué es esto?) – pregunto apuntando a mi camiseta.

– Makina (coche) – responden varias, cada una a su tiempo.

Repito la misma pregunta para otras cosas, incluyendo la cruz que traigo al pecho.

Y así me van respondiendo. ¡Es una fiesta para ellas! Y para mí. No saben cuánto me enseñan. Confío que son los mejores profesores que podré tener. Se quedan contentos con este poco. Así como quien está con sed, como yo.

Siento todo, incluso la nostalgia. ¡Gran nostalgia! Esto también me habita, ¡por supuesto (no sería sino portuguesa… de aquellas muy nostálgicas)! Como alguien me dijo, la nostalgia es el amor que queda. Por eso, quiero siempre que esta nostalgia sea parte de mí.

Han sido días bonitos, cargados de novedad. También con la comunidad, con David y Pedro. En nuestras diferencias, veo tres piezas de un puzzle que se unen y que encajan. Está siendo hermoso como nos damos cuenta de lo que estamos llamados a hacer aquí. Sentimos el peso de la responsabilidad de estar empezando a sembrar este grano que queremos que otros vengan a regar, segar, cosechar. ¡La mies aquí es grande! Pero sentimos una gran fuerza de querer dar pasos. Que el Espíritu Santo nos ilumine a dar los pasos correctos, en los tiempos y lugares correctos.

Rezad por nosotros, por la misión y sobre todo por este pueblo que nos acoge y que busca y lucha por la vida, día a día.

Con mucho amor,

LMC Carolina Fiúza