Laicos Misioneros Combonianos

(Re) Vivir un sueño

LMC Portugal

LMC Portugal“Por el sueño es que vamos”, escribió Sebastián da Gama. El sueño comanda muchas veces el alma de una persona. Puede llevarnos a sitios que tanto deseamos y que no siempre logramos alcanzar de verdad. Carapira, desde 2015, era un sueño para mí. Regresar a un sitio donde fui tan feliz, volver a encontrarme con rostros conocidos, personas que me tocaron profundamente, era algo que no imaginaba que pudiera suceder.

Pero, con la gracia de Dios, el sueño se realizó y la alegría de vivir la misión que Dios me confió en tierras mozambiqueñas llenó de nuevo mi corazón de profunda gratitud a Dios y a todos los que rezaron y trabajaron para que el sueño se hiciera realidad y se pudiera vivir de nuevo.

A diferencia del 2015, en que fui por primera vez a Mozambique, este año la tarea que Dios me había confiado fue la de ser responsable de siete jóvenes del Grupo Fe y Misión: Ana, Felipe, Inés, Jorge, Mónica, Rubén y Sofía. Mi misión principal era la de asegurar que estos jóvenes tendrían un mes lleno de vivencias ricas y profundas de Dios, con el pueblo que Dios nos dio a conocer, con ellos mismos y con todos los misioneros que con su ejemplo nos vendrían a enseñar la Misión.

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Este año, mi mayor alegría fue sentir el corazón lleno de estos jóvenes, verlos felices por entregarse sin reservas a todas las personas que se cruzaron con nosotros y a todos los trabajos que nos fueron solicitados. Me siento agradecido, una vez más, a Dios, por los jóvenes que Él envió a Carapira, por su generosidad y bondad, por su alegría y entusiasmo, por todo lo que aprendí con ellos y por lo que dieron en tan poco tiempo.

A pesar de que sólo llegamos a Carapira el 19 de agosto, considero que el largo viaje que hicimos fue muy importante, porque nos permitió crear aún más empatía entre todos y reflexionar un poco sobre la misión. Así, a lo largo del viaje tuvimos algunas catequesis sobre el voluntariado y la misión, la tierra sagrada que sería para nosotros Mozambique, el otro como “sagrado” y “misterio” y la alegría del encuentro.

Muchas gracias a todos los misioneros que de corazón abierto nos recibieron y acogieron en sus casas, que abdicaron del tiempo precioso en misión y pararon para estar con nosotros, para compartir historias de vida maravillosas y para llevarnos a conocer lugares maravillosos.

Para mí, los lugares más hermosos fueron el barrio de Carapira, las comunidades que visitamos y todos los demás lugares donde tuvimos oportunidad de estar con las personas. Sin duda que lo más hermoso de la misión son las personas. Es por las personas que Dios nos invita a partir. La misión son caras: en primer lugar, el rostro de Cristo, sediento de amor por todos y, en especial, por los más abandonados; después, el rostro de todas las personas con quienes nos cruzamos y compartimos lo que somos. A veces compartimos sólo nuestra presencia, el estar, como lo hicimos con las visitas a los enfermos. La verdad es que ese compartir tan simple llevó a algunos a decir a los jóvenes que éstos fueron una bendición de Dios para ellos, los enfermos. Y los jóvenes se dejaron tocar tanto. Yo tuve la gracia de ir acompañando a los que pretendían tener alguna conversación sobre lo que les iba en el alma, sobre el camino interior que iban haciendo y os digo que muchas veces me quedé de corazón lleno con lo compartido, con las maravillas que Dios iba obrando en el corazón de cada uno. Sólo un Dios amor es capaz de realizar las maravillas que nuestro Dios ha realizado en estos jóvenes de “Fe y Misión”.

Al final, me despedí de Carapira. La despedida fue serena pues en mi corazón sentí la alegría de quien no dice “Adiós” sino “Hasta pronto”. Puede incluso haber sido un “Adiós” a Carapira pero, en mi corazón, fue un “Hasta pronto” a la misión más allá de las fronteras. ¡Quiera Dios que así sea!

LMC Portugal

Termino con un pequeño Magnificat personal que escribí desde Carapira hasta el aeropuerto de Nampula:

Mi alma glorifica al Señor,
Alabo y bendigo a Dios por todas las maravillas que volví a vivir en Mozambique.
Lo poco que soy y he dado, el Señor lo ha multiplicado en gracias y dones
transformados en gestos sencillos de entrega y compartir.
¡Alabado sea Dios!
A mí y a todo el grupo de Fe y Misión, el Señor nos llenó nuestro corazón de maravillas,
Traducidas en un simple “Ehali”, en una sonrisa o en una simple mirada.
¡Alabado sea Dios!
Al contemplar la belleza natural de este hermoso jardín que es Mozambique,
Glorifico a Dios por todas las obras de su Creación,
¡Por tanto amor!
Ante los numerosos signos de la presencia de Dios, que vivimos y contemplamos
Sólo puedo decir: ¡Dios es grande!
Y su grandeza se manifiesta en todo y todos,
¡Incluido en mí y en mi fragilidad!
¡Alabado sea Dios!

 

Pedro Nacimiento, Portugal

La misión al otro lado del atlántico

LMC Peru

LMC PeruTener fe es firmar una hoja en blanco y dejar que Dios en ella escriba lo que quiera (San Agustín).
Así también la misión es dejarnos guiar por el Espíritu Santo que nos acompaña y espera.
Llegamos a este camino con todo lo que somos y así también partimos. Hemos traído en el corazón a todos los que amamos y nos completan, nos han enviado aquí y nos acompañarán toda la vida, así dicta el amor. Salimos al amanecer y también en un amanecer llegamos al Perú. Conscientes de la duración del viaje encontramos las fuerzas en los abrazos apretados que nos dijeron hasta pronto. Llegamos a la tierra a la que llamaremos casa en los próximos años.
A la puerta del aeropuerto ya nos esperaban, entre sonrisas y alegría nos recibieron. Compartimos nuestro nombre y nuestro carisma.
A la salida, fuimos recibidos por la lluvia menuda que se hacía sentir, y en este torbellino de sensaciones recorrimos por primera vez suelo peruano. LMC PeruUn primer período de puro conocimiento, despojadas de nosotras damos los primeros pasos junto a este pueblo que nos acogió de forma tan amable. Somos nosotras del otro lado del atlántico viviendo la misión al estilo de S. Daniel Comboni.
Conocer a los Laicos Misioneros Combonianos fue a conocer a nuestra familia LMC Peruana. Cada uno de ellos compartió con nosotros un poco de sí y de su testimonio de vida y de fe. Pudimos conocer también a los postulantes con quienes convivimos y compartimos buenos momentos. Entre conversaciones, bebidas, comidas y carcajadas recibimos un poco de ellos y dimos un poco de nosotras, alegres, con la certeza de saber que todas estas vidas convergen hacia Dios.
Con la certeza de que fue y es Dios quien nos llama a esta misión. Caminamos juntas con la seguridad de que llegaremos adonde nos esperan.

LMC Peru
Neuza y Paula, LMC Perú

Familia Comboniana (España) en Almería

LMC España

LMC EspañaLa semana pasada se reunió en Granada (España) la comisión de Familia Comboniana para seguir dándole forma al nuevo proyecto de misión que como familia misionera queremos empezar en Almería, concretamente en S. Isidro de Níjar.

La realidad de los migrantes allí instalados, la mayoría africanos, nos interpela y nos llama a dar una respuesta desde nuestro Carisma Comboniano de “Salvar África con África”.

Gracias a la comisión por vuestro empeño y trabajo y por sonar juntos/as un nuevo tipo de presencia misionera como Familia.

Compartimos un pequeño video de una de las visitas que se hizo a los distintos asentamientos de migrantes el curso pasado y que muestran la realidad que allí nos encontramos.

LMC España

Vida en comunidad

LMC Portugal¡Noticias maravillosas!
Esta semana, el martes, llegó a Portugal la LMC española Teresa Monzón. Se encuentra realizando la experiencia comunitaria con la LMC Cristina Sousa en Braga.
Están las dos estudiando en Braga, aunque lenguas diferentes: Tere el portugués y Cristina el francés.
Acogemos a Tere con mucha alegría y estamos unidos también a esta comunidad. Rezamos para que en ella nazcan frutos que generen vida, “vida en abundancia”.
Bienvenida Tere. ¡Estamos juntos!

LMC Portugal
LMC Portugal

Gracias, San Daniel Comboni, por fundar el Instituto

Comboni

ComboniQueridos hermanos:
Feliz Fiesta de San Daniel Comboni.

Este año, en el que celebramos el 150 aniversario de la Fundación de nuestro Instituto, una de las bellas cosas que contemplamos es la celebración de la santidad de Comboni en las comunidades cristianas de las Iglesias locales en las que vivimos y a las que participamos.

Comboni, bendito é Deus em teu nome”, “Comboni, bendito es Dios en tu nombre”: así cantaban, queridos hermanos, los feligreses de Curitiba que encontré durante mi visita a la provincia y a los hermanos de Brasil. Sí, una Iglesia local de Brasil, muy lejos de África, bendiciendo a Dios y alabando a San Daniel Comboni. Qué lindo que San Daniel Comboni, nuestro Padre y Fundador, se haya convertido en una figura tan atractiva, gracias al compartir realizado por los combonianos, las combonianas, las seculares combonianas y laicos combonianos. Sí, los santos y las santas hablan para todos, en todas partes. En Mozambique, donde se celebra, junto con los 150 años del Instituto, los 70 años de presencia y servicio generoso de los Combonianos, en la parroquia de Benfica-Maputo, los valientes jóvenes del coro cantaban: “Continente africano, alegrémonos y cantemos, el mundo entero alégrese y caiga dando gracias al Señor. Fue un Profeta en su tiempo. Denuncio la esclavitud. Los de grito alternativo o africanos”, “el continente africano, se regocija y se regocija el mundo y canta, canta, dando gracias al Señor, Comboni fue un Profeta en su tiempo. Denuncio la esclavitud y ha sido oído el grito de los africanos”.

¡Gracias Comboni! Gracias África porque has modelado a Comboni y lo has hecho un santo y generoso hombre de Dios.

Queridos hermanos, en este año en el que celebramos los 150 años de la Fundación de nuestro Instituto misionero, queremos agradecer a Dios por el regalo de San Daniel Comboni y el regalo de los hermanos que han consumido y dado totalmente al pueblo de Dios en la misión. Agradecemos a nuestros hermanos asesinados mientras se dedicaban al servicio del Evangelio y la misión. Queremos decirles GRACIAS: se han convertido en “Santos y capaces”. Santos y capaces. Lo uno sin lo otro vale poco para el que sigue la carrera apostólica. El misionero y la misionera no pueden ir solos al paraíso. Solos irán al infierno. El misionero y la misionera deben ir al cielo acompañados de las almas salvadas. Y aunque ante todo han de ser santos, o sea, completamente ajenos al pecado y a la ofensa a Dios, y humildes, eso no basta: necesitan tener caridad, que es la que los hace capaces” (E 6655).

En el marco de los 150 años de nuestro Instituto, sería muy bueno dedicar un momento de oración de acción de gracias por estos hermanos nuestros “santos y capaces”, que se consumieron por el Reino de Dios entre los pueblos a los que fueron enviados. ¿Contemplar a estos hermanos nuestros santos y capaces, nos provoca a preguntarnos: y yo, tengo la misma disponibilidad para hacer un camino de vida en continua conversión? ¿Aspiro a la santidad misionera y a la capacidad evangélica que contribuye a la vida de mis hermanos y hermanas con los que construimos el Reino de Dios en nuestro mundo tan necesitado y herido?

Pensando en nuestros hermanos “santos y capaces” notamos que tenemos un profundo y rico pozo de espiritualidad misionera e comboniana al cual beber. Tenemos muchos hermanos de todas las edades, de todas las culturas y de todas las razas que ayer y hoy han vivido y viven imbuidos con esta gran espiritualidad y se han convertido en ejemplos. “Son muchos los misioneros combonianos identificados, generosos y dispuestos a dar la vida por Cristo y por la misión; sin hacer ruido, se gastan cada día en los diversos servicios a ellos confiados” (AC 2015, n. 14).

Este año en el que celebramos los 150 años de nuestro Instituto, me gustaría recordar cuatro hermanos y una hermana cuyo proceso de beatificación y de canonización, dentro de las comunidades cristianas y de la Iglesia, ya ha iniciado.

“Santos y capaces” en la evangelización: “De mi vida depende la salvación de muchas almas; cuanto más santo sea yo, más salvaré… Mucho hace quien mucho ama y mucho obtiene quien mucho sufre. Ante la Virgen de Lourdes he pedido la gracia del martirio”, “O Sacratísimo Corazón de Jesús, yo me encierro en la herida de tu dulcísimo costado y entrego las llaves a mi querida madre a María y le ruego de no abrirme si no para ir a gozaros toda la eternidad” (Mons. Antonio María Roveggio, del diario personal).

“Santos y capaces” en la vida de la comunidad: “Entre yo y mis hermanos recuerdo haber insistido dos veces, y con algo de fuego, en mi opinión, así que durante dos minutos, puede ser que la armonía no haya sido de lo más delicioso, pero Deo gratias; ambas veces, en el mismo istante, les he pedido perdón por mi furia, y me dijeron, sí, sí, va bien. Si alguna vez sucede echar agua al fuego de los otros lo haces con gusto, sobre todo porque es más barato” (Hno. Giosuè dei Cas, 13.1.1927, carta al Sup. General, carta desp.).

“Santos y capaces” en la caridad: “La santidad es el árbol y el amor su fruto. Más nos esforzamos por amar, conocer, servir a Dios y más nos sentimos atraídos, como del imán, para servirle en la persona de todos los necesitados, especialmente de los más lejanos y de los que más sufren” (P. Bernardo Sartori, carta de Otumbari, 19.1.1979).

“Santos y capaces” en el deseo de vivir el Evangelio: “Tengo que seguir esforzándome por vivir la presencia de Jesús en mi corazón y me pregunto con frecuencia qué haría él en mi lugar. Me ha conmovido la idea de escuchar la palabra de Dios sin defensas, y hablar con Jesús en el tabernáculo sin defensas. Por lo tanto no defenderme con tantas disculpas si mi vida no se adecua a la palabra de Dios y no hablar de Jesús imponiendo mi punto de vista humano, mezquino. Lamentablemente debo hacer todavía más o menos los mismos propósitos del pasado” (P. Giuseppe Ambrosoli, extracto de los ejercicios espirituales, 9-15.1.1981).

“Santos y capaces” en la profecía: “Os quiero mucho a todos y amo la justicia y por la justicia basta simplemente la voluntad de cada persona, basta la voluntad como Iglesia, como comunidad, antes que la rebelión pueda dar lugar a brutalidad impredecible en nuestro entorno social. No aprobamos la violencia, aunque recibimos violencia. El sacerdote que os habla ha recibido amenazas de muerte. Estimado hermano, si mi vida te pertenece, también te pertenecerá mi muerte” (P. Ezechiele Ramin, homilía en Cacoal, 17.2.1985).

“Santos y capaces” en la colaboración: Hna. Maria Giuseppa Scandola, enferma, envía el mensaje al joven misionero P. Giuseppe Beduschi, enfermo, diciendo: “Los Shilluk necesitan de Vd…, Vd no morirá, yo moriré en su lugar…” y por él ofrece la vida y muere después de pocos días (1.9.1903), mientras que el P. José vivirá todavía muchos años (morirá en 10.11.1924).

Comboni

Aquí están los hijos e hijas de San Daniel Comboni. ¡FELIZ FIESTA!
P. Tesfaye Tadesse Gebresilasie MCCJ
en nombre del Consejo General