Laicos Misioneros Combonianos

Primeros días de Marisa en Mozambique

Marisa MozambiqueJueves, 10 de agosto de 2017
Son las 5:00 de la mañana y la agitación dentro del avión sugiere que el aterrizaje en Mozambique está llegando. Algunos todavía duermen. Está siendo un vuelo tranquilo, con tiempo para todo: descanso, ver películas, impaciencia, ganas de estirar las piernas,… “¡Todo esto está sucediendo!”. El señor que viaja en la ventana, a mi izquierda, abre la “cortina”. ¡Wow! Está amaneciendo, que bendición: el primero, primerísimo milagro del que soy testigo en esta tierra es el amanecer. Magnífico. No consigo ver sino un cuadro pincelado con colores cálidos. Es imposible quedar estéril ante tanta belleza, estos colores me llenan de alegría y me calientan. Me entran ganas de aterrizar ahora mismo.
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¡Estoy en Mozambique! Llegué a Maputo. Hace calor y los olores se notan aún más con la temperatura. Los colores contrastan entre sí, el azul de la bahía parece unirse al cielo. La gente es sonriente y curiosa. Hay alma nueva aquí. La vida ocurre a un ritmo bastante singular.
A mi espera en el aeropuerto estaba el Padre Pablo, Misionero Comboniano. Me aguarda con una revista “Audacia”, sonríe tan pronto como me percaté del “código de localización / identificación” – “menos es más” y “para buen entendedor pocas palabras bastan”.
Me llevó a la Casa Provincial. Por el camino me mostró alguna que otra cosa. Pasé la mañana en aquella Comunidad de Maputo.
Después del almuerzo me dirigí al aeropuerto. Si Dios quiere, al final de la tarde estaré en Nampula con Kasia.
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Estaría más o menos a mitad del viaje de Maputo a Nampula cuando Samuel, de 6 años, comenzó a recorrer el avión de un lado a otro repetidamente. El cojín con el que jugaba cayó cerca de mi lugar. Lo cogí y estiré el brazo para devolvérselo.
– ¿English? Abanó la cabeza hacia la izquierda. ¿Portugués? Abanó la cabeza hacia la derecha.
– Portugués, moví la cabeza concordando. Reímos e hicimos “más cinco!”.
Jugamos y conversamos un poco sobre todo y sobre nada.
En un momento dado me contó:
– Voy a encontrar a mi familia, a mis hermanos. ¿Y tú?
– Yo también – respondí sin pensar.
Reparé después de la respuesta que le había dado: “yo también”… Dios quiera y me ayude para que así sea.

Aterricé en Nampula al final de la tarde. Estaba ya oscuro. Todavía estaba esperando las maletas cuando Kasia entró en la “sala”… ¡Qué bueno sentirme acogida y recibida con ese entusiasmo que la hizo “invadir” ese espacio para venir a mi encuentro!
De allí fuimos a casa de las Hermanas. Cenamos, hablamos, descansamos. Al ir al cuarto me di cuenta “realmente” de la novedad que estaba ocurriendo: red mosquitera en la cama. No hay duda, “¡esto está sucediendo!”.
Me tumbé feliz y agradecida a Dios por todas las gracias que he me ha dado hasta ahora, particularmente, a lo largo del día de hoy. El resto, que sea como Él quiera.
Viernes, 11 de agosto de 2017
Esta tarde, yo y Kasia, retomamos camino, ahora a Carapira, donde está nuestra misión, nuestra casa. Por el camino me deleité con el paisaje. Mi primera o ‘mayor’ impresión de África, de Mozambique, es el espacio – un espacio donde se pierde la vista, donde todos los caminos son largos, en los que hay un silencio del propio paisaje que se hace sentir dentro de nosotros. Un paisaje sin fin que nos demanda paciencia y tiempo para la contemplación. Creo que es imposible no quedarse extasiado con esta poesía que habita el mundo y que es una inmensidad, el horizonte de Dios.
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Por la noche, después de la cena, recibimos en nuestra casa una pareja de laicos locales, los profesores Martinho y Margarita, las Hermanas Combonianas (Hermanas Clarinda, Eleonora, Maria José y Teresinha), el Hermano Luigi y el Padre Firmino. Fue un momento hermoso y alegre de convivencia que probó, una vez más, el sentido de hospitalidad, sobre todo, que aquí se vive.
Marisa MozambiqueMiércoles 16 de agosto de 2017
Me desperté esta noche pensando que la hora de levantarme estaría cerca. La falta de luz, dentro y fuera de la habitación, me decían que no. Tomé la linterna, apunté al reloj junto a la cama y los punteros me confirmaron que era noche, y bien de noche. Tenía al menos unas tres horas hasta las primeras señales del día. No pude dormir. Me senté en la cama, me incliné en la pared y descansé en la quietud tan singular que aquí se encuentra en horas como aquellas. “¡Qué paz!”, pensaba, mientras recordaba aquella hermosa expresión que tanto sentido me hizo de San Juan de la Cruz – “la noche es el tiempo de la casa sosegada”.

Jueves, 17 de agosto de 2017
Esta mañana paseé por primera vez por barrio, visitando la comunidad. En el camino de regreso mi corazón estaba lleno de alegría. Jugué con los niños. Aquellos que me hablaban en macúa, no conseguí entender lo que me decían. Así como tampoco me comprendían a mí. Pero reímos y jugamos, y con esta alegría de ser niños conseguimos asegurar afectivamente alguna comunicación no verbal. Con los niños, hasta ahora, por lo menos, ha funcionado…
Al pasar por la entrada de la escuela, conversando con Sergio estaba una señora. Nos saludamos:
– ¡Salama! Ihàli?
– ¡Salama! Khinyuwo?
Y no dio para más. Si no contara con la ayuda de Sergio, no habría entendido lo que ella me intentaba comunicar. Por un lado, me sentí agradecida: por la señora que, aun comprendiendo que necesitaba traducción sistemática, no desistió en hablar conmigo y preguntarme cómo estaba la familia y la salud; por la persona que me acompañó y tradujo pacientemente la conversación. Por otro lado, me sentía avergonzada por no entender lo que me estaba diciendo (no sólo allí, en aquel momento, pero durante toda la mañana, y en otros momentos singulares durante la semana, como por ejemplo, en la eucaristía del Domingo que se celebró en lengua Macúa).
“Depender de traducciones exige paciencia y humildad… arrodíllate Marisa, hazte pequeña y agradece”, me consolé.
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Regresé a casa. Estaba arreglando unas cosas cuando oigo una voz joven:
– Hoti? (¿Con permiso?)
– Hotìni (por favor), respondí.
Abrí la puerta y una joven me esperaba con una sonrisa. ¡Cáspita! Estoy sola en casa… si me viene a pedir ayuda para lo que sea, no sé cómo voy a responderle porque todavía no conozco nada… “, pensaba mientras salía…
– Soy Ancha, ¿oíste hablar de mí? He venido a presentarme y darte la bienvenida…
Allí hablamos durante un rato. “Tiempo”… las personas aquí conversan y “pasan” tiempo unos con otros – desinteresadamente. Este preliminar fue una lección más. Aprende, Marisa.
Al despedirse me dijo cualquier cosa en macúa. No comprendí ni conseguí devolverle una respuesta. “Tengo que aprender cualquier cosa de macúa… es lo mínimo que siento que puedo hacer, por ahora, como reconocimiento a tanta hospitalidad del pueblo…”, me dije a mí misma al entrar en casa.
Aun así… a pesar de la incomodidad que podemos sentir cuando no sabemos algo, no saber «nada» también conlleva algo de salud interior y creatividad.

Marisa MozambiqueMarisa Almeida, LMC en Mozambique

Noticias de los LMC Liliana y Flávio – Fiesta de la cosecha en Piquiá, Brasil

LMC PiquiaEl pasado domingo 9 de junio se realizó la Fiesta de la Cosecha en la comunidad San José del asentamiento João do Vale de la parroquia Santa Luzía de Piquiá (Brasil), que contó con la presencia de más de 1000 personas de las diferentes parroquias de la ciudad de Acailândia y del Obispo de la diócesis de Emperatriz D. Vilson Basso.

El objetivo de esta gran fiesta, que ya llegó a su 10ª edición, es celebrar el don de la cosecha y reflexionar sobre la tierra como lugar de trabajo y medio de subsistencia de las familias, recordar sus luchas y reclamar la justicia en el derecho a la tierra y en el respeto de la creación.

LMC PiquiaEl tema de este año fue “Agricultura familiar en defensa de la vida” y el lema “Cultivar y guardar la creación” Gn 2: 15.
La fiesta se inició con la acogida en la cancha deportiva del asentamiento y con un desayuno especial preparado en base a los productos retirados de la tierra (mandioca, calabaza y diversas frutas) provenientes del compartir las diferentes comunidades que se hicieron presentes. Después, siguió la celebración de la eucaristía, donde el obispo D. Vilson Basso habló de la importancia de la agricultura familiar y del deber de luchar por la tierra y denunciar a aquellos que la quieren usurpar. Reforzó la importancia de no desistir por tratarse de una lucha justa y de la necesidad de que todos estén unidos. Recordó a los 10 trabajadores rurales asesinados en una hacienda en el Estado de Pará (https://www.cptnacional.org.br/index.php/publicacoes-2/destaque/3794-chacina-em-redenca-pa-deixa-pelo-menos -10-posseiros muertos) y de todos aquellos que son perseguidos y presionados para dejar sus tierras.

En el momento del ofertorio las diferentes comunidades presentaron algunos de sus productos agrícolas en el altar del Señor en señal de agradecimiento y con la esperanza de una relación más respetuosa entre la humanidad y la creación.

Después de un almuerzo compartido siguieron varias presentaciones culturales, desde teatro, danzas tradicionales y juegos, terminando con la entrega de una muda de Ipê a cada comunidad y el anuncio de la comunidad donde se celebrará la fiesta de la cosecha el próximo año.
LMC Piquia

Liliana Ferreira y Flávio Schmidt LMCs en Brasil

Visita del General de los Combonianos a Piquiá (Brasil)

LMC Brasil

LMC BrasilEl 31 de julio recibimos aquí en la misión de Piquiá, en Maranhão, la visita del general de los misioneros combonianos, P Tesfaye Tadesse, acompañado del provincial de Brasil, p. Dario Bossi. Se unió a nosotros para este momento la comunidad comboniana de Balsas, que también se encuentra en Maranhão.

Siento que fue un momento importante para el general “tocar con las manos” la realidad de esta misión, sobre todo del pueblo de Piquiá de Baixo, que busca el reasentamiento del barrio.

¡También fue un momento importante de convivencia y compartir como familia comboniana! Hemos tenido la oportunidad de compartir sobre nuestras actividades y perspectivas.

La visita concluyó con una misa solemne el día 02 de agosto por la noche, con gran participación de las comunidades, no sólo de la parroquia de Santa Lucía, sino también de San Juan Bautista, antigua parroquia comboniana. Después de la celebración, hubo un momento de convivencia entre todos.

Fue hermoso ver el cariño de las personas por la presencia e historia de los misioneros combonianos en esta misión.

¡Recemos siempre por las vocaciones, combonianas y de toda la iglesia!

LMC Brasil

Flávio Schmidt, LMC Brasil

Escuela de Verano en Etiopía

CLM Ethiopia¿Cuál es la mejor manera de pasar las vacaciones? Esta pregunta no estaba en la cabeza de los niños que viven en el barrio de la clínica en la que trabajo. Vienen principalmente de familias pobres y grandes y sus padres no pueden permitirse ninguna actividad de vacaciones para ellos. El tiempo pasa mientras se aburren. Nosotros decidimos sacarlos de este verano ocioso.

Usando su tiempo, que tienen en abundancia, y con los medios económicos recibidos del grupo de los Laicos Misioneros Combonianos de Polonia, tratamos de prepararles algo divertido y útil al mismo tiempo. Organizamos una escuela de verano. 80 niños y niñas de entre 12 a 18 años participaron en ella. Los niños se dividieron en tres grupos: los niños mayores y las niñas por separado y los estudiantes más jóvenes – juntos. Cada grupo asistió a un programa de una semana.

Empezamos cada día con la oración del ” Padre Nuestro”. Durante las clases se les enseñó sobre alimentos nutritivos, higiene, protección del medio ambiente, método de planificación familiar y primeros auxilios. Se les enseñó acerca de los problemas que enfrentan los adolescentes es decir: adicciones, SIDA, enfermedades de transmisión sexual, abortos, mutilación genital femenina y matrimonios prematuros forzados.

CLM EthiopiaCon el fin de aprovechar mejor el aprendizaje de las lecciones muchas se llevaron a cabo como actividades al aire libre: ejercicios prácticos o juegos. Después de las clases sobre comida nutritiva los niños fueron a hacer un poco de jardinería, donde aprendieron cómo hacer plantones y plantar verduras. Al final de la lección de higiene se distribuyeron cepillos de dientes y dentífricos y todos los niños se cepillaron los dientes. Durante el taller de primeros auxilios, cuando se mostraban películas cortas de “qué hacer”, seguían los ejercicios prácticos, donde los jóvenes estudiantes desempeñaban el papel de personas desmayadas, quemadas y ahogadas, así como de sus salvadores. Durante uno de los juegos aprendieron a comportarse adecuadamente frente a diferentes situaciones – por ejemplo al ver a una persona blanca cómo era mejor saludarla en lugar de llamar “Tu, Tu ,Tu”. Lo que aprendieron durante toda la semana lo pintaron durante la última lección.

CLM EthiopiaUna de las clases concernía a la creación del mundo. Se mostraron imágenes que demuestran la belleza del mundo creado por Dios, como los maravillosos paisajes de Etiopía, una hermosa puesta de sol en el lago Awassa (el lado donde viven). Justo después de eso se presentaron fotos de la basura esparcida en su vecindario. Después de este breve taller fuimos todos motivados a recoger la basura del complejo de la clínica.

Durante el receso escolar cada estudiante recibió un paquete de galletas. Cada niño recibía un almuerzo diario nutritivo: injera (comida típica) con verduras diferentes, lo que podría ser considerado como un buen ejemplo de comida nutritiva que aprendieron durante estas clases. La escuela terminó con una ceremonia oficial de graduación, donde se distribuyeron los certificados de asistencia. Cada estudiante recibió como regalo un conjunto escolar compuesto de libros de ejercicios, un bolígrafo, un lápiz y un afilador, lo que para muchas familias fue una reducción significativa de los gastos del hogar. Además, doce de los estudiantes más activos recibieron un conjunto de matemáticas extra (compás, regla, escuadra y cartabón).

A todos les gustó mucho la escuela. Los maestros estaban contentos de que los estudiantes estuvieran tan interesados ​​en todos los temas. Los niños ya están esperando otra escuela de verano el próximo año.

CLM EthiopiaTobiasz Lemański, LMC Etiopía