Laicos Misioneros Combonianos

Un viaje (in)esperado – Noticias de la misión en Etiopía

Viaje

En misión, entre Kenia y Etiopía, nuestra LMC Carolina Fiúza escribe para la Revista Digital de la Diócesis de Leiria – Fátima (RED). Compartimos con vosotros el artículo.

Les escribo ya finalizando mi semana de estancia en Nairobi, Kenia. Un viaje turístico que deseaba. Por razones de fuerza mayor tuve que salir del país (Etiopía): el visado que traemos como misioneros y que nos permite la entrada en el país es un visado de negocios que sólo tiene validez por un mes. Para estancias más prolongadas (como la mía, de dos años), al llegar a Etiopía tenemos que conseguir en ese mes de validez del visado de negocios otro visado – el de residencia. En mi caso, ese mes no fue suficiente para conseguir el visado de residencia. El visado de negocios expiró y, para no estar de manera ilegal en el país, tuve que dar un salto hasta Kenia durante una semana, para volver a entrar y proseguir el proceso de obtención del visado de residencia de nuevo. Burocracias que se traducen en una exigente y difícil entrada en este país. Tal vez se pueda decir que, de manera general, Etiopía tiene una historia marcada por regímenes e imperialismos exigentes, de gran control. ¡Y es esta historia que marca a un pueblo! No bastará decir que vivieron bajo el régimen de Emperadores hasta 1974 y que es de los únicos países africanos que nunca fue colonizado… ¡Etiopía tiene historia, una gran historia!

Sentimientos de tristeza y frustración se asomaron el día en que supe que tendría que venir. Principalmente porque ya había comenzado las clases de amárico hacía ya 2 semanas. Me perdería una semana de clases en la escuela, que es puerta de entrada a esta cultura, donde nos ponen los sonidos de las palabras en amárico que van resonando en la cabeza, haciendo una melodía de la que me estoy enamorando. ¡No es una lengua fácil! Confieso sentir una paradoja entre el entusiasmo de ser como una niña aprendiendo por imitación las palabras (como se dicen los colores, los alimentos, los animales, etc.), pero también algo de recelo. Me temo que será tarea complicada aprender rápidamente esta lengua.

¡No bastaba ya con aprender amárico, que es una lengua tan complicada, y ahora tengo que ir a Kenia, perder clases, retrasar más el aprendizaje de la lengua! ¡Así no sé cuándo podré seguir para lo que he venido – la misión! – pensaba.

Tenemos la tentación de pensar que la misión es hacer, suceder, programar todo lo que tiene que ver con cosas prácticas.

Pero, desengañémonos. Y que me desengañe yo misma si pienso que la misión propiamente dicha comenzará el día en que viaje para permanecer en la zona de los Gumuz e inicie con mis compañeros un proyecto. Nos olvidamos que no son las grandes cosas, aquellas que observamos y palpamos, las que traerán más vida. No pocas veces, es en el silencio donde más hacemos.

Podría decirles que es fácil concebir en mi interior esta paradoja de tiempos de espera. Este tiempo de aprendizaje de la lengua me hace sentir la falta de poner cosas en práctica. Pero, recuerdo con cariño las palabras de mi amiga LMC Cristina Sousa (y que hoy se encuentra en República Centroafricana) cuando decía, con un juego de palabras, que partía en misión para pastar. A pastar, parafraseando en nuestro portugués con la broma de que quien pasta no hace nada. Pero también Para estar (P’astar). Y es reflexionando estas palabras sabias que me digo sobre la misión, ¡Carolina, ya ha comenzado! Tal como os digo a todos vosotros… para ustedes, la misión ya ha comenzado, desde el momento en que son y están en el mundo como criaturas de Dios.

Primero te sorprende, después se entra. Ya dice el dicho. Después de aceptar que el Señor quería que conociese un nuevo y maravilloso país como Kenia, puedo ahora decir que valió la pena venir y que fue para mí una permanencia necesaria. Nairobi puede asemejarse a una ciudad europea (¿o norteamericana?) – verde y organizada, aunque con mucho tráfico, coches, personas, pero nada comparable con el aire pesado que se respira en Addis Abeba. Además de estudiar amárico a través de audios que mis compañeros de comunidad me enviaban cuando tenían internet, aproveché para conocer el centro de Nairobi con dos Quenianos, miembros del coro de la misa del Parlamento, en la que participé por invitación del P. Comboniano Giuseppe Caramazza. Es una ciudad de negocios también, bastando para ello vislumbrar el gran (dísimo) Kenyatta International Convention Centre, un edificio de 28 pisos, que es escenario de celebración de numerosas conferencias, seminarios, exposiciones y cumbres internacionales.

Misa

A propósito de misas, por las tierras rojas su preparación es ya la premonición de una gran fiesta. Muchos y muy temprano llegan a componer aquello que será el verdadero festival. Me decía uno de los miembros del coro: cuando vas para un festival, para un concierto, te preparas previamente, ¿no? Pues entonces, tenemos que hacer lo mismo (e incluso mejor) para la Eucaristía, pues ¡no hay mayor fiesta que esta! Y esto es ley por aquí. Una Eucaristía donde nadie simplemente “viene”, sino que participa: desde niños a mayores. Todos tienen algo para contribuir a este banquete, con la voz, la danza, las palmas, etc.

Una realidad transversal, no sólo en Kenia, sino también en Etiopía. Eucaristías donde no se mira el reloj. No son de aquellas que duran 50 minutos, o una hora, en el que tantas veces vemos a los que conversan con el reloj, mirándolo en la esperanza (quién sabe) de que la Fiesta ya está terminando. ¡No! Aquí, paradójicamente, la Eucaristía demora un intervalo de 1h30-2h. El ritmo es de danzas y canciones alegres, un ritmo definido, que despierta las almas… cuando me doy cuenta, también mi cuerpo se balancea, se despierta. Y, de repente, cuando estamos llenos de este banquete que nos anima a la vida, la fiesta dentro de la casa del Señor acaba y los invitados permanecen en su atrio conversando. ¡Miro el reloj y el tiempo parece que voló!

Y así es. ¡El tiempo aquí ha volado! Así como vuela este gran abrazo que os envío, muy lleno de mi buena nostalgia.

Con amor, Carolina de Jesús Fiúza (LMC)

En REDE – Revista Digital Diócesis de Leiria – Fátima, nº 26, 27 de junio de 2019 (disponible en https://leiria-fatima.pt/noticias/uma-viagem-inesperada/ )

Ir contra corriente

Déjalo todo
Déjalo todo

Un comentario a Lc 9, 51-62 (XIII Domingo ordinario, 30 de junio de 2019)

El evangelio de Lucas llega a un punto culminante de su narración sobre la vida de Jesús. Este, después de predicar por aldeas, campos y ciudades de Galilea, decide dirigirse a Jerusalén, el centro de la religión judía, donde está el Templo controlado por sacerdotes, fariseos y saduceos. Jesús va allá para proponer un cambio radical, que supere la hipocresía, la manipulación religiosa y el lucro indebido, creyendo verdaderamente en Dios como Padre misericordioso, que mira con amor a los pobres y pecadores. Cuando decide ir allá, Jesús intuye que cumplir la misión que se le ha encomendado no será fácil; le exigirá decisión, perseverancia, capacidad de sufrimiento y confianza.

En ese camino, cuesta arriba, como quien entra en “territorio adverso”, Jesús encuentra personas que se le oponen y algunos que le quieren seguir. Jesús no les engaña con palabras bonitas pero falsas; les avisa que, para seguirle, cuesta arriba, hasta Jerusalén, hay que ir contra corriente. En esta página que leemos hoy encontramos cuatro tipos de falsos candidatos a discípulos. Veamos:

1.- Los fanáticos violentos. El evangelista los nombra. Son Santiago y Juan. Ellos representan a algunos miembros de las primeras comunidades que piensan que a los malos hay que eliminarlos, hacer “bajar fuego del cielo” contra ellos. Lucas dice simplemente que Jesús “se volvió hacia ellos y los reprendió”. En la comunidad de los verdaderos discípulos no cabe el fanatismo ni las posiciones violentas. Recuerden la parábola del trigo y la cizaña: no se puede arrancar la cizaña sin dañar el trigo, hay que esperar al tiempo de la cosecha para separarlos. Algunos quisieran un mundo perfecto, una Iglesia totalmente santa, una comunidad sin mancha… Eso es una ensoñación. Jesús invita a sembrar el bien, pero sin esa impaciencia que puede destruir el bien junto con el mal.

2.- Los acomodados. Hay algunos que quieren seguir a Jesús, que tienen buenos sentimientos, pero cuando hay que hacer algún sacrificio, se echan atrás. Como dice el proverbio, “el que algo quiere, algo le cuesta”. Seguir a Jesús implica a veces sacrificar algo de tiempo, renunciar a alguna comodidad, perder algo de dinero… Si prefieres seguir sentado en tu sofá, sin molestarte mucho, entonces no puedes ser discípulo.

3.- Los apegados a las tradiciones. En el evangelio se dice que uno quería seguirle, pero quería primero “enterrar a su padre”.  Jesús le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Evidentemente Jesús no está contra la piedad para con el propio padre; al contrario, en otro lugar, critica a quienes descuidan a sus padres con la excusa de servir al templo. Lo que Jesús dice es que, para seguirle, hay que ser libre de ataduras indebidas. Alguno, por ejemplo, no va a Misa porque a esa hora tiene el partido del fútbol o quiere ir al gimnasio, o va de bares con sus amigos… Oye, “deja a los muertos que entierren a sus muertos”. Sé libre para seguir a Jesús.

4.- Los inconstantes y nostálgicos.  Estos son los que, como la mujer de Lot, miran al pasado más que al presente y al futuro. “Empuñan el arado”, es decir, se animan a trabajar por el Reino, pero se cansan, echan de menos “las cebollas de Egipto”, como los judíos en el desierto.  Jesús dice que estos “no sirven para el Reino de Dios”. Se requiere constancia, perseverancia, capacidad de mirar al futuro más que al pasado.

Hoy podemos preguntarnos si nosotros caemos en alguna de estas categorías o si estamos dispuestos a seguir a Jesús, sin condiciones, incluso cuando eso implica algún sacrificio, cuando nos exige liberarnos de alguna atadura indebida o cuando implica caminar cuesta arriba y contra corriente. ¿Quién se apunta? Si dices sí, ya somos dos. Vamos a ello con confianza y generosidad.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Misa de envío de Emma Chiolini.

Emma Brazil
Emma Brazil

El trece de junio a las 8.30 pm en la iglesia de S. Lorenzo, en Bolonia, se celebró mi misa de envío presidida por el Obispo Zuppi, la Diócesis de Bolonia me envía a una misión como fidei donum.
Esta mi segunda salida, Ad Gentes, nace en el centro misionero diocesano, del cual soy miembro del equipo, que decidió establecer una colaboración con la diócesis de Salvador de Bahía, abriendo nuevos caminos de participación y cooperación entre las dos diócesis.
Esto me hace muy feliz porque nos permitiría abrir una ventana a la realidad latinoamericana, específicamente a Brasil, en el centro misionero, actualmente comprometido solo en Tanzania, con la diócesis de Mapanda.
También es una salida “inusual” dentro de los LMC, porque en este caso no es un proyecto de los Padres Combonianos o de los laicos, sino el resultado de una colaboración externa y quizás pueda abrir pistas para el futuro.
Continuaré manteniéndome dentro de la familia comboniana como LMC, manteniéndome en contacto con la coordinación, los diversos grupos LMC y con el comité central que aprobó mi elección, citando que “la misión es de Dios y no de los hombres”…

Emma Brazil

Haré vida comunitaria en la Comunidad de Trindade, que da acogida a la gente de la calle y me dedicaré a dar la acogida y escuchar a las personas que llegan, así como a los talleres y servicios, incluido un periódico sobre situaciones de calle que ofrece la Comunidad.
Será una experiencia completamente nueva, concreta y fuerte, dura y auténtica, como dormir en el suelo, compartir los problemas relacionados con la calle, los temas ligados a la marginalidad, la dependencia y la resurrección, pero como Comboni dice audacia y tenacidad en el camino y agrego: con los pies firmes en el suelo y con los ojos siempre mirando al cielo.
“Deseo que te pongas un vestido que nunca siga de moda.
Te deseo fuertes esperanzas para tus pies.
Pantalones hechos de compromiso, camisas que tengan dos colores: El de la libertad y la corresponsabilidad.
Y trae un bonito sombrero, uno de conocimiento y espíritu crítico.
Siempre debemos vestirnos de todo esto “. (Don luigi ciotti)

Emma Brazil


Emma Chiolini, lmc

Pan para el camino

Pan
Pan

Un comentario a Lc 9,11-17 (Solemnidad del Cuerpo de Cristo, 23 de junio de 2019).

Celebramos hoy en casi toda la Iglesia (en algunas partes ya se ha celebrado el pasado jueves) la Solemnidad conocida como del “Corpus Christi” o Cuerpo del Señor. Como lectura evangélica se nos ofrece la multiplicación de los panes y los peces según la cuenta Lucas.

Para entender bien este relato hay que tener en cuenta toda la historia del Pueblo de Israel. Si recordamos bien, el pueblo, en una gesta heroica y milagrosa, se liberó de la esclavitud, pero después tuvo que recorrer un largo camino por el desierto, padeciendo hambre y sed, con el riesgo de morir en la miseria y la derrota. En ese momento duro de su historia, el pueblo volvió a experimentar la cercanía de Dios cuando, en contra de todas las evidencias, encontró el alimento que le permitió, no sólo seguir viviendo, sino también seguir avanzando hacia la tierra prometida.

Más tarde, cuando ya habían consolidado una historia de libertad, los judíos comprendieron que para ser pueblo libre, justo y feliz, no les bastaba el pan ordinario. Necesitaban otro tipo de “pan”, otro alimento que les ayudase a caminar en justicia, verdad, respeto mutuo y sabiduría. Y Dios le dio a Moisés la Ley, la Palabra que alimentaba el camino espiritual del pueblo.

Desde entonces los hebreos alababan a Dios, no sólo por el alimento material, que les permitió sobrevivir en el desierto, sino también por el pan espiritual, que les permitió tener sabiduría para crecer en medio de las dificultades, dudas, tentaciones y falsas sabidurías.

Sobre este trasfondo se entiende el “signo” de hoy. Jesús es quien nos da el Pan de Dios, la sabiduría que nos permite caminar en comunidad, en medio del desierto y de la soledad de la vida. Cuando “comemos” el cuerpo de Cristo, comemos su Palabra sabia, nos identificamos con su amor al Padre y a los hermanos. Con él ya no arriesgamos morir en el desierto de la dificultad o el pecado. Con él nos unimos a la comunidad para festejar la vida, sentados para participar del banquete del amor y de la fraternidad. Sin Jesús nos amenaza el “hambre”, la falta de sabiduría, el desconcierto. Con Jesús estamos seguros de no desfallecer de hambre espiritual, de sabernos siempre amados por quién nos ha creado y nos espera al final del camino.

Participar en la Eucaristía es alimentarse para seguir adelante en el camino de la vida.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Visita a Italia

LMC
LMC

Hola de nuevo a todos.

Entre el encuentro de fin de semana de los Consejos Generales de la Familia Comboniana y el siguiente fin de semana donde nos reunimos como Comité Central en Venegono (al norte de Milán) tuve unos días para moverme por Italia.

Pedí a Marco que preguntase a los grupos del norte si alguno me podría recibir y así pasar un rato juntos.

La respuesta fue muy positiva y pudimos organizar una buena semana visitando a varios de los grupos LMC del norte de Italia.

La dinámica para todos fue similar. Por la mañana viajaba de una ciudad a otra y en la tarde compartíamos un momento de oración, cena y charla ente todos. Siempre en un ambiente de familia muy agradable.

Agradezco a todos el esfuerzo que supone reunirse una noche entre semana con los trabajos, niños y demás. Así como también a cada uno de los MCCJ que encontré y que acogieron en sus casas como familia y aquello que acompañan a nuestros grupos y los que se acercaron a conversar sobre nuestra realidad LMC en su ciudad y a nivel internacional.

LMC

El primer grupo que visité fue el de Padua. Un grupo con muchos años a sus espaldas. Me estuvieron contando cómo se iniciaron en el grupo, las actividades que realizaban y las que venían organizando por muchos años (muchas iniciativas que posteriormente se han ido extendiendo por otros lados).

Algunos ya nos conocíamos por haber coincidido en algún encuentro internacional. Se mostraron muy interesados por conocer cómo se organizaban otros grupos y el tipo de actividades y encuentros que se hacían. Aprovechamos también para conversar un poco sobre la pasada asamblea de Roma.

Veo que hay un interés cada vez mayor por la colaboración entre todos, por salir de lo que cada uno hace localmente y colaborar con los otros, aprender de las experiencias de los demás, compartir inquietudes y demás. Así que les animé a leer las conclusiones, que sé que parecen muchas pero que si nos tomamos un rato veremos las riquezas de las mismas y las múltiples ideas que dan para actividades concretas de cada una de nuestras comunidades y para cumplir la tarea común que entre todos nos marcamos.

LMC

Al día siguiente seguí para Verona. Me recibieron en la estación y me llevaron a casa de los Combonianos a saludar al P Tachela y después a casa de las hermanas combonianas a visitar a la hermana Esperanza que acompaña también al grupo.

Posteriormente tuvimos una mesa maravillosa de comida compartida, reencuentros con aquellos que coincidimos en el 2012 en nuestro encuentro europeo de Verona y otros.

Conversamos un poco de España e Italia, de bonitos lugares y tras la cena comenzamos a conversar. Conocer lo que el grupo va haciendo, los retos que afronta y demás.

Dedicamos igualmente un buen tiempo a conversar sobre la realidad de otros grupos. A conversar sobre los retos que nuestra pasada asamblea nos trae, a reconocer que muchas veces nos quedamos centrados en lo que nuestro grupo LMC local, nuestra comunidad realiza. Es normal que sea nuestro referente vital, aquellos con los que compartimos lo cotidiano, rezamos y trabajamos juntos pero tener presentes lo que hacen otras comunidades LMC nos trae ideas nuevas, nos ayuda a crecer. También encontré el reto de leer todo lo que compartimos, pero a la vez el interés por querer conocer el contenido que nos aporta y que estamos demandando…

Al día siguiente pude dar un pequeño paseo por la ciudad de Comboni en bicicleta para recordar los lugres más importantes y de nuevo tomar el tren, esta vez camino de Milán.

LMC

De nuevo esperándome en la estación y a una nueva reunión de grupo. No sin antes dar un rápido paseo por las partes más importantes y hasta visitar el museo del Risorgimento.

Tiempo para cenar, reencontrarnos algunos y conocer caras nuevas y conversar. Siempre un tiempo para saber el camino que se realiza y tiempo para preguntas. Volvió a salir entre otros el reto de la formación. Una formación que nos ayude a crecer en nuestra vocación, la importancia de la oración y el crecimiento en nuestra espiritualidad que nos sostenga y fundamente en nuestra acción misionera y también el reto de abrir los grupos para que nuevas personas se unan. La importancia de conocer bien nuestra identidad para presentarla y ayudar a discernir nuestra vocación y sus consecuencias.

También surge el momento de pedir pistas para seguir avanzando y mi respuesta es siempre la misma, es fácil, leed los acuerdos tomados en Roma. Nuestras famosas 96 conclusiones que tanto nos tienen que decir. Tanto en el hacer como sobre todo en el Ser. Fruto de todos estos años de trabajo y del aporte de tantos países de los tres continentes donde estamos presentes.

A la mañana siguiente de nuevo al tren camino a Venegono. Y desde la estación visitar, reencontrarnos y conversar de tantas cosas importantes.

El día pasa volando y al final podemos compartir la cena y un buen rato de conversación, esta vez algo más informal y en pequeños grupos pero siempre interesante.

LMC

La inquietud por las nuevas vocaciones y la llegada de personas nuevas a los grupos. La dificultad de la brecha generacional o cómo hacer atractivo los grupos a los jóvenes cuando somos familias con niños pequeños y ritmos muy diferentes.

Siempre hay que seguir pensando y mantenerse vivo, creer en lo que hacemos y pedir ayuda a otros. No estamos en un escaparate para que nos vean, estamos en la calle, con la gente, y necesitamos nuevas manos que se unan para hacer, para cuidar, acariciar, acompañar a quien necesita. Necesitamos nuevas cabezas que aporten ideas y soluciones a las dificultades del día a día. Necesitamos nuevos corazones que den esperanza en los momentos difíciles.

Tenemos una vocación maravillosa, un don de Dios que debemos compartir con los demás. Esa es parte de nuestra responsabilidad.

Toda Italia se prepara para su asamblea nacional en agosto. Para un importante momento de reencuentro personal pero sobre todo para seguir soñando juntos, para hacer realidad el sueño común que lanzamos en Roma, para desde donde estamos ponernos al servicio, para abrir nuestros grupos a nuevas personas que sientan esta vocación misionera y ofrecer un lugar donde crecer, formarse, alimentarse espiritualmente, prepararse para partir, hacer realidad el sueño misionero de Comboni allá donde nos encontremos, con la mirada en los “más pobres y abandonados” que decía Comboni.

Gracias por hacerme estar en familia.

Alberto de la Portilla (Coordinador Comité Central LMC)