¡Hola a todos!
Soy André, soy un niño pigmeo, la verdad es que no sé cuántos años tengo, probablemente entre 7 y 9 años. Vivo en Ndobo, un campamento en la selva de la República Centroafricana, cerca de Mongoumba. Mi casa, si puedes llamarla una casa, es similar a un iglú hecho de ramas y hojas secas, con tablones de madera que hacen de cama, no hay baño, cocina, televisión, electricidad, pero, afortunadamente, está cerca de un pozo de agua, que un misionero construyó hace mucho tiempo, por lo que puedo beber y lavarme sin caminar una hora por la selva.
De lunes a viernes con otros amigos que viven en el campamento, me levanto y voy a la escuela, caminando unos 4 km sin zapatos. Algunos días llegamos un poco tarde pero como no tenemos reloj, no sabemos a qué hora tenemos que despertarnos; Todo se vuelve más difícil en la temporada de lluvias, porque el camino se convierte en un pantano.
Cuando llegamos a la parroquia de Mongoumba, entramos en una sala que Cristina ha preparado especialmente para nosotros, todos tenemos un lugar con nuestro nombre, donde podemos lavarnos un poco, hacer alguna tarea de la escuela y después de saludar a Anna, María Augusta, Cristina y Simone nos vamos corriendo para clase. María Augusta a menudo entra en clase para ayudar a la maestra a “mantenernos a raya”, ya que somos más de 50, nos enseñan francés, aunque a nosotros nos gusta hablar nuestro idioma, el SANGO.
La escuela termina a las 12.30, luego volvemos a la sala San Daniele Comboni, nos ponemos la ropa llena de agujeros y vamos a comer a “DA TI NDOYE” (casa de la caridad/del amor), donde un día nos preparan arroz con frijoles, un día de papilla de yuca con pescado, un día de Makongo (orugas) con ngungia! Comemos todo rápido y luego esperamos que Simone y Cristina lleguen a la casita cerca de la iglesia para regresar al campamento juntos, donde jugamos a la pelota, a veces coloreamos o vemos una película, hasta que casi está oscuro, Simone y Cristina nos saludan y nos recuerdan que al día siguiente tenemos que llegar a tiempo!
Mi día se cierra en la oscuridad del campamento, sin luces y quizás con algún animal extraño que se cuela por mi casita, pero acurrucado bajo el cielo de la República Centroafricana, acolchado con estrellas que a veces parecen pequeñas perlas preciosas.
Oh, lo olvidé… ¡No existo! Estoy en el mundo… hecho de carne y hueso, puedo correr, saltar, jugar… ¡pero no soy del mundo!
¡Y como yo, hay muchos otros niños pigmeos en la República Centroafricana! No solo somos explotados, porque los recursos que se encuentran en la tierra de nuestro país se exportan a lugares que ni siquiera conocemos para producir televisiones, teléfonos, computadoras, armas, bombas … sino que estamos fuera del mundo … Estoy excluido, sin documentos, sin fecha de nacimiento, sin registro escrito… en definitiva …
… EN EL MUNDO pero NO DEL MUNDO! (Jn 17.15)
un caluroso saludo
un beso a todos
un fuerte abrazo
una pequeña oración
André con
Paul, Pierre, Marie, Albert Dimanche, Pierre, François Albert, Philippe, Guy, Marie, Terese, Marcel, Gabriel …
(Con Anna, Maria Augusta, Cristina y Simone)
Experiencias misioneras
Navidad en República Centroafricana
En Bangui, capital del desasosiego, donde los intereses y los interesados se enmascaran con el cotidiano de hombres y mujeres, niños y niñas, que siempre con una sonrisa y buena disposición iluminan las calles sin asfalto y llenas de agujeros por el tránsito desgobernado de coches, camiones, tanques de guerra, jeeps, motos, etc.
Sé que es tiempo de hablar de Amor, aunque para amar no hay tiempo, ni para perder, ni para contar, ni para marcar.
En realidad es que ¡empiezo, y pienso que no soy sólo yo, a estar saturada de palabras!
!Es urgente vivir de este Amor que tanto se habla, es urgente dejarnos transformar por Él, es urgente transpirarlo! ¡No podemos seguir filtrando lo que nuestro corazón no quiere ver! ¡Vivo actualmente, así le llamo, un Amor revuelto, sí porque me revuelve las entrañas!
Estoy en misión, mejor decir, estamos todos en misión, vivir es una misión, debemos ser responsables de nosotros, de los demás, de todo lo que nos rodea. Somos el pueblo escogido, portadores del Soplo de Dios. No podemos asfixiar el Soplo que nos hace vivir, sin Él morimos, o mejor dicho ¡no nacemos!
En este país que brilla como piedra preciosa para las miradas de codicia, y donde la mayor riqueza son los niños. Pues ellos gritan con su soplo precioso, simplemente: “déjenos vivir”.
Esta Navidad
Todavía recuerdo el olor mojado de la Navidad, del abrigo vestido, de las luces brillantes, reflejo de la interioridad de aquellos que viven por el espíritu del mayor amor.
Aquí es verano, el sol alumbra la magia de las sonrisas y de las lágrimas compartidas entre las visitas y las invitaciones a quedarse un poco más. El sol quema el paisaje y deja traslucir la humanidad de un pueblo no olvidado sino luchador, deja resplandecer el corazón y el alma de todos los que me reciben, de todos los que me llegan.
Aquí no siento el olor de los pinos verdes, ni el humo de la chimenea encendida. Aquí el olor es de gente humana y humilde que comparte todo lo que tiene contigo. Vivo rodeada de gente que, con el testimonio de sus vidas, hacer crecer la mía y juntos somos más de Dios. Un olor de espera y esperanza de que el mañana, aunque con dificultades, será mucho mejor que el hoy y una voluntad enorme de seguir adelante, sonriendo. Huela como la cocina no de quien prepara una gran cena, sino su corazón para recibir a Jesús.
Tengo tanto que aprender de ellos.
Me dejo todos los días conmover con el testimonio de sus vidas. Vidas compuestas por personas de carne y hueso, personas sin tener nada lo comparten todo, que me moldean las lágrimas y las sonrisas desde la aurora al atardecer. Personas que me tocan el corazón y me transforman. No desearía una Navidad diferente a esta, aquí encontré la familia que Dios soñó para mí. Esta Navidad sólo deseo ser refugio de los corazones que andan en busca de paz, en busca de Dios.
Y es que, a veces, olvidamos que la verdadera esencia de la Navidad y de nuestra vida está en el reconocimiento diario de que nuestra vida es un don y que, lo que hacemos de él, debería ser una opción diaria por el amor.
En esta Navidad olvida los regalos con grandes envoltorios y dónate, como tiempo para vivir y compartir con los que amas y busca el perdón junto a aquellos que han sido a lo largo del año un desafío para ti. Por aquí caminaré de casa en casa a visitar a aquellos que son y dan vida a mis días.
En esta Navidad que tu mesa sea abundante, no de una cantidad interminable de dulces, sino de amor, esperanza, cariño y unión. En esta Navidad, déjate ser luz en la vida de los demás y agente de reconciliación y paz. Déjate pertenecer y poblar por todos los que amas y que juntos puedan agradecer el don de la vida. En esta Navidad, permite que tu corazón humilde sea la cuna donde renacerá Jesús.
Es Navidad dondequiera que existe el coraje de soñar, donde existe la osadía de mantener despiertos los sueños de los ojos cerrados. Que la certeza del silencio interior te inspire a vivir un descubrimiento de Dios en ti, en los demás y en el mundo.
En esta Navidad, haré como hago todos los días y llevaré lo mejor de mí a Milagros y a sus hijos, a Marcelina, a Celia, a María, a Valentina, a Ariana y a sus hermanos, a Martin, a Luís y a tantos otros a los que mi corazón ardientemente me llama.

Votos de una Santa y Feliz Navidad
Con amor y gratitud,
Neuza Francisco, LMC Peru
Finalizó la VI Asamblea General de los LMC en Roma… ánimo en la Misión.
Acaba de concluir nuestra VI Asamblea Internacional de los LMC en Roma. Durante estos días ha sido difícil poder escribir y compartir con todos como se iba desarrollando. Ha sido una semana intensa de trabajo en grupos, plenarios en múltiples idiomas y de consensuar acuerdos.
Una semana de encuentros personales, donde hemos hecho presencia en la vida de los demás, hemos entendido un poco mejor como cada uno vive nuestra común vocación LMC en cada país, en cada cultura. Donde nos hemos alegrado con los logros, preocupado por las dificultades, animado a acompañar y cuidar las heridas o a acompañar a los que caen enfermos. Pero todos y todas desde este espíritu de familia LMC internacional que quiere hacerse presente en el sostenimiento mutuo de esta vocación y en el apoyo al servicio que el Señor nos encomienda como movimiento LMC internacional.
También ha sido un momento privilegiado de oración y celebración conjunta. De compartir desde nuestra fe, nuestra común vocación LMC. Cada uno llamado por Jesús a salir al camino de la humanidad, al encuentro personal con el más débil y excluido. Jesús que estamos esperando en este adviento y que sabemos no nace en un palacio o entre los poderosos, sino que pide posada en las periferias para terminar naciendo en un humilde pesebre. Jesús desde su nacimiento nos muestra donde debemos estar para encontrarnos con Él.
Un momento donde María ha estado muy presente. En nuestra pequeña cripta nos acompañaba un cuadro de la Virgen de Guadalupe. María que se hace cercana e intercesora de los últimos, de los pueblos indígenas de América, y posibilita la inculturación de la fe. Maestra en el camino. María que lleva a Jesús en este tiempo de adviento, tiempo de esperanza. Ella y las diferentes advocaciones de María han estado muy presentes durante esta semana, como madre que nos quiere acompañar.
Comboni a los pies del altar nos ha recordado en todo momento lo específico de nuestra vocación. Una vocación que busca ser “católica” (universal), porque solo si todos nos unimos será posible al regeneración de este Mundo.
Una bola del Mundo que también ha estado a los pies del altar, representando todas esas situaciones que debemos servir, partiendo de la propia madre tierra, maltratada por un sistema de sobreexplotación y ocupándonos de sus hijos e hijas que sufren las desigualdades de este mundo, el injusto reparto del acceso a las riquezas y de las maravillas que Dios colocó para todos, para que pudiéramos tener un vida plena.
Con un camino donde hemos reconocido el camino recorrido en estos seis años desde cada rincón del mundo. Muchas han sido las realidades de nuestra humanidad que se han hecho presentes, recordando donde cada uno de nuestros LMC está presente. Queremos seguir siendo Iglesia en salida, iglesia desacomodada que parte con humildad a acompañar la vida de los empobrecidos, que reconoce en la diversidad riqueza, que necesita seguir aprendiendo con los demás a descubrir el rostro de Dios más completo posible, aquel leído y descubierto por cada una de las culturas de este mundo.
Comunidad de comunidades que quiere estar presente allá donde el Señor nos coloca. Que quiere mirar a su alrededor y no conformarse. Acercarse a estas realidades de frontera, allá donde los demás no quieren ir, y hacerse pueblo con el pueblo. Disponible a dejar su tierra o a acompañar en su propia tierra estas realidades de misión. Porque la misión no entiende de fronteras y geografías sino de personas. Un mundo globalizado que necesita una respuesta común.
Por eso reconocemos, gritamos, rezamos: ¡Un mundo, una humanidad, una respuesta común!
Por eso hemos cantado una y otra vez que “Tudo está interligado, como se fôssemos um… tudo está interligado nesta casa común”.
Ahora se abre un tiempo de oración, de discernimiento para entender el paso de Señor por nuestras vidas, por nuestra asamblea. Para entender las conclusiones que entre todos y todas hemos conseguido consensuar.
Tiempo de estudio, reflexión y oración en cada una de nuestras comunidades. Porque como la Palabra, estas conclusiones, leídas en comunidad tienen un sentido más pleno.
Que el Señor nos conceda la valentía para dar un paso adelante y la fidelidad para mantenernos junto a Él en este camino de servicio misionero.
¡Feliz Navidad a todos y cada uno!
Alberto de la Portilla, LMC
Nueva entrega del “Diario de Simone” desde la RCA
Hola a todos, ¿cómo están? … sé que no he escrito durante 6 meses… pero ni siquiera he salido de Mongoumba durante estos 6 meses… ¿qué puedo decirles?… estoy bien… como dice una canción italiana Es difícil encontrar palabras serias para expresar las emociones experimentadas junto con la humanidad sufriente de la República Centroafricana… os comparto algunas imágenes de nuestros días con los niños pigmeos de Mongoumba…
… os invito a mirarlas, sin hablar… para que se hagan presentes en sus oraciones y pensamientos… en este tiempo de Adviento …
Azul como tú, como el cielo y el mar.
amarillo como la luz del sol
Rojo como las cosas que me haces intentar.
… dibujo la hierba, verde como la ESPERANZA … como fruta aún inmadura …
… y ahora algo de azul, como la noche.
… blanco como sus estrellas, con tonos amarillos.
… el aire de MONGOUMBA que solo puedes respirar …
… no tengo el color para las tormentas
con lo que me sobra dibujo una flor ahora que es … NAVIDAD, ahora que es amor …
Paul, Pierre, Marie, Albert
Dimanche, Pierre, François
Albert, Andre, Philippe, Guy
Marie, Terese, Marcel, Gabriel
Simone Anna Cristina Augusta …
… Feliz Navidad a todos !!!

Simone Parimbelli (LMC). RCA



