Laicos Misioneros Combonianos

Celebración de envío para Linda, destino: ¡Kenia!

LMC Linda

El sábado 23 de octubre, durante la oración de la Vigilia del Domingo de las Misiones en la Catedral de Bolonia, Linda recibió oficialmente la bendición y el mandato como Laica Misionera Comboniana en Kenia de manos del Cardenal Arzobispo de Bolonia Matteo Zuppi, del director del Centro Misionero Diocesano P. Francesco Ondedei y de toda la diócesis de Bolonia. Con ella, Katia, misionera de la Inmaculada-Padre Kolbe, recibió también su mandato para Brasil.

Con Linda y Katia, hoy, “todos recibimos un mandato”, dijo el cardenal, agradeciendo su valiente elección, que “nos anima, a su vez, a pasar a la acción, mostrándonos que sí es posible, que todos podemos dar nuestra vida para que el Evangelio llegue a todos los rincones de la tierra, sin fronteras”.

Fue un momento muy intenso, no sólo para Linda sino para todo el grupo de Bolonia, que la ha acompañado durante estos meses de preparación y discernimiento. Significativamente, nuestros amigos los misioneros de Villaregia, la comunidad en la que Linda vivió durante unos meses este año, también estuvieron presentes y participaron activamente en la organización de la misma Vigilia de oración. Y las palabras del cardenal reflejaron bien nuestros propios sentimientos y visiones, ya que continuó diciendo: “La misión consiste en preocuparse no sólo por la vida, sino también por la vida”: “La misión consiste en preocuparse no por mi propio bien, sino por el NUESTRO, cuidando de los demás, incluso de los que aún no he conocido (…) La misión comienza cuando, lleno de Su Amor, puedo sentir el escándalo de demasiado sufrimiento e injusticia, y doy testimonio del amor de Jesús viviéndolo yo mismo y hablando de Él.”

Y también: “En el corazón de la vida de todo misionero está la fraternidad”… todo lo contrario de lo que experimentamos en nuestra vida cotidiana: el individualismo, el pensar cada uno sólo en sí mismo y en sus propias necesidades y temores… Sin embargo, continuó Zuppi, “si esperamos encontrar todas las seguridades necesarias, las verdades más justas e innegables, las herramientas para entendernos a nosotros mismos y a los demás, éstas nunca serán suficientes”…

El cardenal nos recordó que nuestra misión no comienza sólo después de haber encontrado todas las respuestas, sino cuando el Amor de Jesús, que hemos visto y experimentado, ¡no nos permite permanecer callados o silenciosos ante todo el sufrimiento y la injusticia que vemos!

También Linda, ante la asamblea, explicó en pocas palabras lo que la motivó a hacer su elección de ser Laica Misionera Comboniana, a pesar de los temores que a menudo obstaculizaron su camino hacia el descubrimiento de su vocación misionera. Recordó algunos momentos significativos en su camino de discernimiento, como cuando, en la capital de Sudán, Jartum -donde trabajaba como profesora de inglés-, en su tiempo libre solía dar clases de alfabetización a un grupo de jóvenes refugiados de Sudán del Sur, como voluntaria en una parroquia dirigida por los padres combonianos. Ver a estos alumnos adultos que poco a poco iban aprendiendo a leer y escribir, y que gracias a ello conseguían mejores trabajos, era una fuente de gran alegría y satisfacción. 

A través de las palabras y el entusiasmo de Linda, casi podíamos sentir esa misma alegría que ella decía haber experimentado cuando se dio cuenta, en algún momento, de lo inmenso que era el amor de Jesús por ella. Y esta alegría fue tan extrema y abrumadora que poco a poco fue derritiendo todos los miedos y finalmente le dio el valor para decidir que quería donar todo su tiempo y servir totalmente al Señor. Esto, y la fuerza que encuentra en los Laicos Misioneros Combonianos, así como en toda la comunidad diocesana, a través del mandato que se le dio hoy, es lo que seguirá motivándola en esta vocación.

Mientras nos alegramos por la decisión de Linda de dejar su casa y su familia por un bien mayor, esperamos que, a través de ella, se desarrollen nuevos proyectos comunes, proyectos que puedan unir a nuestra comunidad en Bolonia y a su comunidad en Kenia, construyendo nuevos puentes de esperanza.

En palabras de San Daniel Comboni: “¡Ánimo para el presente, y sobre todo para el futuro!”.

LMC Bolonia

Contraste entre vanidad y humildad

viuda

Comentario a Mc 12, 38-44 (XXXII Domingo ordinario, 7 de noviembre de 2021)

Marcos nos transmite hoy dos dichos de Jesús que contraponen dos situaciones opuestas, ante las que Jesús se manifiesta de una manera muy contundente, lo que seguramente nos impacta y nos cuestiona, si leemos el texto con el corazón sencillo y abierto.

Por un lado están los “maestros de la ley” que “se pasean con vestidos lujosos, buscan los puestos de honor y devoran los bienes de las viudas”. Por otro, está la viuda pobre que se acerca al lugar de las ofrendas en el templo y echa “dos monedas de muy poco valor”, que eran “todo lo que tenía para vivir”.

Ante esas dos categorías de personas, Jesús se pone claramente a favor de la viuda y nos enseña que lo que da valor al ser humano no son los “adornos” superficiales ni las apariencias, sino la autenticidad de la vida, el poner en juego todo lo que somos y tenemos con lealtad y generosidad.

Esta enseñanza podemos aplicarla a todos las dimensiones de nuestra vida: la profesional, la familiar, la religiosa. La pregunta es: como trabajadores, como miembros de una familia o de la Iglesia, ¿entregamos todo lo que somos o nos reservamos? ¿Somos auténticos en nuestro comportamiento o preferimos esconderos detrás de los adornos y las máscaras, como Adán se escondía detrás de unas hojas de parar?  ¿Buscamos el prestigio personal incluso a base de vivir una vida falsa?

Leyendo este texto de Marcos, me acuerdo de un breve salmo (el 130), que dice así:

                Señor, mi corazón no es altanero, ni son altivos mis ojos.

                Nunca perseguí grandezas ni cosas que me superan.

                Aplaco y modero mis deseos;

                Estoy como un niño en el regazo de su madre.

                ¡Espera, Israel, en el Señor, ahora y siempre!

Como en los tiempos de Jesús, también hoy el mundo que vemos en los medios de comunicación vive mucho de apariencias, de imagen postiza, de vanidad, de enaltecer nuestro “ego”. Incluso a la hora de compartir, la mayoría comparte de lo que le sobra, como los ricos del evangelio. Son pocas las personas que dan de lo que les hace falta, como la viuda. ¿Doy yo alguna vez de lo que me hace falta? ¿Me expongo a compartir incluso cuando no tengo asegurado lo necesario?

Cuando uno da algo “a fondo perdido”, incluso algo que le “duele” perder, entonces crece enormemente en humanidad y se acerca a la realidad divina, como la viuda del evangelio.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Retiro y celebración de la fiesta patronal de San Daniel Comboni en la parroquia por parte del LMC de Sarh (Chad).

Chad

Buenos días a todos, nosotros, LMC del Chad, preparamos y celebramos la solemnidad del 10 de octubre de nuestro patrón, San Daniel Comboni, como sigue:

Comenzamos la jornada del 8 de octubre con un retiro, seguido de la adoración al Santísimo con toda la familia comboniana en la parroquia.

El retiro continuó durante todo el día del 9 de octubre en el centro espiritual de “Les Roniers”.

El 10 de octubre se celebró una misa en diferentes parroquias con la participación de 4 LMC.

Por la noche tuvimos una comida fraternal con toda la familia comboniana, incluidos los jóvenes postulantes y novicios combonianos.

Fue una hermosa celebración, os dejamos aquí algunas fotos.

Chad

El testamento de Jesús

Amor
Amor

Comentario a Mc 12, 28-34 (XXI Domingo ordinario, 31 de diciembre de 2021).

El capítulo 12 de Marcos, que estamos leyendo estos domingos, nos sitúa en el medio de las polémicas definitivas de Jesús con los líderes de su tiempo, antes de que todo concluya violentamente en Jerusalén. De alguna manera, este texto cumple la misma función que los capítulos 13-17 del evangelio de Juan. Es decir, estamos ante una especie de testamento. Después de todo lo dicho y hecho por Jesús en Galilea, Samaria y Judea, ¿qué nos queda como enseñanza básica, como punto de referencia? El amor en su doble cara: Dios y prójimo.

Dos en vez de uno

Según Marcos, a Jesús se le pregunta por principal mandamiento, pero él responde, no con uno sino con dos, uniendo dos citas del Antiguo Testamento: Dt 6,5 y Lv 19,18. La primera cita proclama la soberanía de Dios y la segunda hace referencia al amor al prójimo. Uniendo estas dos citas, Jesús nos está revelando que amor a Dios y amor al prójimo son dos caras de la misma moneda, dos dimensiones fundamentales de toda vida humana.

La importancia de reconocer la paternidad de Dios

Jesús recuerda la famosa “shemá”, un texto que los judíos sabían de memoria y recitaban todos los días, como fruto de su experiencia religiosa. Para los judíos reconocer a Dios como Padre de su historia era tan importante como para un hijo reconocer a su padre. Los que trabajan con jóvenes hablan de lo importante que es para el desarrollo de un joven tener una relación sana con su padre. Nadie viene a la vida por sí mismo, todos debemos nuestro ser a un padre que nos engendró. No reconocer eso es como construir una casa sin fundamentos. Si esa relación está dañada o no es reconocida, el joven no logra crecer armónicamente. De la misma manera, me atrevo a decir que si no reconocemos la paternidad de Dios, como origen supremo de la vida y meta hacia la que caminamos, algo se tuerce en nuestra vida, algo queda incompleto.

Nuestro tiempo, marcado por una especie de ateísmo práctico y teórico generalizado, parece ignorar esta realidad, pero creo que los creyentes encontramos mucho sentido y alegría al escuchar el texto que hemos heredado de los judíos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. Eso da pleno sentido a nuestra vida de hijos agradecidos por la vida recibida como un don.

El amor a todo lo que existe

Por otra parte, amar a Dios es amarnos a nosotros mismos, nuestro origen, y nuestra meta; amar todo lo que existe juntamente con nosotros; amar, sobre todo, a los seres humanos como parte de nosotros mismos y de este Dios Padre. Sobre esta dimensión, les comparto las palabras de San Agustín:

“Creo que ésta es la perla que buscaba el comerciante descrito en el Evangelio, que, al encontrarla, vendió todo lo que tenía y la compró (Mt 13, 46). Esta es la perla preciosa: la caridad. Sin ella de nada te sirve todo lo que tengas; si solo posees ésta, te basta (…) Puedes decirme: no he visto a Dios; pero ¿puedes decirme: no he visto al hombre? Ama a tu hermano. Si amas a tu hermano que ves, también verás  a Dios, porque verás la caridad”.

P. Antonio Villarino

Bogotá