Laicos Misioneros Combonianos

Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma de 2026

Cuaresma 2026

Escuchar y ayunar: La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.

Las posadas una tradición en México

Posadas Mexico

En mi experiencia como mexicana hay muchas tradiciones en este país algunas ya de mucho tiempo atrás, siendo ya una costumbre que pasa de generación en generación, como son las posadas que más allá de solo asistir por los dulces que se nos regala al finalizar cada una, se hace memoria de ese camino que José y María tuvieron que pasar para conseguir un lugar donde naciera Jesús, pues al no encontrar posada como las llamaban antes ahora seria como habitaciones de hotel, lo que pudieron ofrecerles fue un establo y ellos lo aceptaron con gran amor.

Esta tradición de las posadas se organiza y cantan en diferentes partes del país cada lugar con su costumbre, pero con ese toque especial de lo que realmente se conmemora y significan.

En mi familia las organizamos así, 9 de los integrantes toma una posada por día a él o ella le tocara dar aguinaldos o algún aperitivo como bebida caliente más conocida como ponche si se tiene con que comprar, ya que como hace frio este es uno de los signos que nos recuerda que se acerca la Navidad. Se reza el rosario al terminar cada misterio se cantan versos, al ir caminando con los peregrinos.

Ejemplo:       

  • Caminen gustosos espesos queridos ángeles del cielo cubrir los caminos.
  • De la Blanca nieve que ha desgastado los lirios se ponen de color nevado.
  • Por entre esos montes va la omnipotencia también los leopardos le hacen reverencia.
  • Por entre esos montes camina María con su esposo amado de noche y de día.
  • Etc.

Después de varios versos se llega a una casa para pedir la posada, así se hace en tres momentos durante el rosario hasta terminar, al hacer las tres peticiones se canta la entrada de los peregrinos en la casa donde se quedarán ese día que le toca a esa familia la posada, al siguiente día de ahí se comienza para ir a la siguiente casa y así durante los 9 días.

Aún cuando estamos en un mismo país, cada estado, diócesis, parroquia, colonia y familia tienen diferente manera de organizar y realizar esta tradición, aplica igual para los cantos, la tonada y el ritmo.

Aquí en Metlatonoc donde estoy de misión se organizan muy diferente, de acuerdo a su costumbre, ha sido una experiencia muy agradable pues he aprendido mucho de las personas al ir observándolas, los organizadores de las posadas aquí son los mayordomos, solo ellos mueven las imágenes, deciden qué niños las llevarán y tocan la campana mientras se mueven las imágenes, algo curioso que se me hizo aquí es que tienen a los peregrinos vestidos como ellos, con traje típico de la región.

El cantor es quien reza una parte del rosario antes de salir con los peregrinos cuando comienza la letanía ahí es la hora de comenzar a caminar va cantando en latín y responde el mismo, al llegar a la casa donde se pedirá posada deja de cantar la letanía. Los grupos de las carreras Guadalupana y de Juquila son quienes leen las lecturas y cantan el pedimento tanto los versos de afuera como de adentro se dividen para hacerlo así, en estas posadas aquí llevan banda, les regalan silbatos a todos se hace mucho ruino y tiran cohetones, al llegar a la casa donde se quedarán los peregrinos se la reconoce porque está muy adornada y está el portal que prepararon.

El cantor termina de rezar el rosario ahí, los grupos ya mencionados antes se reúnen y cantan algunos villancicos, después sigue la convivencia de toda la comunidad parroquial. Su costumbre es dar pozole y café, la banda toca y las personas se van animando a bailar. Más o menos van terminando todo como entre las 11 o 12 de la noche. Los grupos de las carreras son tres dos Guadalupanas y la de Juquila, se reparten los días que les tocará cantar y participar.

Ha sido un vivir estas fechas de diferente manera al no estar en familia. Como me dijeron mis hermanos, ahora convivirás con otras personas y cuando vengas en tus vacaciones será momento de convivir con nosotros. Es lo que me anima a seguir, la oración y el ánimo que toda mi familia, amigos y conocidos me brindan, estoy tratando de encargarme de las cosas de Dios que yo sé que él se está encargando de las mías, que en principal aquí en la tierra soy yo y mi familia.

Mariana, LMC en Metlatonoc (México).