El 19 de febrero será recordado como un día especial en la historia de nuestra comunidad misionera.
En este día, Neema Makori, la primera de los Laicos Misioneros Combonianos de Kenia, partió para una misión de tres años en la República Centroafricana. Este acontecimiento tiene un significado especial: es una señal del crecimiento y de la madurez de la vocación misionera de los laicos en Kenia, y un hermoso testimonio de valentía, fe y disposición a servir a los más necesitados.
La partida de un misionero no es solo un viaje a otro país. Es una respuesta a la llamada del corazón, una decisión de compartir la vida con la comunidad local, de estar cerca de las personas en sus alegrías y dificultades cotidianas. Tres años de servicio son un tiempo para construir relaciones, aprender una nueva cultura y un nuevo idioma, y crecer juntos en la fe.
Antes de su partida, Neema recibió la despedida del P. Maciek, de los Laicos Misioneros Combonianos y de sus familiares más cercanos. Fue un momento lleno de emoción, oración y gratitud. Juntos, confiaron su viaje a Dios, pidiendo las gracias necesarias, la fuerza, la salud y la paz del corazón a lo largo de su misión.
Estamos orgullosos y agradecidos por su testimonio. Que este nuevo capítulo sea un tiempo de frutos abundantes, enriquecimiento mutuo y una profunda experiencia de la presencia de Dios cada día.
Neema, ¡estamos contigo en nuestro corazón y en nuestras oraciones!
Escuchar y ayunar: La Cuaresma como tiempo de conversión
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
Un año más Manos Unidas, organización de la Iglesia española que se encarga de recoger fondos para ayudar en todo el mundo, ha lanzado su campaña contra el hambre. Con el lema Declara la guerra al hambre ha invitado a combatir las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad y la injusticia.
Por nuestra parte seguimos colaborando como voluntarios en la campaña, ayudando a sensibilizar sobre estas realidades.
Nuestro papel es sencillo, dar testimonio de nuestra viada misionera y explicar de primera mano algunos de los proyectos que en misión hemos visto financiados por Manos Unidas. No es una entidad cualquiera sino la manera en la que la Iglesia española se vuelca con las realidades de países empobrecidos y colabora. La mayoría de sus fondos provienen de esta campaña que se realiza por las parroquias de toda España cada segundo domingo de febrero y es momento de dar cuenta de ella a todas las personas que ofrecen su ayuda cada año.
Este año hemos tenido la oportunidad de asistir a varias parroquias. Muchas veces lo que hacemos es asistir a las misas del fin de semana y compartir al final de la eucaristía o tras la homilía nuestra experiencia de misión y de las realidades de diferentes países donde hemos estado como misioneros.
Es muy bonito ver como en algunas parroquias, como la de la Encarnación en Bormujos (Sevilla), toda la comunidad se vuelca en la campaña, catequistas, niños y jóvenes trabajan durante la semana y ayudan a concienciar a la comunidad, voluntarias y voluntarios organizan el mercadillo solidario o actividades como la cena de hambre.
También en la parroquia del Cerro, la parroquia de la Ascensión o la de los Ángeles en Sevilla Este las voluntarias de Manos Unidas y los párrocos preparan con cariño las misas de ese fin de semana. En la última tuvimos no solo la oportunidad de compartir alguna eucaristía sino de dar nuestro testimonio con el grupo de catequesis de adultos. Una hora donde poder profundizar en estas realidades y poder compartir fotos y una compresión más profunda de las causas de estas situaciones y de la lucha que desde estos países hacen para salir adelante. En realidad, nuestra ayuda como misioneros o el apoyo a determinados proyectos de Manos Unidas no es sino un apoyo a la labor, el trabajo y sacrificio que las comunidades llevan adelante. Estas comunidades son las verdaderas protagonistas y las que nos enseñan tanto sobre resistencia, sobre no perder la esperanza, sobre ser creativos cuando son pocos los recursos que uno tiene. Son tantas cosas las que aprendemos de ellos que también es de justicia compartirlas en estos momentos a nuestras comunidades de origen.
Esperamos que esta fe y energía que ellos muestran también revitalice a nuestras comunidades en España y seamos capaces de colaborar en la construcción de un mundo más justo para todos.
La iniciativa del Colectivo Edvard Dantas, de Justicia en los Raíles (JnT) y de los residentes del reasentamiento reafirma el compromiso con la memoria, la justicia ambiental y el futuro del territorio.
Entre las manos que siembran hay recuerdo, hay valentía, hay compromiso. Foto: Colectivo Edvard Dantas
El 23 de enero de 2020, Açailândia (MA) se despidió de Edvard Dantas Cardeal, uno de los principales líderes de la lucha por el reasentamiento de la comunidad afectada por la contaminación industrial en el municipio. Seis años después, su memoria sigue movilizando el territorio que ayudó a construir.
En la mañana del sábado 24 de enero, los residentes participaron en una plantación colectiva en la Plaza del Reasentamiento Piquiá da Conquista. La actividad fue organizada por el Colectivo Edvard Dantas, Justicia nos Trilhos (JnT) y la propia comunidad, y marca el inicio de un programa permanente de reforestación del barrio.
La acción forma parte de un proyecto más amplio de fortalecimiento ambiental del territorio, que aún enfrenta una importante carencia de áreas verdes.
«Este fue un momento especial para la comunidad. Iniciamos la primera de muchas plantaciones y elegimos esta fecha porque refuerza la importancia de la lucha y mantiene viva la memoria del Sr. Edvard Dantas Cardeal, quien tuvo un papel fundamental en la conquista de este barrio. Nuestro objetivo es convertir Piquiá da Conquista en el barrio más arbolado de Açailândia», afirmó João Paulo, educador popular de Justiça nos Trilhos y miembro del Colectivo Edvard Dantas.
El reasentamiento de Piquiá da Conquista fue el resultado de años de movilización contra los impactos socioambientales sufridos en el antiguo barrio de Piquiá de Baixo. La construcción del nuevo territorio representó una victoria histórica para la organización comunitaria. Ahora, la consolidación de un espacio saludable y ambientalmente equilibrado se plantea como un desafío permanente.
Para Antônia Flávia Nascimento, residente del barrio y miembro del Colectivo Edvard Dantas, la plantación tiene una dimensión simbólica y práctica.
«Esta actividad no solo tiene la importancia de revivir la historia del Sr. Edvard, que inició este proceso y contribuyó mucho para que esto pudiera suceder. Tiene la importancia de reforestar, de traer vida. Dependemos del oxígeno que proviene de los árboles y aquí en Piquiá da Conquista hay una gran escasez de árboles», declaró.
Antônia también destacó la participación de los niños en la actividad como un elemento estratégico para la construcción del sentido de pertenencia y la conciencia ambiental.
La justicia ambiental comienza en el suelo que pisamos. Foto: Colectivo Edvard Dantas
«A menudo, para ellos, solo se trata de poner la mano en la tierra. Pero cuando acompañan el crecimiento de los árboles y dicen «yo planté», comienzan a comprender que forman parte de esta construcción. Plantar un árbol es plantar vida».
Al asociar la memoria, la movilización comunitaria y la recuperación ambiental, la plantación colectiva reafirma la identidad política de Piquiá da Conquista. Un territorio que nació de la resistencia sigue organizando el presente para garantizar el futuro.
La asamblea anual de CLM Kenia se celebró del 8 al 11 de enero. El jueves, los miembros y candidatos LMC llegaron para comenzar un tiempo de encuentro, oración y reflexión.
La asamblea comenzó con una breve reflexión dirigida por Alberto de la Portilla, que nos ayudó a introducirnos en el espíritu del encuentro y a centrarnos en nuestra misión y responsabilidades. A continuación, se realizó una evaluación del año 2025 según los diferentes huduma (es decir, en swahili, grupos a cargo de diferentes «servicios», como comunicaciones, formación, etc.), así como una presentación de las funciones y responsabilidades tanto de los huduma salientes como de los nuevos, lo que nos ayudó a comprender mejor las tareas y los servicios dentro de nuestra comunidad.
Otro punto del programa fue la lectura y modificación de los estatutos LMC de Kenia. Trabajando en grupos según cada huduma, también emprendimos la planificación para el año 2026, compartiendo ideas, experiencias y expectativas para el futuro.
Tras la presentación de los planes para 2026, tuvimos una velada de convivencia que se desarrolló en un ambiente de alegría, cordialidad mutua y fraternidad comunitaria. Fue un momento para fortalecer las relaciones y compartirnos de una manera sencilla y cordial.
Al término de la asamblea, se llevó a cabo una presentación final y una evaluación de toda la reunión. El padre Maciej dirigió la oración de clausura y nos dio su bendición, fortaleciéndonos para continuar nuestro camino de servicio y misión. Tras esta conclusión espiritual, todos regresamos a nuestras respectivas comunidades, enriquecidos por el tiempo y la experiencia compartidos.
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