Laicos Misioneros Combonianos

Un tiempo en Curitiba

LMC BrasilEl viaje a Curitiba en autobús se ha hecho un poco pesado, viajar de noche y con las rodillas hundidas en el asiento delantero no es del todo cómodo. Como dice Cristina es una de las desventajas de los que tenemos cierta altura.

Me recogieron Cristina (LMC Brasileña y miembro del Comité Central) y Alex (postulante comboniano) y me llevaron al postulantado donde estaría estos días.

Como Cristina estaba ocupada me fui con los combonianos a la lectura de una tesis sobre el decreto ad gentes y la experiencia con el pueblo Pokot de Uganda. Como veis hay de todo en este viaje misionero.

Después por la tarde pude ir a visitar a Guilherma (LMC Brasileña que trabajó mucho en Mozambique). Se encuentra algo delicada de salud. Esperemos que recupere las fuerzas pronto. Echamos una buena tarde juntos, conversando y merendando.

Por la noche asistimos a una formación sobre violencia englobada en la campaña por la fraternidad de este año en Brasil. Dentro de las formaciones que se realizan en la parroquia comboniana de Curitiba. Fueron 3 días de formación seguidos, por la noche, donde han participado 110 personas. Me pareció maravilloso ver esta expresión de Iglesia que se forma e intenta comprometer con las realidades en las que vive, dando una respuesta. No es fácil ver esto en otros lugares.

Como no todos son reuniones y encuentros. A la mañana siguiente me llevaron a visitar el jardín botánico de Curitiba. Tiempo para compartir con la comunidad del postulantado y visitar la ciudad.

Por la tarde me encontré con parte del grupo LMC de Curitiba. Me llevaron a conocer dos lugares donde se quieren comprometer como grupo. Estuvimos colaborando con los “catadores”. Son las personas que recogen todo la basura no orgánica, la organizan, seleccionan y venden para vivir. Encargándose así del reciclaje en la ciudad. Tienen una asociación que intentan legalizar para sí mejorar sus condiciones de vida y aquí colabora el grupo LMC local.

Después también visitamos una panadería comunitaria, organizada de manera colectiva, tanto el trabajo como el beneficio. Todo ello en un barrio de la periferia de las ciudad (bastante conflictivo por cierto). Este es otro lugar donde están colaborando y animando los LMC.

Por la noche me pude reunir con el grupo LMC de Curitiba, tuvimos un rato para compartir sobre nuestro LMC a nivel internacional, hablarles de lo que otros grupos y comunidades hacen y responder sus preguntas. Fue un bonito rato donde compartir la realidad de todos nuestros LMC alrededor del mundo. Esperemos que alguno se vaya animando también a salir a otras realidades como han venido haciendo el grupo de Brasil siempre.

Un saludo Alberto

La serpiente salvadora

Comentario a Jn 3, 14-21: (IV Domingo de Cuaresma, 11 de marzo de 2018)
Estamos ya en el cuarto domingo de cuaresma. Leemos un párrafo del capítulo tercero del evangelio de Juan, que, como siempre, sólo se entiende desde las Escrituras y tradiciones hebreas, ya que Jesús y los primeros discípulos eran judíos que creyeron que en su persona se había manifestado de manera definitiva el amor misericordioso de Dios Padre. Nosotros nos movemos tras las huellas de Jesús y de sus primeros discípulos, pidiendo al Espíritu que nos haga comprender a fondo esta maravillosa verdad: que, mirando a Jesucristo, encontramos la misericordia salvadora del Padre. Vayamos por partes:

1.- La serpiente del desierto
Juan dice que Jesús (alzado sobre la cruz) es como la serpiente que Moisés levantó, por orden de Dios, en el desierto para curar a los miembros del pueblo de Israel, mordidos por serpientes. Encontramos la narración de este episodio al que se refiere Juan en el libro de los Números, capítulo 21: Llegados a un cierto lugar, (donde recientemente han encontrado estatuillas de serpientes), los israelitas, cansados de caminar en condiciones difíciles, caen en el desánimo y el escepticismo; decepcionados, critican amargamente a Dios y a su profeta. En esa situación aparecen serpientes venenosas que causan muchas muertes. Entonces el pueblo piensa que está siendo castigado por su rebeldía, se arrepiente y pide a Moisés que interceda ante Dios pidiendo perdón. Como respuesta a sus oraciones, Dios ordena a Moisés construir una serpiente de bronce y que la exponga en un palo. Al mirarla, los que han sufrido picaduras de serpiente, se curarán. Algunos expertos dicen que esta era una leyenda-tradición que los judíos heredaron de algún otro pueblo vecino y que había arraigado mucho entre ellos.
Pero la historia servía para recordar las muchas rebeldías en las que constantemente caía el pueblo de Israel y, si se me permite la expresión aparentemente “poco respetuosa”, los múltiples “trucos” que Dios sabe utilizar para manifestar su misericordia, incluso cosas que aparentemente pueden parecer insignificantes o ridículas. A mí personalmente me recuerda que también yo caigo constantemente en rebeldía y soy infiel a Dios y a mi alianza con Él. También me recuerda que a veces Dios me manifiesta su misericordia en pequeños detalles, aparentemente insignificantes, pero muy reales y eficaces, como una palabra oportuna, una imagen que me habla personalmente, un contratiempo, una música, una confesión con cualquier sacerdote tan pecador como yo…

2.- Jesucristo es la “serpiente” alzada para nuestra salvación
Juan hace referencia a esta historia del AT, pero no quiere detenerse en ella, sino que quiere ir mucho más allá y dar un gran salto de significado. Juan nos recuerda que, de la misma manera que Dios utilizó, para dar vida, una imagen de aquellas serpientes asesinas, instrumento del castigo que merecían aquellos judíos rebeldes, usa la muerte de Jesucristo en la cruz para revelarnos su misericordia sin fin. De la misma materia del mal (del pecado, de la rebeldía) Dios saca la vida, la gracia, la obediencia, hecha carne en Jesucristo. Por eso los discípulos miramos constantemente a la cruz de Jesús, no porque somos masoquistas, sino porque en ella encontramos la respuesta de Dios a nuestro pecado, a nuestra rebeldía, a la violencia asesina de nuestro mundo.
Por extraño que nos parezca a los católicos, hay algunos cristianos que dicen oponerse a usar la cruz, porque –dicen– sería como reverenciar la pistola que mató a un hijo o a un hermano. La cruz –dicen– es una cosa horrenda, de la que avergonzarse y de la que renegar… Y tienen razón que la cruz es una cosa fea y terrible, pero no más terrible que los absurdos asesinatos que la humanidad comente continuamente, non más fea que los abusos de unos sobre otros, no más fea que nuestra propia infidelidad…
Pero Jesús no huye de toda esa fealdad y barbarie, no se mantiene en un lugar apartado y “puro”, como hacían los fariseos de su tiempo y de ahora. Jesús se mete de lleno en el charco de nuestra realidad, sin miedo a contaminarse, y en medio de ella nos invita a alzar nuestra vista hacia Él, que es fiel al Padre hasta dar la vida. Allí encontraremos la imagen viva del Amor de Dios que transforma nuestra realidad de pecado en ocasión de gracia. “Donde abundó el pecado –dice San Pablo– sobreabundó la gracia”. Sólo el amor puede realizar tal milagro. Por eso no hay pecado o situación de miseria que no pueda ser salvada, que no haya sido salvada ya en Jesucristo. Porque el amor de Dios no tiene límites.

3.- Creer es vivir en la luz

Juan concluye diciendo que quien cree ya está salvado; quien no cree es como aquel que, ante la luz, cierra los ojos y se niega a ver, porque prefiere encerrarse en su propio, estúpido, orgullo. La tragedia humana es precisamente esa: que a veces preferimos vivir en la oscuridad de nuestro pecado, de nuestros vicios, de nuestra mentira, en vez de abrirnos sinceramente al poder misericordioso de Dios, que puede hacer de nuestro pecado “abono” para una vida nueva y luminosa, instrumento de salvación.
La cuaresma es la gran ocasión que la liturgia nos ofrece para entrar en esta dinámica: reconocer nuestros pecados y miserias, levantar los ojos a Jesucristo y dejarnos inundar por la luz de verdad y misericordia que emanan de su costado abierto en la cruz. “Sólo lo que es asumido es salvado”, decían los santos padres de la Iglesia antigua. Cuaresma es el momento de dejar que Dios asuma nuestra realidad, en su verdad, y transforme nuestro pecado en gracia salvadora para nosotros mismos y para los demás.
P. Antonio Villarino
Bogotá

Una formación que nos habló al corazón

LMC PortugalCuando hablamos de lo que está lleno el corazón, somos capaces de tocar el corazón de los demás con una intensidad tal, que ni nos damos cuenta. De hecho, además de una gran formación sobre el voluntariado y la cooperación al desarrollo, La Salete, formadora del encuentro, nos fue contando historias sobre su vida en misión fantásticas, dejándonos, en mi opinión, un gran mensaje: es extremadamente importante ponernos en el lugar del otro, procurar comprender ciertas situaciones para que podamos relacionarnos con mayor apertura, respeto y amor por los pueblos con quienes nos cruzamos en misión.

El segundo encuentro de formación de la FEC se realizó en Fátima, los días 17 y 18 de febrero y fue bastante intenso. Durante la formación tuvimos la oportunidad de discutir sobre las desigualdades en el mundo; la riqueza y el desarrollo concentrados en pocos países; los conceptos de cooperación y desarrollo; los paradigmas del desarrollo; la educación para el desarrollo y la ciudadanía global y, además, tuvimos la oportunidad de tener una formación intensa sobre metodología y análisis de proyectos.

Comparto con vosotros algunos puntos que encontré curiosos: el concepto de Felicidad Interna Bruta que fue un concepto creado por el rey de Bután para contraponer al Producto Interno Bruto y que tuvo buenos resultados; el “fairphone”, un teléfono móvil fabricado sin perjudicar o esclavizar a todos los trabajadores que lo producen. La venta de este teléfono no pretende tener beneficios a costa de la explotación de muchos trabajadores, sino que su trabajo tiene una justa remuneración, como pasa en las tiendas de comercio justo.

Al final de la tarde del sábado vimos la película “Disparando a perros” y posteriormente hicimos un cine-forum donde analizamos varias conductas y actitudes de los personajes de la película, lo que se tradujo en un compartir muy bonito de ideas y sentimientos. Por la noche tuvimos el testimonio misionero de una pareja perteneciente a los Laicos de la Buena Nueva, que estuvo durante un año en la diócesis de Pemba, en Mozambique.

Es siempre una alegría participar en estos encuentros de formación, compartir con grandes personas el carisma misionero y sentir la diversidad de la Iglesia. El hecho de que el encuentro fuese en Fátima y de tener la oportunidad de ir a rezar en la capillita de las apariciones, ha hecho este encuentro aún más especial. Qué bueno es poder caminar y crecer en estas formaciones que nos ensanchan horizontes y nos ayudan a ir comprendiendo los caminos de la misión.

LMC Pedro Nacimiento

Visita a los LMC de Brasil

LMC BrasilUn saludo a todos y todas.

Como mucho sabéis me encuentro de visita por Brasil, os intentaré dejar por aquí (con un poco de retraso) algunas de mis experiencias por este maravilloso país conociendo de primera mano la entrega de nuestros LMC en Brasil.

A mi llegada a São Paulo me recogió Lourdes (la coordinadora LMC de Brasil). Pasamos la tarde visitando la avenida paulista, la catedral y los alrededores con el hermano João Paulo, con el que coincidí en Mozambique.

LMC BrasilAl día siguiente fuimos a casa de los padres de Flávio (otro LMC que visitaré en el nordeste).

Hicimos una pequeña parada para almorzar un plato de “bife, arroz e feijão” en casa de los padres de Flávio y continuamos camino. El padre nos acompañó a visitar el santuario de la Virgen de Aparecida. Parada obligatoria en Brasil para que nos acompañe en este viaje. Sin duda gran fuente espiritual y protectora del pueblo brasileño. Todo ello con la suerte de vivirlo a través de los ojos de Lourdes y Carlos (padre de Flávio).

LMC BrasilDespués de pasar varias horas de visita y participar en la misa en el santuario regresamos, dejamos a Lourdes en la estación de autobuses pues regresaba a Ipê Amarelo, donde más adelante me la encontraré, y nosotros descansamos un rato antes de salir en el autobús que de noche me llevará a Curitiba.

Unos primeros días de acogida en familia.

LMC Brasil

Un saludo Alberto

El “cuerpo” de Dios

Comentario a Jn 2, 13-25 (III Domingo de Curesma, 4 de marzo de 2018)

En este tercer domingo de cuaresma, y en los dos siguientes, dejamos Marcos y tomamos el evangelio de Juan, que, a diferencia de los sinópticos (Mateo, Marco y Lucas), nos presenta a Jesús en Jerusalén desde el capítulo segundo, del que hoy leemos la segunda parte sobre la “purificación” del Templo. A partir de esta lectura les comparto tres reflexiones:

1) Purificar la religión
El Templo de Jerusalén –y la ciudad misma– era lo más sagrado para Jesús, buen judío, y para sus discípulos. Templo y Ciudad eran como un “sacramento” de la maravillosa presencia de Dios en la vida de Israel y de todos sus habitantes. Jesús, con María y José, los visitó desde niño y los amaba de todo corazón, porque en ellos encontraba las huellas del paso de su Padre por la historia de su pueblo. En el templo se unían sus dos grandes amores: su Padre y su Pueblo. Por eso hace suyo el salmo que dice: “El celo de tu casa me devora”. Y es precisamente este celo lo que produce en él una rebeldía radical, al ver la degradación a que había sido sometido el templo a causa de la corrupción y el mercantilismo. Jesús se propone purificar el templo, sabiendo que Dios no se deja “atrapar” por ninguna institución, por muy sagrada que sea. De hecho, más adelante en el evangelio de Juan, dirá a la samaritana: “Ha llegado el momento en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre… los verdaderos adoradores lo adoraran en espíritu y en verdad”.
Una tentación de las personas religiosas es la manipulación o banalización de los ritos y lugares sagrados. Ciertamente, necesitamos ritos y lugares que nos ayuden a orar y a celebrar, pero, ojo con ponerlos al servicio de nuestros intereses personales o de grupo. Los discípulos de Jesús debemos estar siempre atentos a no caer en estos abusos y a purificar constantemente nuestras prácticas religiosas.

2) El signo del propio cuerpo
Cuando los judíos le preguntaron qué signo hacía para justificar su postura purificadora, Jesús respondió que el signo era su cuerpo, convertido en verdadero “templo”, lugar de encuentro entre Dios y la humanidad. La fe de los discípulos no tiene su centro en ningún lugar geográfico, sino en el cuerpo de Jesús, un cuerpo que aguantó el sufrimiento extremo y en el cual terminó por mostrase el triunfo de Dios.
Unido al de Cristo, también nuestro cuerpo (expresión concreta de nuestro espíritu) es lugar del encuentro con Dios: un cuerpo capaz de sufrir y amar de manera concreta y tangible, un cuerpo que se arrodilla y se postra para adorar, un cuerpo que se hace instrumento de servicio a los pobres y desheredados, un cuerpo que ve, escucha y abraza a los cuerpos martirizados de tantas personas. Como dice el papa Francisco, los enfermos y los pobres son el cuerpo de Cristo. Abusar de estos cuerpos o de nuestro propio cuerpo es profanar el templo de Dios. Servirlos es adorar a Dios.

3) La precariedad de la fe
El evangelista nos cuenta que, viendo los signos que hacía Jesús, muchos creyeron, pero él no se fiaba. Los evangelios nos cuentan la oposición y las traiciones a las que Jesús se enfrentó, hasta el punto que, al final, quedó prácticamente solo y abandonado de todos. En la vida de Jesús hubo momentos de entusiasmo, en los que las multitudes le seguían, pensando de haber encontrado a un gran rey del que se podrían aprovechar o un líder que les llevaría a la realización de su programa político o religioso. Pero Jesús no se dejaba atrapar en la trampa de este entusiasmo fácil, que podría apartarle de su verdadera misión en obediencia al Padre. Jesús permanece siempre confiado, realista, libre, abierto y fiel hasta la muerte, a pesar de la inconstancia de los que le rodean.

La tentación del entusiasmo fácil y de la superficialidad se nos presenta también a nosotros como personas o como grupos. Cada uno de nosotros, nuestra comunidad o la Iglesia en su conjunto, puede contentarse con una religiosidad superficial, hacer algún tipo de “trampa” para ganar las masas y atraer seguidores, aunque solo sea en apariencia… Ese no es el camino de Jesús. El ni se escandaliza por aquellos de los suyos que le abandonan ni confunde los aplausos fáciles con una fe auténtica; sabe, sin embargo, reconocer una sincera, una fe “encarnada” en un cuerpo, en una vida que “se desvive”, se entrega en adoración y en servicio al “cuerpo de Cristo” en la Eucaristía y en los Pobres.
Pedimos al Espíritu de Jesús que nos abra a esta fe firme, concreta y constante, a pesar de nuestras dudas y debilidades.
P. Antonio Villarino
Bogotá