Laicos Misioneros Combonianos

Mensaje del Papa Francisco para la jornada Mundial de las Misiones 2017

PapaFrancisco

La misión en el corazón de la fe cristiana

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida

1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo

3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).

4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio

6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

7. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión

8. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias

9. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización

10. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Vaticano, 4 de junio de 2017
Solemnidad de Pentecostés

Francisco

¡Voy, Le sigo, pero no voy sola!

LMC Portugal

LMC PortugalEl 16 de julio celebramos en comunidad, en Viseu, en la parroquia de Río de Loba, el envío de nuestra LMC Neuza Francisco junto con su familia y amigos. Ella parte en breve para la misión de Arequipa, en Perú. Compartimos con vosotros su sentir después de este gran día de fiesta.

Es con amor y gratuidad que comparto, un nuevo “Sí”, uno más, entre tantos ya dados hasta ahora, en este camino que es mi vida. Más un sí, simplemente para dejarlo todo y seguirlo.

Les hablo de un sí que nada tiene de fácil, pero que tiene todo de disponibilidad, un sí que está repleto de entrega y de amor. Un “sí”, dado desde la humildad de lo que soy, y de lo que llevo dentro de mí. Un sí lleno de perseverancia, en la certeza de que “Dios no escoge a los más capacitados, sino capacita a los que escoge” (Mons. António Couto).

LMC PortugalEste sí del que os hablo, implica dejar todo, familia, amigos, dejar el confort de una vida que para mí, así, no tenía sentido. En una actitud de desapego, porque sólo a través de él conseguimos experimentar una relación personal con Cristo, sin las dependencias y seguridades creadas a lo largo de nuestra vida. Confío en la llamada que Él me hace a ser feliz, aquí o por dondequiera que Él me acompañe de la mano. Es la certeza de caminar cada vez más dentro de mí, para conocerme, para poder llegar al otro, en una relación que sólo es posible en la convicción de que, camine por donde camine, Dios va de mano dada conmigo.

Hoy tengo una profunda confianza de que Comboni camina conmigo en el sueño de Dios para nosotros, y yo soy también una de las mil vidas para la misión.

Hoy, Él me llama una vez más a dejar mi barco en la playa y con él encontrar otro mar. Voy, sigo, pero no voy sola. Llevo en mí la oración de todos aquellos que se cruzaron mi camino y sembraron en mí pequeñas semillas de un amor profundo que germinó y sigue germinando aquí, bien dentro de mi corazón. Voy, pero no voy sola. Llevo conmigo todos los corazones que se cruzaron en mi camino y me enseñaron a amar, más y más. Llevo conmigo a todos aquellos cuya historia de vida se entrelazó con la mía y me ayudaron a conocer a un Dios misericordioso y compasivo. Guardo en mí los abrazos dados en el transcurso de un camino fecundo y fértil, guardo con amor las manos extendidas, que a pesar de las muchas caídas, siempre me ayudaron a levantarme. Voy, pero no voy sola. Y como muchas veces dice mi abuela: “voy con Dios”.

En este momento, soy llamada al Perú. Siento que una vez más Él me invita a amar, a compartir, a estar, a entregarme, a confiar, para que con el pueblo al que soy llamada, podamos ser juntos. Él me llama a ir a los más pobres y marginados de las periferias de Arequipa. Me llama a ser yo, y a dejar que el tesoro que traigo en mí fructifique con el otro. Abrazo la misión de Arequipa, como quien abraza un sueño, un sueño soñado y esperado desde siempre. Un sueño al que me entregué y me entrego todos los días. Y no, no hablo de una utopía o de algo surrealista; Sino del sueño de ser plenamente, abracé la realidad que abrace.

Voy, no porque quiera salvar al mundo, sino porque también yo, quiero formar parte de esas heridas abiertas en el mundo, herida, compuesta de personas de carne y hueso que en un lugar lejano, también traen dentro de sí, un pedacito de Dios. Quiero ser con ellos, quiero ver el rostro de Dios, en la inhumanidad que busca un sentido, con los pies en la tierra y las manos llenas de nada. Quiero ver a Dios en las sonrisas espontáneas de quienes desconocen el amor, pero vive diariamente para alabar.

Camino, en la confianza, entrega y alegría de saber, que es a Cristo a quien yo sigo, es a Cristo que llevo y es a Cristo al que siempre encontraré. Camino y en cada paso que doy, lo doy con la libertad de saber que siempre será en sus brazos misericordiosos donde me voy a refugiar en cada puesta del sol, y será Él la esperanza que me hará levantar cada amanecer.

Parto en nombre de una comunidad, en nombre de la Iglesia, en el nombre de Jesucristo, voy a anunciar el Evangelio del Amor. Y en este profundo crecer en mí, en Dios y en el otro os pido: rezad por mí.

LMC Portugal

Con amor y gratuidad,

Neuza Francisco

Frutos

LMC AfricaNuestro encuentro ha traído al grupo las realidades de nuestra vocación misionera.

Hemos dialogado sobre temas como la comunicación, vocación, economía, formación y muchos otros. A través de estas discusiones hemos evaluado nuestro caminar y analizado dónde hemos cumplido nuestras metas, las áreas en que necesitamos mejorar y los desafíos que enfrentamos al hacerlo.

Al igual que San Daniel Comboni, todos hemos encontrado algunas dificultades para anunciar el Reino de Dios. En el carisma de nuestro fundador e intercesor, encontramos la fuerza para continuar en nuestra misión y hallar el camino para hacerlo. Como la palmera que lleva fruto de cocos, no es fácil compartir el dulce sabor de la salvación, pero encontramos la fuerza para escalar, a través de nuestra fe y nuestra comunidad.

LMC Africa

LMC África

Unidad

LMC AnchiloNuestro tema para el día fue la unidad.

El Señor nos ha traído a todos de diferentes tierras, con lenguas y culturas diferentes, reuniéndonos en el Espíritu Santo.

Nosotros mismos, nuestro trabajo y nuestras comunidades somos como un rompecabezas. Una pieza aislada tiene poco significado, pero juntos podemos crear algo hermoso
LMC Anchilo
LMC África

XXV Aniversario LMC México 2017

LMC MexicoHoy, a 25 años del inicio de los LMC de México, nos reunimos en Sahuayo, Michoacán para llevar a cabo nuestra XIX Asamblea Nacional con mucha alegría, fe y entusiasmo que nos anima a seguir en esta vocación pues como dijo San Daniel Comboni “Esta obra no morirá”.

El día 30 de junio reflexionamos sobre la fidelidad a la vocación laical, y en ese camino, el llamado es una brújula que guía nuestros pasos y nos indica el camino correcto; mientras que la vocación es hacer aquello que se alinea con nuestra pasión y que de alguna u otra forma contribuye hacer al mundo mejor; ayudar, dar luz, generar bienestar, ser guía, armonía. Todos necesitamos encontrar nuestra vocación, pues nos lleva a disfrutar más la vida. El consejo en este sentido fue: “Si estás haciendo lo que te apasiona, síguelo haciendo y mejor”. Seguir la vocación involucra conocernos y desarrollar nuestros talentos ¿para qué soy bueno? Sentirnos elegidos de Dios, somos personas especiales sobre las cuales puso su mirada.

LMC MexicoPosteriormente, el día primero de julio reflexionamos sobre lo que debe distinguir a un LMC, y coincidimos en que el LMC es fraterno, actúa con solidaridad y empatía para liberar y acompañar a los más pobres y abandonados. En cuanto a su personalidad es un hermano que da confianza, te hace sentir parte de su familia y comparte contigo penas y alegrías. Además debe ser amable, generoso, tener la libertad y alegría de servir. En esta vocación no todo es fácil, aunque no queremos estar allí, Dios lo quiere y él nos mantiene de pie en los momentos difíciles.

De igual forma, se comenzó a desarrollar un Plan de trabajo con base en la experiencia laical misionera del grupo, para poder avanzar en este plan se requiere observar, acercarse a la realidad, escuchar y aprender de lo sencillo para finalmente poder actuar con paciencia. El misionero no siempre puede resolver las cosas, debe iniciar procesos para que esto cambie. Así, de la experiencia de trabajo en comunidades indígenas en Guerrero, las áreas de trabajo identificadas son: educación, empleo, nutrición, promoción de la mujer e inclusión a discapacitados.

Asimismo, tuvimos la alegría de compartir este festejo con un grupo de simpatizantes quienes nos acompañaron y trabajaron durante estos dos días sobre su proyecto de vida y reflexionaron sobre su vocación laical y sobre si ésta puede ser al lado de los LMC. Además de escuchar testimonios misioneros, participaron activamente en los momentos de oración y celebración.

Finalmente, llegó el gran día, el día dos de julio tuvimos la oportunidad de escuchar los testimonios misioneros de LMC mexicanos pioneros en este caminar. Ha sido una bendición contar con la presencia de la Familia Cornejo Castillo, Olivia Ayala, Martha Navarro y Manuelita Valladares quienes con sus testimonios y entrega han dejado huella en este camino.

LMC MexicoLa celebración eucarística de acción de gracias fue presidida por el P. Enrique Sánchez, Provincial de los mccj, y sin duda alguna fue un momento muy emotivo para reiterar las GRACIAS a todos los que han escrito parte de esta historia y los que continuarán escribiéndola.

Agradecemos también el acompañamiento del Hermano Joel Cruz, mccj y el P. Gustavo Covarrubias mccj, actual Asesor de los Laicos Misioneros Combonianos en México y a todos quienes se unieron en oración y de corazón a este festejo.

La vida está hecha de momentos. Fue en julio de 1992 que se realizó un primer encuentro de formación LMC y fue en julio de 1996 que nuestros primeros LMC Silvia, Pablo, Oli y Ana Luz fueron destinados a Guatemala. Y en este mismo mes hemos dado gracias, especialmente por aquellos que han aceptado el llamado misionero de salir de misión ad gentes.

LMC Mexico

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