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Encuentro de Navidad: de la familia de Nazaret a la Familia LMC

LMC PortugalEn los pasados ​​días 16 y 17 de diciembre tuvo lugar, en Viseu, en casa de los Misioneros Combonianos el encuentro de Navidad de los LMC. El tema fue “De la familia de Nazaret a la familia LMC”. Participaron varios Laicos Misioneros Combonianos, así como los formandos. Un encuentro que quedó marcado por la alegría y el clima de ser familia: familia comboniana; y familia LMC. Una familia unida alrededor del mismo ideal -que es Cristo- y del mismo carisma comboniano.
Durante la mañana del sábado la LMC Sandra Fagundes hizo una presentación sobre San Daniel Comboni y el movimiento. A continuación, hicimos un juego en el que tuvimos la oportunidad de ir descubriendo más sobre la Familia Comboniana, sobre el sentido de la Navidad, sobre la Navidad en misión,… a medida que íbamos reflexionando y rezando sobre los diversos puntos de reflexión. Una experiencia de diálogo, de compartir, que nos ha enriquecido y nos ha hecho presentes en la oración varias realidades distantes a nuestros ojos y toda la familia comboniana.
La tarde nos trajo otra sorpresa: tuvimos la oportunidad de, en varios grupos, estar y conversar con los Misioneros Combonianos más ancianos que viven en la casa de Viseu sobre la Navidad en la misión, sobre su rico testimonio de vida; con las Hermanas Misioneras Combonianas, en su casa sobre lo que las marcó más en los varias Navidades vividas en misión; y en casa de la familia de la LMC Marisa Almeida, conversando, conviviendo, estando unidos a una familia que es también parte de la familia LMC, pues con ella comparte y vive la dedicación y el cariño por la misión. Una tarde de unión, de hacer encuentro y compartir unos con otros y con otros miembros de la familia comboniana. Una tarde en que fuimos interpelados y desafiados por muchos testimonios de vidas llenas, totalmente entregadas a la misión.

LMC PortugalDespués de la oración de la tarde y la cena, tuvimos un momento de convivencia en el que, una vez más, se compartieron muchas alegrías, sonrisas, bromas y música (donde el padre Feliz nos deleitó con su acordeón). ¡Hemos tenido incluso intercambio de regalos! Una vez más, un momento de unión, durante esta convivencia alegre y genuina, de la familia LMC y con la familia comboniana.

El domingo, la LMC Susana Vilas Boas presentó el tema “de la familia de Nazaret a la familia LMC”, con un momento de reflexión y compartir al final. De la mañana, me queda la idea de camino: la familia LMC hace una caminata, como decía Comboni, con los ojos fijos en Cristo – sólo así esta caminata tiene sentido, para seguir el ejemplo de la familia de Nazaret: la unión de María y José, su servicio humilde a Jesús, su voluntad de cumplir la voluntad de Dios y la entrega total a su voluntad deben ser ejemplo para la familia LMC, para que pueda cumplir el sueño que Dios tiene para ella, hacer un camino de continuo crecimiento siempre con el propósito de servir a la misión al estilo de San Daniel Comboni.

Terminamos el encuentro de Navidad con la Eucaristía, presidida por el padre Francisco Medeiros y con la alegría de tener a los padres y familiares de la LMC Neuza Francisco presentes en el almuerzo de familia.
Sería precisamente esa la palabra que escogía para resumir el encuentro de Navidad de los LMC: familia. En la oración, en el compartir, en la convivencia, en la escucha, este encuentro ha despertado en cada uno de nosotros una noción de pertenencia a algo mayor que nosotros mismos, una familia espiritual que nos acoge y nos desafía a ser más, a hacer y vivir la misión a la manera de Comboni, con los ojos fijos en Cristo, apasionados por Él y por las personas.
LMC Portugal
Filipe Oliveira

Primeras navidades en Mozambique

LMC MozambiqueEn las vísperas de Navidad casi que sólo me apercibí de su cercanía cuando iba a rezar y ‘por mi cuenta’ hojeaba la Liturgia en las páginas de Adviento.
Sé que, muy probablemente, si no estuviera aquí, todo a mí alrededor evocaría la Navidad. La proliferación de anuncios navideños tratarían de centrarme en estas fiestas a partir del tercer trimestre del año, prácticamente, en un juego astuto y paulatino.
Entre los juegos de luces, las decoraciones interiores y exteriores, sugerencias tanto para los Menús cada vez más exquisitos como para el “dress code” de la Noche Buena y del almuerzo de Navidad, la magia que se siente en las calles de las ciudades, los típicos villancicos (…) entre una y otra cena entre amigos y grupos de esto y de aquello, nada dejaría escapar la atención, ni siquiera de los más distraídos, para ‘Lo que está para llegar’…
Aquí, no hay nada – de eso. En las ciudades se ven algunos signos “navideños importados”. Pero aquí, no. Los sentidos no son invadidos por esta avalancha de estímulos. No hay el frío ni vidrios empañados que dejen ver las luces parpadeando. No se oyen las canciones típicas. No se siente, ni uno se une, a la bulimia de las compras ni de los regalos – y, mucho menos, de las compras y las necesidades de última hora. No se asiste a ‘solo en casa’ en televisión. El calor es demasiado para pensar en sustituir las zapatillas, las faldas o pantalones cortos y las camisetas por ropa más calientita. No se publicita el bacalao ni el aceite virgen extra. No hay el bolo-rey, las rabanadas, polvorones o dulces de esto y de aquello. No se sueñan con juguetes ni se envuelvan promesas de pequeños paraísos instantáneos y de corta duración.
Confieso que, en la semana de Navidad, me sentí un poco aprensiva: por ser m primera navidad en misión, por añorar a la familia, por ser todo tan diferentes de lo que estoy acostumbrada, y hasta por no haber tenido ni luz ni agua en esos días, dificultando la comunicación y desafiando la creatividad…
Pero, este año, el Niño Jesús me ha traído este aprendizaje: la Navidad no es ornamento. A nuestro alrededor puede parecer Navidad, pero nunca lo será si no está ya dentro de cada uno de nosotros. La Navidad es, también, movimiento, itinerancia. Siempre tenemos que estar en camino para encontrarlo. Si queremos ver una ‘gran luz’ tenemos que levantarnos y partir; tenemos que ir al encuentro de los pesebres donde se encuentra el sufrimiento humano; tenemos que volver al establo donde nos encontramos con la sencillez; tenemos que regresar al pesebre donde la esperanza de Dios y la esperanza de la humanidad se encuentran – pero, con la confianza de que, entre el silencio y la palabra que buscamos, una estrella nos guiará siempre.
La Navidad, creo, nos despierta para volver a nuestras verdaderas raíces, hacia el primer sueño de Dios para cada uno de nosotros. La infancia de Jesús es, también, nuestra infancia. Es por eso que, después de una larga espera encontramos paz cuando, finalmente, reposamos en Dios.

Curiosidad…
Después de la independencia Mozambique se convirtió en un estado laico. Sin embargo, el día de fiesta del día 25 de diciembre fue preservado, no por ser día de Navidad, sino como el Día de la Familia. Así, en este día, independientemente de la religión que profesen, las familias se encuentran y celebran el don de la Familia (claro que, para la comunidad cristiana, este día es más que eso, es el día del nacimiento de Jesús, en que la Salvación y la verdadera Paz descienden a la Tierra). Así, deseablemente, se reúnen para confraternizar y recuperar fuerzas para el año que está por venir – pero, después de todo, ¿no es, también, esto la Navidad? En la Navidad, cada vez que celebramos la esperanza conseguimos decir en nuestro corazón “la Humanidad tiene futuro”.

Dejo parte de un poema de José Tolentino Mendonça (“El pesebre somos nosotros”) que me acompañó en las últimas semanas:

El Pesebre somos nosotros
Es dentro de nosotros que Jesús nace
Dentro de cada edad y estación
Dentro de cada encuentro y de cada pérdida
Dentro de lo que crece y de lo que se derrumba
Dentro de la piedra y el vuelo
Dentro de lo que en nosotros atraviesa el agua o atraviesa el fuego
Dentro del viaje y del camino que sin salida parece
LMC MozambiqueEsperando que hayan tenido una buena Navidad,
Votos de un Feliz Año Nuevo,
Marisa Almeida. LMC en Mozambique

Con María y José en camino a la Navidad

LMC PeruLa verdadera alegría nace del amor. Sólo cuando nos atrevemos a vivir por amor permitimos que Dios nazca en nosotros haciendo de nuestro corazón su pesebre. Sólo cuando creemos en el misterio de Jesús somos verdaderamente felices. La alegría brota de un corazón que poco a poco se ha ido y se va enamorando por Dios. Reconocer que Dios existe es tener la certeza que jamás caminamos solos y la alegría de saber que Él camina con nosotros y transforma diariamente nuestras vidas. El camino no es tan simple como las palabras que decimos, es exigente. Exige esfuerzo por nuestra parte, exige que nos coloquemos en camino, exige que salgamos de nosotras y como María y José caminemos hasta la Galilea de nuestros corazones en busca del mejor lugar para renacer junto a Jesús. Porque Jesús está vivo y viene a nosotros.
Como María tenemos muchos miedos, inquietudes y temores, pero inspiradas por su ejemplo, decimos nuestro sí cada día. María al aceptar ser madre renunció a todo lo que había planeado para cumplir la voluntad de Dios en sí. A pesar de no estar en los planes de María ser la elegida de Dios para ser madre de Jesús, ella aceptó. Como María entregamos nuestra vida en las manos de Dios.
San José nos inspira a acoger el proyecto que Dios tiene para nosotros a pesar de las dificultades y desafíos. Para San José no fue fácil comprender que María estaba embarazada del hijo de Dios. Hasta pensó en dejarla secretamente pero cuando el ángel le habló él se entregó completamente.
La familia de Nazaret nos enseña a vivir en comunidad. María y José, como comunidad, supieron vivir la encarnación de Dios en sus vidas. No es fácil seguir la voluntad de Dios en comunidad pero ellos comprendieron que cuando Dios nos llama, tocando nuestro corazón, nuestra vida nunca más será la misma. Nuestro sí abre puertas a muchas otras maravillas, no sólo en nuestras vidas sino también en las vidas de otras personas. Ellos encontraban en la oración el coraje que necesitaban para llevar la misión de forma alegre y confiada. En los momentos de oración abrimos las puertas de nuestro corazón y de nuestra casa para que Dios venga y diariamente nos diga cuál es el camino a seguir. La oración es la base de la comunidad y es a través de ella que consagramos todas nuestras vidas al Señor.
“Vivamos esta Navidad, recordemos que tal como dice José Tolentino Mendonça “el pesebre somos nosotros, es dentro de nosotros que Jesús nace”. Preparemos nuestro corazón y nuestras vidas para ser la casa donde Jesús se prepara para renacer.

Paula y Neuza. LMC en Perú.

Noticias de Misión desde la República Centroafricana

LMC PortugalEspero que todo vaya bien a todas las personas que me conocen. Yo y todos los miembros de la C. A. (comunidad apostólica) estamos bien, gracias a Dios.
Estoy en Mbaiki a participar en el retiro con los combonianos, me está resultando muy bueno. ¡Espero que venga a dar buenos frutos! Que el Señor nos ayude a seguirlo cada vez mejor, con el corazón y no sólo con la cabeza, a ser fieles, y a nunca perder la confianza en Él, porque Él es siempre fiel y está siempre a nuestro lado. En la enfermedad y en las dificultades no debemos dudar de Su presencia, porque ahí Él nos da Su mano y muchas veces nos transporta, cuando estamos desanimados.
Estos primeros tiempos han sido difíciles, las matrículas de los alumnos, la elección de los profesores que es siempre complicada, ya que el nivel de estudios es muy bajo. Son padres-profesores que tienen terminado 9º, 10º año de escolaridad… no tenemos ningún profesor diplomado. Hemos hecho pruebas de admisión pero los resultados son muy flojos y así no podemos ponerlos al frente de una clase, hay que saber un mínimo. Además, las clases tienen alrededor de 50 alumnos lo que dificulta aún más la enseñanza. Doy gracias a Dios que ya están todos los cursos trabajando. Que el Señor ayude a los profesores y los alumnos a conseguir buenos aprendizajes, es Él que hace caminar, avanzar, el trabajo en la Misión. Somos simples servidores.
El domingo será la ordenación episcopal del Padre Jesús, en Bangui. No se olviden de rezar por nosotros y de rezar mucho por él. Que la paz vuelva lo más rápidamente a Bangassou la diócesis que le es confiada. No me olvido de rezar por todos, cada día. Buena recuperación a todos aquellos que están enfermos, que el Señor os conceda fuerza y ​​serenidad…
Aquí ha llovido mucho. Las carreteras están fatal, con muchos agujeros, lo que hace agotadores los viajes. Desde que llegué el único viaje largo que hice fue a Mongoumba, los otros viajes fueron de pocos kilómetros. Espero que ya haya llovido bien ahí y que hayan terminado los fuegos. El martes volveré a Mongoumba si el Señor lo permite.
Estamos siempre unidos en la oración.

¡Un abrazo Misionero del tamaño del mundo!
Maria Augusta. LMC Mongoumba

Comunidad de formación en Portugal: experiencia e ilusión

LMC Cristina y TereLos dones de cada una pueden enriquecer a la otra
Este tiempo que pasamos en comunidad, lo vivimos como un período de preparación para la misión.
La ruptura con la rutina diaria, el trabajo, el compartir con los amigos, la familia, las prioridades que nos marcan desde la sociedad de consumo, etc. Todo cambia para llegar a una sociedad de subsistencia. Haciéndonos repensar lo que de hecho son prioridades y/o necesidades de verdad.
Estando siempre enfocadas, en la misión y con ojos fijos en Jesús, nuestra planificación comunitaria comienza cuando nos damos cuenta de la riqueza que tenemos, la experiencia de una y la ilusión de la otra, que nos permite superar los retos a los que nos enfrentamos.
Miedo, desanimo en el aprendizaje de la lengua, inseguridad de no responder a las expectativas y necesidades de la misión, dificultad de adaptación y todos otros pensamientos que muchas veces nos asoman, rápidamente se superan con momentos de respeto mutuo, de oración y de compartir.
Con nuestro intento de entendernos las carcajadas se hacen presentes, pintando de muchos colores nuestros corazones, de amor y alegría.

Tere Monzon y Cristina Soussa. Comunidad de formación internacional en Portugal

Estar aquí. ¡Con ellos y entre ellos!

ArequipaEstamos en uno de los lugares más bonitos del mundo. Sólo añadir que en este lugar, perdido entre los volcanes Chachani y Misti, vive un pueblo, un pueblo humilde con el que compartimos nuestra vida ahora.
A lo largo de nuestra todavía temprana caminata, son ya muchos los rostros que quedaron clavados en nosotras. Tal vez porque la falta de humanidad se hace presente de una forma tan evidente que llevada al extremo lleva a la muerte. Son ya muchas las historias de violencia que nos han sido contadas no sólo a través de palabras, sino a través del testimonio vivo de quien diariamente lucha por la esperanza del cambio. Quizás porque están en este país, Perú, los niveles de machismo son de los más altos de mundo. En este escrito de Manu Tessinari, podemos conocer de una forma más profunda esta realidad:
Perú es un país machista. Muy machista.
En el Perú, una adolescente puede ser golpeada por el padre si es sorprendida manteniendo relaciones sexuales con su novio. Aquí, la mujer que está en cárcel no tiene derecho a visitas conyugales. En el sistema público de salud, está prohibida la entrega gratuita de la píldora del día siguiente para pacientes víctimas de violación.
¿Algo más absurdo? En el Perú, si la mujer es abandonada por su marido y no se divorcia, el hombre puede rehacer la vida y registrar a todos los hijos de la nueva compañera. La mujer no. La ley indica que el hijo de esta mujer es legalmente del exmarido (protegido por el vínculo del matrimonio) y para que el padre biológico pueda registrarlo, es necesario un largo y complejo proceso legal.
De cada 10 mujeres peruanas, 6 son víctimas de violencia psicológica y 2 son víctimas de violencia física por parte de su compañero. El 16% de las personas (hombres y mujeres) creen que la culpa es de la propia mujer, encontrando incluso que el 3,7% cree que ellas MERECEN ser golpeadas y el 3,8% NO ven problema en que el hombre fuerce relaciones con su pareja.
Las peruanas son trabajadoras. Según el INEI (Instituto Nacional de Estadísticas e Información), el 95,4% de las peruanas trabajan, la mayoría en servicios. En promedio, una peruana gana UN TERCIO MENOS que un peruano, haciendo el mismo servicio. Lamentablemente, sólo el 36% de las mujeres consiguen terminar la escuela y poco más del 16% logran concluir la universidad. Todo ello en un país donde las mujeres son 15.800.000, es decir, el 49,9% de la población
“.

Las vidas de quien nos pasa delante de la puerta, no nos resulta indiferente, y aunque la realidad sea ésta, le llevamos la alegría de un Evangelio que no es sólo nuestro, un Evangelio que necesita ardientemente ser llevado al mundo, llevado a los confines de la periferia.

No tengáis miedo de salir e ir al encuentro de estas personas, de tales situaciones. No os dejéis bloquear por prejuicios, por hábitos, por inflexibilidades mentales o pastorales, por el famoso «siempre lo hicimos así». Pero sólo podemos ir a las periferias, si tenemos la Palabra de Dios en nuestro corazón y si caminamos con la Iglesia, como lo hizo San Francisco. En caso contrario, nos estamos anunciando a nosotros mismos, no la Palabra de Dios, y esto no es bueno, no beneficia a nadie. ¡No somos nosotros quienes salvamos al mundo: es precisamente el Señor que lo salva!

Papa Francisco

Y es aquí donde nos sentimos llamadas a habitar entre ellos y con ellos. Es aquí donde dejamos de ser nosotras para ser instrumentos vivos al servicio de Jesucristo en el Perú.

ArequipaComunidad Ayllu,
Neuza y Paula, LMC en Perú