El pasado 31 de enero transmitimos en directo desde la página de Facebook de los Laicos Misioneros Combonianos de Portugal: “Conversaciones Misioneras con Etiopía”. En esta conversación entre los tres LMC, David Aguilera – LMC de España – y Pedro Nascimento – LMC de Portugal – compartieron sobre la vida que brota en la misión donde viven como comunidad desde 2019 en Etiopía. Respondieron sobre cuestiones relativas a la respuesta a la llamada a la vocación misionera, la preparación para la salida a la misión y las experiencias y dificultades en la misión.
“Para mí fue un intercambio muy bonito e intenso, también con un significado especial para mí, ya que yo también viví esa misión durante algún tiempo y la sigo con el corazón y con todas las personas que conocí en Etiopía y en todo el camino que me llevó a esta misión como LMC. Es muy bueno sentir que mis compañeros de misión hacen un camino hermoso y difícil, pero con la voluntad de servir y de dejarse llevar por las manos de Dios”, dice Carolina Fiúza, LMC portuguesa que entrevista a los dos LMC, y que también estuvo con ellos en misión en 2019.
Así, en medio del tiempo de confinamiento que vivimos hoy, para estimular el ritual de quedarse en casa pero con amor, compartimos un testimonio misionero que ciertamente tocó a muchos.
Descubrir la misión y cuidarla es también mirar pequeños rostros e imágenes que capturan la inmensa alegría de ser misión, en este caso, entre los GUMUZ. Los Gumuz (habitantes de la región de Benishangul-Gumuz) son el pueblo que Dios ha destinado a nuestros amigos LMC en Etiopía como lugar de misión y de compartir. Fueron allí para encontrar el amor y hoy, en este vídeo, vemos un poco (sólo un poco…) de lo que es el trabajo misionero. El resto de lo que se puede compartir (y que es mucho) queda para una buena conversación y escuchar el testimonio de estos misioneros.
Entre las novedades que nos ha traído esta tristemente famosa pandemia del Covid-19 es que no da demasiado margen a la acción caritativa ni al heroísmo en favor de los demás. En viejas épocas de peste, quien optara por ello se podía dedicar totalmente a los apestados aun a riesgo de sus vidas. Así lo hicieron personas que más tarde fueron declarados santos, como Luis Gonzaga, el rey Luis de Francia o Daniel Comboni. Pero eso ahora está prohibido. Estamos en una sociedad superorganizada que actúa por criterios de higiene científica, y lo que se nos dice es que la mejor manera de ayudar al prójimo es estarse quietecitos en casa para disminuir los riesgos de contagio. Con todo, siempre hay espacios para la generosidad, aun en tiempos del coronavirus.
Digo todo esto desde un rincón de África donde, a Dios gracias, ni ha llegado “todavía” el coronavirus y donde las medidas gubernativas de aislamiento no son tan draconianas como lo han sido en Europa. Pero igualmente estamos condicionados de muchas maneras por el virus, el cual es como una espada de Damocles que pende amenazadora sobre nuestras cabezas.
Vivo en la misión de Gilgel Beles, en Etiopía, con dos jóvenes laicos misioneros combonianos, uno español y el otro portugués, que han llegado aquí hace un año. Del coronavirus nada se sabía entonces y venían llenos de ilusión por hacer muchas cosas en favor de los demás. Se dieron sin medida en servicios como la enseñanza de todo aquello que eran capaces de enseñar, las visita a los poblados, llevar al centro de salud a los enfermos que caían en su camino…Trabajaban como a destajo para disfrutar al máximo el breve período de dos años de su permanencia.
Luego, inesperadamente, en mitad de la faena, por así decirlo, llegó el coronavirus. Muchas organizaciones llamaron a sus miembros a volver a la nación de origen. También ellos fueron llamados. Si se quedaban, era bajo su responsabilidad. Y ellos no dudaron en la elección: se quedaban “bajo su propia responsabilidad”, incluso cuando la madre de uno de ellos está pendiente de una delicada operación de cáncer e incluso cuando ellos mismos están aquejados de continuos ataques de tifus y fiebre tifoidea, que los debilitan…
Y aquí siguen. Como ya dije, no es que las medidas de confinamiento sean particularmente duras. El margen de movimiento es todavía bastante amplio,
al menos mientras no asomen por nuestra zona los primeros contagios. Sin embargo, todo el rimo de las actividades se ha resentido. Al paralizarse totalmente la vida académica y al estar prohibidas las reuniones, ya no pueden enseñar .a grupos y la biblioteca que habían abierto ya no tiene clientes.
A pesar de todas estas limitaciones, intentan resistir hasta el límite. Se han encariñado con esta gente y, aunque no puedan hacer muchas cosas “por ellos”, pueden sí estar “con ellos”. Y ellos sienten que la simple presencia en estos momentos de tribulación es un valor que de por sí ya justifica tanto el haber venido como el quedarse el mayor tiempo posible.
Espero que este e-mail os encuentre bien. Espero que toda la
familia esté bien.
Gracias a Dios que estoy bien.
Estoy empezando a sentir el fuerte calor que tenemos, casi
siempre 40 grados por aquí. Un calor que no se compara con el calor que siento
cuando visito a las familias, juego con los niños o trabajo con esta gente
maravillosa. Como dijo San Pedro, “qué bueno es estar aquí” (Mt 17,
4).
Aquí continúo involucrado en la Biblioteca. Gracias a Dios y
a la generosidad de algunas personas, fue posible comprar algunos libros más
para la Biblioteca. De esta manera los estudiantes que se presentan pueden
tener acceso a los libros escolares básicos. Dos señoras portuguesas, que
vinieron aquí, trajeron calculadoras y otro material. A menudo intento tener
libros y bolígrafos escolares y ofrecerlos a aquellos que no tienen
posibilidades económicas, pero muestran gran interés. Siempre que piden un
libro específico intentamos comprarlo. Su tiempo no es como el mío y puedo
tener días en solo 2 o 3 me parecen como otros días que me encuentro con 20.
Pero, yo los entiendo. Son jóvenes, con trabajo en el campo, que estudian, con
familia y algunos con 2 o 3 hijos, ya. ¿Cómo pueden tener tiempo para la
Biblioteca? La verdad es que lo consiguen sacar y cuando vienen a estudiar, hay
silencio y eso me hace muy feliz.
Continuo con un grupo fiel en las clases de inglés y de
informática. Les gusta, quieren aprender y yo, no siendo un experto, estoy muy
contento de poder enseñarles.
Tengo un grupo de estudio de Biblia, en inglés, con 4
catequistas. Leemos la Biblia, explico las palabras en inglés, meditamos los
textos, a veces vemos películas religiosas en inglés. Me siento muy feliz con
ellos.
Continúo jugando en la escuela que aún alberga a familias de
refugiados. Compramos una pelota y eso es suficiente para reunir a los jóvenes
y disfrutar de buenos momentos.
Dos veces por semana, al menos, acompañamos a los
catequistas en las aldeas, visitamos a las familias, jugamos con los niños. Son
momentos que llenan nuestros corazones. Estar con la gente es fundamental en
nuestra vocación misionera.
Con los Misioneros Combonianos con los que vivimos, todos
los días tenemos la misa a las 6.30 y todos los sábados una hora de adoración
eucarística. Los jueves vamos a casa de las Hermanas Misioneras Combonianas,
también con ellas, tenemos una hora de adoración eucarística y cenamos juntos.
Los miércoles David y yo tenemos una oración comunitaria.
A pesar de todo este trabajo, es el deseo de los Laicos
Misioneros Combonianos, yo mismo y de David (mi compañero de comunidad)
incluido, de iniciar una nueva presencia misionera entre el pueblo Gumuz. No
somos los primeros LMC de Etiopía, pero somos los primeros en trabajar y vivir
entre los Gumuz.
Por lo tanto, estamos visitando las comunidades, hablando
con la gente, analizando la situación concreta de cada pueblo y de las
familias.
Desafortunadamente el coche que tenemos no nos permite este
trabajo continuo. Las carreteras son terribles y requieren un coche que esté en
unas condiciones razonables. Después de un mes, acabamos de reanudar los juegos
con los niños de los pueblos porque nuestro coche estaba en el mecánico, lo que
ocurre muy a menudo. Además de que estamos continuamente pagando estos gastos.
Será necesario comprar un nuevo coche que nos permita continuar nuestro
trabajo.
Además, tenemos la intención de construir una casa en uno de
los pueblos, cerca de la gente, y vivir con ellos. Junto con la casa comenzaremos
los proyectos. Seguimos trabajando en los proyectos, como la construcción de
una guardería para los niños que pasan el día solos, sin adultos, y una
residencia de Estudiantes, que permite a los estudiantes ir a la escuela,
cuando muchos no pueden ir o deben hacer más de 30 kilómetros al día para ir a
la escuela, son los proyectos que consideramos más viables, teniendo en cuenta
lo que ya hemos analizado y escuchado de los jóvenes y los adultos.
Desafortunadamente, se necesitará dinero para llevar a cabo
estos proyectos. Por eso pido sus oraciones para que podamos cumplir la
voluntad de Dios con este hermoso pueblo. Si saben de alguna ONGs que financie
este tipo de proyectos, por favor háganoslo saber. Toda ayuda, por mínima que
sea, es preciosa para Dios. Y como sé que no estoy solo aquí, ¡estoy seguro de
que estás conmigo!
A veces aparecen adversidades, como el tifus o la fiebre
tifoidea, pero me alegro de haber sido enviado a este lugar donde Dios ya
estaba entre esta gente.
¡Llevo casi un año en este hermoso país! No lo dudo. ¡Es un
país maravilloso! ¡Estoy feliz! ¡Estoy feliz! ¡Vivo feliz! Eso no significa que
no haya sufrimiento. Significa que, a pesar de todos los contratiempos que
aparecen, vale la pena estar aquí, ¡significa que Dios nos fortalece y nos da
las herramientas necesarias para llevar a cabo su voluntad!
Os tengo presentes en mi oración, siento vuestra amistad muy
cerca de mí, continúo aprendiendo que la distancia no rompe los lazos sino que
los fortalece, recordándome diariamente lo importante que es vuestra amistad y vuestro
amor para mí.
Besos y abrazos de este amigo que os quiere tanto,
Talvez esto de vivir en
constantes llegadas y partidas sea la manera más bonita de Dios mostrar su amor
para con nosotros y sea la fórmula secreta de vivir en el servicio al otro.
La misión siempre será así un
encuentro de vidas que se cruzan como que por magia, como se todo estuviese ya
planteado en nuestras historias. La misión siempre será la manera más concreta
de ser testigo vivo de un amor que no muere. Renace y haz renacer.
Hoy les hablamos bien cerca de
ustedes. Para tras se queda la certeza de que fuimos y siempre seremos enteros
cuando nos donamos sin interés sin tiempo u hora, cuando bajamos de todo lo
fuimos construyendo al largo del tiempo y volvemos a ser como niños en medio de
ellos. Somos familia donde las sonrisas parecen no ter fin y las lágrimas a
veces surgen. Somos casa donde hay siempre espacio para uno más. Siempre
seremos. La misión no ha terminado. Jamás acabará. Porque el amor vence
siempre. La misión te espera y siempre te esperará.
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