Laicos Misioneros Combonianos

Misión, Muerte y Resurrección

“La misión nos permite entender la resurrección como el milagro de la vida no se deja destruir por el egoísmo y la ambición sin límites, sino que se impone como alegría que brota del corazón divino que llevamos en la fragilidad de nuestro corazón humano. Por esto no hay misión verdadera que no implique muerte en nosotros; muerte no como sinónimo de destrucción sino que se transforma en oportunidad para renacer finalmente a la vida verdadera que sólo el Señor puede ofrecernos como don del Padre.”

Con estas palabras termina el mensaje de Pascua enviado por P. Enrique Sánchez G. a todos los misioneros combonianos.

A continuación publicamos el mensaje.

Feliz Pascua de Resurrección.

Jesus

MISIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN

“Las grandes obras de Dios sólo nacen al pie del Calvario”

(Escritos 2325)

Celebración de la Pascua, misterio por excelencia, que nos hace entrar en la muerte que marca nuestra humanidad y en la vida sin límites, don de Dios, que en la resurrección del Señor Jesús nos hace vivir en el tiempo de la esperanza y de la fe.

¿Cómo vivir este misterio de manera que sea fuente de vida en este tiempo de contrastes, tiempo en el que la aridez de nuestras fragilidades se confronta con la invitación a vivir la alegría del Evangelio redescubriendo la presencia siempre nueva del Señor quien, desde el fondo de la tumba vacía, nos recuerda que está vivo entre nosotros? Vida y muerte, pasado y futuro, dolor y alegría, tinieblas y luz, guerra y paz, odio y amor. ¿Cuántos binomios más, además de éstos, marcan nuestra existencia, nuestro peregrinar humano por los caminos divinos que nos conducen a la eternidad que no lograremos definir y menos pronunciar, con las pobres palabras de nuestro actuar cotidiano? Sumergidos en la frenética carrera de nuestras empresas y de nuestros esfuerzos por cambiar el mundo, cada uno transcurre la jornada entera con su visión, sus intereses, sus ideas y sus programas, pretendiendo poseer toda la verdad, saber y poderlo todo; incluso más que los otros. Vivimos con una arrogancia convertida en enfermedad contagiosa, que no distingue entre pobres y ricos, pequeños y grandes; todos nos sentimos con derecho de criticar, señalar los límites, los defectos, los pecados de los otros. Los criterios de la desconfianza, de la sospecha, de la ventaja, de la competencia intentan imponerse y la confianza, el compartir, el apoyo al otro, la misericordia y el perdón suenan como música que molesta el oído y no penetra el corazón. ¿No es quizá éste el escenario en el que nos toca vivir la misión como propuesta siempre antigua y siempre nueva que impide perderse en la visión trágica, pesimista y deprimente del hoy de nuestra historia? ¿No es la misión vivida en el silencio, en el escondimiento, en el anonimato la que nos hace ser “piedras escondidas” que hablan de una vida que no hace ruido, que no necesita publicidad? ¿No es ésta la misión que nos hace vivir desde dentro el misterio que se convierte en vida?

Muerte que no tiene la última palabra

Hoy más q1216025250_448544202_de7945fb21_mue nunca, nos enfrentamos a situaciones que van más allá de lo imaginable, las noticias se transforman en crónica amarilla, roja; de todos los colores. La violencia y la guerra destruyen enteras poblaciones y condenan a millones de personas a huir ya no se sabe hacia dónde, como refugiados, prófugos, migrantes o prisioneros en sus propios países. Estas imágenes se han vuelto coreografía de capítulos televisivos que hacen de dramas humanos episodios de una película que tiene lugar en la realidad pero a nosotros se nos presenta como si fuese obra ganadora del premio Óscar. Por suerte, la misión nos permite narrar la historia de otra manera: se vuelve imposible callar el testimonio de cuantos han visto la destrucción y la muerte no a través de una pantalla sino en el rostro y en los cuerpos de hermanos y hermanas con quienes hasta poco tiempo antes se trabajaba, se celebraba la eucaristía, se estudiaba en las pequeñas escuelas con los techos de paja y se festejaba la vida y la alegría de estar en este mundo. La muerte de Cristo no la vemos más sobre la cruz de madera. Como misioneros hemos descubierto, con los ojos y el dolor del corazón de tantos de nuestros hermanos, que el Señor sube a la cruz de la indiferencia de los poderosos de nuestro tiempo, del olvido de los pobres, de la exaltación del poder y de la idolatría del dinero. Las revueltas, las protestas, las contestaciones, recogen el grito desesperado de tantos hermanos y hermanas que no logran ir adelante, que no saben cómo hacer para sobrevivir en una realidad que parece negar las condiciones mínimas necesarias para llamar vida a la existencia. La gran tentación es caer en la trampa de pensar que la sombra de la muerte se haya adueñado de nuestro tiempo y se haya impuesto como criterio para gobernar nuestra historia. ¿Pero cuántas otras muertes descubrimos más cercanas a nosotros? ¿No es acaso la muerte la destrucción de las misiones en las que estamos presentes en Sudán del Sur o la violencia interminable en Centroáfrica, donde hay todavía tantas personas obligadas a abandonar sus casas por miedo de ser asesinadas? ¿No es quizá la muerte, la disminución del número de misioneros en nuestro Instituto? ¿O tener que renunciar a ciertas presencias misioneras donde vemos claramente que podrían hacer todavía tanto bien? ¿Y no es cierto quizá que vivimos como un verdadero funeral el hecho de tener que cerrar comunidades porque no tenemos nadie a quien enviar? ¿No sentimos morir cuando nos niegan el permiso para entrar en determinado país o se nos niega la posibilidad de continuar nuestro servicio a los pobres, a la Iglesia local sólo porque los políticos de turno viven de ideología? ¿No es muerte la mediocridad que nos amenaza cada vez que intentamos organizar nuestra vida según nuestros intereses personales, cuando buscamos pretextos para justificar nuestra falta de disponibilidad a salir, a obedecer, a aceptar la misión como un don que debería ser acogido sin poner condiciones? La misión nos introduce y nos acompaña en el misterio de la muerte, porque cuando es vivida con toda honestidad, no podemos decir otra cosa que aquello que el Señor ha gritado desde el profundo de su espíritu: Padre, que se haga tu voluntad. San Daniel Comboni lo dice con palabras que describen el escenario contemplado en el corazón de África: “Ante tantas aflicciones, entre montañas de cruces y de dolor… el corazón del misionero católico se ha resentido por estas enormes complicaciones. Sin embargo, él no debe perder el ánimo por esto; la fuerza, el coraje, la esperanza nunca pueden abandonarlo” (E 5646).

catedral_064La misión nos introduce en el misterio y en la belleza de la resurrección

Hay un más allá de la muerte que para la misión es fundamento de todo, la garantía de un futuro que se constituye no en la base de nuestros recursos, capacidades o fuerzas. La misión nos permite tocar con mano y contemplar con nuestros ojos aquel proyecto siempre actual de Dios que no descansa, tratando de construir una humanidad en la que todos puedan descubrirse como hermanos y hermanas. Dios está siempre en acción y, a pesar de nuestro ir por caminos que no conducen a la vida, él no renuncia a su sueño de ver un día a todos sus hijos e hijas reunidos en una sola familia, donde no sea ya necesario poner etiquetas de religiones, ideologías, preferencias políticas, razas, culturas o colores. Cristo resucitado nos recuerda que para Dios el tiempo ha llegado, pero él no tiene prisa, siempre estará dispuesto a esperar nuestra llegada, esperando que, en este tiempo de la espera, no haya vidas sacrificadas por causa de nuestra incapacidad de razonar menos con la cabeza y más con el corazón. La misión nos permite entender la resurrección como el milagro de la vida no se deja destruir por el egoísmo y la ambición sin límites, sino que se impone como alegría que brota del corazón divino que llevamos en la fragilidad de nuestro corazón humano. Por esto no hay misión verdadera que no implique muerte en nosotros; muerte no como sinónimo de destrucción sino que se transforma en oportunidad para renacer finalmente a la vida verdadera que sólo el Señor puede ofrecernos como don del Padre. “Él llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados” (1Pe 2,24).

Feliz Pascua de Resurrección a todos.

P. Enrique Sánchez G., mccj Superior General

[España]: “CARISMA COMBONIANO: Las ramas del árbol”

Familia CombonianaCreo que cuanto más nos sentimos desafiados, mayor puede ser el convencimiento para aceptar tal desafío.

Siempre hemos sabido que la presencia de los laicos en la misión evangelizadora de Daniel Comboni fue una realidad desde los inicios de su apostolado. Sin embargo, sentir decir al ponente del “work shop” sobre el PLAN PARA LA REGENERACIÓN DE AFRICA, Joaquín Valente (misionero comboniano) que siendo una intuición fundamental del Plan, la Familia Comboniana: Religiosas(os) y Laicos (as), el CARISMA es como un árbol con sus ramas que si alguna de éstas se separa de dicho árbol, deja de tener vida y el árbol entero es afectado.

La fidelidad a nuestro Carisma Comboniano no deja de cuestionarnos e invitarnos a vivirlo cada vez más profundamente y el deseo de crecer en la unión entre las diferentes RAMAS de la Familia Comboniana nos lo vamos despertando mutuamente a través del conocimiento mutuo.

Personalmente, y no he sido la única, he constatado con gran gozo que en este encuentro ya conocía a todos los Laicos (as) Combonianos, cosa impensable solo hace unos años. Este conocimiento crea lazos de amistad, cariño y comprensión de los diferentes estilos de vida que vive la Familia Comboniana.

Con gran alegría he vivido este encuentro; los 20 años vividos en Uganda me han enriquecido a nivel de colaboración con las demás fuerzas apostólicas y he experimentado la alegría de la unión. En la actual realidad española puede ser más fatigoso este camino de colaboración y unión, pero si en otros Continentes y contextos se puede colaborar aún sin tener el mismo CARISMA, ¿no vamos a conseguirlo entre los miembros de esta Familia Comboniana?

Creo que la unidad nos desafía, tanto a las Misioneras Combonianas, como a los Misioneros Combonianos y a los Laicos(as) Misioneros Combonianos. Creo también que el camino a seguir sea la escucha de la Palabra de Dios, la escucha de la grandeza del legado de Comboni (Carisma) y la escucha de cada uno de nosotros, para comprender como debemos ser fieles y enriquecernos con la novedad que cada uno aportamos en el momento actual de nuestra historia.

El orgullo de tener un Fundador con intuiciones (PLAN) tan divinas y humanas, lo hemos experimentado y esto ha aumentado nuestros deseos de crecer en unidad. Lógicamente, primero siendo “EL CENÁCULO DE APOSTÓLES” que Comboni quería de nosotros.

Personalmente creo que tenemos que enfrentarnos a un gran desafío: ¿Estamos llamadas (os) a abarcar todos los campos de apostolado que encontramos a nuestro alrededor? Hemos escuchado con satisfacción, que siendo el CARISMA un DON para implementación de un aspecto concreto del Reino de Dios, cada Carisma tiene su tarea que complementa el TODO. Por lo tanto debemos seguir reflexionando para no querer abarcar todo cuanto hay que hacer en la Iglesia y en la Sociedad y así también dejar espacio a los demás Carisma.

Encarnita Cámara Liébana. Misionera Comboniana

(Actualmente en España para el ministerio de la Animación Misionera)

 Familia CombonianaQueremos compartir con vosotros/as el encuentro de la Familia Comboniana, que hemos tenido en Madrid, con motivo del 150 aniversario del Plan de Comboni.

Debo deciros que se han superado todas mis expectativas. En principio iba con la idea de que sería una formalidad más, dentro de las actividades programadas para dicho evento. La verdad es que ha sido un tiempo precioso y rico en todos los sentidos, se notaba que el espíritu de Comboni estaba allí actualizando su Plan, recordándonos que teníamos que unir todos nuestros esfuerzos y poner nuestro corazón al servicio de los más pobres y abandonados; que con diferentes características continúan estando hoy en las “Áfricas” de nuestro mundo. Todo esto sin perder la perspectiva de Cristo crucificado que sigue sufriendo en todos nuestros hermanos a causa del egoísmo y de la injusticia.

El P. Joaquim Valente nos fue desgranando poco a poco el PLAN DE COMBONI PARA LA REGENERACIÓN DE AFRICA. Dicha exposición nos iluminó y nos ayudó a ver cuál es nuestra misión hoy como familia comboniana. Fruto de la escucha reflexión y el compartir, surgieron un montón de ideas para trabajar como familia comboniana al servicio de la misión en los diferentes campos como: inmigración, animación misionera, lugares de presencia, comunidades mixtas, la misión hoy en España… además de lo que ya estamos compartiendo como la PJV, asambleas y celebraciones.

Para finalizar: Empezamos y terminamos el encuentro celebrando el Amor alrededor de la Mesa del Banquete como una verdadera familia, donde no podían faltar los niños/as. Toda una bendición de Dios. Salimos con el corazón renovado dispuestos a trabajar con ganas y pasión por la misión.

 Antonia y Félix. Laicos Misioneros Combonianos

 Familia Comboniana

Solo a unos días de haber concluido el encuentro general de la FAMILIA COMBONIANA en Madrid, sigo haciendo memoria y eco de las palabras y mensajes que durante esos días hemos recibido. Teniendo como objetivo: mirar al Plan misionero de Comboni, nos hemos dado a la tarea de mirarnos. Mirarnos a nosotros mismos, mirarnos unos a otros, mirar nuestro camino misionero, mirar nuestros proyectos. Me llena de alegría constatar una vez más que hoy como ayer, no hay “varitas mágicas” para la puesta en marcha y el desarrollo de un plan misionero. Son la fe, la fraternidad y la constancia en el trabajo, los que le han permitido a nuestra familia ponerse en marcha, siguiendo las huellas de nuestro fundador.

Comboni inició en nombre de Dios una obra misionera y el progreso de dicha obra, lo hemos realizado cada comboniano y comboniana (laicos o religiosos). Juntos hemos escrito una historia que nos pertenece. Dios se ha encargado de colocar a cada miembro de la familia en el lugar que le corresponde y ha querido que hoy como ayer, se siga trabajando a favor de la aplicación del plan misionero de Comboni.

Soy consciente de haber participado a un evento sin precedentes en nuestra provincia y que nos coloca a la vanguardia en el camino de una profunda y sincera colaboración en la tarea misionera de la Iglesia. Aunque no se trata de un cambio de época, si estamos de frente a una nueva perspectiva de ver nuestra misión.

Sin duda alguna, yo como todos los presentes, apreciamos la valiosa intervención de P. Joaquim Valente quien a través de sus intervenciones, nos facilitó el trabajo de la reflexión. Fue justamente en el trabajo de grupos, en donde descendimos a nuestro caminar misionero comboniano en la provincia de España. La participación en la sala de parte de muchos de los presentes nos permitió percatarnos del interés que tiene cada miembro de nuestra familia por llevar a la práctica la misión comboniana en la Iglesia la cual sigue siendo nueva y urgente.

Terminamos nuestra asamblea con un buen sabor de boca pero sobre todo con el deseo de seguir dando pasos que nos permitan mirar con esperanza el futuro de nuestra misión. Hemos constatado que en todos está latente el deseo de continuar nuestra peregrinación misionera a favor de los más pobres y abandonados: legado de Comboni.

Héctor Manuel Peña. MCCJ

Muchos saludos desde Alenga en Uganda

Queridos amigos, Espero que estén todos bien. Yo estoy muy bien aquí. Mientras tanto me siento en casa y estoy muy feliz de ayudar a los alumnos mediante la enseñanza de clases de informática. A través de una ayuda de Alemania conseguí diez ordenadores portátiles. Durante el día estoy en el aula y en las tardes doy clases a las hermanas y a la gente de la aldea cercana sobre cómo trabajar con un ordenador. Cada día estoy muy ocupada y feliz de darle a la gente de aquí algunas perspectivas para su futuro.

¡FELICES PASCUAS y muchos saludos desde Alenga en Uganda, Elena!

Somos una gran Familia (España)

Familia CombonianaEl fin de semana del 5 y 6 de abril, se celebró en Madrid el primer encuentro de toda la Familia Comboniana presente en España: Religiosos, Religiosas, Laicos y Seculares todos unidos en torno a un mismo Carisma y a la figura de S. Daniel Comboni, en el marco de la celebración del 150 aniversario del Plan para la regeneración de África escrito por Comboni en 1864.

En el año 1864, el 18 de septiembre, cuando me encontraba en Roma y en la basílica de San Pedro asistía a la beatificación de Margarita María Alacoque, como un relámpago me iluminó la idea de proponer para la cristianización de los pobres negros un nuevo Plan, cuyos diferentes puntos me vinieron de lo alto como una inspiración…Fue traducido a varias lenguas y se hicieron de él varias ediciones. Sobre la base de este Plan, yo intentaba dar a la misión entre los pobres negros de África Central una organización dotada de mayor vitalidad y solidez. Por eso propuse que en un lugar adecuado de Europa se fundasen dos Institutos, uno masculino y otro femenino, con objeto de formar personal para la dirección de estas misiones de África Central, tanto misioneros como misioneras… (E4799)

Sin duda, ha sido una oportunidad para reflexionar juntos sobre las intuiciones, presencias y formas de vivir la misión hoy como familia comboniana a la luz del Plan de Comboni, al mismo tiempo que nos ha brindado la oportunidad de estrechar lazos entre nosotros e ir creciendo como familia.

Como Familia Comboniana somos herederos-as del gran “sueño de Comboni” que no escatimó esfuerzos para que su obra de evangelización del África Central saliese adelante y damos gracias a Dios por la oportunidad que hemos tenido de compartir experiencias, estar juntos, y por habernos llamado a la vocación misionera.

Gracias a todos-as los que habéis hecho posible este encuentro.

LMC España

El Plan de Comboni y la ministerialidad

ComboniHaciendo una lectura actualizada del Plan de Daniel Comboni – a partir de los desafíos misioneros de hoy – descubrimos dos intuiciones proféticas cuyo valor que el paso del tiempo no ha hecho sino acrecentar su valía:

1. “La regeneración de África con África misma” (Escritos 2753).

Daniel Comboni está convencido, a través de su experiencia y la de otros grandes apóstoles, que no hay camino posible para dicha “regeneración” sino involucrando al mismo pueblo africano como auténtico protagonista de su historia y constructor de su propia liberación.

2. “[Encontrar] un eco de aprobación y un impulso favorable y de ayuda en el corazón de los católicos de todo el mundo, identificados y fundidos con esa sobrehumana caridad que abarca la totalidad del universo, y que el Divino Salvador vino a traer a la tierra” (E 2790).

Todavía con mayor audacia, Daniel Comboni declara que la realización de este Plan para la regeneración de África exige la colaboración incondicional de todas las instancias de la Iglesia y de la sociedad civil, superando cualquier clase de frontera o prejuicio o argumento mezquino.

En estas páginas nos ocuparemos de este último aspecto: la urgencia de sumar el compromiso de todos los “católicos” a favor de una única misión. El término “ministerialidad” (ministerium = diakonía = servicio) nos ayuda a traducir mejor el pensamiento y la praxis de Daniel Comboni, aunque somos conscientes que en el Plan nunca utiliza esta palabra y que se trata de un concepto que no corresponde ni al lenguaje barroco ni a la teología tridentina de su época. Por “ministerialidad” entendemos la responsabilidad misionera por parte de todos los bautizados sin excepción para hacer emerger el Reino de amor y de justicia (fraternidad universal) que ha instaurado la persona y el acontecer de Jesucristo en medio de nosotros. Daniel Comboni no proponía simplemente una estrategia organizativa sino una manera de ser Iglesia en madurez.

Vayamos directamente al texto del Plan, a fin de darnos cuenta de la amplitud de su horizonte (cfr. la última edición fechada en Verona en 1871 – E 2741-2791):

A) ¿Cuál es el soporte teológico que Daniel Comboni coloca a la base de su Plan?

Se trata de un fundamento cristológico y una respuesta martirial:

  • El católico mira a África “no a través del miserable prisma de los intereses humanos, sino al puro rayo de su Fe” y descubre allí “una miríada infinita de hermanos pertenecientes a su misma familia, por tener con ellos un Padre común arriba en el cielo…” Entonces “llevado por el ímpetu de aquella caridad encendida con divina llamarada en la falda del Gólgota, y salida del costado del Crucificado para abrazar a toda la familia humana…” siente que se hacen más frecuentes los latidos de su corazón “y una fuerza divina [parece] empujarle hacia aquellas bárbaras tierras para estrechar entre sus brazos y dar un beso de paz y de amor a aquellos infelices hermanos suyos…” (E 2742).
  • Y precisamente por la fuerza de esa caridad que emana del costado de Cristo, Daniel Comboni está dispuesto a “derramar la sangre hasta la última gota” (E 2753) por sus hermanos más pobres y abandonados. Digamos por tanto que la motivación que mueve toda la vida de Comboni es el reflejo de una fe sólida en la redención que el misterio pascual de Cristo nos ha ganado y que constituye el principio de toda acción misionera. En otras palabras, la “ministerialidad” (servicio misionero) que pide Daniel Comboni en su Plan dice relación a Jesucristo, el servidor por excelencia del Padre para realizar su Plan de salvación, y a Iglesia que es enviada como servidora de la humanidad para continuar la misión misericordiosa de su Señor.

B) ¿Qué visión de Iglesia tiene Daniel Comboni al atreverse a pedir un compromiso de tal magnitud a los católicos sin distinción?

El reto en aquella época, como también hoy, se antoja casi  imposible, sobre todo cuando se piensa al desánimo y frustración que se anida en muchos de los líderes eclesiásticos.

El amor que Comboni alberga por la Nigrizia lo lleva a pedir en concreto:

  • la ayuda y cooperación de los Vicariatos, Prefecturas y Diócesis ya establecidos alrededor de África (E 2763);
  • la creación de Institutos para chicos y chicas de raza negra, en lugares estratégicos alrededor de toda África (E 2764-65);
  • que las Órdenes religiosas y las Instituciones católicas masculinas y femeninas aprobadas por la S. Congregación de Propaganda Fide dirijan dichos Institutos (E 2767);
  • fundar en Europa pequeños Colegios para las misiones africanas para abrir el camino del apostolado de África a todos los eclesiásticos seculares de las naciones católicas que fuesen llamados por Dios a tan sublime e importante misión (E 2769);
  • establecer Institutos religiosos femeninos de Europa en los países del interior de África menos letales, ya que la mujer europea ha dado evidencias de mayor resistencia que los misioneros debido a la adaptación de su físico, la índole de su moral y los hábitos de su vida doméstica y social (E 2780);
  • para coordinar todo este proyecto se construya una Sociedad compuesta de personas inteligentes, magnánimas y muy activas que sean capaces de tratar con todas las Asociaciones que puedan asegurar los medios pecuniarios y materiales (E 2785) y convoquen a todas las fuerzas del Catolicismo a favor de Africa, (E 2784-88).

El objetivo que Daniel Comboni quiere alcanzar es la dignificación del pueblo africano en su integridad:

  • no solamente los negros del África interior, sino también los de las costas y de todas las otras partes de la gran isla…toda la estirpe de los negros (E 2755-56);
  • los jóvenes negros serán formados como Catequistas, Maestros y Artesanos (virtuosos y hábiles agricultores, médicos, sangradores, enfermeros, farmacéuticos, carpinteros, sastres, albañiles, zapateros, etc.(E 2773);
  • las jóvenes negras por su parte recibirán formación como Instructoras, Maestras y mujeres de familia que deben promover la instrucción femenina… (E 2774);
  • de la clase de los Catequistas se creará una sección con los individuos más distinguidos por su piedad y saber, en los que se descubra una probable disposición al estado eclesiástico (clero indígena); y esta será destinada al ejercicio del ministerio divino (E 2776);
  • del grupo de las jóvenes negras, entre las que no se sientan inclinadas al estado conyugal, se creará la sección de las Vírgenes de la Caridad, formada por aquellas que se distingan por su piedad y conocimiento práctico del catecismo, de las lenguas y de las labores femeninas (E 2777);
  • a fin de cultivar las inteligencias que pudieran revelarse más destacadas, para formarlos como hábiles y e iluminados jefes de las Misiones y Cristiandades del interior de la Nigricia se podrá fundar pequeñas Universidades teológicas y científicas en los puntos más importantes de la periferia de la gran isla africana (Argel, el Gran Cairo, St. Denis en la isla Reunión y otra hacia el océano Atlántico). En otros puntos se podrían fundar con el paso del tiempo pequeños talleres de perfeccionamiento para los Artesanos considerados más aptos (E 2782-83).

En resumen, descubrimos en esta propuesta de Daniel Comboni una visión eclesiológica tremendamente abierta e integral, que toma en cuenta todos los ministerios (desde aquel que presta el Papa hasta el que ofrece el más humilde catequista o artesano) cuando se trata de llevar adelante la misión a favor de las personas más necesitadas. Y esto no por simple filantropía o por un sentimiento romántico de un heroísmo ingenuo sino por la sólida motivación que brota del acontecimiento bautismal que nos revela existencialmente el amor de Dios y nos hace hermanos y hermanas en igual vocación de santidad y capacidad. Esta manera práctica de crear ministerialidad encontrará eco solamente un siglo más tarde en la teología postconciliar con el Vaticano II.

Aunque cada uno de los aspectos señalados hasta ahora merece un estudio más completo, por brevedad de espacio presentamos, en forma de decálogo, una serie de enseñanzas emanadas del Plan de Comboni:

1) Daniel Comboni reconoce la importancia del ministerio del Papa (con quien se entrevista personalmente en numerosas ocasiones) y de Propaganda Fide. A ellos dirige su Plan con muestras sinceras de comunión eclesial.

2) La audacia de sus “sueños” nace de su confrontación con la realidad de sufrimiento y opresión que viven sus hermanos y hermanas. Su Plan es fruto de la solidaridad dentro de un método misionero de encarnación.

3) Detrás de su planteamiento está la capacidad de interactuar con toda clase de personas con madurez humana y espiritual. La ministerialidad del Plan supone personas integradas y capaces de relaciones auténticas.

4) Existe una antropología más allá de su tiempo que apuesta por las personas reconociendo su dignidad plena.

5) En el Plan se revela un modelo de ser Iglesia en comunión y participación, nacida de la consagración bautismal y la común vocación a la vida plena en Dios.

6) El laicado encuentra su total expresión ministerial. No es piramidal sino pueblo de Dios en corresponsabilidad.

7) En particular la mujer encuentra el espacio debido para su valorización en cuanto tal y en su consagración. En esto Comboni es realmente pionero.

8) La labor evangelizadora que entrevé el Plan es integral, ninguna dimensión humana queda opacada. Todas las dimensiones humanas entran en el proyecto de Dios.

9) La inserción estratégica que plantea para que el trabajo sea posible sin mayores tragedias, supone una preocupación de planeación y evaluación encomiables.

10) Todo esto viene enmarcado en el misterio de la Cruz, sabiendo que se trata de una entrega consiente de la propia vida pero más que nada confiando en que las obras de Dios nacen y crecen al pie del calvario. Y que es el Espíritu Santo quien guía ayer y hoy la misión.

P. Rafael González Ponce mccj