Laicos Misioneros Combonianos

El sinónimo de “hoy” es “presente”

hoje¿Cuál es la fuerza que nos sostiene? ¿De dónde viene la esperanza para seguir soñando?, ¿para resistir y buscar una sociedad más humana y feliz, fraterna para todas y para todos? Lo que nos mueve son los sueños de una realidad que queremos, una realidad que no incluya situaciones de injusticia impuesta por las desigualdades sociales y económicas. Una realidad que se transforma en la medida en que nosotros la transformamos, a través de nuestros esfuerzos, con nuestros sentidos, con nuestras opciones. Podemos y debemos ser constructores de nuestro destino personal y colectivo, de nuestra libertad creativa. Nuestra pasión y nuestra fe ganan fuerza cuando están en contacto directo con las víctimas de la violencia y la injusticia contra los derechos sagrados y fundamentales que se llaman derechos humanos. Los signos y resurrecciones nacen de nosotros mismos, de la unión y la fuerza de los movimientos sociales y otras articulaciones que vienen desde abajo, desde la sociedad civil y organizada… ¡nosotros! Es posible hacer llover Justicia, fertilizar la tierra y obtener los frutos que han de nacer. Es posible, porque queremos, creemos, luchamos, construimos. El cansancio, la desilusión, el desánimo, el miedo se convierte en una sombra gigante si lo permitimos, pero se hace pequeña e insignificante si nos mantenemos unidos, si la lucha de uno es la lucha de todos. Entre los males más fuertes está la indiferencia absoluta, es el que domina nuestra vida diaria, una especie de ceguera en el mundo que hace que la gente viva en una burbuja, ciega y estéril, incapaz de escuchar los latidos del corazón del mundo, olvidando que en este latir está también el nuestro. Nosotros somos el mundo, la historia es la nuestra, que nadie se sienta excluido, en las palabras de una canción de De Gregori, ¡nosotros estamos escribiendo la historia! Somos parte de un alfabeto que es capaz de escribir cosas maravillosas, si así lo elegimos. Valor, sueños, esperanzas, dignidad, libertad, justicia, respeto, imaginación, fraternidad… tantas plumas con las que comenzar a escribir, donde nosotros somos el papel en blanco donde empezar a hacerlo.

Emma. LMC

La trampa del auto-desprecio

Un comentario a Lucas 7, 36-8,3 (XI Domingo ordinario, 12 de junio de 2016)

image02Lucas nos cuenta la historia de una mujer pecadora que se acerca a Jesús, cuando éste comía con un fariseo. De la conversación que sigue yo me quedo con dos frases de Jesús: “¿Quién amará más?” y “Tu fe te ha salvado”. Veamos:

1) ¿Quién amará más?
Jesús cuenta la historia de dos personas a quienes se le perdonan sus deudas, pero una debía mucho y otra poco. “¿Cuál de ellas amará más?”, pregunta. Y la respuesta es la lógica. “Aquel a quien se le ha perdonado más”.
En efecto, el perdón dice relación directa al amor. Una pareja africana me decía: “Vivir en común exige aprender a perdonar y ahí es donde se manifiesta el amor más grande”. Sólo a través del perdón descubrimos el verdadero amor.
Por eso los grandes pecadores suelen ser grandes amantes de Dios. Una vez que se saben perdonados, su amor se hace inmenso. Ciertamente, uno no puede desear pecar. Pero, si ha pecado, no debe asustarse demasiado, sólo reconocerlo y saber que el perdón puede ser un camino hacia un amor más grande, más concreto, más realista.

2) “Tu fe te ha salvado”
Aquella mujer tuvo fe en que su pecado no era lo último, tuvo fe en que era posible rehacer su vida, tuvo fe en que su pecado iba a ser perdonado… Quizá esto sea lo más difícil: aceptar el perdón. La tentación más grande de nuestra vida no es el orgullo, sino la desesperación, la humillación y la vergüenza de nuestro pecado. La tentación es pensar que no merecemos ser amados. La salvación, la fe, es creer que, a pesar de nuestro pecado, somos amados y capaces de amar.

El famoso escritor de espiritualidad Henri Nowen dice lo siguiente:
“Al cabo de muchos años, he podido constatar que la trampa más peligrosa en nuestra vida no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el auto-desprecio… Me sorprendo constantemente al comprobar con qué facilidad caigo en esa tentación. En cuanto alguien me acusa o me critica, en cuanto soy rechazado, me sorprendo a mí mismo pensando: ‘Está claro. Eso prueba una vez más que soy un don nadie’”.
“En vez de enfrentarme con sentido crítico a las circunstancias, o intentar comprender mis propias limitaciones y las de los demás, tiendo a culpabilizarme, no de lo que he hecho, sino de lo que soy”. “La verdad más importante de cualquier camino espiritual es esta: saber que somos amados y emprender la marcha hasta recibir esa verdad plenamente dentro de nosotros mismos”.

La pecadora de Lucas tuvo fe, creyó que era amada, que era perdonada de verdad, y eso la convirtió en una persona capaz de amar sin límites. He ahí la gran inspiración para nuestra vida: Asumiendo nuestro pecado y nuestra debilidad, dejarnos perdonar y amar.
No dejemos que nuestro pecado se apodere de nuestra vida y nos paralice. Hay mucho que amar, hay mucho que hacer, hay mucha misión que nos espera. Entreguemos nuestro pecado al Señor, dejémonos amar y amemos, entregando nuestra vida con generosidad.

P. Antonio Villarino
Quito

El amor es una cuerda que lleva a lo más alto…

CuerdaHermosa, es verdaderamente hermosa la catequesis que estoy haciendo con los presos. Acaba de empezar, pero está yendo bien y cada vez que voy salgo profundamente enamorada, de hecho, todos estamos apasionados, es un tiempo de compartir, buscando la profundidad del alma.
Este deseo de ponerse en camino para entender… para entendernos unos a otros… al encuentro de Dios.
Caminamos con piedras en el corazón, duras, pesadas, que poco a poco intentamos arañarlas, para que sean pequeñas como guijarros, que se pueden retirar del zapato. Por ahora hay seis presos que forman parte del grupo y eso es bueno, ya que cuanto más pequeño es el grupo más fácil es hablar por la intimidad que se crea, para decir las cosas importantes y difíciles de la vida. Estoy muy feliz, también, por tener la oportunidad de estar entre ellos y sin barrotes de hierro o divisiones, sentados en un círculo en un espacio que ayuda a tener proximidad. Es importante estar cerca, contactar con los ojos, escuchar con atención, tomar su mano para orar y finalmente abrazarse para decir GRACIAS. En esa hora y media o poco más, me olvido de estar dentro de una prisión, no recuerdo el uniforme rojo que llevan, olvido el ruido de los otros presos, estamos tan inmersos en la profundidad de lo que se comparte que aparentemente podrían ser el título de un libro de Virginia Woolf : “la habitación de uno mismo” y de hecho es un espacio sólo para ellos, un espacio para nosotros. Me gusta por un camino que trabaja la valorización humana y el autodescubrimiento, lo que lleva a un crecimiento personal interior. Y esto se aplica no sólo a ellos sino también a mí. Es un intercambio, un toma y daca como el querido y viejo, pero aún relevante Paulo Freire decía: “ninguno enseña a nadie, todo el mundo aprende de todo el mundo”. De cada persona podemos aprender, también de los presos y sus historias y estoy agradecida.
Emma, LMC.

“Razones del corazón”

LMC PortugalHay muchas razones que lo hacen palpitar.

Pero es una, sólo una, la esencia de las razones, que marca el ritmo de todas las demás ¡”el amor”!

Es el que orienta toda nuestra vida.

Pero, como seres humanos que somos, y porque, cada vez vivimos más en un mundo de la razón y para la razón, vemos el amor como una fórmula química que podemos manejar de acuerdo a nuestra voluntad.

El corazón tiene sus límites, ¡lo sabemos!

Los derrumbamos, volvemos a levantarlos y volvemos a eliminarlos…

¡¿Pero tiene que ser así?! ¿No podemos aprender? ¿No podemos ser valientes? ¿no podemos creer?

¡Quizás, sólo necesitemos un poco de coraje, de esperanza y creer!

Tal vez no habrá límites si elegimos hacerle frente, curarlos, ¡acogerlos!

Tal vez el corazón después de todo pueda ser ilimitado si tenemos el valor para decidir que el Amor no tiene límites.

Y si se trata de la pasión de Cristo, en su dolor por nosotros, donde encontramos el bálsamo de la misericordia, ¡sanaremos nuestras heridas sumergiéndonos en su amor!

¡No basta pedir, agradecer, orar!

¡Es obligatorio experimentar el perdón en nosotros y para nosotros!

Para después vivir en el otro y para el otro la alegría del amor…

Seamos un buen legado de su Pasión de Corazón abierto, sano y lleno de razones para vivir…

Cristina Sousa

Maia, 27 de Mayo de 2016