Laicos Misioneros Combonianos

Iglesias y minería en América Latina

MInasUn vídeo de denuncia y esperanza: grandes minas a cielo abierto, deforestación y expulsión de familias y comunidades enteras. Pueblos indígenas y comunidades tradicionales amenazados por intereses mineros sobre sus territorios. Contaminación del agua, la tierra y el aire. El transporte de minerales afecta a centenares de comunidades que viven en las proximidades de los mineroductos o de las ferrovías construidas para la exportación de la inmensa mayoría de nuestros recursos. Conflictos y manifestaciones populares, espionaje y criminalización de líderes comunitarios. Muertes y persecución de personas, familias y comunidades.

A pesar de todo esto, la minería en América Latina continúa creciendo. Los Estados nacionales están a remolque de estos intereses y se comportan como aliados de las multinacionales mineras, colocando a su servicio los sistemas de inteligencia y las fuerzas de seguridad o flexibilizando la legislación para facilitar la expansión de los proyectos extractivos.

Numerosas comunidades afectadas son apoyadas, asesoradas y defendidas también por las Iglesias, que se han posicionado con determinación en diversos contextos y han denunciado recientemente estas violaciones en una audiencia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Agentes de pastoral de las iglesias cristianas de América Latina se están articulando para buscar alternativas a las agresiones que supone la minería.

“Iglesias y Minería” es un grito de resistencia y de esperanza, el grito de las comunidades y de la vida que no se dejará callar.

Iglesias y Minería es un grupo ecuménico de seglares, religiosos y religiosas, comprometidos con la defensa de las comunidades afectadas por la minería en los diversos países del continente. Desde 2013 el grupo ayuda a la articulación de las comunidades afectadas, junto a la jerarquía de las Iglesias que puedan y quieran apoyarles y con organizaciones de defensa de los derechos humanos.
[iglesiasymineria@gmail.com]

Aspirantes LMC en Ghana: meditando sobre la fe

GhanaEste 9 de mayo de 2015, en nuestro Centro, hemos reflexionado sobre la fe gracias a la ayuda de nuestro Capellán. De hecho, esta meditación es continuación del tema que comenzamos en nuestra última reunión. El Rev. padre compartió con nosotros algunos autores, visiones y experiencias sobre la fe.
De acuerdo con Thomas Merton: “En última instancia, la fe es la única clave para el universo. El sentido último de la existencia humana y la respuesta a las cuestiones sobre las que toda nuestra felicidad depende no se puede encontrar de ninguna otra manera”. Para otro autor, la fe se relaciona con el amor y los dos encuentran su sentido en Dios. “Por la fe, dice San Ignacio de Antioquía, en el principio y el final es amor y Dios son los dos puestos en unidad. Después de esto viene cualquier otra cosa que hace un caballero cristiano”. La fe, dice el padre no está en contra de la razón. Él apoyó ese punto de vista citando a Armiger Barclay y Blaise Pascal. El primero dijo: “Las personas sólo piensan que vale la pena creer en una cosa si es difícil de creer”. El segundo declaró que: “La fe declara lo que los sentidos no ven, pero no lo contrario de lo que ven. Es sobre pero no contrarios a ellos”. El padre insistió en la fe como un don de Dios. No somos capaces de nada, dijo Soren Kiekegaard, es Dios el que nos da todo. Él es el que nos da la fe. La fe determina lo que somos y somos lo que es nuestra fe, dice un proverbio hindú.
GhanaDespués de este tiempo de reflexión y meditación, nos presentaron a algunos laicos de España. Ellos pertenecen a una asociación llamada Youcanyolé. Son cristianos motivados por su fe que testimonian la Buena Nueva a los pobres a través de su trabajo. De hecho, hicieron un servicio maravilloso aquí en IMFH (en la casa de mi Padre) sobre todo en Lume donde IMFH tiene una clínica. Nuestro encuentro con ellos fue para promover la colaboración. Pueden constituir un vínculo entre nosotros y el grupo LMC en España. Quizás algunos de ellos se quieran unir a nuestro Movimiento Internacional. Después del breve encuentro con ellos, nosotros continuamos nuestras actividades. Nos informaron de nuestros dos amigos accidentados. Ahora también tenemos una cuenta bancaria para nuestro grupo. Decidimos tener la próxima reunión el día 13 de junio en Dadome, un lugar perteneciente a Mafi-Kumase donde reside nuestro capellán. Después de esto, tuvimos nuestra comida comunitaria.

Justin Nougnui, coordinador.

La montaña y el nombre de Dios

Comentario a Mt 28, 16-20, Solemnidad de la Santísima Trinidad, 31 de mayo del 2015

Este domingo dedicado a la Santísima Trinidad es, de alguna manera, el punto álgido del año litúrgico. Al discípulo misionero, que trata de identificarse con Jesucristo, se le ofrece en contemplación y adoración una aproximación al el misterio de Dios, una realidad que le es la más íntima que su propia intimidad (como dice San Agustín) y, al mismo tiempo, le supera por todos los lados. La Iglesia nos ofrece hoy los últimos versículos del evangelio de Mateo, en los que, casi de pasada, se nombra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Detengámonos un poco a meditar sobre algunos conceptos que aparecen en estos últimos versículos de Mateo:

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1) Subir a la montaña:
Jesús encuentra a sus discípulos en una montaña de Galilea. Parece una anotación geográfica casi sin importancia, pero no creo que sea así. De hecho, todos nosotros estamos marcados por la geografía. En mi vida personal, hay muchas montañas que han dejado huella. Pienso, por ejemplo, en los majestuosos picos del Sinaí que me han ayudado a intuir como Moisés y Elías pudieron experimentar allí la presencia inefable de Dios (Ex 19, 20; 1Re 19,8); pienso en la montaña del Machu Pichu (Perú), donde tuve la impresión de estar en el centro de la Tierra y entrar en comunión con las tradiciones de los antiguos peruanos… Para muchas religiones y culturas, la montaña es el lugar de la manifestación de Dios. Y se entiende, porque la montaña me ayuda a ir más allá de mí mismo, a salir de la rutina y la superficialidad, a buscar el más alto nivel de la conciencia personal… Y es precisamente ahí, en el nivel más alto de mi conciencia, que Dios se me manifiesta, con una presencia que difícilmente se puede encerrar en palabras, pero que uno percibe como muy real y auténtica.
Por su parte, Jesús subía continuamente al monte, solo o con sus discípulos, logrando unos niveles de conciencia y comunión con el Amor Infinito, que son un regalo para nosotros, sus discípulos y seguidores. También nosotros necesitamos, más que grandes elucubraciones, subir constantemente la “montaña” de nuestra propia conciencia, con la ayuda de un lugar geográfico que nos invite a apartarnos del ruido y de la rutina superficial.

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2) Adoración y duda
Ante un Jesús que se manifiesta en la “montaña”, en la que se identifica con la Divinidad, los discípulos experimentan un doble movimiento: de adoración y de duda. Por una parte, sienten la necesidad de postrarse y reconocer esta presencia de la Divinidad en el Maestro, porque sólo con la adoración uno puede acercarse al misterio de Dios. Las palabras sobran o casi parecen a veces como una “blasfemia”, ya que nunca las palabras pueden contener la realidad que uno apenas alcanza a vislumbrar desde lo hondo de su conciencia. Por eso los discípulos experimentan también la duda, porque, por una parte parece casi imposible que Dios se nos manifieste en nuestra pequeñez y, por otra, somos conscientes que todas nuestras palabras y conceptos se quedan cortos y, en alguna medida, son falsos. Nuestros conceptos sobre Dios son siempre limitados y deben ser constantemente corregidos, con la ayuda de la duda, que nos obliga a no “sentarnos” en lo aparentemente ya comprendido.

3) El nombre de Dios
Los pueblos, culturas y religiones intentan acercarse, como pueden, al misterio de Dios, dándole nombres según sus propias experiencias culturales. Israel ha preferido abstenerse de darle nombre, porque comprendió que es innombrable. Cuando uno da nombre a una cosa, de alguna manera, toma posesión de ella y la manipula. Pero de Dios no se puede tomar posesión ni se lo puede manipular. De hecho, Jesús tampoco le da un nombre. Lo que Jesús hace es hablarnos del Padre, de su experiencia de identificación y comunión con Él y del Espíritu que ambos comparten. Y manda a sus discípulos bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu”. Al bautizar, no damos nombre a Dios, sino que somos nosotros quienes, en su nombre, somos consagrados, para ser parte de esta “familia” divina. Nosotros –y toda la humanidad–estamos llamados a ser parte de este misterio divino, uno y múltiple.

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4) Dios-Comunión
Las religiones más importantes se han esforzado por llegar a la elaboración del concepto de un Dios único. Y ese es un dato importante. Pero Jesús, desde su experiencia en la “montaña” de su conciencia, nos manifiesta que Dios, siendo único, no es “monolítico” sino plural; no es “individualista” sino comunitario. De la misma manera nosotros, creados a imagen de Dios, somos llamados a vivir en comunidad. Ninguno de nosotros es completo en sí mismo, sino que necesita de los otros para parecerse a Dios Padre, Hijo y Espíritu. Cuando uno niega a un miembro de su comunidad está negando a Dios. Por eso adorar a Dios es acogerlo, al mismo tiempo, en el santuario de la propia conciencia y en la realidad concreta de cada ser humano, en su maravillosa singularidad y diversidad.

P. Antonio Villarino
Roma

Espíritu Santo, ven

ORACION al Espíritu Santo: Jn 15, 26-27.12, 12.15 (24 de mayo, Domingo de Pentecostés)

P1010024En este Domingo de Pentecostés leemos dos de las cinco promesas del Espíritu Santo que Jesús hace en el evangelio de Juan.
¿Cuál es la diferencia entre un profesor de religión y un profeta, entre un profesional del culto y un testigo, entre un teórico de la solidaridad y la justicia y un hermano, entre un “hablador” sobre Dios y un creyente poseído por el amor? ¿En qué se diferencia un grupo humano bien organizado de una comunidad creyente y misionera, una Iglesia de una gran y potente ONG?
La diferencia está evidentemente en la presencia o no del Espíritu, el mismo que está presente en el mundo desde la creación, que acompañó a Jesús en su encarnación, en su caminar terreno y en la Pascua, el mismo que fundó la Iglesia, el que, como el viento, sopla donde quiere.
A este propósito, más que un comentario, comparto con ustedes una oración al Espíritu Santo, que cada uno de nosotros puede completar, reducir o adaptar según su propia experiencia de vida:

Espíritu Santo, venP1000909 - copia - copia
Rompe las barreras de mi rutina;
da verdad y hondura a mi oración;
hazme vivir con plenitud cada momento,
cada acción, cada pensamiento.
Dame “ganas” de hacer el bien,
de estar disponible,
de gozar de la vida con sencillez, humor y amor.
Desbórdate por mi espíritu y mi cuerpo,
mi inteligencia y mis afectos.
Espíritu Santo, ven
Dame tu confianza.
Ayúdame a superar los miedos
a mí mismo,
al qué dirán,
al fracaso,
a reconocer mis fallos.
Dame la confianza de los hijos en brazos de su papá.
Espíritu Santo, ven
Sé tú mi instructor,
conecta mi interior con el corazón del Padre.
Facilita la Alianza,
que me permita conocer desde dentro,
amar desde dentro,
superar toda falsedad.
Espíritu santo, ven
Hazme sensible,
abierto, disponible.
Hazme reaccionar ante los demás como un hermano,
superando toda indiferencia.
Ayúdame a ser servicial,
capaz de poner mi tiempo y mis energías
al servicio de quien los necesite.
Espíritu Santo, ven
Dame libertad y valentía,
para ser yo mismo,
para dejarme guiar por tus inspiraciones.
Que no confunda la libertad con el capricho,
ni la valentía con la tozudez orgullosa.
Sé tú la luz que ilumina mi camino en libertad,
y el viento que me empuja
por la senda de la generosidad.
Espíritu Santo, ven
Hazme misionero, aquí y ahora,
en las actuales circunstancias de mi vida.
Infúndeme un espíritu de diálogo,
enséñame a saber escuchar.
Ayúdame a estar abierto a nuevas ideas
y propuestas,
a estar dispuesto siempre a aprender.
Hazme ver la parte positiva de los que me rodean
y de lo que me dicen.
Espíritu santo, ven
Lléname de tu alegría y gozo.
Dame contento y humor.
No me dejes confundir fidelidad con severidad.
Que los problemas no llenen de amargura mi vida.
Haz de mi vida un monumento de alabanza
y un testimonio de gratitud
por el amor indefectible del Padre
y por tu presencia en toda la creación.
 Espíritu Santo, ven
Hazme resistente ante los tropiezos de la vida,
pequeños o grandes.
Que no me desanime la incoherencia de los hermanos,
los pecados de tu Iglesia,
o la corrupción de la sociedad.
Regálame tu humilde verdad y tu amor gratuito.
Ahora y siempre. Amén.

P.Antonio Villarino
RomaP1010397

Mons. Romero un modelo de vida y de misión para los combonianos de América

MCCJ AmericaLos delegados combonianos de América/Asia al XVIII Capítulo General, reunidos en asamblea continental en la Ciudad de México de 11 a 15 de mayo, comparten su cercanía y reflexión por medio de una carta abierta que dirigieran a toda la Familia Comboniana con ocasión de la beatificación de Mons. Oscar Arnulfo Romero que se realizará el próximo sábado 23 de mayo, en El Salvador. A continuación publicamos la carta de los misioneros.

Carta abierta
de los Misioneros
Combonianos de América-Asia
con motivo de la Beatificación de Mons. Oscar Romero

Estimados hermanos y hermanas,
Nosotros, delegados de América/Asia al XVIII Capítulo General, reunidos en la Ciudad de México, les saludamos fraternalmente. Queremos compartir con todos ustedes nuestra cercanía y nuestra reflexión con ocasión de la beatificación de Mons. Oscar Arnulfo Romero (sábado 23 mayo de 2015). Sin duda que nos encontramos ante un acontecimiento histórico muy importante para nuestra Iglesia. Por eso queremos compartir algunos aspectos:

  1. La solemne beatificación por parte de la Iglesia universal, confirma lo que ya nuestro pueblo creía y celebraba: Romero mártir. Con su beatificación celebramos también el don de la vida ofrendada por tantos otros mártires cuyas luchas quizá no hemos conocido. Admiramos la valentía y la fidelidad de aquellos que el próximo mes de diciembre 2015 serán beatificados en Perú: P. Zbigniew Strzalkowski, P. Michele Tomaszeck y P. Alessandro Dordi víctimas del terrorismo; de centenares de laicos comprometidos, catequistas, hombres y mujeres de rostros obstinados en la defensa de los derechos humanos; adultos, ancianos, jóvenes y niños inocentes; religiosos, religiosas, sacerdote martirizados por amor a Cristo, a la Iglesia y al pueblo en sociedades que se reconocen cristianas. El Reino de Dios es propuesta y compromiso para todos. Como ellos Mons. Romero ha sido víctima de las fuerzas del mal encarnadas en la alianza entre el poder económico, político y militar que se aferran a sus privilegios ilegítimos en contra de la lucha liberadora del pueblo oprimido.
  2. En una época de grandes mutaciones en la que estamos invitados a rencontrar el sentido profético de nuestra fe y consagración, queremos reafirmar que Mons. Oscar Arnulfo Romero es un modelo de profeta para nuestro tiempo. El sufrimiento del hermano desprotegido, la violencia en todas sus formas y por todas partes creciente, la criminalización de los derechos humanos desafían nuestro compromiso profético hoy.
  3. Un mártir no se improvisa. Con esta afirmación queremos resaltar la mística profunda forjada en la oración cotidiana con la que Mons. Romero vivió su ser cristiano, sacerdote y pastor. Su espiritualidad sacerdotal se inspiró en su lema episcopal: “Sentire cum Ecclesia”. Pero como la espiritualidad es un camino de crecimiento y docilidad al Espíritu, el acontecimiento martirial del P. Rutilio Grande (jesuita) y la violencia militar contra el pueblo, marcó en él un proceso de conversión: de la indiferencia/comodidad a la solidaridad con el más pobre y oprimido.
  4. En Mons. Romero descubrimos la imagen del Pastor Bueno que se identifica plenamente con su pueblo, que sufre en carne propia los atropellos en contra de la dignidad de las personas, que levanta su voz para condenar la injusticia y predicar la paz, que ora por sus hermanos y que ama hasta dar conscientemente su vida con la firme esperanza que su muerte será fuente de vida para el pueblo salvadoreño.
  5. ¿Qué significado tiene para nosotros hoy este acontecimiento eclesial? La beatificación de Mons. Romero nos lo presenta como modelo de vida y de misión:
  • la lectura de la realidad a la luz de la fe nos debe llevar a la conversión personal y comunitaria;
  • la evangelización se compromete en la liberación integral de las personas y de los pueblos;
  • el evangelizador se identifica de una manera radical con la suerte del pueblo en sus sufrimientos y en sus esperanzas;
  • los valores del Reino son siempre la utopía que ilumina el camino de nuestro servicio misionero;
  • el dar la vida por las ovejas es la concretización de nuestra vocación al seguimiento del Corazón traspasado del Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas.

Seguros y confiados en la palabra del Evangelio: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Jn. 12, 24), queremos invitarles a forjar un camino nuevo de renovación y de esperanza para nosotros y nuestros pueblos. En comunión con todos ustedes, en memoria de Mons. Romero y de todos los mártires en América, en particular P. Ezechiele Ramin, creemos firmemente que el XVIII Capitulo General que se acerca nos ofrece a todos una oportunidad para renovarnos en la fidelidad al carisma de san Daniel Comboni y en la imitación de los mártires de nuestra Iglesia en América.

Ciudad de México, 15 mayo de 2015