Laicos Misioneros Combonianos

¿Por qué me dejan solo/a?

Marta
Marta

Un comentario a Lc 10, 38-42 (XV Domingo Ordinario, 14 de julio de 2019)

Lucas nos cuenta hoy que, en su camino hacia Jerusalén, Jesús entró en un pueblo, que la tradición conoce como Betania. Allí fue acogido en su casa por una mujer llamada Marta, que, al parecer, era muy activa, dinámica y servicial, poniendo su gran capacidad de trabajo al servicio de Jesús y, seguramente, de sus discípulos, ya que Jesús no andaba nunca solo. Mientras Marta se afanaba, María estaba tranquila, a los pies del Maestro, escuchando con mucha atención todo lo que él decía. Todo parecía marchar bien hasta que Marta, harta de cargar con toda la responsabilidad del servicio, explotó: ¿No te importa que mi hermana me deje sola? Conocemos la respuesta de Jesús: “Marta, Marta, te preocupas de muchas cosas… pero María ha escogido la mejor parte”.

Se pueden hacer muchas reflexiones sobre este episodio. Seguro que ustedes ya han escuchado varias cuando se lee este evangelio en la Misa, en algún retiro o en cualquier otra ocasión. Por mi parte, sólo quisiera detenerme un momento en la queja de Marta:

“¿No te importa que mi hermana me deje sola en la tarea?”

¡Cuántas veces uno tiene la sensación de quedarse solo en una tarea! ¡Qué sensación de injusticia y amargura! Nos duele que se nos deje solos en un trabajo, en una responsabilidad. Nos duele cuando nos dejan solos en casa o cuando volvemos solos y nadie nos espera.

Como si a los demás no les importase ni se diesen cuenta de lo mucho que estamos haciendo o de su importancia…

A veces servimos a nuestra familia, nuestra comunidad o los compañeros de trabajo y lo hacemos con generosidad, pero fácilmente nos deslizamos hacia el afán de protagonismo, la necesidad de ser reconocidos. Entonces ya no importa el bien que hacemos, sino que nos reconozcan. Cuando eso no sucede, nos cargamos de amargura. Por eso nos quejamos cuando los compañeros no nos toman en cuenta, el superior no nos valora, el esposo o la esposa parece no darse cuenta de lo mucho que trabajamos o dan por descontado nuestro servicio, como si simplemente fuera nuestra obligación.

En esos momentos, como la Marta del evangelio, olvidamos que solo una cosa es necesaria: amar gratuitamente. Olvidamos la gratuidad del amor. Olvidamos escuchar, ser discípulos, ser esposos amantes, ser padres amorosos, hijos obedientes, compañeros amigos… Nos convertimos en “maestros” y “patronos”, nos colocamos en el centro… casi ocupando el lugar de Dios.

El evangelio de hoy nos recuerda que servir es importante, pero también que acoger a alguien en la propia casa es, entre otras cosas: sentarse, escuchar, contemplar, percibir los signos de  Dios… Y no olvidemos que, en mi esposo o esposa, en mis hijos, en mis compañeros de comunidad está hoy Jesús que necesita de mi servicio, pero también de mi capacidad de escucha y contemplación, es decir, de un amor gratuito.

P. Antonio Villarino

Bogotá

Encuentro de formación – Misión hoy: ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? La iglesia en acción.

LMC Portugal
LMC Portugal

El fin de semana del 18 y 19 de mayo, el grupo de formación LMC se reunió para la reunión mensual, con el siguiente tema: “Misión hoy: ¿cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? La Iglesia en acción”.

Aunque el grupo fue más reducido de lo habitual, la reunión fue bastante rica y con mucho contenido. Iniciamos con una gran pregunta: “¿Por qué la misión?” Las distintas respuestas llegaron a la misma conclusión, el amor de Jesucristo que nos lleva a ir más allá. Y para recordar que Jesús fue el primer misionero, el tema continuó con el pasaje del Camino de Emaús, en el que los discípulos desanimados reconocen en Jesús como “Aquel” que hacía arder sus corazones cuando hablaba.

Además de los pasajes, también profundizamos un extracto de la Encíclica Redemptoris Missio del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre la validez permanente del Mandato Misionero, que refleja las palabras clave sobre el significado de la Misión y del ser Misionero. En esta enciclica, el Papa Juan Pablo II invita a la iglesia a renovar su compromiso misionero, revelando que “La misión es un problema de fe, es la medida exacta de nuestra fe en Cristo en su amor por nosotros“.

Después del almuerzo del sábado, visitamos la casa de las Hermanas Misioneras Combonianas, que compartieron algunas de sus experiencias, testimonios y vida misionera.

Después de este momento, continuamos con el tema y pasamos a la lectura de la Nota pastoral de la Conferencia Episcopal Portuguesa para el Año Misionero y el Mes Misionero Extraordinario, que invita a todos los cristianos a vivir un año de encuentro constante con Jesucristo. En estado permanente de misión; Vivir la misión y la renovación misionera.

Esa noche vimos la película “Francisco y Clara”, una película que nos hizo reflexionar sobre sus vidas de lucha por el amor a Jesucristo y la dedicación a los marginados.

El domingo comenzó con una hermosa dedicación a la Madre, Maria Reina de las Misiones, celebrando la primera oración del día, junto a su imagen fuera de la casa. Después del desayuno, hasta la Eucaristía, estudiamos un extracto de la Exhortación Apostólica Evangelli Gaudium y nos pusimos en contacto a través de una video-llamada con los laicos Pedro Nascimento y Carolina Fiúza, quienes compartieron su testimonio desde que llegaron a Etiopía. Y terminamos esta reunión, llena de frutos, en la Eucaristía con la certeza de que salimos en la alegría de Jesucristo que nos hizo y nos quiere misioneros, todos los días y en todos los lugares.

LMC Portugal

Mónica Silva

La diversidad es verdaderamente hermosa

LMC Kinshasa
LMC Kinshasa

Queridos amigos,

Han pasado dos meses desde que estoy en tierras africanas. Mi primera parada fue en la República Democrática del Congo. Lo primero que me sorprendió cuando aterricé en Kinshasa fue la temperatura, era muy, muy alta. Ya había estado en Kenia dos veces, así que supuse que no me sorprendería mucho la realidad africana, ¡y ciertamente no por el clima!

En el aeropuerto me esperaban dos personas: el padre Celestin, responsable del movimiento de LMC en la RDC y Tiffany – Coordinadora del grupo LMC. Me llevaron a la casa provincial de MCCJ, donde me recibieron muy calurosamente toda la comunidad de padres Combonianos y los LMC.

Durante estos dos meses que pasé en Kinshasa, me centré principalmente en aprender francés, pero también en experimentar la vida comunitaria, en un gran grupo internacional. Me mostró que la diversidad es verdaderamente hermosa. Tantas culturas diferentes, diferentes idiomas, hábitos, realmente pueden funcionar y dar alegría a las personas que viven juntas. Podemos encontrar algo que nos conecte: en primer lugar, Dios, otra persona, la felicidad de estar juntos, la misión común y el cuidado de la obra de Dios. Por supuesto, la vida con otras personas no es fácil, pero la conciencia de que compartimos el mismo objetivo ayuda mucho.

Como mencioné antes, el tiempo que pasé en Kinshasa fue principalmente para aprender francés, una experiencia bastante difícil para mí, pero realmente me enseñó muchas cosas.

Al principio, traté de mezclar el francés con el inglés, pero la mayoría de las veces todavía utilizaba el inglés simple en lugar del francés. Cuanto más tarde, más difícil, más y más gente me pedía hablar francés, ¡y la verdad es que funcionó muy bien! Por supuesto a veces me estresaba o frustraba, pero sabía que era por mi propio bien y estoy agradecida por ese tiempo. Todos los días intentaba hablar cada vez más en francés, a veces me sentía avergonzada por mis errores de ortografía o gramática, pero fue una motivación adicional para mejorar mis habilidades lingüísticas.

Ahora sé por qué es tan importante hablar, incluso con errores, porque así alguien puede corregirlos. Necesitamos que otras personas nos ayuden a vencer la barrera de hablar (incluso con los errores). Por eso la comunidad es tan importante.

En nuestro espíritu comboniano es fundamental apreciar a las personas que nos rodean, su presencia y apoyo, su motivación. Solos, no tenemos tanta fuerza como tenemos juntos. Tal vez usted puede encontrar esta visión demasiado ideal, tan perfecta que no puede ser verdad, pero esa es mi experiencia tanto de Cracovia como de Kinshasa.

Esta vez me mostró cuán adecuadas son las palabras: “Dios no llama a las personas capacitadas, sino capacita a los que llama”.

LMC Kinshasa

Cuando tenía algo de tiempo libre los sábados, junto con Enochi (LMC de Kinshasa) servía a la gente en la calle. Era un programa llamado “comida desde el corazón”. Estaba preparada por una familia para las personas que vivían en la calle. Kinshasa es una ciudad muy grande, y la gente venía de diferentes partes, solo para tener una comida caliente. Durante un par de horas, servíamos alrededor de 250-300 platos. Me di cuenta de lo bendecida que era por tener algo para comer, acceso a agua potable, un lugar para dormir y ropa que vestir. Hay tantas personas en el mundo que no pueden pagárselo. Tengo en mente la imagen de los jóvenes que “se bañaban” y lavaban su ropa en el pequeño foso cerca de la casa provincial. Lo recordaré por el resto de mi vida.

El tiempo en Kinshasa también me permitió experimentar la felicidad de las personas aquí, a pesar de las dificultades que necesitan atravesar. Ver su energía y compromiso.

LMC RCA

Ahora, desde hace más de 3 semanas, estoy en Bangui, capital de la República Centroafricana. Me quedaré aquí también durante dos meses para aprender sango – idioma local. Conocí a mi comunidad: Christina y Simone, viviré y trabajaré con ellos en Mongoumba. El viernes 28 de junio celebramos juntos el Día del Sagrado Corazón de Jesús. Fue tiempo de adorar, cenar y hablar juntos.

Quería pedirles a todos que oren por mí, por las personas que conozco aquí, por todo lo que voy a hacer aquí, mi misión y mi vida. También rezaré por ustedes.

Monika

Monica Jamer, LMC

¿Qué misión te quiere encomendar Jesús?

Jesús
Jesus

Un comentario a Lc 10, 1-12.17-20 (XIV Domingo ordinario, 7 de julio de 2019)

Sabemos que Lucas, a diferencia de Marcos y Mateo, nos refiere dos discursos misioneros de Jesús: en uno habla a los Doce (que representan a Israel), mientras en el otro se dirige a los Setenta y dos, que representan a todas las naciones. El texto de hoy nos transmite este segundo discurso. Como es bastante largo, resulta imposible considerarlo todo en este breve comentario. Solamente quiero compartir con ustedes algunos breves “flashes” sacados de las primeras líneas:

  1. “Jesús designó”. Para los evangelistas está claro que no son los discípulos que eligen seguir a Jesús, sino que es éste quien les llama. Y ésta es una experiencia que hace cualquiera que se embarque en un camino de discipulado y de crecimiento espiritual. En un momento de nuestra vida, nos parece que somos nosotros los que decidimos optar por el Evangelio y por Jesús.  Pero esa visión no aguanta mucho, se cae ante nuestros primeros fallos. Pronto nos damos cuenta que realmente es el Señor quien nos eligió y nos puso en este camino, a veces a pesar de nosotros mismos. Por otra parte, es una experiencia que hacen los grandes artistas, que suelen decir algo así como “la inspiración me ha poseído”, o los enamorados que experimentan que la otra persona se les “impone”. También en la vida religiosa, llega un momento en que sabemos que la “gracia nos posee”, que el discipulado no es fruto de nuestros esfuerzos sino del amor gratuito de Dios.
  2. “Otros”. Así dice el texto. Los setenta y dos escogidos ahora no son los primeros. Seguramente Jesús había provocado un gran movimiento de amigos y discípulos, que no eran espectadores pasivos sino actores dinámicos en el proyecto de renovación que Jesús proponía a Israel y a toda la humanidad. Me parece muy importante que cada uno de nosotros contribuya a la misión con los propios dones y carismas, pero sin considerarnos “los únicos”, sin caer en los celos de lo que otros hagan. Los demás son también un don de Dios y normalmente tienen los carismas que a mí me faltan.
  3. Setenta y dos. Como sabemos, este número hace referencia a la totalidad de las naciones “paganas”. Desde el inicio la Iglesia de Jesús se siente enviada más allá de las fronteras de Israel. Después de la resurrección de Jesús, los apóstoles se extendieron por las pueblos vecinos y, con la ayuda providencial de Pablo, llegaron hasta Roma y a muchas partes del Imperio romano. Pienso que la Iglesia debe seguir este criterio en todas las épocas de la historia, superando constantemente los límites estrechos de la cultura ya adquirida, de los ritos establecidos, de las normas tradicionales… para abrirse a nuevas culturas y ámbitos religiosos. Las Iglesia necesita ritos, normas y cánones, pero no puede quedarse ligada a ellos como si fueran “ídolos”, porque la fe en Jesús la hace libre y capaz de superar sus propias tradiciones para abrirse a nuevos pueblos con los que crear nuevos ritos y nuevas normas.
  4. Discípulos. Esta es la base de la misión. Antes de ser misioneros, hay que ser discípulos, pertenecer al movimiento de Jesús. Seer discípulos es mucho más que aprender una doctrina, una moral o una metodología. Es pertenecer a una escuela de vida, es ser y vivir a la manera de Jesús. “No les llamaré siervos, sino amigos”, dice el Maestro. Hoy tenemos gran necesidad de recuperar esta conciencia de ser discípulos, porque nuestra vida cristiana se ha centrado en prácticas y tradiciones buenas, pero secundarias, se ha contaminado del mundo que nos rodea (burguesismo, secularismo,ect.), o ha caído en la mediocridad. Tenemos que recuperar la lectura creyente del Evangelio, tenemos que convertirnos al estilo de vida de Jesús (sincero, orante, libre, misericordioso). Tenemos que hacer de nuestras parroquias y comunidades lugares de discipulado.
  5. “Los envió de dos en dos”.  De nuevo hay que tenerlo claro: No soy yo que voy, es Jesús que me envía. Y me envía en compañía, para que la misión no se convierta en una ocasión de protagonismo mío, sino de servicio; para que, si me canso, encuentre apoyo en  otro hermano; para que los demás vean que lo que anunciamos (el amor de Dios) se hace realidad en nuestra comunidad misionera. La misión “de dos en dos” supera la experiencia personal, subjetiva, para hacer una propuesta social, compartida. La misión no es un asunto privado, no es una iluminación personal; es un asunto comunitario, público, algo que se puede y se debe compartir con otros.
  6. “A todos los pueblos y lugares”. Jesús no es un predicador que se queda en un lugar y espera que vengan a escucharlo. Jesús sale al encuentro de las gentes allí donde viven y manda a sus discípulos a todas partes. Pienso en cuanto tiene que cambiar nuestra labor pastoral y misionera. A veces parece que esperamos que la gente venga a nuestras iglesias, participe de nuestras iniciativas… mientras Jesús dice: salgan, no se queden en casa, vayan a todos los pueblos y ciudades.

La mies es mucha, hay trabajo para todos. Se necesitan voluntarios para ser enviados. ¿Cuál es tu parte en la misión de Jesús? ¿A dónde te quiere enviar Jesús en este momento de tu vida? Lee la Palabra, mira a tu alrededor, escucha al Espíritu que “sopla” de mil maneras, especialmente en tu interior,  y comprenderás qué parte de su misión te quiere encomendar Jesús.

P. Antonio Villarino

Bogotá