La asamblea anual de CLM Kenia se celebró del 8 al 11 de enero. El jueves, los miembros y candidatos LMC llegaron para comenzar un tiempo de encuentro, oración y reflexión.
La asamblea comenzó con una breve reflexión dirigida por Alberto de la Portilla, que nos ayudó a introducirnos en el espíritu del encuentro y a centrarnos en nuestra misión y responsabilidades. A continuación, se realizó una evaluación del año 2025 según los diferentes huduma (es decir, en swahili, grupos a cargo de diferentes «servicios», como comunicaciones, formación, etc.), así como una presentación de las funciones y responsabilidades tanto de los huduma salientes como de los nuevos, lo que nos ayudó a comprender mejor las tareas y los servicios dentro de nuestra comunidad.
Otro punto del programa fue la lectura y modificación de los estatutos LMC de Kenia. Trabajando en grupos según cada huduma, también emprendimos la planificación para el año 2026, compartiendo ideas, experiencias y expectativas para el futuro.
Tras la presentación de los planes para 2026, tuvimos una velada de convivencia que se desarrolló en un ambiente de alegría, cordialidad mutua y fraternidad comunitaria. Fue un momento para fortalecer las relaciones y compartirnos de una manera sencilla y cordial.
Al término de la asamblea, se llevó a cabo una presentación final y una evaluación de toda la reunión. El padre Maciej dirigió la oración de clausura y nos dio su bendición, fortaleciéndonos para continuar nuestro camino de servicio y misión. Tras esta conclusión espiritual, todos regresamos a nuestras respectivas comunidades, enriquecidos por el tiempo y la experiencia compartidos.
Evangelio según San Mateo 28:20: “…y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.”
El pasado 25 de enero fue un día muy importante para los LMC de Costa Rica, se realizó la Misa de Envío Misionero, en su Parroquia de Origen, Nuestra Señora la Virgen de las Mercedes, Palmares, Alajuela, presidida por Monseñor Bartolomé Buigues Oller, Obispo de Alajuela, quien impartió su bendición y envío a nuestro hermano José David Rojas Quesada. También le compartió La Palabra de Dios como signo de la tarea encomendada, La Cruz como signo del Envío Misionero y testigo de Dios y la Luz como signo que lleva a Cristo Vivo y Resucitado. Jose David el próximo 12 de febrero estará viajando a su misión Ad Gentes en República Centro Africana específicamente en la misión de Mongoumba, dónde junto a Teresa, Élia y Neema, estarán haciendo comunidad y trabajando en esa misión. Compartimos con ustedes unas palabras que nuestro compañero escribió para esta ocasión:
“Vayan por todo el mundo a proclamar el Evangelio”.
Son palabras que resuenan en mi mente y en mi corazón. El camino no ha sido fácil: ha sido cuesta arriba, empolvado y, en muchas ocasiones, lleno de abismos.
Recuerdo como si fuera hoy cuando tenía 7 años —sí, ya me imagino que muchos estarán haciendo cuentas—, pues hace 37 años exactamente comencé mi servicio siendo monaguillo. Conforme iban pasando los días, los meses y los años, cada vez me enamoraba más de este espíritu de servicio, don que se me ha dado gratis y que gratis seguiré compartiendo.
El profeta Samuel es para mí muy significativo, y hago mías las palabras que él le dijo: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. A pesar de que hubo tiempos de desierto, tiempos en los que olvidé a Dios, mi pecado y mi pequeñez me envolvieron y, como cualquiera de nosotros, me dejé seducir. Sin embargo, Él me sedujo primero y me di a la tarea de volver a mi primer amor. Si antes las pruebas eran duras, en ese momento comenzaron a serlo aún más, pero siempre con Dios por delante y con mamá María.
Aquel primer amor floreció con más fuerza. Y aunque sigo siendo el más grande de los pecadores, aún me falta mucho para poder decir que me he configurado con Cristo. Todos los días lucho por llegar a serlo; seguiré intentándolo y dando mi mayor esfuerzo.
Doy gracias infinitas a Dios por la oportunidad de tener una familia que, aunque no es perfecta, siempre me ha apoyado. Hoy mi madre, que fue mi confidente, amiga y protectora, ya no está físicamente, pero estoy seguro de que desde el cielo me cuida y me sigue jalando las orejas. Te amo, mi manitas de repollo, mi vieja.
Aún tengo la gracia de tener a mi padre, y ruego a Dios que lo cuide, que le conceda mucha salud de alma y cuerpo, y que pueda seguir disfrutando de muchos campeonatos más de la LDA equipo de fútbol de sus amores. A mis tres hermanos, los amo; cuiden de papi como él ha cuidado de nosotros. A mis nueve sobrinos: cuiden de su abuelo, ámenlo como él los ama, y recuerden que este tío los ama muchísimo y que siempre que pueda estaré para ustedes.
Que Dios sea siempre el centro de sus corazones; acérquense a Él. La Eucaristía es la forma más bella, sincera y sencilla de tenerlo. Y cuando vayan a orar, rueguen a Dios por este miembro de la familia que, aunque esté lejos, siempre los lleva en el corazón.
Mi familia por elección, mi Familia Comboniana: en ustedes he encontrado verdaderamente un rumbo. Todo lo aprendido y todo lo vivido han sido experiencias que me han fortalecido y me han hecho un misionero sin miedo a entregar mi vida por la misión. San Daniel Comboni ha sido la inspiración para querer dejarlo todo por un Todo, y entregar sin miedo la vida por los más necesitados y olvidados.
A mis compañeros del grupo de los Laicos Misioneros Combonianos, déjense flechar por el Sagrado Corazón de Jesús. Que San Daniel Comboni los anime. Recuerden aquello que él decía: todo misionero debe tener panza de chancho para comer de todo, rodillas de camello para la oración y espalda de burro para cargar la mochila. Las obras de Dios nacen y crecen al pie de la cruz; bien lo decía Comboni, porque él sabía que la misión no es fácil y que debe vivirse con mucha responsabilidad, pero sobre todo con compromiso.
Son muchísimas las personas que son lugar a dudas ocupan un lugar muy significativo en mi corazón: tíos, tías, primas, primos, amigos, amigas, tantas personas que verdaderamente valoro. Ruego siempre a Dios que los bendiga en abundancia. Quise invitar a más personas, pero el salón de las fiestas cívicas para estos tiempos se nos quedó pequeño.
Infinitas gracias a Dios por el don de la amistad, que estoy seguro se seguirá fortaleciendo desde la oración. Gracias infinitas por cada palabra de aliento y cada colaboración. Dios, en verdad, se ha encargado de poner ángeles a mi alrededor: personas que confían en mi vocación y, más aún, en la misión. Estoy seguro de que durante el tiempo que esté en misión me seguirán apoyando de la misma forma, porque —siendo sincero— lo necesito.
Siento mucha paz en mi corazón. Hemos luchado y vencido muchas situaciones que solo la fuerza y la paz que vienen de lo alto han hecho posibles.
Gracias, gracias y mil veces gracias.
Estaremos solamente a 11.000 kilómetros de distancia, unas 40 horas de viaje, pero muy unidos en la oración. Gracias por compartir como familia, porque todos somos familia: algunos de sangre, pero sin lugar a duda, familia por el tesoro más grande que tenemos, nuestro Padre Celestial.
“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva, haciéndolos mis discípulos”.
Que Dios los bendiga mucho. Que Nuestra Madre Santísima los cubra con su manto bendito, y que San Daniel Comboni interceda para que su amor y celo misionero sean siempre fuente de inspiración.
El 1 de febrero, en la parroquia de San Juan Bautista en Riruta, Nairobi, se celebró una solemne misa durante la cual tuvo lugar el envío misionero de nuestra LMC keniana, Veronicah Neema Makori. La liturgia fue presidida por el P. David Ahiro, MCCJ, quien, en nombre de la comunidad eclesial, impartió la bendición a Neema.
Durante esta solemne celebración, la misionera fue enviada oficialmente a realizar su servicio misionero en la República Centroafricana, concretamente en Mongoumba, donde está presente una de nuestras comunidades internacionales LMC. Fue un momento de profunda oración, gratitud y alegría por el don de la vocación con el que Dios sigue bendiciendo a su Iglesia. La comunidad parroquial, reunida para la Eucaristía, expresó su unidad rodeando a la misionera con una sincera oración y apoyo espiritual.
Los fieles rezaron pidiéndole a Dios abundantes gracias para Veronicah Neema Makori, pidiendo la luz del Espíritu Santo, fuerza y sabiduría para enfrentar los desafíos diarios, y protección en su camino de servicio a la Iglesia y a las personas a las que es enviada. Esta celebración fue también un testimonio de la fe viva y el compromiso misionero de la parroquia de San Juan Bautista en Riruta.
Que el Espíritu Santo la fortalezca continuamente y que Cristo, el Misionero Supremo, la guíe y la acompañe cada día en su camino misionero.
Los días 30 y 31 de enero y 1 de febrero de 2026, el grupo de Laicos Misioneros Combonianos del Perú celebró en Lima su Asamblea Nacional, un encuentro que nos convocó para reflexionar, evaluar y revitalizar nuestro camino de vida y compromiso misionero.
Guiados por el lema “Signos de Esperanza en nuestro Ser y Hacer Misionero”, integrantes de las comunidades de Lima y Trujillo, acompañados por nuestro asesor P. Gianni MCCJ, nos congregamos en Chorrillos gracias a la cuidadosa organización del equipo nacional.
Durante estos días, realizamos una revisión profunda de nuestra labor misionera, compartiendo una evaluación sincera de logros, dificultades y aprendizajes. Fue un espacio para intercambiar experiencias, expresar inquietudes y alimentar sueños comunes, fortaleciendo así los lazos que nos unen como comunidad enviada.
La asamblea culminó con una Eucaristía de compromiso, que selló en nuestros corazones los signos de esperanza que, como laicos misioneros, queremos encarnar y ofrecer a lo largo del año 2026.
Entre los acuerdos más significativos, destacamos:
Asumir con mayor responsabilidad nuestros compromisos dentro de los LMC, incluido el sostenimiento económico mediante aportes voluntarios.
Prepararnos para recibir con fraternidad y acompañar a las laicas misioneras combonianas que se integrarán a la misión en Perú procedentes de Kenia, África.
Este encuentro ha reavivado nuestro espíritu misionero y nos ha confirmado que, desde la comunión y la entrega compartida, estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza en nuestra tierra.
Para que todas las instituciones de vida consagrada crezcan en comunión y colaboración, reconociendo la fuerza que nace de la vocación común y de la diversidad de carismas. Oremos.
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