Laicos Misioneros Combonianos

LMC: De la colaboración a la corresponsabilidad en la misión

Asamblea Italia 2026

Unos cuarenta Laicos Misioneros Combonianos italianos pasaron el fin de semana del 5 y 6 de septiembre en la Casa Generalicia de los Combonianos en Roma, reunidos para su asamblea anual. El Superior General, padre Luigi Codianni, les dejó un mensaje de gratitud y de ánimo para caminar juntos, tanto a nivel nacional como internacional.

Queridos amigos y amigas:

Para mí es una gran alegría poder encontrarme con ustedes aquí, en nuestra casa de Roma, con ocasión de su encuentro. Quisiera ante todo expresarles mi gratitud por su presencia, por el camino que están recorriendo y, sobre todo, por su compromiso con la misión.

Quisiera comenzar precisamente con un gracias. Gracias por lo que son y por lo que hacen; gracias por su disponibilidad, por el tiempo que ponen al servicio de la misión, por sus energías, sus competencias, su pasión y también por sus familias, que a menudo comparten y apoyan sus opciones misioneras.

Hoy la misión ya no puede ser concebida únicamente como tarea de las personas consagradas. La misión pertenece a la Iglesia y, en la Iglesia, pertenece a todos los bautizados. Por eso, su presencia como Laicos Misioneros Combonianos (LMC) no es algo marginal ni simplemente complementario respecto a la misión de los Misioneros Combonianos. Es una presencia que enriquece la misión y que nos ayuda a comprender cada vez mejor lo que significa ser una Iglesia misionera.

Una historia que custodiar y renovar

Quisiera también reconocer en ustedes un gran recurso y un gran potencial para la misión laical comboniana.

Los LMC en Italia tienen una historia importante, construida a lo largo de los años a través de muchas personas, muchas experiencias, muchas partidas y regresos, muchos momentos de entusiasmo, pero también, ciertamente, momentos de esfuerzo y dificultad.

Es una historia que no debe ser olvidada. Una historia que hay que custodiar, pero no simplemente conservar.

Una historia viva es, de hecho, una historia capaz de renovarse.

El carisma de san Daniel Comboni no es un patrimonio que se deba colocar en una vitrina y contemplar con nostalgia. Es un don del Espíritu confiado a la Iglesia, que cada generación está llamada a encarnar en su propio tiempo.

Por eso, los animo a mantener viva su identidad misionera comboniana, buscando continuamente comprender cómo puede vivirse hoy el carisma de Comboni, en las condiciones concretas de nuestro mundo.

Ser fieles al carisma no significa simplemente repetir lo que se hizo en el pasado. Significa tener el mismo corazón misionero de Comboni y, con ese corazón, saber leer el presente y afrontar los nuevos desafíos.

Dejarse renovar por la misión

Por eso quisiera exhortarlos a permanecer abiertos, disponibles y capaces de dejarse renovar continuamente por la misión.

Vivimos en un mundo que cambia rápidamente. Cambian las sociedades, cambian las Iglesias, cambian las situaciones políticas y económicas, cambian las formas de comunicación y también la manera en que las personas viven la fe.

Por lo tanto, también la misión nos pide cambiar.

No podemos limitarnos a repetir esquemas conocidos. Estamos llamados a discernir los signos de los tiempos y a preguntarnos continuamente: ¿dónde nos está llamando hoy el Señor? ¿Qué necesita la misión? ¿Dónde podemos poner al servicio lo que somos y lo que hemos recibido?

En este sentido, su experiencia misionera internacional es una gran riqueza.

Los LMC italianos han asumido importantes responsabilidades en diferentes partes del mundo: Brasil, Perú, México, Kenia, Mozambique y la República Centroafricana. Estas presencias no deben considerarse simplemente como experiencias personales individuales. Forman parte de un camino más amplio y representan una responsabilidad para toda la familia comboniana.

La misión, de hecho, nos pide salir de nosotros mismos y de nuestras seguridades. Nos pide estar disponibles para partir, pero también disponibles para cambiar, escuchar, aprender de las Iglesias locales y de las personas con quienes compartimos la vida.

El misionero no llega con todo ya decidido. Llega para encontrarse, escuchar, compartir y construir juntos.

Una familia misionera llamada a crecer en comunión

Quisiera luego invitarlos a dar un paso más en el fortalecimiento de su comunión.

Tienen una dimensión nacional, pero forman parte de una realidad que ya es claramente internacional. Y esta dimensión internacional es una gran riqueza, pero también implica una responsabilidad.

Debemos evitar el riesgo de que cada grupo, cada país o cada realidad avance simplemente por su cuenta.

Ser LMC significa sentirse parte de una realidad más grande. Significa poder decir: esta es mi comunidad, este es mi grupo, pero esta es también mi familia misionera internacional.

Por eso es importante trabajar más intensamente en la cohesión entre los diferentes grupos, favoreciendo el conocimiento mutuo, la comunicación, el intercambio de experiencias y una mayor corresponsabilidad.

Y la corresponsabilidad no puede ser solamente pastoral. También es económica.

Cuando decimos que somos una familia, debemos estar dispuestos también a hacernos cargo de las dificultades de los demás. No podemos pensar únicamente en las necesidades de nuestra propia realidad local. Debemos tener una mirada más amplia y preguntarnos cómo apoyar también a los LMC que viven situaciones de mayor fragilidad en otras partes del mundo.

Esta solidaridad concreta es una de las expresiones más hermosas de la fraternidad misionera.

Caminar juntos a nivel nacional e internacional

Quisiera además animarlos a mantener una buena armonía entre las decisiones que toman a nivel nacional y el camino que los LMC están recorriendo a nivel internacional.

Pienso en particular en las decisiones y orientaciones surgidas de la última Asamblea de Maia, en Portugal.

El camino internacional no debe percibirse como algo lejano de la realidad italiana. Al contrario, debería convertirse en un punto de referencia para todos.

Estamos llamados a caminar juntos, reconociendo que las diferentes realidades nacionales tienen ciertamente sus propias características, pero pertenecen a una única familia y comparten la misma vocación misionera.

Esto es particularmente importante también en este momento, en el que está en curso el proceso de reconocimiento de los LMC como Asociación Internacional de Fieles por parte del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Se trata de un paso importante, que exige madurez, sentido eclesial y capacidad para asumir responsabilidades.

Por eso es importante que las realidades nacionales sepan confrontarse, dialogar y armonizar su camino con el internacional.

Fortalecer el sentido de pertenencia

Quisiera también recordarles un aspecto que considero fundamental: el sentido de pertenencia.

No basta con ser LMC porque se participa en alguna actividad misionera o porque se ha vivido una experiencia en misión.

Ser LMC significa pertenecer a una realidad, compartir un camino, reconocerse en una vocación y sentirse responsables unos de otros.

El sentido de pertenencia no nace automáticamente. Debe ser cultivado.

Por eso es importante una labor constante de animación, acompañamiento y formación. Es necesario ayudar a las personas a comprender cada vez mejor lo que significa ser Laicos Misioneros Combonianos y acompañarlas en las diferentes etapas de su vida y de su camino.

Esto vale especialmente para los jóvenes y para quienes se están acercando a la realidad de los LMC.

Necesitamos una verdadera promoción vocacional misionera laical. No podemos limitarnos a esperar que las personas lleguen. Debemos salir a su encuentro, contar la belleza de la misión, dar testimonio de lo que significa vivir el Evangelio en la vida cotidiana y mostrar que también hoy existe una llamada misionera para los laicos.

La misión necesita vocaciones. Y necesita vocaciones maduras, generosas, disponibles y capaces de vivir la misión no como una experiencia individual, sino como un camino eclesial.

La misión necesita a los laicos

Por último, quisiera subrayar una convicción que considero particularmente importante: hoy, quizás más que en el pasado, la misión necesita de los laicos y de las laicas.

Necesita sus competencias profesionales, su experiencia, su creatividad, su capacidad de estar dentro de la sociedad y de entrar en relación con ambientes a los que nosotros, los religiosos, a menudo tenemos más dificultad para llegar.

Pero, sobre todo, la misión necesita su testimonio.

El mundo no necesita solamente personas que hablen de la misión. Necesita hombres y mujeres que sepan vivir el Evangelio en la vida cotidiana, en el trabajo, en la familia, en la sociedad, en las relaciones y en las situaciones concretas en las que se encuentran.

Por eso, su vocación no es una simple colaboración con nosotros, los Misioneros Combonianos. Es una vocación misionera de pleno derecho.

Nosotros estamos llamados a reconocerla, acompañarla, valorarla y ayudarla a crecer.

Una colaboración que nos enriquece mutuamente

Por nuestra parte, quisiera asegurarles que los Misioneros Combonianos continuaremos estando abiertos y disponibles a su presencia y colaboración.

Pero quisiera también decirles algo más: no consideramos su presencia solamente como una ayuda que ustedes nos ofrecen.

También nosotros recibimos mucho de ustedes.

Su presencia nos interpela. Nos ayuda a mirar la misión desde perspectivas diferentes. Nos recuerda que el Evangelio debe entrar en la vida concreta de las personas y de las familias. Nos ayuda a comprender que el carisma comboniano puede vivirse de formas diversas y complementarias.

Por eso debemos aprender cada vez más a caminar juntos, no unos al lado de otros, sino unos con otros.

Este es, a mi juicio, el desafío que tenemos ante nosotros: pasar de la simple colaboración a una verdadera corresponsabilidad en la misión.

Mirar al futuro con esperanza

Queridos LMC, tienen una hermosa historia detrás de ustedes, pero sobre todo tienen un futuro por construir.

No tengan miedo de las dificultades. No tengan miedo de los cambios. No tengan miedo de hacerse nuevas preguntas.

Tengan, en cambio, el valor del discernimiento, el valor de soñar, el valor de asumir responsabilidades y el valor de renovar aquello que necesita ser renovado.

San Daniel Comboni creyó en la posibilidad de una misión que parecía imposible. Tuvo el valor de mirar más allá de las dificultades de su tiempo y de confiarse a Dios.

También a nosotros hoy se nos pide tener ese mismo valor.

Den gracias, pues, por la historia recibida.

Custodien lo que es valioso.

Renueven lo que necesita ser renovado.

Compartan las responsabilidades.

Construyan una mayor unidad entre ustedes.

Ábranse a la dimensión internacional.

Y, sobre todo, continúen dejándose guiar por el Espíritu, porque Él es el verdadero protagonista de la misión.

Por nuestra parte, como Misioneros Combonianos, deseamos seguir caminando con ustedes, compartiendo lo que somos, lo que tenemos y aquello que el Señor nos ha confiado.

Encomendamos este camino suyo a san Daniel Comboni, para que continúe inspirándolos y acompañándolos en las decisiones que están llamados a tomar.

Y encomendémonos también a la Madre de Dios, nuestra Madre, para que interceda por cada uno y cada una de ustedes, por sus familias, sus comunidades y por todos los LMC del mundo.

Que el Señor los bendiga, los acompañe y los haga cada vez más testigos alegres y creíbles del Evangelio y de la misión.

Padre Luigi Codianni, MCCJ

Un paseo misionero por Kumba, Camerún

Monica en Camerun 2026

Transmitiros mi alegría, emoción y entusiasmo, junto a un corazón agradecido tras volver de la misión que tienen las hermanas de Santa Teresita del Niño Jesus de Buea en Kumba, Camerún. Autóctonas de allí de la parte anglófona, transmiten la Palabra de Dios en colegios, parroquias, hospitales…. aprendiendo a ser fieles al Señor en las dificultades y en las alegrías, desde el postulantado en Buea y el noviciado en Kumba. Las novicias llevan una vida especialmente dura, pero la alegría que desbordan en el sacrificio hace patente su Vocación y estar con ellas es como estar en el cielo durante un rato, además de que cantan y tocan instrumentos africanos y elaboran…”música celestial” Se dirigían a mi como aunty Monic, (tía Mónica), lo que me hacía sentirme como en casa, con mis sobrinas and with their mother, my sister Virginia.

Cruzando las cortinas del pasillo se abría paso la comunidad de monjas, de todas las edades y condiciones, trabajadoras y piadosas, ora et labora. La misa de las 6 am venia precedida de una oración personal y comunitaria y después cada una a su labor: colegio, hospital, universidad…

En la parte trasera del convento se abría una puerta en el jardín que conectaba con el jardín contiguo o campo de futbol del secondary school of Saint John y mas allá, primary school.

La hermana Christiana, directora del colegio de secundaria, me había introducido allí hace dos años para dar alguna clase en los cursos de verano. Ahora ya podía adentrarme con confianza en el claustro de profesores y sentirme parte de ellos, siendo acogida y querida desde el principio. Y con la libertad de poder ir a las clases de infantil y primaria a enseñarles canciones en español y aprender canciones en inglés.

Tanto me involucraron en el teacher’s staff que me regalaron la gran oportunidad de asistir a un curso de Motivación de profesores de secundaria, al que asistimos un sábado por la mañana, en otra ciudad a dos horas from….

Ellos (los profes) eran claro ejemplo del espíritu de trabajo y sacrificio, en un país donde la gente quiere prosperar… trabajar, mejorar… y lo hacen con alegría, con bromas y risas… (a veces hay quejas claro, somos humanos and the goverment doesn’t help)

También tomando cervezas… demasiadas… eso une, relaja, fomenta el buen humor, crea comunidad…

¡¡¡Y el baile!!! ¡¡¡Ya sea en la discoteca, en el colegio o en la iglesia… y en la comunidad de monjas claro!!! El baile y la música son la esencia de su vida, con ello dan gloria a Dios, rezan y se divierten, algo innato.

También las cadets hacían honor a esta realidad del canto y baile como ofrenda de alabanza a Dios, formándose en la fe y en el deseo de seguir a Dios a través de la Virgen Maria, Reina de las cadets.

Al igual que la SCC small  cristian community de Santa Josefina Bakita en la que participábamos, orando, cantando, unificando compromisos… niños y mayores, todos a una.

También quiero agradecer a Dios, los ángeles de la guarda que ha puesto en mi camino, sobre todo en los momentos de dificultad y sufrimiento físico, momentos en los que no le veía a Él…. y me quejaba… y me quería volver… pero alli estaba sister Confort, en la oscuridad de la noche… o brother Malvis con su disponibilidad abnegada… y tantas ayudas… siempre Sister Christiana y mucho sister Genevieve, Sister Virginia, Sister Honorine y Sister Polaine, mi salvadora…

Todas ellas junto con los médicos y enfermeras (Shina) que trabajan con profesionalidad aun sin medios suficientes y cuidando a los enfermos con cariño, respeto y simpatía y con mucha cercanía humana.

Tanto en Kumba como en los pueblecitos de alrededor (Bake’s village) te acogen con gran alegría y servicialidad, ofreciéndote lo mejor que tienen.

A mi me arde el corazón y me estremece tanto amor que desbordan y tanta alegría que irradian.

La belleza de la naturaleza que los rodea hacen que sean verdaderos paraísos terrenales… las maravillas del Creador… donde goza el alma en acción de gracias y admiración…

Alzando la Mirada…

Pero al bajar un poco la vista… el contraste al ver esas casitas… sin ninguna comodidad europea… te preguntas… y… ¿estos niños son felices allí? Y uno de los profes me contestó:  “claro”. Y allí estaban jugando y saltando. La alegría, el asombro y la inocencia de los niños que no paran de jugar, de buscar, de pedir… y de encontrar…

¡Las maravillas de Dios en acción!

Agradecer todas las oraciones de tanta gente… que tanto fruto dan.

Mónica B (candidata LMC en España).

CONJUCOM 2026 – Perú “Pasión por la misión y vida en comunión”

CONJUCOM 2026

Los L.M.C.-TRUJILLO- PERU, compartieron actividades con los jóvenes en el congreso juvenil Comboniano desarrollado del 03 al 07 de agosto. Con mucho jubilo, y esperanza de crecer en la obra misionera, iluminados por el espíritu santo y el carisma de San Daniel Comboni. Los jóvenes nos llenan de entusiasmo, necesitamos jóvenes decididos a proclamar la justicia social por los más pobres y el anuncio del evangelio de Cristo, siguiendo las huellas de San Daniel Comboni, “Yo muero, pero mi obra no morirá”.

Fue un reencuentro de hermanos, con un mismo compromiso de caminar juntos con un solo corazón y una sola meta, de ser la iglesia viva donde nos encontremos. En esta oportunidad compartimos experiencias de nuestra pastoral Sagrado Corazón de Jesús- Parroquia Señor de los Milagros; interactuando con diversas delegaciones de las regiones y sacerdotes MCCJ, nuestros guías.

Una de nuestras actividades pastorales es el emprendimiento de un proyecto productivo:

“implementación de un taller de costura, utilizando como insumos residuos textiles y generando oportunidades sostenibles con impacto en la comunidad de Túpac Amaru.

Cuyo objetivo es generar ingresos, reducir costos, para la optimización de la productividad, promover el emprendimiento y la creatividad de los integrantes de la comunidad. Afirmar las practicas ambientalistas “cuidado de la casa común”, reduciendo la cantidad de basura que producimos, reutilizar, dando una nueva utilidad a los textiles en desuso y reciclar tela, para convertirlas en nuevos productos, principalmente la tela GIN; cuya degradación en el suelo genera contaminación química por tintes pesados, acumulación de microplásticos sintéticos que altera gravemente el PH y daña la microbiota, acelera la erosión de la tierra.

CONJUCOM202611
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 “EL CUIDADO DE LA CASA COMUN, ES TAMBIEN UNA EXPRESION DE FE” (LAUDATO SI, claves del numeral 210).

Teodolinda Chinguel Núñez, LMC Perú.

Un sincero adiós a Marzena Gibek

Despedida Marzena

El 3 de agosto, Marzena Gibek concluyó su servicio misionero de tres años en Kitelakapel, en West Pokot, y regresó a Polonia.

Durante estos tres años, Marzena se ha dedicado en cuerpo y alma a servir a la gente de West Pokot. Como fisioterapeuta en el dispensario de Kitelakapel, ha atendido a innumerables pacientes con compasión, profesionalidad y amor, llevando sanación, esperanza y consuelo a muchas familias.

Su misión fue mucho más allá de la asistencia sanitaria. Marzena también se ocupó fielmente de la capilla de Kitelakapel, contribuyendo a convertirla en un lugar acogedor de oración y culto. Empoderó a las mujeres locales organizando talleres de costura y enseñándoles a confeccionar bonitas pulseras, lo que les proporcionó habilidades prácticas, confianza y nuevas oportunidades.

Despedirse no fue fácil. La gente de Kitelakapel se reunió para expresar su profunda gratitud por su servicio desinteresado, su amabilidad y su amistad. Nuestra comunidad misionera en Kenia también le dio una despedida cálida y emotiva. Fue un momento precioso, lleno de agradecimiento, amor y muchos recuerdos entrañables.

Querida Marzena, gracias por tus tres años de fiel servicio misionero. Gracias por compartir tus dones y talentos, tu tiempo y tu corazón con la gente de Kitelakapel. Que Dios te bendiga abundantemente al comenzar este nuevo capítulo de tu vida, y que el amor y la esperanza que has sembrado aquí sigan dando fruto durante muchos años más.

Te echaremos de menos y siempre ocuparás un lugar especial en nuestros corazones.

¡Que Dios te bendiga y gracias por todo!

LMC Kenia