Laicos Misioneros Combonianos

La plantación colectiva conmemora la memoria de Edvard Dantas y refuerza la lucha por la justicia ambiental en Piquiá da Conquista

Brasil Açailandia

La iniciativa del Colectivo Edvard Dantas, de Justicia en los Raíles (JnT) y de los residentes del reasentamiento reafirma el compromiso con la memoria, la justicia ambiental y el futuro del territorio.

Entre las manos que siembran hay recuerdo, hay valentía, hay compromiso. Foto: Colectivo Edvard Dantas

El 23 de enero de 2020, Açailândia (MA) se despidió de Edvard Dantas Cardeal, uno de los principales líderes de la lucha por el reasentamiento de la comunidad afectada por la contaminación industrial en el municipio. Seis años después, su memoria sigue movilizando el territorio que ayudó a construir.

En la mañana del sábado 24 de enero, los residentes participaron en una plantación colectiva en la Plaza del Reasentamiento Piquiá da Conquista. La actividad fue organizada por el Colectivo Edvard Dantas, Justicia nos Trilhos (JnT) y la propia comunidad, y marca el inicio de un programa permanente de reforestación del barrio.

La acción forma parte de un proyecto más amplio de fortalecimiento ambiental del territorio, que aún enfrenta una importante carencia de áreas verdes.

«Este fue un momento especial para la comunidad. Iniciamos la primera de muchas plantaciones y elegimos esta fecha porque refuerza la importancia de la lucha y mantiene viva la memoria del Sr. Edvard Dantas Cardeal, quien tuvo un papel fundamental en la conquista de este barrio. Nuestro objetivo es convertir Piquiá da Conquista en el barrio más arbolado de Açailândia», afirmó João Paulo, educador popular de Justiça nos Trilhos y miembro del Colectivo Edvard Dantas.

El reasentamiento de Piquiá da Conquista fue el resultado de años de movilización contra los impactos socioambientales sufridos en el antiguo barrio de Piquiá de Baixo. La construcción del nuevo territorio representó una victoria histórica para la organización comunitaria. Ahora, la consolidación de un espacio saludable y ambientalmente equilibrado se plantea como un desafío permanente.

Para Antônia Flávia Nascimento, residente del barrio y miembro del Colectivo Edvard Dantas, la plantación tiene una dimensión simbólica y práctica.

«Esta actividad no solo tiene la importancia de revivir la historia del Sr. Edvard, que inició este proceso y contribuyó mucho para que esto pudiera suceder. Tiene la importancia de reforestar, de traer vida. Dependemos del oxígeno que proviene de los árboles y aquí en Piquiá da Conquista hay una gran escasez de árboles», declaró.

Antônia también destacó la participación de los niños en la actividad como un elemento estratégico para la construcción del sentido de pertenencia y la conciencia ambiental.

La justicia ambiental comienza en el suelo que pisamos. Foto: Colectivo Edvard Dantas

«A menudo, para ellos, solo se trata de poner la mano en la tierra. Pero cuando acompañan el crecimiento de los árboles y dicen «yo planté», comienzan a comprender que forman parte de esta construcción. Plantar un árbol es plantar vida».

Al asociar la memoria, la movilización comunitaria y la recuperación ambiental, la plantación colectiva reafirma la identidad política de Piquiá da Conquista. Un territorio que nació de la resistencia sigue organizando el presente para garantizar el futuro.

Por Lanna Luz

Periodista de Justiça nos Trilhos

Enlace original: https://justicanostrilhos.org/plantio-coletivo-marca-memoria-de-edvard-dantas-e-reforca-luta-por-justica-ambiental-em-piquia-da-conquista/

Envío misionero del primer LMC de Costa Rica

Envio Jose David LMC Costa Rica

Evangelio según San Mateo 28:20: “…y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.”

El pasado 25 de enero fue un día muy importante para los LMC de Costa Rica, se realizó la Misa de Envío Misionero, en su Parroquia de Origen, Nuestra Señora la Virgen de las Mercedes, Palmares, Alajuela, presidida por Monseñor Bartolomé Buigues Oller, Obispo de Alajuela, quien impartió su bendición y envío a nuestro hermano José David Rojas Quesada. También le compartió La Palabra de Dios como signo de la tarea encomendada, La Cruz como signo del Envío Misionero y testigo de Dios y la Luz como signo que lleva a Cristo Vivo y Resucitado. Jose David el próximo 12 de febrero estará viajando a su misión Ad Gentes en República Centro Africana específicamente en la misión de Mongoumba, dónde junto a Teresa, Élia y Neema, estarán haciendo comunidad y trabajando en esa misión. Compartimos con ustedes unas palabras que nuestro compañero escribió para esta ocasión:

“Vayan por todo el mundo a proclamar el Evangelio”.

Son palabras que resuenan en mi mente y en mi corazón. El camino no ha sido fácil: ha sido cuesta arriba, empolvado y, en muchas ocasiones, lleno de abismos.

Recuerdo como si fuera hoy cuando tenía 7 años —sí, ya me imagino que muchos estarán haciendo cuentas—, pues hace 37 años exactamente comencé mi servicio siendo monaguillo. Conforme iban pasando los días, los meses y los años, cada vez me enamoraba más de este espíritu de servicio, don que se me ha dado gratis y que gratis seguiré compartiendo.

El profeta Samuel es para mí muy significativo, y hago mías las palabras que él le dijo: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. A pesar de que hubo tiempos de desierto, tiempos en los que olvidé a Dios, mi pecado y mi pequeñez me envolvieron y, como cualquiera de nosotros, me dejé seducir. Sin embargo, Él me sedujo primero y me di a la tarea de volver a mi primer amor. Si antes las pruebas eran duras, en ese momento comenzaron a serlo aún más, pero siempre con Dios por delante y con mamá María.

Aquel primer amor floreció con más fuerza. Y aunque sigo siendo el más grande de los pecadores, aún me falta mucho para poder decir que me he configurado con Cristo. Todos los días lucho por llegar a serlo; seguiré intentándolo y dando mi mayor esfuerzo.

Doy gracias infinitas a Dios por la oportunidad de tener una familia que, aunque no es perfecta, siempre me ha apoyado. Hoy mi madre, que fue mi confidente, amiga y protectora, ya no está físicamente, pero estoy seguro de que desde el cielo me cuida y me sigue jalando las orejas. Te amo, mi manitas de repollo, mi vieja.

Aún tengo la gracia de tener a mi padre, y ruego a Dios que lo cuide, que le conceda mucha salud de alma y cuerpo, y que pueda seguir disfrutando de muchos campeonatos más de la LDA equipo de fútbol de sus amores. A mis tres hermanos, los amo; cuiden de papi como él ha cuidado de nosotros. A mis nueve sobrinos: cuiden de su abuelo, ámenlo como él los ama, y recuerden que este tío los ama muchísimo y que siempre que pueda estaré para ustedes.

Que Dios sea siempre el centro de sus corazones; acérquense a Él. La Eucaristía es la forma más bella, sincera y sencilla de tenerlo. Y cuando vayan a orar, rueguen a Dios por este miembro de la familia que, aunque esté lejos, siempre los lleva en el corazón.

Mi familia por elección, mi Familia Comboniana: en ustedes he encontrado verdaderamente un rumbo. Todo lo aprendido y todo lo vivido han sido experiencias que me han fortalecido y me han hecho un misionero sin miedo a entregar mi vida por la misión. San Daniel Comboni ha sido la inspiración para querer dejarlo todo por un Todo, y entregar sin miedo la vida por los más necesitados y olvidados.

A mis compañeros del grupo de los Laicos Misioneros Combonianos, déjense flechar por el Sagrado Corazón de Jesús. Que San Daniel Comboni los anime. Recuerden aquello que él decía: todo misionero debe tener panza de chancho para comer de todo, rodillas de camello para la oración y espalda de burro para cargar la mochila. Las obras de Dios nacen y crecen al pie de la cruz; bien lo decía Comboni, porque él sabía que la misión no es fácil y que debe vivirse con mucha responsabilidad, pero sobre todo con compromiso.

Son muchísimas las personas que son lugar a dudas ocupan un lugar muy significativo en mi corazón: tíos, tías, primas, primos, amigos, amigas, tantas personas que verdaderamente valoro. Ruego siempre a Dios que los bendiga en abundancia. Quise invitar a más personas, pero el salón de las fiestas cívicas para estos tiempos se nos quedó pequeño.

Infinitas gracias a Dios por el don de la amistad, que estoy seguro se seguirá fortaleciendo desde la oración. Gracias infinitas por cada palabra de aliento y cada colaboración. Dios, en verdad, se ha encargado de poner ángeles a mi alrededor: personas que confían en mi vocación y, más aún, en la misión. Estoy seguro de que durante el tiempo que esté en misión me seguirán apoyando de la misma forma, porque —siendo sincero— lo necesito.

Siento mucha paz en mi corazón. Hemos luchado y vencido muchas situaciones que solo la fuerza y la paz que vienen de lo alto han hecho posibles.

Gracias, gracias y mil veces gracias.

Estaremos solamente a 11.000 kilómetros de distancia, unas 40 horas de viaje, pero muy unidos en la oración. Gracias por compartir como familia, porque todos somos familia: algunos de sangre, pero sin lugar a duda, familia por el tesoro más grande que tenemos, nuestro Padre Celestial.

“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva, haciéndolos mis discípulos”.

Que Dios los bendiga mucho. Que Nuestra Madre Santísima los cubra con su manto bendito, y que San Daniel Comboni interceda para que su amor y celo misionero sean siempre fuente de inspiración.

Y nuevamente, “GRACIAS”.

LMC Costa Rica

Signos de Esperanza en nuestro Ser y Hacer Misionero

LMC Peru

Los días 30 y 31 de enero y 1 de febrero de 2026, el grupo de Laicos Misioneros Combonianos del Perú celebró en Lima su Asamblea Nacional, un encuentro que nos convocó para reflexionar, evaluar y revitalizar nuestro camino de vida y compromiso misionero.

Guiados por el lema “Signos de Esperanza en nuestro Ser y Hacer Misionero”, integrantes de las comunidades de Lima y Trujillo, acompañados por nuestro asesor P. Gianni MCCJ, nos congregamos en Chorrillos gracias a la cuidadosa organización del equipo nacional.

Durante estos días, realizamos una revisión profunda de nuestra labor misionera, compartiendo una evaluación sincera de logros, dificultades y aprendizajes. Fue un espacio para intercambiar experiencias, expresar inquietudes y alimentar sueños comunes, fortaleciendo así los lazos que nos unen como comunidad enviada.

La asamblea culminó con una Eucaristía de compromiso, que selló en nuestros corazones los signos de esperanza que, como laicos misioneros, queremos encarnar y ofrecer a lo largo del año 2026.

Entre los acuerdos más significativos, destacamos:

  • Asumir con mayor responsabilidad nuestros compromisos dentro de los LMC, incluido el sostenimiento económico mediante aportes voluntarios.
  • Prepararnos para recibir con fraternidad y acompañar a las laicas misioneras combonianas que se integrarán a la misión en Perú procedentes de Kenia, África.

Este encuentro ha reavivado nuestro espíritu misionero y nos ha confirmado que, desde la comunión y la entrega compartida, estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza en nuestra tierra.

LMC-Peru

Encontrarnos es fortalecer nuestro camino colectivo

COP30_Brasil

Participar en la COP-30, en noviembre de 2025, y en el Foro de la Familia Comboniana fue una experiencia muy significativa en mi vida. Fueron días intensos de escucha, aprendizaje e intercambio, en los que pude seguir de cerca importantes debates sobre la justicia climática, el cuidado de la Casa Común y la defensa de los pueblos y los territorios.

Durante esos días, viví experiencias muy significativas, como el Tapiri, un espacio de diálogo interreligioso marcado por el respeto, la escucha y la diversidad de creencias. También tuve la oportunidad de conocer mejor el trabajo que los combonianos realizan en otros países, lo que amplió mi visión sobre las luchas, los retos y los compromisos asumidos en diferentes realidades.

Otro momento muy importante fue la visita a la comunidad de Piquiá. Esta visita permitió presentar a los participantes del Foro de la Familia Comboniana, que venían de fuera, un poco de nuestra historia, nuestras luchas y la resistencia de nuestro pueblo. Visitaron el Centro Comunitario Frei Tito y también comunidades del interior. Fue un momento de intercambio, visibilidad y fortalecimiento de nuestro camino colectivo.

Fue muy bueno volver a ver a gente, hablar con gente nueva y conocer culturas diferentes. Me llevo conmigo cada conversación, cada aprendizaje y cada historia vivida. Fue una experiencia marcante, y volví aún más fortalecida para seguir el camino, con fe, responsabilidad y compromiso con la transformación social y ambiental.

Mainara Bezerra, joven de Piquiá/MA/Brasil