Laicos Misioneros Combonianos

Retiro de los LMC de Guatemala: un encuentro para renovar la misión y el corazón

Del 28 de febrero al 01 de marzo, los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala vivimos un retiro lleno de gracia y encuentro fraterno en Casa Comboni, un espacio que se convirtió en hogar espiritual durante estos días de reflexión, oración y renovación misionera, todo ello bajo la guía espiritual del Padre Damián Bruyel, quien acompañó cada momento con enseñanzas, cercanía y espíritu misionero.

Fue un tiempo especial para detenernos en medio de nuestras actividades cotidianas y volver a lo esencial: escuchar la voz de Dios, fortalecer nuestra vocación misionera y crecer como comunidad.

Uno de los ejes centrales del retiro fue profundizar en la figura de María como Mujer, Madre y Misionera. A través de las reflexiones, descubrimos cómo su “sí” generoso sigue siendo modelo para quienes somos llamados a anunciar el Evangelio. María nos enseña a confiar, a servir con humildad y a caminar incluso cuando no entendemos completamente el plan de Dios.

También meditamos sobre Santa María Reina, reconociéndola como guía amorosa que acompaña nuestra misión y fortalece nuestra fe en los momentos de dificultad.

Otro de los temas que iluminó el retiro fue contemplar a María como estrella de la evangelización, aquella que señala siempre hacia Cristo. Se nos recordó que evangelizar no es solo anunciar con palabras, sino vivir el Evangelio con coherencia, alegría y entrega cotidiana.

Reflexionamos además sobre la misión del profeta, entendiendo que todo misionero está llamado a ser voz de esperanza, justicia y amor en medio del mundo actual. Ser profeta implica escuchar primero a Dios para luego anunciarlo con valentía.

El tema “Pescando con Jesús” nos invitó a renovar nuestra confianza en Él, recordando que la misión no depende únicamente de nuestras fuerzas, sino de dejarnos guiar por su palabra. Así como los discípulos lanzaron las redes confiando en Jesús, nosotros también somos enviados a remar mar adentro.

Más allá de las enseñanzas, el retiro fue un espacio para fortalecer los lazos como comunidad y como familia misionera. Compartimos momentos de alegría, diálogo y fraternidad que renovaron nuestro sentido de pertenencia y compromiso común.

Cada encuentro, cada oración y cada conversación nos recordó que la misión se vive mejor cuando caminamos juntos.

El sábado por la noche vivimos un profundo Vía Crucis, conmemorando la pasión y muerte de Jesucristo, un momento de silencio y contemplación que tocó profundamente nuestros corazones.

Además, tuvimos la oportunidad de recibir el sacramento de la reconciliación. Las confesiones fueron un regalo espiritual que nos permitió presentar nuestras vidas al Señor con humildad, buscando tener el alma limpia y dispuesta para recibir sus gracias, con el deseo sincero de caminar hacia la santidad.

Este retiro no fue un final, sino un nuevo comienzo. Regresamos a nuestras comunidades renovados, fortalecidos y con el corazón dispuesto a seguir anunciando el Evangelio con alegría, confiando en que Dios sigue obrando en cada uno de nosotros.

Como nos recuerda San Daniel Comboni:

“Salvar África con África.”

San Daniel Comboni, ruega por nosotros.

LMC Guatemala

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