El custodio de la familia

Un comentario a Mt 2, 13-15.19-23 (31 de diciembre, domingo de la sagrada familia)

En este día, dedicado por la Iglesia católica, a reflexionar y orar por la familia, leemos un pasaje de Mateo, el único evangelista que narra la huida de la familia de Jesús a Egipto y regreso a Nazaret.
Los expertos nos dicen que este texto de Mateo pone en relación la historia de Jesús con la historia del pueblo de Israel: ambos tienen que escapar a Egipto –tierra extranjera y difícil- para salvar la vida; ambos regresan a la tierra prometida, después de superar muchas dificultades y contrariedades; ambos son guiados por un José, que, en ambos casos, representa la providencia del Señor que protege a su escogido y lo guía por los borrascosos meandros de la historia.
En el texto se repiten varias veces una serie de verbos de acción, que llaman a José a ponerse en marcha, en actitud de defensa de la vida de María y Jesús:

“Levántate, toma al niño y a su madre, parte, porque el niño está en peligro, regresa”

Para mí estos verbos expresan una actitud de custodia, que evoca resonancias entrañables, propias de toda familia. En este sentido, podemos decir que la familia de Nazaret es una parábola de toda familia, que debe ser constantemente protegida y custodiada.

Gracias a Dios son muchas las familias, en las que la vida es custodiada y protegida. ¡Cuántos padres y madres se levantan una y otra vez para atender a su hijo que llora en la noche, que necesita urgentemente ir al hospital o que lo acompañen a un evento escolar o deportivo, con el objetivo claro de que el hijo o hija se sientan seguros de un amor que no falla, imagen del amor eterno de Dios!

Afortunadamente, muchas de las familias que conocemos no tienen que huir para salvar la vida, pero muchas otras lo siguen haciendo hoy:

¡Cuántas familias colombianas han tenido que huir de las zonas de conflicto, cuántas familias sudanesas, sirias o iraquíes deben abandonar sus casas quemadas por personas intolerantes, cuántos emigrantes en Estados Unidos o en Europa han debido dejar sus hogares para proteger a sus hijos!… Sí, sigue habiendo demasiadas familias amenazadas en nuestro mundo, que deben someterse a un desplazamiento forzoso para proteger sus vidas.

Yo veo hoy repetida la historia de José y María, con su hijo a cuestas, en miles de familias, en miles de padres que se desviven por proteger a sus hijos e hijas, en hijo e hijas que se esfuerzan por custodiar a sus padres, a pesar de las duras condiciones del trabajo…

En este día de la familia, demos gracias a Dios por la familia que nos custodia y seamos como José fieles custodios de nuestra propia familia y de toda familia amenazada.

En el fondo todos somos llamados a custodiarnos y protegernos mutuamente. La vida es débil y frágil y necesita custodia, protección activa y dinámica. Hacerlo es ser imagen e instrumento del Dios de la vida, como José.
P. Antonio Villarino
Bogotá

Con María y José en camino a la Navidad

LMC PeruLa verdadera alegría nace del amor. Sólo cuando nos atrevemos a vivir por amor permitimos que Dios nazca en nosotros haciendo de nuestro corazón su pesebre. Sólo cuando creemos en el misterio de Jesús somos verdaderamente felices. La alegría brota de un corazón que poco a poco se ha ido y se va enamorando por Dios. Reconocer que Dios existe es tener la certeza que jamás caminamos solos y la alegría de saber que Él camina con nosotros y transforma diariamente nuestras vidas. El camino no es tan simple como las palabras que decimos, es exigente. Exige esfuerzo por nuestra parte, exige que nos coloquemos en camino, exige que salgamos de nosotras y como María y José caminemos hasta la Galilea de nuestros corazones en busca del mejor lugar para renacer junto a Jesús. Porque Jesús está vivo y viene a nosotros.
Como María tenemos muchos miedos, inquietudes y temores, pero inspiradas por su ejemplo, decimos nuestro sí cada día. María al aceptar ser madre renunció a todo lo que había planeado para cumplir la voluntad de Dios en sí. A pesar de no estar en los planes de María ser la elegida de Dios para ser madre de Jesús, ella aceptó. Como María entregamos nuestra vida en las manos de Dios.
San José nos inspira a acoger el proyecto que Dios tiene para nosotros a pesar de las dificultades y desafíos. Para San José no fue fácil comprender que María estaba embarazada del hijo de Dios. Hasta pensó en dejarla secretamente pero cuando el ángel le habló él se entregó completamente.
La familia de Nazaret nos enseña a vivir en comunidad. María y José, como comunidad, supieron vivir la encarnación de Dios en sus vidas. No es fácil seguir la voluntad de Dios en comunidad pero ellos comprendieron que cuando Dios nos llama, tocando nuestro corazón, nuestra vida nunca más será la misma. Nuestro sí abre puertas a muchas otras maravillas, no sólo en nuestras vidas sino también en las vidas de otras personas. Ellos encontraban en la oración el coraje que necesitaban para llevar la misión de forma alegre y confiada. En los momentos de oración abrimos las puertas de nuestro corazón y de nuestra casa para que Dios venga y diariamente nos diga cuál es el camino a seguir. La oración es la base de la comunidad y es a través de ella que consagramos todas nuestras vidas al Señor.
“Vivamos esta Navidad, recordemos que tal como dice José Tolentino Mendonça “el pesebre somos nosotros, es dentro de nosotros que Jesús nace”. Preparemos nuestro corazón y nuestras vidas para ser la casa donde Jesús se prepara para renacer.

Paula y Neuza. LMC en Perú.

Sequedad espiritual

espiritualidadAgradezco sinceramente a nuestros colegas que consistentemente nos traen palabras de aliento para iluminarnos espiritualmente a través de sus propias experiencias misioneras de las cuales estamos aprendiendo mucho de lo que comparten con nosotros aquí en nuestro blog.

Humildemente me gustaría compartir mi propia experiencia en espiritualidad, en mi viaje tratando de encontrar dónde está nuestro Señor, aunque no lo he encontrado cara a cara, pero sé con fe que él está conmigo y todos nosotros haciendo el trabajo que hacemos. Sin Dios no habríamos llegado donde estamos por la intercesión de nuestro amado fundador, San Daniel Comboni, cuyos pasos tratamos de seguir, lo cual es como moverse entre un arbusto lleno de espinas.

Comparto con vosotros notas de algunos retiros y talleres a los que asistí y rezo humildemente para que quienes lo lean puedan encontrar algo que compartir con las personas con las que trabajamos y servimos en nuestra vida misionera.

Podrá ser beneficioso a nivel particular o ayudar o facilitar algunas conversaciones con los feligreses o los jóvenes con quienes trabajamos y con quienes estamos. Esta no es un texto perfecto, pero puede ayudar a pensar más para descubrir la voluntad de Dios en ti y en mí.

Se dice que la sequedad espiritual es un estado de angustia, desesperanza, insatisfacción o desanimo en nuestra vida y deberes espirituales.

Esto puede ocurrirle a cualquiera. Descubrimos que al participar activamente en la vida de oración, descubrimos que de alguna manera nos resistimos a ir a orar por la mañana o decirlo personalmente, al leer libros espirituales, las oraciones de la comunidad se convierten en una carga muy grande. Y no encontramos ninguna razón para lo que enfrentamos. Y no encontramos ninguna razón que pueda explicar nuestro estado. San Pablo lo llama espinas en su carne y no importa cuánto tiempo llevemos en este camino que es nuestra vocación misionera, estos momentos seguramente vendrán, como el día y noche, ya que dicen que no importa cuán larga o corta sea una noche, el día seguro que vendrá.

Veamos algunas causas, aunque no exclusivas, de sequedad espiritual

  1. El pecado que rechazamos admitir o descubrir, esto puede ser consciente o inconscientemente en nuestra vida. Si no tenemos suficiente tiempo para meditar en nuestra vida y servicios, será muy difícil descubrir los pecados que cometimos pero que no nos vienen a la mente en el momento de la confesión. Un gran pensador dijo que una vida sin reflexión diaria no vale la pena vivirla. Mateo 13:12 nos dice en tales momentos que siempre debemos aspirar a más de lo que necesitamos de Dios para que Dios nos bendiga incluso más con sus dones de gracia. Mientras más meditemos en nuestra vida y tratemos de descubrir nuestros errores, y entreguemos todo para hacer la voluntad de Dios, más nos mostrará las áreas de nuestras vidas en las que necesitamos ser liberados.
  2. Sobrealimentación y exceso de esfuerzo para algunas personas. Esto ocurre especialmente durante retiros de grupos o individuales, campamentos bíblicos donde aprendemos sobre la Biblia y aprendemos cómo vivirla en nuestras vidas, festividades eclesiásticas como la Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecostés en las cuales siempre nos preparamos para obtener lo mejor en todo lo que queremos. Después de esos momentos especiales, nuestros Padres Espirituales siempre nos alientan a prepararnos para esta sequedad espiritual que puede hacer que nos alejemos de nuestro enfoque principal en Jesús y nuestra amada Madre María.
  3. Cuando hemos sido bendecidos con la palabra de Dios por lo que leemos o puede ser cuando encontramos que nuestras peticiones de oración han sido respondidas. Estamos en un momento muy bueno de nuestra vida con la familia y el resto de la gente que nos rodea. En nuestras parroquias, donde hacemos nuestro trabajo misionero, tenemos una vida laboral excelente, sin desafíos y otros asociados o en el equipo de trabajo con los que trabajamos. Si no rezamos constantemente por la guía de Dios y le pedimos que nos deje prepararnos para lo peor en nuestra vida espiritual, podemos encontrarnos fácilmente cayendo en un estado de vacio y desesperación.
  4. Si tomamos una cantidad ilimitada de comida espiritual, por ejemplo, personas que pertenecen a más de 3 grupos de estudios bíblicos semanales, el grupo de oración puede sufrir. Personalmente, con nuestras asignaciones misioneras, donde somos dos o incluso uno, puede ser muy difícil tener un constante alimento espiritual y podemos ponernos a nosotros mismos en una época de mucho alimento espiritual una después nos puede llevar un tiempo muy largo para tener un alimento similar y así podemos ser objeto fácil de sequedad espiritual.
  5. La excesiva y desequilibrada alimentación espiritual puede dañar nuestra vida espiritual y nuestra sequedad espiritual, por lo que se nos aconseja que tomemos lo que corresponda, pero buscamos constantemente obtener más, ya que dicen que necesitamos estar sedientos de más y más en nuestra vida para descubrir al Señor.
  6. Ignorar nuestro cuerpo, así como la alegría, afecta el corazón y la carne. Debemos ser conscientes de nuestra salud. Estar trabajando como servicio o para un ingreso para la familia es necesario, pero necesitamos saber cuándo estamos cansados ​​y cuándo podemos hacer más. Llega a ser un desafío cuando tenemos que cumplir con plazos en lo que hacemos y nos puede llevar a un trabajo extenuante, privando así a nuestro cuerpo de descanso, un cuerpo cansado no puede concentrarse en la oración. Es por eso que Jesús en su misión, cuando hacía obras importantes, realizaba milagros, les decía a sus apóstoles que buscaran un lugar para descansar, entraba solo en un estado de oración y contemplación cuando se preparaba para una tarea difícil. Creo firmemente que si le damos descanso a nuestros cuerpos y damos un tiempo para disfrutar de la naturaleza que Dios nos ha dado para ayudarnos como flores, árboles, agua, animales y el resto para que vivamos mejor, nuestro viaje espiritual será más fácil. El Salmo 84: 2 nos descubre cómo tener sed de la Palabra de Dios y estar en su presencia y en su templo. Nunca podremos tener este anhelo cuando nuestro cuerpo y nuestra mente estén muy cansados.
  7. Una mente enferma puede ser la causa de un cuerpo enfermo. Somos personas diferentes que crecimos con diferentes orígenes familiares y, por lo tanto, cuando llegamos a vivir juntos en comunidad, los conflictos inevitablemente surgen. Si decidimos no prestar atención a los puntos de vista divergentes y pretendemos tolerarlos y vivir con ellos, esto afectará nuestra mente, que nunca encontrará fácil concentrarse en las oraciones. Uno de los escritores espirituales dijo que Jesús nos aconseja aprender a vivir con Judas en nuestra vida porque sabía que Judas Iscariote iba a traicionarlo, pero lo toleró y vivió con él durante tres años. Podemos decir que no somos Jesús, el divino, para tolerar a los Judas, pero San Daniel Comboni también tuvo algo semejante cuando se le presentaron algunas acusaciones; como que no rezaba, que no usaba el dinero para los fines que se suponía que era, y así sucesivamente. Parece que él personalmente no encontraba demasiada paz mental con los clérigos con los que estaba, y no es de extrañar por qué murió rodeado de algunos laicos, que estaban al lado de su cama en ese momento. Por ello creo que los conflictos son buenos, pero si no podemos resolverlos amistosamente como seguidores de Jesús, esto afectará la vida de oración y, por lo tanto, hará inevitable la sequedad espiritual en nuestra vida. Jesús saca esto muy bien en la enseñanza sobre el divorcio, Mateo 19: 1-9. Siempre habrá personas que nos contradigan en nuestro trabajo y en lo que enseñamos, pero recordar cómo él las manejó, es la solución para vivir con personas que siempre están creando controversia en nuestro trabajo misionero, en nuestras comunidades o donde trabajamos.
  8. Pérdida de equilibrio. Nuestra conversión para seguir a Jesucristo no nos exime de observar el orden de la creación del que somos parte. Tenemos amigos que necesitamos conocer, tenemos que atender nuestros deseos corporales naturales de intimidad con un espíritu de castidad en la vida religiosa o matrimonial y tenemos que reconocer que somos débiles y no siempre hacemos bien las cosas, y debemos rendirle estos sentimientos a Jesús para trabajarlos. Tenemos nuestras familias que necesitan nuestra compañía. Necesitamos tener momentos de recreación, como San Francisco de Sales puso en su libro Tratado sobre el amor de Dios y la Vida devota, que lo que nuestro cuerpo demanda, tenemos que hacerlo, incluso si eso significa ir a bailar, de fiesta, pero tiene que hacerse de manera que si Jesús viene a ti allí mismo, pueda juzgarte correctamente. El Rey Salomón nos dice que aprendamos a regular nuestro cuerpo de acuerdo con la razón.

La falta de equilibrio entre el trabajo y el descanso a largo plazo conduce a la sequedad espiritual como se explica en Génesis 2: 2-3, donde Dios descansó después de trabajar. Dios, en su naturaleza divina hizo esto, nosotros mortales que somos víctimas del pecado todas las veces de nuestra vida en este mundo de pecado. Muchos pecados que cometemos creo que suceden así, cuando estamos cansados ​​y exhaustos por todo lo que hacemos y estamos tan irritados que solo decimos cualquier cosa que se nos ocurre, sin reflexionar, sobre lo que vamos a decir o lo que acabamos de decir, tendemos a pasar nuestros juicios emocionalmente (irracionalmente) en lugar de racionalmente, algo de lo que podemos arrepentirnos más adelante.

Lecciones para aprender de la sequedad espiritual

Por tanto, la sequedad espiritual no debe tomarse como una calamidad. En Juan 11: 4 Jesús dijo que la muerte de Lázaro era para mostrar la gloria de Dios. Personalmente he pasado por momentos difíciles de desafíos en mi vida, pero más tarde le agradecería a Dios que hubiera sido así, me han acercado tanto a él. Por tanto:

  • A través de la sequedad espiritual, podemos crecer en nuestro camino espiritual, tendemos a descansar todo en Dios y decir con nuestra amada Madre María: Señor, deja que se haga tu voluntad y no la mía, si ha venido de ti, hazme lo suficientemente fuerte como para pasar por esto, pero no me lo quites. San Agustín dijo “el que te creó sin ti no te salvará sin ti”, por lo que debemos estar plenamente presentes para superar nuestra sequedad espiritual con la oración y el ayuno.
  • Las personas que están muy cerca de Dios experimentan lo mismo que nuestro Señor Jesús cuando lloró en el jardín de Getsemaní antes de entregarse para ser torturado y asesinado. Sus palabras, Padre, haz que pase de mí, pero hágase según tu voluntad… Cuando fue azotado, dijo hermosamente, mi corazón está listo o Dios, mi corazón está listo… Y estas son las palabras donde podemos aprender en nuestros momentos más desafiantes en nuestra vida, Moisés y Elia también experimentaron sequedad espiritual y cuando leemos acerca de ellos, encontramos que fueron humildes para dejar que la voluntad de Dios se hiciera presente en sus vidas a través de los momentos difíciles que estaban pasando, siempre podemos preguntarnos con qué frecuencia permitimos que la voluntad de Dios se cumpla en nuestras vidas, en lugar de defender nuestro orgullo para explicar por qué la otra persona está equivocada y yo soy el único correcto. Jesús no defendió su realeza celestial cuando Pilato le preguntó… ¿eres tú el rey? Dijo que fue él quien lo dijo… ¿por qué entonces nos es tan difícil aceptar que estamos equivocados y encontrar todas las razones posibles para defender nuestras acciones? La respuesta podría obtenerse simplemente del libro de Herbert Cardinal Vaughan, Humility of Heart, que es nuestro orgullo de que somos mejores que los otros nuestro egocentrismo en todas nuestras acciones. Santo Tomás dijo que la humildad adquirida es, en cierto sentido, el mayor bien. De Job 4: 2 aprendemos que Dios nos envía algunos momentos de sequedad para demostrar nuestro valor como sus fieles seguidores. Salmos 22:15 nos dice que el camino seguido por el mal siempre es amplio, sin desafíos y es sencillo en comparación con el camino que conduce a la felicidad eterna que está lleno de espinas y agujeros sobre los que caminar. Jesús dijo que quien quiera ser su discípulo debe tomar su cruz y seguirlo. Para mí, esta no es la cruz de madera o metálica que llevamos al cuello, sino los desafíos que enfrentamos en nuestra vida cotidiana mientras nos enfocamos en él pero nos mantenemos en contacto con la realidad en la que vivimos.
  • Después de cada montaña, hay un valle y este es el viaje a la eternidad y es como ver un tren o un camión completamente cargado subir una montaña con mucho humo y a una velocidad muy lenta y el conductor mantiene su velocidad porque sabe que llegar a un descanso donde todo estará bien y cuando llegue a otra montaña se prepara para eso. Este debería ser nuestro viaje, en nuestro trabajo, siempre para estar preparados para las montañas y las cruces de nuestra vida.
  • No se desesperen cuando llegue la sequedad espiritual, sus bendiciones están cerca, solo si persisten y no abandonan su enfoque en el Señor Jesús y viven en un espíritu de humildad sabiendo que todo es de Dios para hacer que lo conozcan mejor. Daniel y sus amigos prefirieron ser quemados en el corazón del fuego, no le pidieron a Dios que los salvase de las llamas, sino que dijeron que se hiciese la voluntad de Dios. Al final triunfaron en esto con Dios enviando a su Ángel para salvarlos.

¿Cómo superar la sequedad espiritual?

  • Trata de vivir una vida llena de perdón y tolerancia sin importar lo difícil que parezca ser y lo inocente que seas en todos los desafíos que estás atravesando. Nuestro Señor Jesús dijo… Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo… las mismas palabras que Santa María Goretti le dijo a su asesino, que Dios podría perdonarlo, pero que debería convertirse y aprender a hacer el bien… una verdadera intervención divina perdonar como seres humanos. Podemos decir que te perdono pero no lo olvidaré. Por tanto, el perdón requiere tiempo y esfuerzo mediante la oración. Etty Huillesum dijo “dentro de mí hay una primavera muy profunda y esta primavera es Dios. A veces la logro ver pero más a menudo está cubierta de piedras y arena, en ese momento Dios está enterrado, debe ser desenterrado nuevamente “y esto se hace solo cuando oramos y aprendemos a perdonar.
  • Confesión y seguridad renovada de perdón, esto viene con la necesidad de tener acompañante Espiritual que pueda guiarnos en todos estos desafíos que atravesamos y siempre nos toma de la mano en un viaje lleno de espinas y agujeros. Quienquiera que tengamos como nuestro acompañante espiritual es también un ser humano destinado a equivocarse, y cuando somos testigos de esto, no le inhabilita en su papel de ser nuestro acompañante espiritual a quien siempre podemos correr en caso de que estemos en un caos de sequedad espiritual.
  • Haga un examen diario de conciencia y descubra sus imperfecciones. Confiesa a Jesús los pecados que cometes cada día, elimina tu amor propio y conviértete en un niño pequeño como dice Jesús. Se humilde en tu relación con Dios y tu prójimo. Siempre pregúntate qué hiciste hoy, cómo lo hiciste, qué has omitido hacer. Siempre insiste en el acompañamiento espiritual. Los grandes escritores espirituales nos dieron dos cosas: dos cosas de las que nunca debemos quejarnos, ropa o comida, dos oraciones que deberíamos repetir con frecuencia, Dios mío, no me dejes ser curioso ni comunicativo y dos acciones para las cuales debemos estar siempre listos para tener Sagrada Comunión todo el tiempo y morir. Hagamos un esfuerzo para leer el excelente libro escrito por San Alfonso María de Liguori Preparación para la Muerte o cualquier otro autor y nos enseña cómo vivir una vida realmente comprometida para ir al cielo, ya que podemos morir en cualquier momento en cualquier lugar. Cuando llega la muerte, ¿estaremos preparados o no?, ¿cómo nos encontrará a ti y a mí?
  • Necesitamos vivir una vida de responsabilidad y disciplina en la vida privada y pública en todo momento y en todos los lugares a los que vayamos. Siempre debemos preguntarnos qué es lo que Jesús quiere que hagamos. Los escritores espirituales nos dicen que vivamos cada día como viene, tomando decisiones que deben hacerse todos los días, no de por vida, porque podemos controlar lo que hacemos en la actualidad, no en el futuro, lo que no estamos seguros de si debemos alcanzarlo o si ayer se fue lo dejamos a merced de Dios. Por tanto, todos los días necesitamos vivir mejor, ya que dicen que se logra la perfección en el presente, cuando estás haciendo todo lo que puedes.
  • Dependemos demasiado de sermones de segunda mano; aprender de los demás es muy bueno, pero no suficiente para nuestro crecimiento espiritual constante. Necesitamos extraer información de primera mano sobre la comida espiritual a través de estudios personales, leer libros espirituales, asistir a retiros personales y grupales, hacer de cada encuentro un momento de oración y aprender a apreciar a Jesús por todas las maravillas que hace en nosotros.
  • Todas las cruces y adversidades solo servirán para fortalecer el espíritu de los miembros que son fieles a esta santa tarea y decididos a poner la misión en el camino de la prosperidad segura, porque las obras de Dios siempre han estado al pie del Calvario y deben pasar, ​​como Jesucristo pasó, por el proceso de la pasión y la muerte para alcanzar la Resurrección. (Mensaje de San Daniel Comboni MDC 238) y Habiendo sido hechos partícipes de la pasión de Jesucristo, tenemos un mayor deseo que nunca de sacrificar nuestra vida por Cristo y por su misión (mensaje de San Daniel Comboni MDC 69). Con estas hermosas palabras de nuestro fundador, aprendamos a descubrir a Jesús en toda la sequedad espiritual que siempre obtendremos y preparémonos para cumplir nuestra parte en el sacrificio por el reino de Dios por el cual nos esforzamos en hacer nuestra parte.

Los asuntos de espiritualidad nunca se termina de tratar y nunca se entienden fácilmente, pero espero que con estas pocas pistas, nos pueda llevar a leer más y buscar más en diferentes fuentes sobre cómo podemos hacer todo esto en nuestra vida. Con nuestro trabajo, a veces no tenemos suficiente tiempo para orar, pero aprender a orar en el lugar donde trabajamos, comunicarnos con Dios en nuestro trabajo puede ayudarnos a orar.

Los desacuerdos están siempre presentes y cuando llegan, dejémonos que nos conduzcan a orar más, a través de la intercesión de nuestra Amada Madre María, San Daniel Comboni y nuestros santos patronos.

Con estas pocas palabras, mantengamos la vela encendida en nuestras palabras y hechos mientras le pedimos a Dios que esté con nosotros todo el tiempo de nuestras vidas. Y, pidiéndole al Señor que nos haga vivir una vida misionera laical comprometida con amor y dedicación al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, luchar por algo que valga la pena y vivir como familia comboniana para alcanzar a todos, en palabras y acciones, mientras vivimos en paz y armonía. San Julián de Norwich dijo que el mayor honor que le podemos dar a Dios Todopoderoso es vivir con gusto gracias al conocimiento de su Amor. El Amor es el significado de nuestro Señor y tenemos que hacer todo por amor, Dios nos creó, Dios nos guarda y por lo tanto debemos recurrir a él todo el tiempo de nuestra vida.

A Dios sea la gloria.

Ezati Eric

Laico Misionero Comboniano. Uganda

 

Maravillosa historia de salvación

Un comentario a Lc 2, 1-14 (Nochebuena, 24 de diciembre del 2017)

Quiero contarle una historia que ya han escuchado muchas veces, pero permitan que se la cuente de nuevo a mi manera.
Sucedió hace algo más de dos mil años, cuando en la ciudad de Roma, capital del mundo globalizado de aquella época, mandaba un poderoso Emperador, que tenía a su disposición una imponente fuerza militar y extraordinarias estructuras de comunicación que le permitían gobernar con mano de hierro su vasto imperio.
Mientras en aquella fabulosa ciudad, rica y desarrollada, se celebraban las fiestas del solsticio de invierno, en Jerusalén, en la periferia del Imperio, existía una pequeña comunidad de “pobres de Yahvé” –gente sencilla que esperaba un mundo mejor y confiaba en Dios- , que se reunían en la casa de uno de ellos.
Aquel “pequeño rebaño” se reunía en la noche para hacer memoria de lo que habían vivido como amigos y discípulos de un tal Jesús de Nazaret, que les había hecho saborear el poder y la misericordia de Dios al que llamaba “abbá”, los había convertido en una comunidad de hermanos y hermanas y los había hecho soñar con un mundo de hermanos, justo y lleno de amor y de paz.
Ayudados por los textos de la Biblia judía, aquellos primeros discípulos fueron comprendiendo que Jesús, cuya grandeza era evidente para ellos, no se asemejaba en nada a sus reyes ni menos al Emperador, que soñaba con dominar el mundo e imponer su “paz universal” como fruto de su potencia militar, económica, jurídica y política. De hecho, pocos años antes del nacimiento de Jesús, en Roma se había construido el “ara pacis augustae”, un altar a la paz augusta, que todavía hoy se puede visitar. Pero la paz romana, de la que el censo universal era un elemento, significaba para los pobres de la periferia una explotación y sufrimiento enormes, como lo experimentaban los campesinos da Galilea.
Por el contrario, los discípulos-hermanos de Jesús habían comprendido que le verdadera esperanza para el mundo, el verdadero “rey”, capaz de iluminar las tinieblas, la noche de la corrupción y la prepotencia, era el que había nacido de María humildemente, no en Roma ni en Jerusalén, sino en Belén, en un refugio para animales. Las palabras de Isaías – “El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una gran luz… porque un niño nos ha nacido, se nos ha dado un hijo”- se habían cumplido en Jesús de Nazaret, el hijo de María y de José.
Esta noticia parece imposible, absurda, increíble. Y, sin embargo, los discípulos la habían experimentado como verdadera y, pobres como los pastores de Belén, cantaban toda la noche, sintiéndose los más afortunados de todos los seres humanos. Por eso, como los ángeles, repetían: “Gloria a Dios en lo alto de los cielos y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”. Y ellos se sentían, no sólo beneficiarios sino también protagonistas de este gran proyecto de Dios para la humanidad, un proyecto de paz
Lucas, como Mateo, con una brillante capacidad literaria, al servicio de una gran experiencia de fe, ha recogido las meditaciones y reflexiones de aquellas primeras comunidades de Jerusalén, Samaría, Galilea, Siria y otras, y nos ha dejado este precioso relato llamado “evangelio de la infancia”, que es como un prólogo que explica, de manera extraordinariamente bella y eficaz, la maravillosa historia de la salvación que tomaba carne en Jesús, Mesías, Cristo, Hijo de Dios y de María
En esta noche santa, también nosotros, reunidos en la fe, leemos estos textos de Lucas con el corazón abierto para comprender el misterio de Dios que se ha revelado en Jesús de Nazaret y se hace presente para nosotros hoy en medio a las tinieblas y sueños de nuestro tiempo.
P. Antonio Villarino
Bogotá

Juan: Saber reconocer a Dios en la historia

Un comentario a Jn 1, 6-8,19.28 (III Domingo de adviento, 17 de diciembre del 2017)

La liturgia nos presenta hoy de manera contundente el testimonio de Juan (el Bautista), tal como lo presenta el evangelista Juan en su primer capítulo. El evangelista introduce en el contexto del grandioso prólogo-himno de inicio sobre el “Logos-Palabra” que “estaba junto a Dios”, la figura carismática de un Juan muy humano, casi como un modo de conectar la eternidad con la historia concreta del pueblo de Israel.

Juan (el Bautista) apareció en el momento de confusión y desorientación que vivía su pueblo como un vigía, como un profeta que llamaba a reconocer la realidad y a reaccionar buscando un cambio radical, aunque reconociendo su incapacidad para producir dicho cambio.

Él “no era la luz, sino testigo de la luz”. No era el Mesías, tampoco era el profeta esperado. Era

                “La voz del que clama en el desierto:

                Allanen el camino del Señor”.

Desde su retiro en las orillas del Jordán, desde su deseo profundo de que se produjese un cambio radical en la vida de su pueblo, desde su absoluta humildad, desde la confianza de que Dios no abandonaría a su pueblo, el Bautista mantenía las “antenas” de su espíritu abiertas y alerta para descubrir los signos de Dios en la historia. Por eso, cuando oyó hablar de Jesús de Nazaret, reconoció en él al Mesías, al que bautizaría en espíritu y verdad, al “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

El reconocimiento del Bautista llevaría a otros a seguir las huellas de Jesús y sembrar las semillas de un nuevo pueblo de Dios, un pueblo guiado por la Palabra eterna del Padre que se hizo persona concreta en Jesús de Nazaret.

Al contemplar la figura profética y lúcida de Juan el Bautista, también nosotros tratamos de comprender de qué manera Dios se nos hace presente hoy entre nosotros en su Palabra eterna hecha temporal, concreta, personalizada en la Palabra escuchada cada domingo en la Eucaristía. En eso consiste precisamente la Navidad: en que acojamos la Palabra eterna en la precaria historia concreta de nuestra vida temporal.

P, Antonio Villarino

Bogotá