Laicos Misioneros Combonianos

¿Cuál es la piedra angular de mi vida?

Un comentario a Mt 21, 33-43 (XVII Domingo ordinario, 8 de octubre de 2017)

No sé si han visto la película que sobre el evangelio de Mateo hizo el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini hace ya algunas de´cadas. En aquella película, que recuerdo haberla visto en mi juventud, me impresionó la imagen de Jesús que el famoso director de cine presentaba: un Jesús profeta, austero y serio, que denunciaba la falsa religión y se compadecía de los enfermos y los pobres. Era una imagen muy diferente de la que presentan algunas estatuas y cuadros que adornan nuestros templos o casas, imágenes heredadas de siglos anteriores, en las que se pinta a Jesús con la cara torcida y los ojos lánguidos, como sin nervio ni energía para combatir el mal y luchar por el bien. Me parece que Pasolini estaba más cerca del Jesús real que las imágenes a las que estamos acostumbrados.

Ciertamente, Jesús se distinguía por su bondad, por su cercanía a los niños, por su atención a los enfermos, por su misericordia infinita… Pero los evangelios nos muestran también a un Jesús que no esquivaba el conflicto, cuando era necesario, sobre todo, cuando llegó a Jerusalén y tuvo que enfrentarse a una clase dirigente que vivía una religiosidad hipócrita, oprimía al pueblo sencillo y no quería escuchar el llamado a la conversión y al cambio profundo.

En ese contexto se sitúa la parábola de los “labradores homicidas” que leemos hoy, una parábola fuerte que pone al desnudo la realidad de aquellos que decretaron la muerte de Jesús, desechándolo como si fuese una persona inútil y hasta contraproducente. Jesús les avisa que los desechados serán ellos, que se quedarán fuera del Reino de los cielos, mientras otros sabrán aprovechar la oportunidad. La clave de esta parábola está en el salmo que cita:

“La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra angular; esto es obra del Señor y es realmente admirable” (Sal 118, 22)

Con esta cita Jesús, tal como lo recuerda Mateo, denuncia a los que le van a matar y avisa de que él se convertirá en la piedra angular de un nuevo edificio, el origen de un nuevo pueblo de Dios, un pueblo que dé frutos de justicia y de paz, de sinceridad y de humildad, de fidelidad a Dios y de fraternidad entre todos. Atrás queda el pueblo de los que se creían dueños del mundo, con derecho a abusar de todo y de todos.

También hoy muchos rechazan a Jesús y desprecian a la comunidad de sus discípulos, porque ellos se sienten los dueños de todo y no tienen que rendir cuentas a nadie. Por el contrario, los humildes y los sencillos, los “pobres de Yahvé”, escuchan la palabra de Jesús, la ponen en práctica y forman comunidades del Reino, que son la semilla de una humanidad nueva y renovada.

Al leer este texto, nosotros nos preguntamos: ¿De qué lado me pongo yo? Yo procuro ponerme del lado de Jesús, sabiendo que su mensaje y su presencia son la piedra angular sobre la que construir una vida que dé frutos de amor y verdad, de justicia y fraternidad, frutos de quien se reconoce hijo y no dueño. ¿Cuál es la piedra angular de mi vida: el dinero, el orgullo, las apariencias o el seguimiento de Jesús?

P. A ntonio Villarino
Bogotá

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