Espiritualidad

¿Cómo encontrar a Jesús?

Un comentario a Jn 1, 35-42; (II Domingo del Tiempo Ordinario; 14 de enero 2017)

Después de su famoso prólogo, Juan introduce una serie de testigos que encuentran a Jesús: Juan el Bautista, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael. Hoy el texto nos habla de los tres primeros: Juan, Andrés y Pedro. Su testimonio nos sirve para ilustrar el proceso por el que las personas se encuentran con Jesús como Maestro de sus vidas. Yo quisiera resaltar los siguientes elementos:

• Se parte de una búsqueda. Andrés y Simón (como Natanael y Felipe) eran probablemente discípulos del Bautista, que se distinguía por su austeridad y por proclamar la necesidad de un gran cambio (conversión) en la vida del pueblo, con la esperanza de ver al Mesías. Juan y sus discípulos no estaban conformes con el mundo tal como estaba y levantaban los ojos al cielo en busca de una respuesta a su oración, a su inquietud y a su esperanza. De hecho, Jesús les pregunta: ¿Qué buscan? Esa pregunta se le hace a quien busca algo. Al que está satisfecho, al que no busca nada, es inútil proponerle algo. Si uno no está en búsqueda, nunca encontrará a Jesús.

• El Espíritu Santo inicia el movimiento de respuesta, haciéndole comprender a Juan quien era Jesús y que en Él estaba la respuesta a sus inquietudes. Como en cualquier encuentro de amor, no basta con buscar; es necesario estar abierto a lo inesperado, tener el corazón disponible, aceptar el regalo de un encuentro, que no depende totalmente de nosotros mismos, sino que nos supera.

• La acción del Espíritu actúa en, desde y con el testimonio de otras personas cercanas por lazos familiares, trabajo o sintonía espiritual y humana: El Bautista orienta a Andrés y a otro discípulos; Andrés a Simón; en el mismo pueblo se encuentra Felipe; éste transmite la experiencia a Natanael… Se establece una onda expansiva de testimonios, que afecta a un número cada vez más grande de personas.

• La Escritura (la lectura asidua de la Biblia) actúa como trasfondo de esperanzas, referencias y criterios. La lectura regular de la Biblia es como “el caldo de cultivo”, la atmósfera en la que el encuentro se produce.

• Hay un tiempo de convivencia y diálogo con el mismo Jesús, que probablemente se refiere, no tanto a un encuentro fugaz, como a todos los meses pasados con Él, caminando por los pueblos de Palestina y escuchando los mensajes, participando en sus acciones y luchas, contagiándose del amor que Él tenía por el Padre y por su Reino. Cuando uno se involucra en las causas de un amigo termina aumentando la amistad. Lo mismo sucede con Jesús.
Ojalá este año litúrgico que estamos comenzando sea una buena oportunidad para incrementar nuestra amistad con Jesús.
P. Antonio Villarino
Bogotá

Encuentro de Navidad: de la familia de Nazaret a la Familia LMC

LMC PortugalEn los pasados ​​días 16 y 17 de diciembre tuvo lugar, en Viseu, en casa de los Misioneros Combonianos el encuentro de Navidad de los LMC. El tema fue “De la familia de Nazaret a la familia LMC”. Participaron varios Laicos Misioneros Combonianos, así como los formandos. Un encuentro que quedó marcado por la alegría y el clima de ser familia: familia comboniana; y familia LMC. Una familia unida alrededor del mismo ideal -que es Cristo- y del mismo carisma comboniano.
Durante la mañana del sábado la LMC Sandra Fagundes hizo una presentación sobre San Daniel Comboni y el movimiento. A continuación, hicimos un juego en el que tuvimos la oportunidad de ir descubriendo más sobre la Familia Comboniana, sobre el sentido de la Navidad, sobre la Navidad en misión,… a medida que íbamos reflexionando y rezando sobre los diversos puntos de reflexión. Una experiencia de diálogo, de compartir, que nos ha enriquecido y nos ha hecho presentes en la oración varias realidades distantes a nuestros ojos y toda la familia comboniana.
La tarde nos trajo otra sorpresa: tuvimos la oportunidad de, en varios grupos, estar y conversar con los Misioneros Combonianos más ancianos que viven en la casa de Viseu sobre la Navidad en la misión, sobre su rico testimonio de vida; con las Hermanas Misioneras Combonianas, en su casa sobre lo que las marcó más en los varias Navidades vividas en misión; y en casa de la familia de la LMC Marisa Almeida, conversando, conviviendo, estando unidos a una familia que es también parte de la familia LMC, pues con ella comparte y vive la dedicación y el cariño por la misión. Una tarde de unión, de hacer encuentro y compartir unos con otros y con otros miembros de la familia comboniana. Una tarde en que fuimos interpelados y desafiados por muchos testimonios de vidas llenas, totalmente entregadas a la misión.

LMC PortugalDespués de la oración de la tarde y la cena, tuvimos un momento de convivencia en el que, una vez más, se compartieron muchas alegrías, sonrisas, bromas y música (donde el padre Feliz nos deleitó con su acordeón). ¡Hemos tenido incluso intercambio de regalos! Una vez más, un momento de unión, durante esta convivencia alegre y genuina, de la familia LMC y con la familia comboniana.

El domingo, la LMC Susana Vilas Boas presentó el tema “de la familia de Nazaret a la familia LMC”, con un momento de reflexión y compartir al final. De la mañana, me queda la idea de camino: la familia LMC hace una caminata, como decía Comboni, con los ojos fijos en Cristo – sólo así esta caminata tiene sentido, para seguir el ejemplo de la familia de Nazaret: la unión de María y José, su servicio humilde a Jesús, su voluntad de cumplir la voluntad de Dios y la entrega total a su voluntad deben ser ejemplo para la familia LMC, para que pueda cumplir el sueño que Dios tiene para ella, hacer un camino de continuo crecimiento siempre con el propósito de servir a la misión al estilo de San Daniel Comboni.

Terminamos el encuentro de Navidad con la Eucaristía, presidida por el padre Francisco Medeiros y con la alegría de tener a los padres y familiares de la LMC Neuza Francisco presentes en el almuerzo de familia.
Sería precisamente esa la palabra que escogía para resumir el encuentro de Navidad de los LMC: familia. En la oración, en el compartir, en la convivencia, en la escucha, este encuentro ha despertado en cada uno de nosotros una noción de pertenencia a algo mayor que nosotros mismos, una familia espiritual que nos acoge y nos desafía a ser más, a hacer y vivir la misión a la manera de Comboni, con los ojos fijos en Cristo, apasionados por Él y por las personas.
LMC Portugal
Filipe Oliveira

La estrella: “Lo signos de Dios

Un comentario a Mt 2, 1-12 y Mt 3, 13-17 (Epifanía, 7 de enero del 2017)

La Navidad concluye con la Epifanía, que significa “manifestación”. En algunos países, la Epifanía coincide con la fiesta de los “Reyes magos” (6 de enero) y el domingo próximo se celebra el Bautismo del Señor; en otros lugares, la fiesta de los “Reyes Magos” pasa al domingo, desplazando la del Bautismo al día siguiente. En este comentario me refiero a los dos textos evangélicos, destacando algunas consideraciones:

Los sabios de Oriente
Los sabios de Oriente (“reyes magos”) observaban la naturaleza y en ella descubrieron una estrella, algo que para ellos fue un signo de la nueva presencia de Dios en el mundo.
De hecho, la naturaleza es el primer libro que los seres humanos tenemos para entendernos a nosotros mismos y nuestra relación con los demás y con Dios. El mundo técnico y urbano, llevado por una prepotencia exagerada, quiso alejarse durante un tiempo de esta naturaleza, lo que está trayendo bastantes problemas a la humanidad. Ahora ha vuelto un cierto respeto a la naturaleza. Ojalá eso nos ayude a integrarnos mejor con la naturaleza y en esa integración encontrar a Dios, como fuente de vida, de armonía, de luz y de paz.

Juan Bautista
Por otra parte, Juan, iniciador de un gran movimiento de cambio radical, manifestado en el bautismo, supo percibir en la masa de “convertidos” la presencia de Uno, una persona especial sobre la que se abría el cielo, es decir, que tenía una relación especial con Dios del que era el “hijo amado”. A nosotros se nos invita a identificarnos con este Jesús de Nazaret y con él sabernos hijos amados, perdonados y renovados. No se trata tanto de que seamos moralmente perfectos cuanto de que tomemos conciencia de ser hijos amados. No cambiamos para amar, cambiamos porque somos amados.

Herodes y los adormecidos
Frente a los sabios de Oriente y al profeta del Jordán, nos encontramos con las personas endurecidas, que se encierran en sus privilegios y son incapaces de comprender los caminos de Dios en su tiempo. Herodes no era capaz de percibir los signos de Dios, porque estaba cegado por sus intereses políticos. Lo único que le interesaba era conservar su poder y todo lo demás, no sólo no existía, sino que “no podía existir”. Cualquier amenaza contra su poder debería desparecer por las buenas o por las malas. Lo que no sabía Herodes es que, a pesar de su poder, el amor de Dios terminaría por triunfar. Los seguidores de Jesús sabemos que el mal existe, pero el Bien de Dios termina triunfando.

Junto a Herodes había también los “expertos” (sacerdotes y escribas) que conocían las tradiciones y la sabiduría acumulada en las Escrituras, pero esos conocimientos no le servían para “ver” el paso de Dios por sus vidas. Se miraban demasiado a su propio ombligo, estaban demasiado pagados de sí mismos. “No el mucho saber aprovecha, sino el mucho amar”, dijo San Ignacio.

La Epifanía es un buen momento para mirar alrededor (al mundo, a los demás) y al interior de nosotros mismos para percibir los signos del paso de Dios por nuestra vida. Ojalá nuestro corazón sea humilde y abierto, de manera que nuestros ojos puedan “ver” a este Dios que se nos revela y como, los sabios de Oriente, lo reconozcamos y lo adoremos.

P. Antonio Villarino
Bogotá

El custodio de la familia

Un comentario a Mt 2, 13-15.19-23 (31 de diciembre, domingo de la sagrada familia)

En este día, dedicado por la Iglesia católica, a reflexionar y orar por la familia, leemos un pasaje de Mateo, el único evangelista que narra la huida de la familia de Jesús a Egipto y regreso a Nazaret.
Los expertos nos dicen que este texto de Mateo pone en relación la historia de Jesús con la historia del pueblo de Israel: ambos tienen que escapar a Egipto –tierra extranjera y difícil- para salvar la vida; ambos regresan a la tierra prometida, después de superar muchas dificultades y contrariedades; ambos son guiados por un José, que, en ambos casos, representa la providencia del Señor que protege a su escogido y lo guía por los borrascosos meandros de la historia.
En el texto se repiten varias veces una serie de verbos de acción, que llaman a José a ponerse en marcha, en actitud de defensa de la vida de María y Jesús:

“Levántate, toma al niño y a su madre, parte, porque el niño está en peligro, regresa”

Para mí estos verbos expresan una actitud de custodia, que evoca resonancias entrañables, propias de toda familia. En este sentido, podemos decir que la familia de Nazaret es una parábola de toda familia, que debe ser constantemente protegida y custodiada.

Gracias a Dios son muchas las familias, en las que la vida es custodiada y protegida. ¡Cuántos padres y madres se levantan una y otra vez para atender a su hijo que llora en la noche, que necesita urgentemente ir al hospital o que lo acompañen a un evento escolar o deportivo, con el objetivo claro de que el hijo o hija se sientan seguros de un amor que no falla, imagen del amor eterno de Dios!

Afortunadamente, muchas de las familias que conocemos no tienen que huir para salvar la vida, pero muchas otras lo siguen haciendo hoy:

¡Cuántas familias colombianas han tenido que huir de las zonas de conflicto, cuántas familias sudanesas, sirias o iraquíes deben abandonar sus casas quemadas por personas intolerantes, cuántos emigrantes en Estados Unidos o en Europa han debido dejar sus hogares para proteger a sus hijos!… Sí, sigue habiendo demasiadas familias amenazadas en nuestro mundo, que deben someterse a un desplazamiento forzoso para proteger sus vidas.

Yo veo hoy repetida la historia de José y María, con su hijo a cuestas, en miles de familias, en miles de padres que se desviven por proteger a sus hijos e hijas, en hijo e hijas que se esfuerzan por custodiar a sus padres, a pesar de las duras condiciones del trabajo…

En este día de la familia, demos gracias a Dios por la familia que nos custodia y seamos como José fieles custodios de nuestra propia familia y de toda familia amenazada.

En el fondo todos somos llamados a custodiarnos y protegernos mutuamente. La vida es débil y frágil y necesita custodia, protección activa y dinámica. Hacerlo es ser imagen e instrumento del Dios de la vida, como José.
P. Antonio Villarino
Bogotá

Sequedad espiritual

espiritualidadAgradezco sinceramente a nuestros colegas que consistentemente nos traen palabras de aliento para iluminarnos espiritualmente a través de sus propias experiencias misioneras de las cuales estamos aprendiendo mucho de lo que comparten con nosotros aquí en nuestro blog.

Humildemente me gustaría compartir mi propia experiencia en espiritualidad, en mi viaje tratando de encontrar dónde está nuestro Señor, aunque no lo he encontrado cara a cara, pero sé con fe que él está conmigo y todos nosotros haciendo el trabajo que hacemos. Sin Dios no habríamos llegado donde estamos por la intercesión de nuestro amado fundador, San Daniel Comboni, cuyos pasos tratamos de seguir, lo cual es como moverse entre un arbusto lleno de espinas.

Comparto con vosotros notas de algunos retiros y talleres a los que asistí y rezo humildemente para que quienes lo lean puedan encontrar algo que compartir con las personas con las que trabajamos y servimos en nuestra vida misionera.

Podrá ser beneficioso a nivel particular o ayudar o facilitar algunas conversaciones con los feligreses o los jóvenes con quienes trabajamos y con quienes estamos. Esta no es un texto perfecto, pero puede ayudar a pensar más para descubrir la voluntad de Dios en ti y en mí.

Se dice que la sequedad espiritual es un estado de angustia, desesperanza, insatisfacción o desanimo en nuestra vida y deberes espirituales.

Esto puede ocurrirle a cualquiera. Descubrimos que al participar activamente en la vida de oración, descubrimos que de alguna manera nos resistimos a ir a orar por la mañana o decirlo personalmente, al leer libros espirituales, las oraciones de la comunidad se convierten en una carga muy grande. Y no encontramos ninguna razón para lo que enfrentamos. Y no encontramos ninguna razón que pueda explicar nuestro estado. San Pablo lo llama espinas en su carne y no importa cuánto tiempo llevemos en este camino que es nuestra vocación misionera, estos momentos seguramente vendrán, como el día y noche, ya que dicen que no importa cuán larga o corta sea una noche, el día seguro que vendrá.

Veamos algunas causas, aunque no exclusivas, de sequedad espiritual

  1. El pecado que rechazamos admitir o descubrir, esto puede ser consciente o inconscientemente en nuestra vida. Si no tenemos suficiente tiempo para meditar en nuestra vida y servicios, será muy difícil descubrir los pecados que cometimos pero que no nos vienen a la mente en el momento de la confesión. Un gran pensador dijo que una vida sin reflexión diaria no vale la pena vivirla. Mateo 13:12 nos dice en tales momentos que siempre debemos aspirar a más de lo que necesitamos de Dios para que Dios nos bendiga incluso más con sus dones de gracia. Mientras más meditemos en nuestra vida y tratemos de descubrir nuestros errores, y entreguemos todo para hacer la voluntad de Dios, más nos mostrará las áreas de nuestras vidas en las que necesitamos ser liberados.
  2. Sobrealimentación y exceso de esfuerzo para algunas personas. Esto ocurre especialmente durante retiros de grupos o individuales, campamentos bíblicos donde aprendemos sobre la Biblia y aprendemos cómo vivirla en nuestras vidas, festividades eclesiásticas como la Navidad, Cuaresma, Pascua y Pentecostés en las cuales siempre nos preparamos para obtener lo mejor en todo lo que queremos. Después de esos momentos especiales, nuestros Padres Espirituales siempre nos alientan a prepararnos para esta sequedad espiritual que puede hacer que nos alejemos de nuestro enfoque principal en Jesús y nuestra amada Madre María.
  3. Cuando hemos sido bendecidos con la palabra de Dios por lo que leemos o puede ser cuando encontramos que nuestras peticiones de oración han sido respondidas. Estamos en un momento muy bueno de nuestra vida con la familia y el resto de la gente que nos rodea. En nuestras parroquias, donde hacemos nuestro trabajo misionero, tenemos una vida laboral excelente, sin desafíos y otros asociados o en el equipo de trabajo con los que trabajamos. Si no rezamos constantemente por la guía de Dios y le pedimos que nos deje prepararnos para lo peor en nuestra vida espiritual, podemos encontrarnos fácilmente cayendo en un estado de vacio y desesperación.
  4. Si tomamos una cantidad ilimitada de comida espiritual, por ejemplo, personas que pertenecen a más de 3 grupos de estudios bíblicos semanales, el grupo de oración puede sufrir. Personalmente, con nuestras asignaciones misioneras, donde somos dos o incluso uno, puede ser muy difícil tener un constante alimento espiritual y podemos ponernos a nosotros mismos en una época de mucho alimento espiritual una después nos puede llevar un tiempo muy largo para tener un alimento similar y así podemos ser objeto fácil de sequedad espiritual.
  5. La excesiva y desequilibrada alimentación espiritual puede dañar nuestra vida espiritual y nuestra sequedad espiritual, por lo que se nos aconseja que tomemos lo que corresponda, pero buscamos constantemente obtener más, ya que dicen que necesitamos estar sedientos de más y más en nuestra vida para descubrir al Señor.
  6. Ignorar nuestro cuerpo, así como la alegría, afecta el corazón y la carne. Debemos ser conscientes de nuestra salud. Estar trabajando como servicio o para un ingreso para la familia es necesario, pero necesitamos saber cuándo estamos cansados ​​y cuándo podemos hacer más. Llega a ser un desafío cuando tenemos que cumplir con plazos en lo que hacemos y nos puede llevar a un trabajo extenuante, privando así a nuestro cuerpo de descanso, un cuerpo cansado no puede concentrarse en la oración. Es por eso que Jesús en su misión, cuando hacía obras importantes, realizaba milagros, les decía a sus apóstoles que buscaran un lugar para descansar, entraba solo en un estado de oración y contemplación cuando se preparaba para una tarea difícil. Creo firmemente que si le damos descanso a nuestros cuerpos y damos un tiempo para disfrutar de la naturaleza que Dios nos ha dado para ayudarnos como flores, árboles, agua, animales y el resto para que vivamos mejor, nuestro viaje espiritual será más fácil. El Salmo 84: 2 nos descubre cómo tener sed de la Palabra de Dios y estar en su presencia y en su templo. Nunca podremos tener este anhelo cuando nuestro cuerpo y nuestra mente estén muy cansados.
  7. Una mente enferma puede ser la causa de un cuerpo enfermo. Somos personas diferentes que crecimos con diferentes orígenes familiares y, por lo tanto, cuando llegamos a vivir juntos en comunidad, los conflictos inevitablemente surgen. Si decidimos no prestar atención a los puntos de vista divergentes y pretendemos tolerarlos y vivir con ellos, esto afectará nuestra mente, que nunca encontrará fácil concentrarse en las oraciones. Uno de los escritores espirituales dijo que Jesús nos aconseja aprender a vivir con Judas en nuestra vida porque sabía que Judas Iscariote iba a traicionarlo, pero lo toleró y vivió con él durante tres años. Podemos decir que no somos Jesús, el divino, para tolerar a los Judas, pero San Daniel Comboni también tuvo algo semejante cuando se le presentaron algunas acusaciones; como que no rezaba, que no usaba el dinero para los fines que se suponía que era, y así sucesivamente. Parece que él personalmente no encontraba demasiada paz mental con los clérigos con los que estaba, y no es de extrañar por qué murió rodeado de algunos laicos, que estaban al lado de su cama en ese momento. Por ello creo que los conflictos son buenos, pero si no podemos resolverlos amistosamente como seguidores de Jesús, esto afectará la vida de oración y, por lo tanto, hará inevitable la sequedad espiritual en nuestra vida. Jesús saca esto muy bien en la enseñanza sobre el divorcio, Mateo 19: 1-9. Siempre habrá personas que nos contradigan en nuestro trabajo y en lo que enseñamos, pero recordar cómo él las manejó, es la solución para vivir con personas que siempre están creando controversia en nuestro trabajo misionero, en nuestras comunidades o donde trabajamos.
  8. Pérdida de equilibrio. Nuestra conversión para seguir a Jesucristo no nos exime de observar el orden de la creación del que somos parte. Tenemos amigos que necesitamos conocer, tenemos que atender nuestros deseos corporales naturales de intimidad con un espíritu de castidad en la vida religiosa o matrimonial y tenemos que reconocer que somos débiles y no siempre hacemos bien las cosas, y debemos rendirle estos sentimientos a Jesús para trabajarlos. Tenemos nuestras familias que necesitan nuestra compañía. Necesitamos tener momentos de recreación, como San Francisco de Sales puso en su libro Tratado sobre el amor de Dios y la Vida devota, que lo que nuestro cuerpo demanda, tenemos que hacerlo, incluso si eso significa ir a bailar, de fiesta, pero tiene que hacerse de manera que si Jesús viene a ti allí mismo, pueda juzgarte correctamente. El Rey Salomón nos dice que aprendamos a regular nuestro cuerpo de acuerdo con la razón.

La falta de equilibrio entre el trabajo y el descanso a largo plazo conduce a la sequedad espiritual como se explica en Génesis 2: 2-3, donde Dios descansó después de trabajar. Dios, en su naturaleza divina hizo esto, nosotros mortales que somos víctimas del pecado todas las veces de nuestra vida en este mundo de pecado. Muchos pecados que cometemos creo que suceden así, cuando estamos cansados ​​y exhaustos por todo lo que hacemos y estamos tan irritados que solo decimos cualquier cosa que se nos ocurre, sin reflexionar, sobre lo que vamos a decir o lo que acabamos de decir, tendemos a pasar nuestros juicios emocionalmente (irracionalmente) en lugar de racionalmente, algo de lo que podemos arrepentirnos más adelante.

Lecciones para aprender de la sequedad espiritual

Por tanto, la sequedad espiritual no debe tomarse como una calamidad. En Juan 11: 4 Jesús dijo que la muerte de Lázaro era para mostrar la gloria de Dios. Personalmente he pasado por momentos difíciles de desafíos en mi vida, pero más tarde le agradecería a Dios que hubiera sido así, me han acercado tanto a él. Por tanto:

  • A través de la sequedad espiritual, podemos crecer en nuestro camino espiritual, tendemos a descansar todo en Dios y decir con nuestra amada Madre María: Señor, deja que se haga tu voluntad y no la mía, si ha venido de ti, hazme lo suficientemente fuerte como para pasar por esto, pero no me lo quites. San Agustín dijo “el que te creó sin ti no te salvará sin ti”, por lo que debemos estar plenamente presentes para superar nuestra sequedad espiritual con la oración y el ayuno.
  • Las personas que están muy cerca de Dios experimentan lo mismo que nuestro Señor Jesús cuando lloró en el jardín de Getsemaní antes de entregarse para ser torturado y asesinado. Sus palabras, Padre, haz que pase de mí, pero hágase según tu voluntad… Cuando fue azotado, dijo hermosamente, mi corazón está listo o Dios, mi corazón está listo… Y estas son las palabras donde podemos aprender en nuestros momentos más desafiantes en nuestra vida, Moisés y Elia también experimentaron sequedad espiritual y cuando leemos acerca de ellos, encontramos que fueron humildes para dejar que la voluntad de Dios se hiciera presente en sus vidas a través de los momentos difíciles que estaban pasando, siempre podemos preguntarnos con qué frecuencia permitimos que la voluntad de Dios se cumpla en nuestras vidas, en lugar de defender nuestro orgullo para explicar por qué la otra persona está equivocada y yo soy el único correcto. Jesús no defendió su realeza celestial cuando Pilato le preguntó… ¿eres tú el rey? Dijo que fue él quien lo dijo… ¿por qué entonces nos es tan difícil aceptar que estamos equivocados y encontrar todas las razones posibles para defender nuestras acciones? La respuesta podría obtenerse simplemente del libro de Herbert Cardinal Vaughan, Humility of Heart, que es nuestro orgullo de que somos mejores que los otros nuestro egocentrismo en todas nuestras acciones. Santo Tomás dijo que la humildad adquirida es, en cierto sentido, el mayor bien. De Job 4: 2 aprendemos que Dios nos envía algunos momentos de sequedad para demostrar nuestro valor como sus fieles seguidores. Salmos 22:15 nos dice que el camino seguido por el mal siempre es amplio, sin desafíos y es sencillo en comparación con el camino que conduce a la felicidad eterna que está lleno de espinas y agujeros sobre los que caminar. Jesús dijo que quien quiera ser su discípulo debe tomar su cruz y seguirlo. Para mí, esta no es la cruz de madera o metálica que llevamos al cuello, sino los desafíos que enfrentamos en nuestra vida cotidiana mientras nos enfocamos en él pero nos mantenemos en contacto con la realidad en la que vivimos.
  • Después de cada montaña, hay un valle y este es el viaje a la eternidad y es como ver un tren o un camión completamente cargado subir una montaña con mucho humo y a una velocidad muy lenta y el conductor mantiene su velocidad porque sabe que llegar a un descanso donde todo estará bien y cuando llegue a otra montaña se prepara para eso. Este debería ser nuestro viaje, en nuestro trabajo, siempre para estar preparados para las montañas y las cruces de nuestra vida.
  • No se desesperen cuando llegue la sequedad espiritual, sus bendiciones están cerca, solo si persisten y no abandonan su enfoque en el Señor Jesús y viven en un espíritu de humildad sabiendo que todo es de Dios para hacer que lo conozcan mejor. Daniel y sus amigos prefirieron ser quemados en el corazón del fuego, no le pidieron a Dios que los salvase de las llamas, sino que dijeron que se hiciese la voluntad de Dios. Al final triunfaron en esto con Dios enviando a su Ángel para salvarlos.

¿Cómo superar la sequedad espiritual?

  • Trata de vivir una vida llena de perdón y tolerancia sin importar lo difícil que parezca ser y lo inocente que seas en todos los desafíos que estás atravesando. Nuestro Señor Jesús dijo… Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo… las mismas palabras que Santa María Goretti le dijo a su asesino, que Dios podría perdonarlo, pero que debería convertirse y aprender a hacer el bien… una verdadera intervención divina perdonar como seres humanos. Podemos decir que te perdono pero no lo olvidaré. Por tanto, el perdón requiere tiempo y esfuerzo mediante la oración. Etty Huillesum dijo “dentro de mí hay una primavera muy profunda y esta primavera es Dios. A veces la logro ver pero más a menudo está cubierta de piedras y arena, en ese momento Dios está enterrado, debe ser desenterrado nuevamente “y esto se hace solo cuando oramos y aprendemos a perdonar.
  • Confesión y seguridad renovada de perdón, esto viene con la necesidad de tener acompañante Espiritual que pueda guiarnos en todos estos desafíos que atravesamos y siempre nos toma de la mano en un viaje lleno de espinas y agujeros. Quienquiera que tengamos como nuestro acompañante espiritual es también un ser humano destinado a equivocarse, y cuando somos testigos de esto, no le inhabilita en su papel de ser nuestro acompañante espiritual a quien siempre podemos correr en caso de que estemos en un caos de sequedad espiritual.
  • Haga un examen diario de conciencia y descubra sus imperfecciones. Confiesa a Jesús los pecados que cometes cada día, elimina tu amor propio y conviértete en un niño pequeño como dice Jesús. Se humilde en tu relación con Dios y tu prójimo. Siempre pregúntate qué hiciste hoy, cómo lo hiciste, qué has omitido hacer. Siempre insiste en el acompañamiento espiritual. Los grandes escritores espirituales nos dieron dos cosas: dos cosas de las que nunca debemos quejarnos, ropa o comida, dos oraciones que deberíamos repetir con frecuencia, Dios mío, no me dejes ser curioso ni comunicativo y dos acciones para las cuales debemos estar siempre listos para tener Sagrada Comunión todo el tiempo y morir. Hagamos un esfuerzo para leer el excelente libro escrito por San Alfonso María de Liguori Preparación para la Muerte o cualquier otro autor y nos enseña cómo vivir una vida realmente comprometida para ir al cielo, ya que podemos morir en cualquier momento en cualquier lugar. Cuando llega la muerte, ¿estaremos preparados o no?, ¿cómo nos encontrará a ti y a mí?
  • Necesitamos vivir una vida de responsabilidad y disciplina en la vida privada y pública en todo momento y en todos los lugares a los que vayamos. Siempre debemos preguntarnos qué es lo que Jesús quiere que hagamos. Los escritores espirituales nos dicen que vivamos cada día como viene, tomando decisiones que deben hacerse todos los días, no de por vida, porque podemos controlar lo que hacemos en la actualidad, no en el futuro, lo que no estamos seguros de si debemos alcanzarlo o si ayer se fue lo dejamos a merced de Dios. Por tanto, todos los días necesitamos vivir mejor, ya que dicen que se logra la perfección en el presente, cuando estás haciendo todo lo que puedes.
  • Dependemos demasiado de sermones de segunda mano; aprender de los demás es muy bueno, pero no suficiente para nuestro crecimiento espiritual constante. Necesitamos extraer información de primera mano sobre la comida espiritual a través de estudios personales, leer libros espirituales, asistir a retiros personales y grupales, hacer de cada encuentro un momento de oración y aprender a apreciar a Jesús por todas las maravillas que hace en nosotros.
  • Todas las cruces y adversidades solo servirán para fortalecer el espíritu de los miembros que son fieles a esta santa tarea y decididos a poner la misión en el camino de la prosperidad segura, porque las obras de Dios siempre han estado al pie del Calvario y deben pasar, ​​como Jesucristo pasó, por el proceso de la pasión y la muerte para alcanzar la Resurrección. (Mensaje de San Daniel Comboni MDC 238) y Habiendo sido hechos partícipes de la pasión de Jesucristo, tenemos un mayor deseo que nunca de sacrificar nuestra vida por Cristo y por su misión (mensaje de San Daniel Comboni MDC 69). Con estas hermosas palabras de nuestro fundador, aprendamos a descubrir a Jesús en toda la sequedad espiritual que siempre obtendremos y preparémonos para cumplir nuestra parte en el sacrificio por el reino de Dios por el cual nos esforzamos en hacer nuestra parte.

Los asuntos de espiritualidad nunca se termina de tratar y nunca se entienden fácilmente, pero espero que con estas pocas pistas, nos pueda llevar a leer más y buscar más en diferentes fuentes sobre cómo podemos hacer todo esto en nuestra vida. Con nuestro trabajo, a veces no tenemos suficiente tiempo para orar, pero aprender a orar en el lugar donde trabajamos, comunicarnos con Dios en nuestro trabajo puede ayudarnos a orar.

Los desacuerdos están siempre presentes y cuando llegan, dejémonos que nos conduzcan a orar más, a través de la intercesión de nuestra Amada Madre María, San Daniel Comboni y nuestros santos patronos.

Con estas pocas palabras, mantengamos la vela encendida en nuestras palabras y hechos mientras le pedimos a Dios que esté con nosotros todo el tiempo de nuestras vidas. Y, pidiéndole al Señor que nos haga vivir una vida misionera laical comprometida con amor y dedicación al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, luchar por algo que valga la pena y vivir como familia comboniana para alcanzar a todos, en palabras y acciones, mientras vivimos en paz y armonía. San Julián de Norwich dijo que el mayor honor que le podemos dar a Dios Todopoderoso es vivir con gusto gracias al conocimiento de su Amor. El Amor es el significado de nuestro Señor y tenemos que hacer todo por amor, Dios nos creó, Dios nos guarda y por lo tanto debemos recurrir a él todo el tiempo de nuestra vida.

A Dios sea la gloria.

Ezati Eric

Laico Misionero Comboniano. Uganda